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I
II
Con diferencias sutiles, no siempre claras y distintas, la experiencia poética se emparenta con la mística. Por su expresión, la metáfora acerca, en lo visible, lo invisible, en esta orilla, la otra. De tal modo, se aprende, en la palabra, la enseñanza del silencio. Ambos, místico y poeta, avanzan y regresan, sin saber, comprenden. Ninguno de ellos clausura el habla: la intima; y, en esa intimidad de lo abierto hacia adentro, palabra y silencio conversan. Conciencia divina y ciencia espiritual ponen al poeta y al místico en contacto con lo supra-individual, indeterminado y mistérico, merced a una intuición intelectual que, necesaria y recursivamente, se vale de imágenes sensoriales, del erotismo verbal, para sugerir las formas sagradas del éxtasis. Acaso en el poeta, esas formas asuman la figura de la palabra originaria; en el místico, dibujan la plenitud de vacío que habita el silencio. Como hermanos de un mismo padre, en un punto se separan. En el recuerdo de las palabras de Hölderlin, imaginamos su reencuentro:
Die Linien des Lebens sind verschieden, / Wie Wege sind, und wie der Berge Grenzen. / Was hier wir sind, kann dort ein Gott ergänzen / Mit Harmonien und ewigem Lohn und Frieden. Las líneas de la vida son diversas, / como caminos son, como los límites / que separan montañas. Lo que somos / aquí tal vez un Dios allá lo integre / con armonía y paz y eterno premio. (*)
III
El
poema nos enseña un camino. Su decir es un ir de camino. En nuestra
época, y en el final de un ciclo, el poeta se esfuerza por enseñar
el camino del habla, bajo los modos vitales del salto, la fuga o la entrega.
IV
V
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Entrevista: Alejandro Hermosilla Sánchez
—ALEJANDRO JODOROWSKY: Sí, los he oído. He oído a Cage, a Stockhaussen y obras como el Pierrot Lunaire me marcaron bastante. Me gustaba la música dodecafónica. Pero mira, no hablo de música. Además, no soy el primero. Por ejemplo, Breton odiaba la música y a su mujer chilena, que era pianista, le clavó el piano. Aunque parezca mentira, un poeta puede no amar la música. No es tan grave. —ECP: Y, por ejemplo, ¿te interesa David Bowie que estudió mimo como tú? —AJ: Mira. No me interesan las vedettes del pop y del rock. He sido amigo de Lennon, de Manson, de Peter Gabriel. Pero no los admiro. Para mí son shows comerciales. No tengo, por ejemplo, por qué admirar a Bowie que, además, es mal actor. Y, lamentablemente, me aburro en la mayoría de sus conciertos (…) Mira, generalmente, la gente piensa que no se puede hablar mal ni de Bowie ni de artistas como él porque es admirado por mucha gente, pero no es mi caso. Te puede parecer antipático, pero es lo que opino realmente. Y supongo que eso me puede granjear enemigos pero prefiero ser sincero.
—AJ: Sí. Claro. Marco Polo es un personaje muy interesante porque es uno de los primeros hombres que empieza a descubrir el mundo y comienza a sumergirse en otras dimensiones de la conciencia aunque sea simplemente un viajero. Es como un hippie de hoy o como los beatniks que se lanzaban por los caminos que además iba a hacer comercio. Era un comerciante. No tengo mucha admiración espiritual hacia él pero sí me parece importante por abrir espacios (…) De todas maneras, Marco Polo no era realmente un alquimista. Buscó. Pero no era lo que se dice un alquimista. —ECP: Por cierto, ¿y Casanova? ¿Te interesan sus Memorias? —AJ: Bueno. No hay que olvidar que al hablar de Casanova lo hacemos de un libro y no sabemos si todo lo que contó fue cierto. Pero, como en el caso de Marco Polo, me interesa porque abrió nuevos límites al ser humano. En el caso de Casanova, abrió los límites de lo sexual. Es como Sade. Abrió no sólo los límites de lo sexual sino también de lo espiritual. Casanova es entretenido y descubridor de nuevos horizontes. Casanova es un viajero horizontal y Sade lo es, de manera vertical. —ECP: ¿Y la Comedia del arte? —AJ: Lo que me interesa de la Comedia del arte, además de la belleza y de la creación de personajes, es que en ella observamos a dioses caídos en el folklore popular. Pantalón es Zeus, Arlequín es Mercurio y Colombina es Venus. Es un mundo mitológico popular. —ECP: Otra cuestión, ¿de verdad disfrutas tanto con Silver Kane o es una mera pose para escandalizar? —AJ:
Yo nunca miento o digo cosas para intentar escandalizar. Silver Kane me
encanta. Me alegra los viajes en avión. Cuando tengo un viaje largo
en avión me leo tres o cuatro de sus libros y me parece un genio
popular. Son libros hechos para adolescentes y para viejitos, lo cual
es de agradecer. Es mejor que un cigarrillo. Silver Kane no te mata y
el cigarrillo sí. Está hecho humildemente para entretener
(…) Yo —ECP: Por cierto, Fernando Arrabal, cuando estuvo en Murcia declaró estar fascinado como Milan kundera con los conceptos matemáticos e infinitos que se desarrollan en la bolsa, asunto tratado de forma diferente por Borges o Antonioni. ¿Qué te dice a ti esto? —AJ: No me dice nada. No me meto en los delirios científicos y matemáticos de Arrabal. Es su mundo. Yo no me paso el día entero leyendo los ochenta tomos de la Enciclopedia Española. Yo leo otras cosas. —ECP: Háblame algo un poco de literatura contemporánea. ¿Sigues la obra de Villa-Matas o Sergio Pitol, por poner un ejemplo? Si es así, ¿qué opinión te merecen estos autores? —AJ: Yo ya dejé la literatura desde el momento en que me di cuenta de que había llegado a la expresión de la angustia como centro de su interés. Los franceses han llegado al culo inteligente. Hacen novelas de culo. Toda una inteligencia de siglos dedicada a hacer libros intentando demostrar que la vida es una mierda y que lo peor que nos puede pasar es nacer. Es literatura sin espiritualidad. Y yo prefiero leerme un evangelio o un koan zen… —ECP: ¿Y de pintura? Casi nunca te he escuchado hablar de pintura. ¿Cuál sería un autor para ti interesante? —AJ: Mira. Yo me he paseado por toda la pintura de nuestra civilización y hay gente que hay que descubrir como el viejo Degas. Las bailarinas no me interesan, pero lo que realizó Degas cuando ya era anciano con sus paisajes y deformaciones de cuerpos me parece sumamente interesante. En esos lienzos se muestra como un intenso precursor. Me interesa, por ejemplo, también muchísimo Paolo Uccello (…) Pero la tuya es una pregunta muy vasta. Si te tuviera que decir todo lo que me interesa de la pintura deberíamos detenernos en cada época durante mucho tiempo.
—AJ: Chile es un misterio porque Chile es como una isla. Una isla situada entre la cordillera de los Andes y el océano Pacífico centralizada en la capital que es Santiago de Chile. Y ahí fluye y nace algo tan raro como la poesía, lo que es un misterio, porque la poesía nace al lado de monstruosidades enormes. Aún hoy Chile es un país de poetas y al mismo tiempo es un país de locos que intentan vivir imitando el estilo norteamericano de una manera neurótica. Un país donde hay una inmensa división entre ricos y pobres con castas sociales. Y dentro de esta situación monstruosa y extraña donde el ejército es un segundo estado, donde la derecha es asesina y hay hechos vergonzosos como que se perdone a Pinochet por asesino y se le repudie por ladrón… Surge la poesía… Es un gran misterio. Hay dos premios Nobel de poesía. Es un milagro y no te puedo explicar el porqué. Está fuera de los parámetros del mundo real. Pero no es como el sueño mexicano. En México, por ejemplo, no hay memoria. Se cae dentro de un inconsciente profundo. En Chile, sin embargo, no hay inconsciente. Hay una relación social, histérica y surrealista. —ECP: Hablando de México, recuerdo una escena mágica al principio de La montaña sagrada, la escena de Cortés con las ranas… —AJ: Quise expresar en tres minutos la desgracia de los asesinatos de la invasión mexicana. Artaud señalaba en El teatro de la crueldad que el tema central debía ser la conquista de México. Yo quise hacer un personaje que comenzase a andar en la prehistoria al lado de un obelisco caído y llegaba a la matanza y la invasión de México por los españoles. Al mismo tiempo, quise hacer un paralelismo entre los sapos, las canciones nazis y los turistas americanos (…) Por cierto, La montaña sagrada la acabo de remasterizar, lo que significa que, al fin, tengo la copia como yo quería que siempre fuera. Ahora se va a empezar a pasar en los teatros tal como fue pensada porque nadie la ha visto como es. —ECP: Sin embargo, yo considero Fando y Lis tu película más interesante. Me gustaría que contaras alguna anécdota de ella. —AJ:
Es la película que hice con más ingenuidad. No sabía
nada de cine. Me amarré a un fotógrafo y lo moví.
Filmé todos los fines de semana a escondidas de los sindicatos.
Es la película más ingenua y pura que realicé (…)
Todas mis películas están hechas sin concesiones a la industria.
Siempre he hecho películas pensando en la imagen para ser contempladas
más en museos que en cines (…) Para mí, la imagen
tiene que ser arte pictórico. Antes hablábamos de pintura…
Y yo en el cine no he querido imitar a —ECP: ¿Cómo liberarse del fantasma de la madre viva o muerta? ¿Podríamos decir que este es el tema de Santa sangre? —AJ: Claro. Ahí muestro cómo el personaje en su locura va avanzando hasta que, ayudado por una persona llamada Alma, él se hace consciente. Llega a la conciencia. —ECP: Podríamos hablar de El topo… Pero… —AJ: Buff. Se han dicho tantas cosas que no merece la pena. Ahí está la película que habla por sí misma. —ECP: Yo encontré conexiones entre The rainbow y Delicatessen. ¿Qué opinas? —AJ: Bueno. A mí me gustó mucho Delicatessen. Además, Marc Caro es buen amigo mío. Sí. Puede ser que haya íntimas conexiones. —ECP: Volvamos a la literatura. ¿Te interesa Julio Cortázar? —AJ: Me interesó, pero una vez leí un libro de Cortázar y lo tiré por la ventana. Me pareció demasiado intelectual. Jugar con el snobismo intelectual. La gente dice que es un genio y yo acepto que sea un genio, pero a mí un genio puede exacerbarme y lo puedo tirar por la ventana. Creo que el libro que leí de Cortázar era sobre el boxeo… No sé. Cortázar era un torturado intelectual como fueron muchos argentinos de esa época. —ECP: Vuelta al cine. Explícame mejor por qué no te gusta Mulholland Drive de David Lynch. —AJ: No, yo nunca dije que no me gustara la película de Lynch. Al contrario, reconozco sus valores pero no entro en los presupuestos que esta película transmite. Tú me preguntas por una película que está totalmente aceptada dentro de las sociedades intelectuales, pero yo me reservo el derecho de que no me guste. Tanto Lynch como Cortázar como cualquier otro autor. Acepto que son obras de arte y que son buenos, pero uno tiene sus gustos…
—AJ: Sí. Me gusta. Pero encuentro, por ejemplo, que lo que hizo con Zaotichi es un sacrilegio. Porque Zaotichi es un héroe maravilloso y lo ridiculizó con su película. Kitano hizo un show gay… Estoy seguro de que Kitano es gay… Es cuestión de gustos… A mí me encanta el cine de Corea del Sur. Lo prefiero al japonés. —ECP: ¿Y Star Wars? —AJ: Son un juego de niños. Además que cada vez van de mal en peor. Cada película es peor que la anterior. —ECP: ¿Y me puedes citar alguna serie de televisión que te impactara? —AJ: Muchas. Por ejemplo, Deadwood. Encuentro que es un arte nuevo. Incluso Las Vegas, que es la podredumbre americana, me encanta. Encuentro que las series de televisión son como Silver Kane. Es un arte popular y dentro del arte popular es mejor que el cine. Un arte nuevo. Es un producto colectivo donde trabajan diferentes directores, guionistas… Y no te das cuenta. Es muy interesante. —ECP: ¿Qué cómics de superhéroes te interesaron? —AJ: Mira. El hombre de araña dibujado por Steve Ditko era genial y los 4 fantásticos dibujados por Kirby eran también geniales. Yo los leí desde el comienzo. Marvel fue una revolución en la época, presentaban un héroe con problemas económicos como el hombre araña y vinieron a sustituir a los más aburridos héroes de la DC. Realmente, amé esos cómics. Sin embargo, lo que no me interesa nada son los cómics de superhéroes de esta época que siguen el concepto de la superpotencia americana y que, además, cuando se pasan al cine quedan totalmente deformados. Y si lo comparas con el cómic europeo mucho más desarrollado y adulto pues… —ECP: ¿Y la adaptación al cine de Akira te gustó? —AJ: Sí. Es la mejor adaptación del cómic al cine que se ha hecho nunca. Además, cuando llegué a Japón me preguntaron qué personaje célebre quería conocer y puse el nombre de Katsuhiro Otomo, el creador de Akira, y tuve la fortuna de conocerlo. —ECP: Sí. Y según he leído le diste la idea para el final de la serie.
—ECP: ¿Y te gustan las películas de Miyazaki? —AJ: Son buenas. Me gustan mucho. —ECP: ¿Y las series Manga? —AJ: Yo leo mucho Manga. El problema con el Manga es que tiene una desventaja como las series de televisión… Es decir, comienzan muy bien y si tienen éxito, siguen publicando. Pueden llegar hasta cuarenta o veinte libros y estiran la historia en la medida en que el lector va comprándolas. El problema es que cuando cesan de comprarlo, paran la historia bruscamente y nunca llegan a nada en esas historias, lo cual, por otra parte, también tiene su gracia. Es un mundo riquísimo que no se cierra nunca. —ECP: ¿Te gustó la adaptación de Blueberry al cine? —AJ: Lo que me interesó sobre todo es el intento de hacer algo vertical, de ir a buscar el chamanismo. El producto no es bueno porque es una mezcla de códigos que no se pueden ensamblar, como el cowboy y el chamanismo, pero el intento de juntarlos me parece admirable. Es decir, el resultado no me gustó pero sí el intento, lo que se pretendió así como la calidad técnica de la película. —ECP: ¿Y Alan Moore te interesa? —AJ: Sí. Sí. Moore me interesa por su búsqueda, aunque es un poco folklórica su magia. En realidad, cuando el chan chino pasa a Japón se convierte en zen, lo que significa que tú no puedes tomar las cosas como son y cultivarlas como son. La magia no consiste en tomar los disfraces de Ailester Crowley o los signos de otro y decir que haces magia porque copias los símbolos de magos de otros siglos. Ese es el error de Moore. Un mago tiene que crear sus propios símbolos, signos y magia y no tomar la de otros. —ECP: Cambio de tercio. ¿Cómo tú, que te sitúas en contra del racionalismo, has conseguido vivir en Francia?
—ECP: Luego, básicamente, vives en Francia porque puedes tener vida privada, lo que te costaría mucho más que en España. —AJ: Sí. Claro. Tanto en España, como en Italia o en América, me costaría mucho más tener mi propia vida. En cualquier lado, te detienen en la calle. Sin embargo, en Francia, nunca. —ECP: Literatura y Francia. ¿Qué opinas de Samuel Becket? —AJ: Mira. Beckett no tenía nada que enseñar al ser humano. Era un gran neurótico. Lo único que transmite es que el ser humano era parecido a la basura y mira, yo digo que es él quien se debe ir a la basura… Realmente, Beckett no me interesa. —ECP: ¿Y la nouvelle vague? —AJ: Es divertido. Culo inteligente lo llamaría. Truffaut, Rohmer, todas esas películas son divertidas. —ECP: ¿Y Artaud? —AJ: Artaud me interesa muchísimo excepto su Viaje a los tarahumaras, porque allí procede como un turista francés. No llega, en ningún momento, a ver a los mexicanos. Pero El teatro de la crueldad es un texto impresionante, de referencia.
—AJ: Lo veo algo un poco más confuso. —ECP: ¿Y leíste El guardián entre el centeno de Salinger? —AJ: No. Sinceramente, no lo leí. Hay libros que están como mitificados por la cultura occidental, pero a los que yo nunca me acerqué. Yo no soy una persona que ande poniendo en altar ningún tipo de arte. Mira. Si tú me preguntaras qué libro te recomendaría, yo diría que Mi voz te acompañará de Milton Erickson. Para mí, es mejor que cualquier novela. Luego, hay otra película del grupo Dogma, Celebración, donde se habla del incesto familiar que me pareció muy interesante, porque es una película útil para la gente. Yo ya no estoy por las cosas inútiles. Yo busco un arte para sanar. Y el arte para sanar se sale del arte de entretener que, sin embargo, es necesario para vivir. A veces, los actos sexuales son necesarios aunque no tengas hijos, llegan a ser la sal de la vida. Es necesario amar y entretenerse… Yo estoy por el coito con hijos en un momento dado y acepto muchos coitos entretenidos. —ECP: Sin embargo, el fútbol, por mucho que alarde de entretenimiento, no te interesa nada. —AJ: No. ¡Qué va! ¿Cómo me va a interesar el fútbol? Encuentro que es una de las cosas ridículas de nuestra época y como los intelectuales son perros que van detrás de la popularidad todos se ponen a hablar de fútbol únicamente para conseguir lectores, porque ellos saben muy bien que el fútbol es un deporte homosexual y estúpido. Consiste en veintidós jugadores pegándole patadas a un testículo. —ECP: Pasemos, hablando en términos futbolísticos, pasamos a otro campo. ¿Crees que en los tiempos que se avecinan estamos destinados a ser regidos por la Gran Diosa frente al patriarcado tradicional divino? —AJ: No. Yo no pienso que el Dios Padre vaya a ser expulsado por la Diosa Madre. Yo creo que vamos a llegar al Dios andrógino. El feminismo ya pasó… Todo ese fenómeno de las feministas delirantes. Lo primero que hay que hacer es tomar conciencia de la lamentable situación en la que se encuentra la mujer y después de esto llegar a la unión, a la complementariedad entre hombre y mujer. A eso vamos. A la sociedad andrógina necesaria.
—AJ: Por cierto, te quiero precisar una cuestión sobre esta entrevista. Parece que estoy dando una imagen de monstruo… Es como que me obligas con tus preguntas a criticar todo. Mira. Como diría Parra, me desdigo de todo lo dicho. Me gustaría que quedara claro que todo lo que respondo es cuestión de gustos. Cuestión de gustos vitales. Sin embargo, si me preguntan si Bach era un genio, por supuesto, que lo es y Samuel Becket, a su forma de ser, es un gran artista (…) Lo que quiero decir cuando he hablado de la ayahuasca es que la manera en que se ha usado me ha parecido muy mal. Por ejemplo, muchos médicos de la terapia gestalt la utilizan bien porque la utilizan fuera de todo folklorismo. Ahora, la gente que ha hecho de la ayahuasca una religión con cantos a la virgen y a los santos no merecen mi respeto (…) La ayahuasca habría que tomarla entre seres de mentalidad superior, gente abierta. Yo no creo ya en los chamanes primitivos porque tú ves películas sobre chamanes donde te sientas en una cabaña inmunda y a vomitar sobre unos tarros oxidados con gente fea… Es decir, que si la ayahuasca fuera tan maravillosa, las tribus deberían estar en condiciones físicas maravillosas y deberían mostrar una imagen de felicidad. Sin embargo, parecen como pequeños monstruos y el chamán únicamente parece pensar en sacar dólares a la gente porque están muertos de hambre (…) Pero la ayahuasca en sí tiene sus cualidades. No para alucinar o ver lagartos, pero sí para abrir la sensibilidad, la emocionalidad y descubrir nuevos horizontes en ti mismo. Es un útil. De todas maneras, es mucho mejor cultivar tu espíritu y abrirlo sin necesidad de ninguna droga. —ECP: Otra cuestión, Ulises. ¿Quién es para ti Ulises? —AJ:
La mejor anécdota de Ulises es cuando le preguntan sobre quién
es y responde que nadie. Es muy ingenioso y, al mismo tiempo, concuerda
con el budismo, que subraya que no tenemos yo. Sin embargo, Ulises no
concuerda mucho conmigo, porque mi cerebro está en plena revolución.
Yo ya soy medio mutante y todas las concepciones de nuestra sociedad actual
son para mí limites. He creído en muchas cosas, como en
Buda o Freud, pero cuando Buda dice que lo mejor es liberarse de nacer
porque nacer es un drama y Freud dice que lo peor que nos puede haber
pasado es nacer, yo digo que lo peor que nos puede haber pasado es no
darnos cuenta de la maravilla que es nacer (…) Y cuando Buda dice
que no hay un yo, yo pienso que cada copo de nieve es distinto a otro.
En el Universo hay la posibilidad de una fórmula personal que no
tiene nada que ver con el yo, pero que sí tiene que ver con la
realidad de que tú eres uno en la realidad y eso no se puede negar.
La diferencia esencial que tú traes al mundo es —ECP: Creo que tenías el proyecto de realizar una película sobre Caín y Abel. —AJ: Sí. Lo tenía, pero hay que tener el dinero. Sería algo así como los hijos del topo. Es el problema de los hermanos. Nuestra sociedad en los tiempos de Mussolini, Franco y Hitler se enfrentaba al problema del paternalismo hasta que los padres se convirtieron en ridículos y aparecieron los hijos. Bush es un hijo. No es un padre. Y las peleas en Israel entre palestinos y judíos son peleas entre hermanos. Las guerras actuales no son peleas con el padre. Son peleas entre hermanos, de hijos entre hijos y por ello me interesa hacer esta película. —ECP: Ya finalizando, ¿me podrías decir quién era para ti Carlos Castaneda? —AJ: Carlos Castaneda aportó muchísimas cosas: el concepto del guerrero espiritual, de la impecabilidad, el valor de la cultura chamánica mexicana, etc. Sin embargo, era muy fantasioso, porque no es útil. Creó muchos seguidores que están buscando inútilmente convertirse en perro, tirarse a un abismo sin romperse los huesos, convertirse en estrellita, morir por autocombustión, que son las locuras o las estafas de Castaneda para convertirse en gurú (…) Es muy revelador que Castaneda oculte su muerte por cáncer porque Castaneda no murió de combustión instantánea sino de un simple cáncer. Asimismo, es igualmente revelador que sus discípulas, las brujitas, se suiciden. Yo no querría que al morirme yo se suicidara mi familia. Esto habla del poder hipnótico que este hombre tenía (…) Es útil como concepto, pero es absolutamente inútil de imitar porque es imposible. El mensaje de Castaneda es: yo puedo lo que tú no puedes, nunca encontrarás a don Juan, nunca harás mis milagros (…) Y luego está la idea paranoica de que hay otras entidades que te comen que está muy cercana al cuento gore. —ECP: Dime dónde crees que vamos después de muertos.
Y así,
con unas risas y con la palabra ‘esperanza’ terminó
la entrevista. Más tarde, Jodorowsky se reunió con un joven
interesado en el tarot y los dos decidieron ir a comer y seguir rumiando
y tramando sobre los recorridos de la vía celeste de la vida. Pero
eso es una historia que ya no me concernía y si lo hacía
era de refilón. |
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María Aixa Sanz
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Luis Benítez
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Entrevista: Alejandro Hermosilla Sánchez
—FERNANDO SAVATER: Mi mujer es muy aficionada a los juegos de rol y yo no me dedico a ellos porque si me gustaran, tendría otra cosa en la que perder el tiempo y ya son muchas. Bueno… Un día mi mujer me dijo que los juegos de rol y de ordenador podían compararse a las novelas iniciáticas, aquellas novelas que tratan de personas que salen de un punto determinado y tienen que llegar a conseguir algo —una flor mágica, una espada invencible— y van recorriendo un camino encontrando adversarios, aliados, preguntando a gente y poco a poco avanzan en este camino hasta encontrar su meta final. Es decir, los juegos de rol, en realidad, se basan en las novelas iniciáticas y a mí me pareció divertido como experimento el hacer en vez de un juego a partir de la novela, una narración a partir del juego. Por ello es justo decir que El gran laberinto es como un juego de rol convertido en novela. Y en el libro aparecen una serie de personajes que van viajando a través de épocas y van descubriendo cosas sobre ellos mismos y lo que les rodea, sobre los peligros de vivir. —ECP: ¿Cuál de tus libros es el que más te gusta? —FS: Ahora mismo te diría que este último. Nosotros somos cuatro hermanos —tres chicos y una chica— y de alguna manera estamos un poco retratados en los personajes del libro. Y como mi hermano Juan Carlos ha hecho las ilustraciones del libro, creo que este libro es con el que más he disfrutado. No sé si será el mejor o el peor, pero desde luego lo he pasado muy bien. —ECP: Hablemos de Cioran ahora. ¿Qué queda en ti de tu primer amor por este filósofo? ¿No es contradictorio que un vitalista como tú se enamorase de un escéptico como él por más que la paradoja y la contradicción sean partes esenciales del ser humano? —FS: No. A mí me parece que los vitalistas somos quienes más agradecemos el hecho de que no haya razones para vivir puesto que a nosotros nos gusta la vida sin necesidad de coartadas. Por eso me parecía tan estimulante Cioran. La gente siempre está poniendo pegas a la vida. Ya sabe cómo suele funcionar lo nuestro: me gusta la vida, pero si aparte tuviera esto o hubiera esto otro… En cambio, como Cioran te derribaba la vida completamente, hacer un estudio sobre él y seguir amándola tras su lectura, significa que realmente amabas la vida. En ese sentido, me parecía muy tonificante leerlo.
—FS: Realmente, son muy diferentes. Nietzsche es un pensador, en el fondo, vitalista y entusiasta, que quiere derribar conceptos para ir más lejos. Sin embargo, Cioran es un pesimista que tiende a pensar que nada de lo que construyamos va a perdurar. Nietzsche quería destruir para construir algo mejor. Cioran pensaba que no importaba todo aquello que construyéramos porque siempre sería vacuo, inane. Hay una contraposición clara entre ellos. El punto de unión estaría más bien en su capacidad crítica, en su no aceptación de los valores, su desafío a las reglas impuestas por más que cada uno de ellos lo hiciera con objetivos y matices diferentes. —ECP: ¿Sin qué filósofo no podrías entender ni leer el siglo XX? —FS: Es difícil. En el siglo XX no ha habido casi figuras. Ha habido escuelas, momentos filosóficos, y resulta difícil resaltar uno. De todas maneras, yo me dediqué a estudiar a Wittgenstein y, aunque resulta difícil destacar a un filósofo en este siglo, te citaría a él como epígono. —ECP: Últimamente estoy leyendo a Chateaubriand, ¿Te gusta o interesan El genio del cristianismo o Las memorias de ultratumba? ¿No te parece que es la vía media que ayuda a comprender el cruce del Siglo de las luces y el irracionalismo sadiano? —FS: Chateaubriand ha sido una de mis lecturas de cabecera. Mi educación ha sido muy francesa y yo amo leer en francés. Cualquier libro que pueda leer en francés, no dudo en introducirme en él. Y la prosa de Chateaubriand es maravillosa. Sobre todo Las memorias de ultratumba es excepcional. Es un libro que, cuando puedo, releo continuamente. Sí, efectivamente, Chateaubriand es un hombre ilustrado, en el sentido en que se ha educado en los valores racionales, en el Antiguo Régimen, por más que esté en contra de ellos, y se enfrenta al siglo XIX con todos sus excesos totalitarios, irracionales y él sirve de puente para comprender los procesos. —ECP: ¿Cómo interpretarías desde un punto de vista filosófico los sucesos acaecidos en Francia el año pasado?
—ECP: ¿Recuerdas la opinión de Pasolini sobre los sucesos acaecidos en el 68 y su opinión sobre esa revolución a la que él llamaba burguesa, acomodada? —FS: Bueno, en realidad, todas las revoluciones están hechas por burgueses. No creo que nadie pueda decir que hay una revolución que no haya sido hecha por esta clase social. Eso ya lo dijo Marx, quien indicó que la clase revolucionaria hasta la fecha había sido la burguesía. El error que él tuvo es que él creía que el proletariado iba a sustituir a la burguesía. Pero no fue así. Sólo la han sustituido cuando los mismos proletarios han caído en unas condiciones de vida muy similares a los burgueses. ¿Por qué? Porque lógicamente sólo se rebelan los que pueden. Los verdaderos parias de la tierra lo son porque no se pueden rebelar. Quien puede hacer una rebelión ya no es ningún paria. Tiene una ventaja. —ECP: Por cierto, ¿qué opinas de Sloterdijk y qué te parece su famosa trilogía Esferas? —FS: Bueno, modestia aparte, yo fui quien introdujo a Sloterdijk en España. La primera traducción que se hizo de él, el primer libro que publicó Taurus en España de Sloterdijk, Crítica de la razón cínica, fue presentado por mí. Yo me encargué de hacer su puesta de largo en España y cada vez que nos vemos él siempre me lo recuerda. En verdad, Sloterdijk es un autor muy estimulante e interesante. Sobre todo, es un semillero de ideas que invita al lector a que piense. No es de los autores que te da todo el pensamiento prefabricado. Desde Esferas hasta los textos más breves que ha escrito sobre, por ejemplo, Babel, me parece que son excelentes.
—FS: Yo lo que rescataría del psicoanálisis es a Freud. A mí me parece que Freud es un inmenso talento y un gran pensador sobre el cual han ido cayendo otros nombres como Jung o Lacan, que han ido ocultándolo. Pero a mí me parece que Freud es la fuente de todos ellos, es el gran referente. Yo diría que hay que internarse en Freud, volver a su obra y utilizar los otros autores como complemento, pero no intentar sustituir al bueno, que es Freud, por estos otros (…) Y Lacan… Bueno… Era un gran charlatán, pero sí que me interesa cómo está tratado el tema de la introducción del lenguaje en su obra. Lo demás… No es muy soportable, aunque tenga dos o tres momentos e ideas que son aportaciones inteligentes a la historia de la cultura, pero sobre todo a la obra de Freud. —ECP: Recuerdo el ensayo que realizaste sobre el héroe y me interesó especialmente la idea del héroe como hijo pegado a las faldas de su madre que, al fin, siempre consigue superar los obstáculos, y la idea del torero como héroe español que está muy cercana a la de Elias Canetti en Masa y poder. ¿Qué relación guardas con la obra de Canetti? —FS: Bueno. El torero es el superviviente porque está siempre en contacto con la muerte. Y la idea del héroe no es original mía, claro, si no que es tradicional. El héroe del cuento siempre es el hijo pequeño que, de alguna manera, parece que va a ser débil y logra superar los obstáculos y dificultades de la vida. Y esa idea me interesa, porque la podemos extraer a nuestras vidas: todos nosotros hemos sido hijos pequeños hayamos nacido primeros o últimos en nuestra familia, nos hemos sentido en situación de inferioridad respecto al mundo y hemos ido fortificándonos hasta sobrevivir, sea heroicamente o no. (…) Y de Canetti me encantan los aforismos. Masa y poder me parece parcialmente interesante y sobre todo me gustan mucho sus obras autobiográficas. Las novelas de Canetti es lo que menos me interesa de él.
—FS: No me atrevería a decir uno. Hay muchos. Pero, por citar alguno, te diría El héroe de las mil caras de Campbell, pero, por ejemplo, el mismo Nietzsche ya da una visión muy heroica de la existencia con su idea del superhombre… Pero hay muchos. —ECP: Estoy leyendo ahora Kim de Kipling, que seguramente te gustará. ¿Qué me puedes decir de Kipling? —FS: Sí. Ahora acaba de salir una edición nueva de Kim. Kipling ha sido uno de mis autores de cabecera. Empecé con Los cuentos de las tierras vírgenes, El libro de la selva y leí desde Capitanes intrépidos hasta, por supuesto, Kim, pero, sobre todo, destacaría los cuentos, la precisión y fuerza que tienen los cuentos. Kipling, como decía Borges, es un cuentista muy peculiar, nunca puedes entenderlo del todo y esto es lo que me interesa de él. —ECP: Pasemos a otro tema. Sé que desde pequeño te aficionaste a los cómics, pero actualmente, ¿cuáles lees? —FS: Yo soy un enamorado de los cómics y, actualmente, leo sobre todo cómics italianos. Me encanta este cómic… Dylan dog. —ECP: ¿Y lees algo de Manga? —FS: La verdad es que no. Me cuesta bastante leerlos por el tipo de dibujo. Quien sí lo hace, sin embargo, es mi mujer. —ECP: Hace no demasiado —dos años— recuerdo que hiciste una visita a Argentina. ¿Qué te pareció el país, el trato de los argentinos? ¿Cómo valoras la obra de un autor como Murena o Martínez Estrada?
—ECP: ¿Cuáles son los recuerdos fundamentales que tienes de la visita de Borges a España y de la muerte de Octavio Paz? —FS: En realidad, yo estuve con Borges varias veces y tuve la suerte de estar en pequeño comité con él y lo que me asombraba era la memoria que tenía, la rapidez con la que era capaz de acordarse de una anécdota o frase de autores tangenciales. Y en cuanto a Octavio Paz… Yo era muy amigo de él y fui a México a hacer unos reportajes y a verlo porque ya casi ni podía hablar… Murió 6 días después… Y para mí fue muy emocionante, porque lo había querido mucho, nos habíamos reído juntos tantas veces… Y cuando lo ves en ese momento es algo bastante impresionante. |
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—MANOLO: Crecimiento, en realidad, no ha habido. La librería sigue siendo la misma. El cambio radica en nosotros. Hemos aprendido el oficio. Aunque desde el principio quisimos hacer actividades culturales, como traer escritores y cosas así, el primer año y medio nos obligamos a no iniciar nada de esto. No, hasta conocer bien nuestro trabajo como libreros. Y, de hecho, el primer lío en el que nos metimos fue a raíz de la propuesta de un amigo. Fue Manolo Martín Cuenca, el director de cine, que conocía al escritor Lorenzo Silva por su colaboración en la adaptación cinematográfica de La flaqueza del bolchevique (…) No obstante, siempre lo tuvimos muy claro a este respecto. Tanto que, al constituir la empresa, la llamamos “Sintagma: Iniciativa Cultural”. —ECP: ¿Os consideráis dos libreros locos?
—ECP: ¿Cómo surge la idea de montar una librería en lugar de una tienda de video juegos o un bar de tapas? —MANOLO: Surge por tres razones. Primero, nosotros le tenemos mucho cariño a El Ejido, aún no siendo de aquí. Los promotores culturales de la ciudad, en particular los del Festival de Teatro, nos han hecho conocerla y amarla. Segundo, pensamos que este negocio era viable económicamente. Y tercero, cuando suceden los famosos hechos de febrero de 2000 se criticó mucho a El Ejido, y uno de los argumentos que aparecía recurrentemente era «No hay librerías en El Ejido». Pues bien, eso en particular nos dolió especialmente, y quisimos darle la vuelta a la frase. De hecho, creo que los ejidenses debemos convertir nuestro pueblo en un referente en lo que a multiculturalidad se refiere. Aquellos terribles sucesos deben influirnos y, al cabo, transformarse en un símbolo de la lucha contra el racismo. —ECP: Pero no sólo por lavar la imagen... —MANOLO: No. Porque alguien tiene que hacerlo. Supongo que mucha gente, aquí, en Cataluña o en otros lugares de España, está trabajando en este sentido. Pero aquí es especialmente importante y creo que en la actualidad sería relativamente fácil. (Le doy un respiro a Manolo, que sigue ordenando las estanterías, y ahora dirijo mis preguntas a Matilde, que me responde sin dejar de atender a los clientes. Esto es una entrevista a bocajarro sin lugar a dudas)
—MATILDE: Pregúntaselo al director de Unicaza. (Risas y risitas) Bueno, no nos vas a ver mañana con un Mercedes, pero tampoco pidiendo por la calle... Por ahora. No nos podemos quejar. La gente nos ha acogido muy bien y, aunque es un negocio difícil, nos permite tener dos sueldos... Esta librería sería imposible gestionarla con una sola persona. —ECP: ¿No os habéis planteado aumentar o reducir el espacio? —MATILDE: Reducirlo por supuesto que no, pero tampoco aumentarlo. No creemos que sea necesario. Si la librería tuviese el doble de libros no cambiarían demasiado las ventas. Se edita mucho, sí, pero la verdad es que se venden cuatro títulos y para de contar. —ECP: ¿Los editores avasallan? —MATILDE: Sí. Nosotros luchamos cada día por que no nos manden más de un ejemplar de cada novedad. Todos los comerciales quieren ver sus libros expuestos en la zona central de la librería. Creen que es un espacio privilegiado, aunque nosotros vendemos principalmente por recomendación. Nuestro trato con el cliente es muy directo y muchos se dejan aconsejar. Los libros que se venden por sí solos no necesitan ni un lugar especial, ni nuestra recomendación. —ECP: ¿Cómo es vuestra clientela? Me refiero a si son gente normal, mutantes o marcianos. —MATILDE: Hombre, algún mutante hay. Y no quiero señalar (Pero su risueña mirada acusadora la delata). Bueno, suele ser gente agradable, que busca conversación, que te pregunta si has leído este o aquel libro, qué tal está y todo eso. Los libreros, a veces, terminamos siendo confidentes de nuestra clientela. Conocemos sus gustos, incluso sus pasiones. Las lectoras de novela romántica, por ejemplo, son voraces consumidoras de libros. Los hay que prefieren la novela histórica, los libros de autoayuda... A veces es, un poco, como si los tendieses en el diván. Bueno, y nosotros también. Ya hemos dicho que para dedicarse a esto hay que estar un poco loco. —ECP: ¿Qué es la lectura para vosotros: una pasión, una afición, una necesidad, un vicio?
(Yo siempre he visto a Matilde como la dueña de una tienda infantil. Trata los libros como juguetes. El primer regalo que le hizo a una de mis hijas fue un yo-yó. Ella piensa que los libros, primero, deben hacernos jugar y disfrutar. Cuida con mimo el apartado infantil de la tienda que, día a día, come algo más de espacio a otras secciones. Dice que los padres compran libros a sus hijos, aunque ellos no lean; que los niños, por lo general, son buenos lectores, aunque pasen por etapas de abandono que ella considera “treguas”) —MATILDE: Una madre me comentaba que, un día, al ir a recoger a su hija al colegio, la encontró charlando con otra amiga que le decía «Pues el libro de Kika y Dani, el de los dinosaurios, es chulísimo». Eran dos niñas hablando de libros y “haciéndose recomendaciones”. (Matilde siente un profundo respeto por los niños, por sus ideas, por sus gustos. Para ella son clientes tan importantes como las personas mayores. De hecho, el mayor éxito de público que ha cosechado un acto nacido de su iniciativa fue la visita del autor de Kika Superbruja. ¡Más de 1200 personas se reunieron en el Pabellón Municipal de Deportes! Su visión del libro infantil es una de las más modernas y coherentes que conozco. (Vuelvo otra vez con Manolo) —ECP: Mejor Librero Cultural del año 2006... Suena bien. —MANOLO: Suena muy bien. —ECP: Lleváis tan pocos años en la brecha que el premio habrá sorprendido a propios y extraños. ¿Qué creéis que ha seducido al jurado de vuestro proyecto?
—ECP: ¿Quiere esto decir que concebís los Encuentros Literarios como un espectáculo? —MANOLO: Por supuesto. Yo organizo pensando en la gente, no en mis gustos particulares. Esto, sin ser nada excesivamente caro, acarrea un gasto y un esfuerzo. Comunicaciones, publicidad, desplazamientos... Hacerlo para diez personas no valdría la pena. Pero, si sabes manejar bien los tiempos y las ocasiones, puedes programar de todo, y no creo que esta visión le reste valor cultural a lo que hacemos. Sin duda, hay actos cuya expectativa de audiencia es más baja, pero que se hacen por compromiso cultural, y son posibles gracias a los éxitos de público de otras convocatorias. (Los Encuentros Literarios, realizados con la financiación del Área de Cultura del Ayuntamiento de El Ejido, les han otorgado justa fama. Una media de asistencia de más de 70 personas por sesión ha hecho posible que escritores de la talla de Ana Maria Matute, Fernando Savater ó Sánchez Dragó viniesen a El Ejido a hablar de su obra y su vida. Esta imagen de cercanía, autenticidad y rigor ha persuadido ya a las mejores editoriales del país. Enviar a sus autores a El Ejido les resulta rentable. Tal vez por eso van ya por la cuarta edición, y el 11 de Enero de 2007 fue el propio Jorge Herralde, editor de Anagrama, el que presentó su libro Por orden alfabético en esta ciudad almeriense) —MANOLO: Los escritores se quedan fascinados por la cantidad de público que se reúne en torno a los Encuentros. Creo que no están acostumbrados a estas audiencias en actos similares. —MATILDE: Bueno, también es que nosotros somos muy pesados y siempre estamos erre que erre invitando a los clientes, recordando el día y la hora del acto...
—ECP: Repíteme eso que dices que ya sabías a los doce años... —MANOLO: Sí, yo sabía que iba a ser agente cultural en alguna administración pública, periodista o publicista. Lo que más me gustaba era ser director de cine, pero con doce o trece años ya tenía conciencia de lo complicados que eran los proyectos cinematográficos y me agobiaba que se tardara tanto tiempo y que costasen tanto dinero. Los otros tres oficios los veía más viables. Jamás pensé que sería librero, pero observa cómo he contaminado mi oficio para que se acerque al de agente cultural... —MATILDE: Bueno, eso y que como jugador de baloncesto no daba la talla. —ECP: Ilusión y viabilidad. Y siempre claro, desde pequeño. ¿Te consideras una suerte de soñador pragmático? —MANOLO: Y siempre he tenido temas favoritos. De pequeño eran los cómics de superhéroes, las películas de terror, ciencia ficción y kárate... Y todo eso lo vivía con mucha pasión. Compraba todos los cómics, veía o conocía todas las películas. Siempre he sido compulsivo en mis pasiones. Y, sobre el pragmatismo, bueno, se me dan bien pocas cosas, pero esas sé que las voy a manejar correctamente para ser feliz. —ECP: Mucha gente os conoce por los Encuentros Literarios. ¿En qué consisten exactamente? ¿Cuál es su secreto? —MANOLO:
Ya vamos por el cuarto ciclo y cada proyecto, cada actividad, sigue siendo
muy diferente a las demás. Hemos tenido la suerte, en primera instancia,
de que el proyecto interese al Área de Cultura del Ayuntamiento
de El Ejido. Lo segundo fue buscar contactos. Mucha gente puede pensar
que es algo complicado, pero una de mis habilidades es contemplar estos
temas de forma sencilla. Por (Pero su oferta de actividades no para aquí. Acaban de instituir el Premio Sintagma. A este concurso acuden con su primera obra autores seleccionados por las principales editoriales españolas. El jurado es un grupo de 10 clientes de la librería que, tras leer los libros, exponen sus críticas, escritas en un posit, en el propio escaparate de la tienda. Si esto no es democracia cultural, que venga Homero y lo vea) —MANOLO: El Premio Sintagma es una idea muy sencilla. A veces la cosa no consiste en diseñar una costosa página web y tenerla continuamente actualizada. En este caso, nuestro vehículo de comunicación es el propio escaparate de la tienda y el soporte son los papelitos que escriben los clientes. La gente se para ante nuestro escaparate a leer una crítica literaria que ha escrito un vecino suyo sobre un escritor catalán. Eso tiene un potencial enorme. Además, la selección editorial se hace sobre autores noveles... Ya vamos matando más virtuales pájaros del mismo disparo. —MATILDE: A Berta Marsé, una de las autoras que concursan, le gustó tanto la idea que pidió que le enviásemos las críticas de los jurados. Por supuesto, desde ese momento decidimos mandárselas a todos los escritores que participaran. —ECP: Y, de nuevos proyectos, ¿qué me decís? —MANOLO: No nos gusta hablar de lo que estamos tramando. Son ideas, unas mejores y otras peores, muchas se quedan en el camino, se chafan por cualquier cosa. Por supuesto que tenemos más de tres y más de cuatro ideas en la cabeza, pero hay que dejarlas reposar y tomar las cosas con calma. Los encuentros y el premio ya ocupan todo nuestro tiempo. De todas formas, seguimos estudiando posibilidades y oportunidades. Siempre con el ojo puesto en acciones que sean prácticas a nivel social, por supuesto.
—ECP: Y, por último, haz una inteligente declaración de principios o en su defecto dame la receta de la felicidad. —MATILDE: ¿Qué quieres que te diga? Estoy muy a gusto aquí. Me gusta el calor de la gente. ¿Sabes? Cuando nos dieron la mención especial en el 2005, una clienta con la que no creíamos tener una relación demasiado estrecha nos trajo un ramo de rosas. Era una mujer que pasaba por aquí de vez en cuando, compraba sus libros y poco más; no hablábamos mucho con ella. Fue una gran sorpresa. A mí me impresionó. Tenemos sus rosas secas decorando aquel rincón. En otra ocasión, un amigo nos comentó que había leído un comentario en la página web de CEGAL. Era de alguien que vivía a caballo entre Sevilla, Córdoba y El Ejido y, aunque compraba sus libros en muchos sitios, decía que Sintagma tenía «algo especial». Me gustaría saber quién es. Sé que la he visto, que he hablado con esa persona... Esas son las cosas que a mí me llegan, por las que me merece la pena esforzarme. (Dicen que los medios de comunicación se han portado muy bien con ellos a lo largo y ancho de estos cuatro años y medio de existencia de Sintagma. Bueno, son originales y asequibles, puede que eso influya. No obstante, se consideran dos personas con suerte. Abrieron las puertas de su negocio un 23 de agosto y ese primer día hicieron una caja fabulosa. Vendieron más de 50 libros. «Parecía que todo El Ejido estaba esperando que abriésemos», dice Manolo con una no disimulada euforia. Yo por aquel entonces, lo confieso, no daba un duro por su continuidad, como mucha gente en El Ejido. Había una especie de compasión misericordiosa por esos dos chalados que se habían metido en un negocio imposible por mera ilusión. «Esa compasión aumentó el compromiso de nuestra clientela», apunta Manolo, «y eso ha hecho de Sintagma un negocio viable». Bueno, eso y que ellos nunca nos han defraudado)
Son las 6 de la tarde. En fin, mientras yo escribo aquí, Manolo y Matilde siguen allí, en su pequeño País de las Maravillas, urdiendo nuevas propuestas, maquinando nuevos planes, como dragones que guardan el tesoro de los libros, como duendes del bosque de las letras. Ahora, dentro de poco, me daré un paseo por el mundo de los sueños. Sé que esos dos me están esperando con una sonrisa. Y usted, ¿qué piensa hacer hoy? |
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O en El corazón, la nada:
«Cuando soy otro, ¿quién queda tras la lengua?»
O en La montaña hendida:
O en Las horas y los labios:
«¿Es esta carne otra forma de mi carne? ¿Por qué sangra, por qué muere?»
Eduardo Moga, y lo dice Tomás Sánchez Santiago en el prólogo del libro, pone al alma «en relación con dos factores con los que se confronta para dirimir su auténtica naturaleza: el cuerpo y el lenguaje». Pero, a diferencia del autor del prólogo, pienso que el cuerpo está confrontado en ausencia o en latencia, porque su presencia queda limitada por las imágenes y porque ahora la interrogación surge desde un yo que no se puede identificar exactamente con el cuerpo, desde una sombra que habla con otra sombra; los primeros versos de Soliloquio son:
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