ANTONIO LLORENTE ABELLÁN

 

     (Cartagena, España, 1969)

     Cursó estudios de arte dramático en la especialidad de Dirección de Escena y Dramaturgia en la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia.
     En el año 1998 escribió y dirigió Paradigma, estrenada en el teatro de la ESAD.
     En 2002, junto a miembros del grupo ilicitano Atrote Teatro, estrenó y codirigió en la sala Triángulo Oniris Causa, dentro del marco del Festival de Teatro Alternativo de Madrid.

© Antonio Llorente Abellán

 

 

 

 

ONIRIS CAUSA

 


PRIMERA OBRA (1)

 


¿Quién me lo iba a decir a mí?      HOMBRE UNO: ¿Quién me lo iba a decir a mí? Yo, aquí, delante del pasado, hablándole al mundo de todas esas cosas que no...
     HOMBRE DOS: ¿Que no qué?
     HOMBRE UNO: Que no me atrevía a decir.
     HOMBRE DOS: ¿Acaso ya te atreves?
     HOMBRE UNO: Por supuesto. Para eso estoy aquí.
     HOMBRE DOS: No me lo creo.
     HOMBRE UNO: ¿Que estoy aquí? Eso es algo indudable.
     HOMBRE DOS: Lo que no me creo es que vayas a hablar, que vayas a decir lo verdaderamente importante.
     HOMBRE UNO: Pues ya lo verás. Si no me interrumpes.
     HOMBRE DOS: Adelante, hombre, adelante.
     HOMBRE UNO: Pues como iba diciendo...
     HOMBRE DOS: Todavía no habías dicho nada.
     HOMBRE UNO: Es que no paras de interrumpirme.
     HOMBRE DOS: O sea, que ahora va a ser culpa mía el que no hayas dicho nada, el que toda tu vida hayas sido un cobarde que no ha sabido vivir según su propio criterio. ¿Tengo yo la culpa de que el silencio haya sido siempre tu mejor excusa?
     HOMBRE UNO: No, tú no has tenido la culpa.
     HOMBRE DOS: ¿Soy yo el culpable de tu boca cerrada?
     HOMBRE UNO: Tampoco.
     HOMBRE DOS: ¿Fueron culpa mía los movimientos de tu cabeza, hacia delante y hacia atrás siempre diciendo que sí, sí, sí, sí señor, claro, por supuesto?
     HOMBRE UNO: No, no fueron tu culpa.
     HOMBRE DOS: Venga, pues entonces ya puedes hablar.
     HOMBRE UNO: Eso iba a hacer.
     HOMBRE DOS: No, no es verdad. No dices nada.
     HOMBRE UNO: Es que no me dejas.
     HOMBRE DOS: ¿Lo ves como me echas la culpa?
     HOMBRE UNO: No te echo la culpa. El único culpable soy yo, ¿de acuerdo?
     HOMBRE DOS: Más o menos.
     HOMBRE UNO: Sí, soy yo el culpable. Y ahora estoy contento de decirlo. He pensado poco en mi vida, me he dejado llevar por los instintos. Y los instintos son cosa gratuita y cobarde.
     No quería estar soloHOMBRE DOS: Los instintos son cosa de animales.
     HOMBRE UNO: Y también de los hombres.
     HOMBRE DOS: También de los hombres, sí señor.
     HOMBRE UNO: Yo, a mí.., digamos que sólo me interesaba el sexo.
     HOMBRE DOS: Y las mujeres.
     HOMBRE UNO: ¿Acaso no es lo mismo?
     HOMBRE DOS: De sobra sabes que no. El sexo eres tú, nace sólo de ti y se alimenta de ti. Pero que te interesasen las mujeres implicaba otro tipo de vicios.
     HOMBRE UNO: Lo único que quería era no estar solo.
     HOMBRE DOS: Como todo el mundo, la misma tontería. ¡ Si lo realmente difícil es conseguir estar solo...!
     HOMBRE UNO: Lo realmente difícil es hablar cuando no paran de interrumpirte.
     HOMBRE DOS: Te falta valor. Siempre te ha faltado valor. A todos nos falta. Valor para hablar, valor para esforzarse en estar solo y tener criterios personales.
     HOMBRE UNO: ¿Esto es un juicio?
     HOMBRE DOS: Cualquier conversación verdadera lo es.
     HOMBRE UNO: Pero yo no quiero conversar. Yo sólo quiero hablar.
     HOMBRE DOS: ¿Y no es lo mismo?
     HOMBRE UNO: Claro que no. ¿Te vas a callar un momento?
     HOMBRE DOS: Supongo que sí. Si tú has estado callado toda una vida yo podré estarlo aunque sea un minuto.
     HOMBRE UNO: A ver si es verdad. Prosigo. Iba diciendo que por fin me he decidido a hablar...
     HOMBRE DOS: ¿Con quién hablas?
     HOMBRE UNO: ¿No decías que te ibas a callar?
     HOMBRE DOS: Sólo te he hecho una pregunta. Es que no comprendo con quién hablas.
     HOMBRE UNO: Eso no importa. Lo verdaderamente importante es que por fin me haya decidido.
     HOMBRE DOS: Ah, bueno, si eso es lo importante…
     HOMBRE UNO: ¿No lo crees así?
     HOMBRE DOS: No lo sé.
     HOMBRE UNO: ¿Cómo que no lo sabes? Claro que lo sabes. Lo que pasa es que no quieres decírmelo.
     HOMBRE DOS: No te pases conmigo. El que tiene problemas para comunicarse eres tú.
     HOMBRE UNO: ¡Si es que no me dejas!
     HOMBRE DOS: Si es por eso, yo me callo.
     HOMBRE UNO: A ver si es verdad, hombre.

 


SEGUNDA OBRA (1)

 


¿Su conciencia no le dejaba?     MUJER UNO: Y no lo dejaba hablar, oye, qué pesado.
     MUJER DOS: Pues no sé por qué. No he entendido muy bien la historia.
     MUJER UNO: Pues estaba claro. Se trataba de la confesión de un hombre ante su conciencia.
     MUJER DOS: ¿Y quién más había?
     MUJER UNO: ¿Quién más había...?
     MUJER DOS: Aparte de su conciencia.
     MUJER UNO: Y yo qué sé. Eso no tiene importancia.
     MUJER DOS: No lo sabía.
     MUJER UNO: El caso es que no lo dejaba hablar.
     MUJER DOS: ¿Su conciencia no le dejaba?
     MUJER UNO: No. ¿Es que estás sorda?
     MUJER DOS: No estoy sorda. Es que me gusta mirarte a los ojos.
     MUJER UNO: ¿Y eso a qué viene?
     MUJER DOS: Pues no lo sé. Supongo que es porque tienes unos ojos muy bonitos, como de fuego.
     MUJER UNO: ¿De verdad te lo parecen?
     MUJER DOS: Por supuesto. ¿Nunca te lo han dicho?
     MUJER UNO: Nunca.
     MUJER DOS: ¿Ningún hombre?
     MUJER UNO: Los hombres sólo se fijaban en mis pechos.
     MUJER DOS: ¿Tampoco te lo había dicho una mujer?
     MUJER UNO: Tú eres la primera. Las mujeres son comedidas con esas cosas. Nos tenemos envidia.
     MUJER DOS: A mí me gustan tus ojos porque me dan envidia. Y tus pechos.
     MUJER UNO: ¿Te dan envidia mis pechos?
     MUJER DOS: No, sólo digo que me gustan. No sé si me dan envidia porque no te los he visto.
     MUJER UNO: ¿No querrás que me desnude?
     MUJER DOS: Así podría verlos. ¿Lo harías?
     MUJER UNO: Tampoco me importa demasiado (Lo hace.) ¿Y bien? ¿Te dan envidia?
     MUJER DOS: No, pero me gustan mucho. Me provocan deseo.
     MUJER UNO: ¿Deseo de qué?
     MUJER DOS: No sé. Deseo de tocarlos, de besarlos, o simplemente de mirarlos durante horas.
     MUJER UNO: ¿De verdad?
Hipocresía     MUJER DOS: Claro que sí. ¿Por qué iba a mentirte?
     MUJER UNO: La gente es muy mentirosa.
     MUJER DOS: Yo no.
     MUJER UNO: La gente dice una cosa cuando en realidad piensa otra. Y lo que dice suele ser más hermoso que lo que piensa. Hipocresía, pura hipocresía.
     MUJER DOS: Eso es absurdo. Hay que pensar y decir lo más hermoso.
     MUJER UNO: ¿Tú lo haces?
     MUJER DOS: Yo soy así. Si me gusta algo lo digo, lo provoco, intento comprarlo.
     MUJER UNO: ¿Y cuánto te suele costar?
     MUJER DOS: No demasiado. A la gente le gusta vender.
     MUJER UNO: ¿Cuánto darías por mí?
     MUJER DOS: ¿En términos absolutos?
     MUJER UNO: En términos absolutos.
     MUJER DOS: Lo daría todo. Daría cualquier cosa, lo que sea, material o inmaterial, concreto o abstracto. Cualquier cosa.
     MUJER UNO: Me gusta que digas eso. Aunque sé que es mentira. Nadie puede ofrecer tanto por ninguna cosa.
     MUJER DOS: Yo sí. ¿Ya te he dicho que soy especial?
     MUJER UNO: Más o menos.
     MUJER DOS: Pues ya lo sabes. Ahora, ¿puedo quedarme con tu cuerpo?
     MUJER UNO: No, no puedes.

 


PRIMERA OBRA (2)

 


He soñado cosas extrañas     HOMBRE DOS: ¿Qué tal tu sueño?
     HOMBRE UNO: ¿Qué? ¿Qué dices?
     HOMBRE DOS: Te quedaste dormido. Ibas a hablar, a soltar tu gran confesión, y te quedaste dormido.
     HOMBRE UNO: Es verdad. Y he soñado...cosas extrañas.
     HOMBRE DOS: Todos los sueños son extraños. Soñar es extraño. Incluso despertar es extraño.
     HOMBRE UNO: Esto era diferente. (Ante un gesto de él.) Ya lo sé, todos los sueños son diferentes.
     HOMBRE DOS: Si no, no serían sueños.
     HOMBRE UNO: Había dos mujeres. Y una de ellas se desnudaba.
     HOMBRE DOS: Típico sueño erótico. ¿Te has despertado excitado sexualmente?
     HOMBRE UNO: No era un sueño erótico.
     HOMBRE DOS: Ya estás ocultando la verdad. Eres cobarde hasta para contar tus sueños. Así no vas a adelantar nada. No te curarás.
     HOMBRE UNO: Yo no estoy enfermo. Sólo me quedé dormido de repente.
     HOMBRE DOS: Narcolepsia.
     HOMBRE UNO: ¿Qué?
     HOMBRE DOS: Narcolepsia. El nombre de una enfermedad. Te quedas dormido de repente, como si te desmayaras.
     HOMBRE UNO: ¿Y se sueña?
     HOMBRE DOS: No lo sé. Supongo que sí. Siempre se sueña.
     HOMBRE UNO: También se sueña despierto.
     HOMBRE DOS: Despierto no se sueña. Como mucho se imagina, se imagina uno que está soñando.
     HOMBRE UNO: Pero yo estaba dormido.
     HOMBRE DOS: Y roncabas.
     HOMBRE UNO: Y estaba soñando con dos mujeres.
     HOMBRE DOS: Y una de ellas se desnudaba.
     HOMBRE UNO: Sí. Enseñaba los pechos. Y la otra mujer quería tocárselos.
     HOMBRE DOS: ¡Chico, qué suerte! Yo nunca he soñado con lesbianas. Sigue contando hombre, sigue contando.
     HOMBRE UNO: No sé. Era como si, algo extraño, no sé si decírtelo.
     HOMBRE DOS: Dilo. Es mejor que lo digas. Para eso estamos.
     HOMBRE UNO: Era, como si la mujer que se desnudaba... Es una tontería, me da hasta vergüenza pensarlo.
Tienes sueños eróticos...     HOMBRE DOS: Dilo ya, hombre. No pasa nada.
     HOMBRE UNO: Como si la mujer desnuda fuera yo. Ya está. Ya lo he dicho. ¿Te parece bien?
     HOMBRE DOS: Eso nos aclara muchas cosas. Tienes sueños eróticos en los que asoma tu sexualidad oculta. A lo mejor eres homosexual.
     HOMBRE UNO: No, no es así. Yo me sentía como esa mujer, pero no era esa mujer.
     HOMBRE DOS: No seas cobarde. Ibas por buen camino, te atrevías. Y de repente lo estropeas todo con una explicación absurda, con un juego de palabras. Mira, dejemos la cuestión del sueño. Ahora estamos despiertos, en la realidad. ¿Quieres seguir con tu confesión?
     HOMBRE UNO: Está bien.

 


SEGUNDA OBRA (2)

 


     MUJER DOS: ¿No te entregarías a mí?
     MUJER UNO: No. Yo no me entregaría a nadie. Por nada del mundo.
     MUJER DOS: ¿Entonces? ¿Por qué me has enseñado tus pechos?
     MUJER UNO: No lo sé. Me apetecía jugar un poco. Pero ya se acabó. (Se tapa los pechos.)
     MUJER DOS: Quizás hubiera sido mejor que yo te desnudara. Me habría levantado, así, (se levanta) y te hubiera desabotonado la blusa, así. (Lo hace.) El juego es mucho mejor. Hasta tus pechos parecen distintos. (De repente se aparta de ella.)
     MUJER UNO: ¿Qué haces ahora?
     MUJER DOS: Nada. Me he cansado de jugar.
     MUJER UNO: ¿De verdad no quieres seguir un poco?
     MUJER DOS: Hoy no. Tal vez otro día. Ahora estoy cansada, y me aburro.
     MUJER UNO: Ha sido culpa mía.
     MUJER DOS: No, cariño, no te preocupes. Es sólo que...
     MUJER UNO: ¿Qué? Por favor, dime qué pasa.
     MUJER DOS: Es que has sido demasiado sumisa. Si te hubieras resistido más. Me gusta más cuando me cuesta trabajo.
     MUJER UNO: ¿Querías que me resistiera? Ahora no entiendo nada.
     MUJER DOS: Pues está muy claro. ¿Sabes cuál es el momento que más me ha gustado?
     MUJER UNO: ¿Cuál?
     MUJER DOS: Cuando te tapaste los pechos como una niña traviesa.

 


PRIMERA OBRA (3)

 


Quiero confesarme     HOMBRE UNO: Quiero confesarme. Abiertamente. A todo el público del mundo, del universo. Quiero confesarme a mi madre que estará en el cielo. Y a mi padre, y a mis hermanos, y a mis vecinos. Quiero decirles la verdad de mi vida a todos aquellos que viven las suyas como si no les pertenecieran. Quiero volar y estrellarme si es preciso y no avergonzarme de los que se reirán seguramente viendo mi rostro aplastado contra el suelo. Quiero no callar ni un segundo, por todo el tiempo que llevo silenciado. Y decir la verdad, aunque me duela, y repetirla aunque me mate.
     HOMBRE DOS: Te quedó muy bien como introducción pero aún queda por llegar lo mejor: La confesión.
     HOMBRE UNO: Te gustó, ¿verdad? Llevaba años preparando ese pequeño discurso. Es importante definir cuáles son las intenciones de uno, porque si no luego todo se confunde.
     HOMBRE DOS: Las intenciones no están claras nunca. Lo importante son los hechos. Un pintor no puede decir que intenta hacer una maravilla de obra, la abstracción esencial de todo lo que su alma de artista puede llegar a plasmar. ¿Sabes qué es lo importante?
     HOMBRE UNO: No lo sé. No entiendo de arte.
     HOMBRE DOS: Lo importante es el cuadro. Y ya está. El cuadro, la obra terminada, firmada, entregada el mundo, como una confesión o una súplica.
     HOMBRE UNO: Yo no quiero suplicar.
     HOMBRE DOS: Pues no supliques. Creo que, con tantas explicaciones y preámbulos, sólo estás postergando la entrega de tu cuadro a la humanidad. Tal vez no tienes nada que decir.
     HOMBRE UNO: Sí que lo tengo.
     HOMBRE DOS: Algunas artistas, por buenos que sean, no tienen nada que decir en realidad.
     HOMBRE UNO: Ya te he dicho que no entiendo de arte. Pero sí conozco mi pasado. Y el pasado de cada hombre es algo repleto de cosas importantes.
     HOMBRE DOS: Depende. Llega un momento en que el pasado ya no es nada. Sólo un sueño. Incluso hay sueños más excitantes que el pasado de un hombre. Por eso inventamos tantas cosas.
     HOMBRE UNO: ¿Quiénes?
     HOMBRE DOS: ¿Quiénes? Nosotros, los hombres. Tú y yo, por ejemplo.
     HOMBRE UNO: ¿Qué hemos inventado nosotros?
     HOMBRE DOS: Es un decir, hombre, es un decir. Eso es lo que me ocurre a mí. Que digo demasiado, y no hago nada. En cambio tú, creo que has hecho demasiado. A las dos chicas de antes, las del sueño ¿las conociste en tu pasado?
     HOMBRE UNO: Creo que sí. Una de ellas se parecía a mí. Era como si fuera yo.
     HOMBRE DOS: ¿Y qué les hiciste?
     HOMBRE UNO: Nada.
     HOMBRE DOS: ¿Nada? Entonces, ¿por qué estás aquí?
     HOMBRE UNO: Tenía necesidad de confesarme. Y tú estabas dispuesto a escuchar.
     HOMBRE DOS: Yo hablo demasiado. No soy bueno para escuchar a la gente.
     HOMBRE UNO: No me importa.

 


SEGUNDA OBRA (3)

 


"Ambigüedad" de Ceci Oriz López     MUJER DOS: A mí me importa todo sobre ti. Cómo te llamas, por qué no te has marchado todavía. Pero lo que más me gusta es tu cara de niña traviesa, de niña que se tapa los pechos falsamente avergonzada.
     MUJER UNO: Yo no soy una niña. Y si me avergüenzo es de verdad. No existe la falsa vergüenza.
     MUJER DOS: Lo que no debería existir es la verdadera vergüenza. Es uno de los tantos errores de la humanidad. Pero, en fin, de eso se trata.
     MUJER UNO: ¿De qué se trata?
     MUJER DOS: La humanidad. Tan sólo consiste en sus errores. El arte, la religión, el amor, todo son errores que enseguida nos delatan como humanos. Pero es hermoso equivocarse después de haber elegido por uno mismo. Es algo muy hermoso.
     MUJER UNO: No veo qué tiene de hermoso equivocarse. La vida es corta y cuanto más te equivoques menos probabilidades tienes de ser feliz.
     MUJER DOS: La vida no es corta o larga. La vida es vida o no es vida. Y desde luego, si sólo pretendes acertar, o si sólo consideras la felicidad como la suma de unos pequeños y estúpidos éxitos, no estarás viviendo de verdad, no estarás aprovechando la vida, sea corta o sea de apariencia interminable.
     MUJER UNO: ¿Tú cuál crees que es el secreto?
     MUJER DOS: No lo sé. Pero pienso que hay que vivir como si esto no se acabara, y al mismo tiempo pensar que todo puede acabarse mañana mismo. Es complicado, ya lo sé. ¿Por qué no me enseñas de nuevo tus pechos?
     MUJER UNO: Ya los has visto. Tal vez otro día te los enseñe.
     MUJER DOS: ¿Y si todo se acaba mañana? Entonces me moriré sin llegar a tocártelos, ¿no?
     MUJER UNO: Supongo que sí.
     MUJER DOS: ¿Lo ves? La humanidad es una cadena interminable de errores.
     MUJER UNO: (...)
     MUJER DOS: (...)
     MUJER UNO: ¿Y los dos hombres?
     MUJER DOS: Te refieres al hombre y su conciencia.
     MUJER UNO: Es lo mismo. ¿Qué estarán haciendo?
     MUJER DOS: Supongo que nada. Los hombres nunca hacen nada. Se mueven mucho, hacen mucho ruido y todo eso, van de aquí para allá, dejando grandes frases y edificios. Pero en realidad no hacen nada. Así que no me importan.
     MUJER UNO: A mí me preocupaba ese hombre, el que quería hablar. Parecía dispuesto a hacer grandes cosas.
     MUJER DOS: No te creas nada. Nosotras, las mujeres, sí que hacemos cosas, cosas verdaderamente importantes.
Los hombres y las mujeres hacen las mismas cosas     MUJER UNO: No te entiendo. Los hombres y las mujeres hacen las mismas cosas.
     MUJER DOS: Eso será en tu mundo pequeño y lleno de vergüenza. Las mujeres traemos la vida, somos la vida. El resto es sólo anecdótico.
     MUJER UNO: Pero, y el hombre, la semilla...
     MUJER DOS: La semilla no es nada. Lo importante es el agua. Llena el campo de semillas y si no les cae una gota de agua, no serán nada, sólo piedras secas y silenciosas. Nosotras somos el agua, y el agua, con la debida pasión, puede producir nuevas y mejores semillas.
     MUJER UNO: ¿Pensabas hacerlo mirándome los pechos?
     MUJER DOS: Sí. Y tocándotelos, y besándotelos, y mordiéndotelos. Ven, acércate. También puedo susurrarte al oído verdades que serán como el aire y la luz, verdades que serán el más genuino alimento.
     MUJER UNO: Pero querrás que me desnude.
     MUJER DOS: Ya estás desnuda. No te das cuenta, pero estás desnuda. Los hombres no saben ver, por eso necesitan que nos quitemos la ropa. Pero tú yo ya estamos desnudas. Para siempre.

 


PRIMERA OBRA (4)

 


     HOMBRE DOS: Cuéntame más. Cuéntame más de ese sueño.
     HOMBRE UNO: Mejor que no. Prefiero hablar de otras cosas. ¿Recuerdas? Todo aquello que he callado durante mi vida.
     HOMBRE DOS: Es que eso puede ser aburrido. La vida de cada hombre es igual a la de cualquier otro. Ya me conozco el cuento. ¿No quieres seguir contándome tu sueño?
     HOMBRE UNO: No lo recuerdo con claridad. Sólo son ráfagas, retales de carne y fragmentos de susurro. Hay dos mujeres desnudas. Una se parece a mí, o yo soy como ella.
     HOMBRE DOS: La otra no seré yo, ¿verdad?
     HOMBRE UNO: No. Las dos mujeres están desnudas y se hablan sentadas bajo una luz muy suave. Y hay otra cosa curiosa. Están desnudas pero no veo sus cuerpos.
     HOMBRE DOS: Tu sueño empieza a ser tan aburrido y extraño como tu vida. Mejor peleemos.
     HOMBRE UNO: ¿Que peleemos?
     HOMBRE DOS: Sí, una pelea. Un hombre contra otro hombre, a puñetazos, y el que quede en pie es el que gana.
"Antigüedad" de Ángel Cantero     HOMBRE UNO: ¿Y qué gana?
     HOMBRE DOS: ¿Te parece poco la satisfacción de ver al otro vencido en el suelo? Ése es otro de los placeres de la vida que te has perdido. Vamos, anímate, aún estás a tiempo. ¡Venga! Peleemos.

     (El HOMBRE DOS se dirige hacia el HOMBRE UNO y le lanza suaves golpes al rostro. El HOMBRE UNO los esquiva hasta que recibe uno y entonces se enzarza con él.)

     HOMBRE DOS: ¿No ves qué divertido? Así, sigue, sigue. Vaya, eso me ha dolido. ¿No te gusta el dolor? ¿No te hace sentirte nuevo, otro hombre, más allá de tu pasado y de este presente en el que nadie te deja hablar? Ahora te he dado fuerte. ¿Te duele? (El HOMBRE UNO cae al suelo)
     HOMBRE UNO: No me duele. Es que estoy fatigado.
     HOMBRE DOS: Pero, ¿a que te ha gustado? Hombre, es mejor cuando ganas, pero aun así, aunque hayas perdido y estés en el suelo mirando mi cara de satisfacción, aun así, seguro que te sientes más vivo que en toda tu existencia. Ahora puedes tener deseo de venganza, de volver a empezar, o de sentarte durante horas para descansar de tu fatiga. Ahora todo cobra verdadero sentido.
     HOMBRE UNO: Tenías razón antes, cuando decías que no eras una persona apropiada para escuchar.
     HOMBRE DOS: Ya te lo dije. Pero esto ha sido mejor que verte ahí, patético muchacho con la lengua paralizada, lengua atrofiada ya en el pasado, lengua que sólo servía para mojarte estúpidamente los labios cuando la vida te ponía dificultades. Ahora, en cambio, puedes sacar esa misma lengua y saborear la sangre de tu labio partido. Es algo diferente, mucho más estimulante, menos humano, pero infinitamente más placentero.
     HOMBRE UNO: Las mujeres de mi sueño parecían muy humanas, casi diosas. Y estaban tranquilas y sus labios tenían el color de la sangre pero no estaban rotos.
     HOMBRE DOS: Déjalas. Las mujeres están muy bien ahí, en los sueños. Luego, en la realidad, son otra cosa muy diferente.
     HOMBRE UNO: Hablas de cosas que no conoces.
     HOMBRE DOS: ¿Qué es lo que yo no conozco? ¿A las mujeres? ¿No conozco yo a las mujeres?
     HOMBRE UNO: No conoces mi sueño, no conoces a las mujeres de mi sueño.
La ambigüedad de Bacon     HOMBRE DOS: Yo creo que ni siquiera has soñado con ellas. Te quedaste dormido ahí, un momento, y pretendes contarme toda una novela, un ensayo filosófico, un largo poema sobre lo que has soñado.
     HOMBRE UNO: Nadie puede negar la realidad de un sueño. Esa es su sustancia maravillosa, nadie puede decirte “no, eso no lo soñaste, ¿estás loco?, eso es imposible”. Un sueño, el sueño que uno tiene, es totalmente verdad, y es irrefutable.
     HOMBRE DOS: ¿Y de qué te sirve eso? De acuerdo, bien, bien, una verdad irrefutable. ¿Y con quién la compartes? ¿Adónde te lleva?
     HOMBRE UNO: No lo sé. Supongo que te lleva hacia otro sueño.

 


SEGUNDA OBRA (4)

 


     MUJER DOS: ¿Adónde vas?
     MUJER UNO: No lo sé. Simplemente me visto, me levanto y me voy. ¿No puedo hacerlo?
     MUJER DOS: No. No puedes.
     MUJER UNO: ¿Por qué no puedo?
     MUJER DOS: Porque me gusta verte aquí, es así de simple.
     MUJER UNO: ¿Sólo por eso?
     MUJER DOS: Básicamente. Podría decirte más. Podría decirte que estar contigo, que contemplar tu cuerpo, actúa como el agua sobre un cuadro recién pintado, que sólo queda un borrón hermoso y no importa el cuadro ni por qué se pintó. Podría decirte que cuando hablas tu voz va quebrando delgadísimos muros de silencio y queda una nota en el aire, como un pájaro, que no importa de dónde viene ni hacia dónde va. Podría decirte que cuando tus ojos se clavan en mi boca, todo el sabor del mundo desaparece, y sólo queda una finísima gota que es toda mi sed y toda mi hambre.
     MUJER UNO: ¿Por qué no me has dicho antes todo eso?
     MUJER DOS: Hay que ser sencillo. El amor es sencillo. Los sueños deben ser sencillos para ser comprendidos. Me gusta verte aquí. El resto es sólo poesía que miente desesperada.
     MUJER UNO: Pero es más bonito.
     MUJER DOS: Pues entonces quédate.
Cuadro de Francis Bacon     MUJER UNO: Debo irme. Tengo cosas que hacer. Mi marido, mis hijos...
     MUJER DOS: ¿Por qué no están aquí, contigo?
     MUJER UNO: No lo sé. Estoy confusa. Estabas tú y una casa que se parecía a la mía. Pero no sé por qué no están ellos.
     MUJER DOS: No están porque no son importantes. Si no, los hubieras traído.
     MUJER UNO: ¿Podía hacer eso?
     MUJER DOS: Claro que podías. Pero no eran importantes. Decidiste por ti, viniste sola y me encontraste porque ése era tu deseo. Tu único deseo. ¿Serás capaz de irte y abandonarlo todo?
     MUJER UNO: Creo que sí. Tampoco siento que pueda evitarlo.
     MUJER DOS: Sí que puedes. Sólo debes pensar en lo que te espera allí donde vas.
     MUJER UNO: Ya te he dicho lo que me espera allí.
     MUJER DOS: No. No lo sabes bien. Allí sólo hay hombres que discuten, hombres que se pelean, que pierden el tiempo en torno al discurso de la verdad porque no saben asumir sus propios sueños.
     MUJER UNO: No tengo por qué creerte. Y además, no tienes pruebas de eso que dices.
     MUJER DOS: No las necesitas. Sólo debes recordar, despertar un poco. Asoma la cabeza y sentirás como un puñetazo. Creerás que es un aroma, una caricia, pero en realidad es un puñetazo. Nada agradable, si te paras a sentirlo.
     MUJER UNO: No me creo capaz ya de sentir nada. Sólo debo hacer lo que debo hacer, dejarme llevar. No tengo voluntad pues soy una sombra y sólo me debo al cuerpo y la luz que me proyectan.
     MUJER DOS: Eres más que una sombra. Una sombra no puede enseñar los pechos y sentir un escalofrío. Y yo te quiero, te deseo. Y no soy tan estúpida como para andar enamorada de una sombra.
     MUJER UNO: Estamos sacando las cosas de quicio.
     MUJER DOS: ¿Vas a irte?
     MUJER UNO: Todavía no.

 


PRIMERA OBRA (5)

 


     HOMBRE UNO: ¿Lo oyes? Es como una guitarra, un sonido femenino y desgarrado que tiene en el eco su esperanza.
     HOMBRE DOS: Yo oigo algo muy distinto. Apenas un eco, la ceniza de un llanto, como si alguien se marchara aunque no quisiera irse, como si alguien se marchara a pesar de todo.
Soy sólido     HOMBRE UNO: Es otra manera de interpretarlo.
     HOMBRE DOS: No sólo los sueños son irrefutables. Las sensaciones también, y las ideas.
     HOMBRE UNO: Tú en cambio parece que nunca te irías de aquí. Eres sólido, tienes raíces, y tu música suena a martillo insistente sobre las campanas oscuras del suelo.
     HOMBRE DOS: Soy sólido. Soy quien debe quedarse. Y ni siquiera sueno como un martillo. Mi voz es recia pero no se arrastra por el suelo. Yo siempre dije la verdad alta y desnuda, dispuesta a penetrar los difíciles muros del aire.
     HOMBRE UNO: ¿Crees que ya se habrá ido? El sonido apenas me llega.
     HOMBRE DOS: Tal vez. De todos modos no es importante.
     HOMBRE UNO: Sí es importante. Cuando los sueños se van ya no hay manera de recuperarlos. Es importante saber qué son, por dónde andan, qué se puede hacer para retenerlos.
     HOMBRE DOS: No puedes dormir eternamente. O sí. Podrías morirte. Claro que así te faltarían habilidades y recursos para lo que deseas.
     HOMBRE UNO: No me gusta tu sarcasmo.
     HOMBRE DOS: No hay ningún sarcasmo. O, perdona, en tu mente te habrá sonado así, pero claro, no puedo enfrentarme a las verdades s de tu mente loca.
     HOMBRE UNO: ¿Se trataba de locura? ¿Por eso estabas aquí?
     HOMBRE DOS: Yo no entiendo de esas cosas.
     HOMBRE UNO: Pero has dicho que yo estaba loco.
     HOMBRE DOS: ¿Y qué? Para comprender eso no hacen falta muchos estudios. Yo sólo pretendía escucharte. Pero no te preocupes, que ya vendrán los otros.
     HOMBRE UNO: Pero, ¡sin aún no he tenido tiempo de decir nada, aún no he podido excusarme, expresar mis ideas, justificar mi silencio!
     HOMBRE DOS: Has estado demasiado entretenido con sueños, fantasías y guitarras. Ahora no vengas a quejarte.
     HOMBRE UNO: ¿No me queda tiempo?
     HOMBRE DOS: Eso depende. Depende de tu verdad, de lo loco que estés, de la prisa que te des para confesarte, si es que aún tienes determinación suficiente.
     HOMBRE UNO: Antes la tenía, pero después de la lucha…
     HOMBRE DOS: ¿No te hizo sentirte bien? Aquello debió ser un acicate, un estímulo directo sobre la carne.
     HOMBRE UNO: Pues no lo fue.
     HOMBRE DOS: Si quieres podemos repetirlo.
     HOMBRE UNO: No, gracias. ¿Crees que aún podrías vencerme?
No vamos a pelear     HOMBRE DOS: Por supuesto. Yo soy sólido, un martillo. Y tú eres sólo un espíritu que sueña con mujeres y guitarras.
     HOMBRE UNO: No me interesa la pelea. Gane quien gane. Las disputas humanas deben ir por otros caminos.
     HOMBRE DOS: La cobardía, por ejemplo, es un camino, ¿verdad?
     HOMBRE UNO: Ya te he dicho que no me da miedo perder si me peleo contigo.
     HOMBRE DOS: Ya. ¿Pero quién se fía de ti?
     HOMBRE UNO: No te fíes, si no quieres. Pero no vamos a pelear.
     HOMBRE DOS: Si tuvieras la absoluta seguridad, si estuvieras absolutamente seguro de que ibas a ganarme, entonces sí querrías pelear.
     HOMBRE UNO: No, tampoco así pelearía.
     HOMBRE DOS: Si pudieras verme herido, tirado por el suelo, llorando y suplicándote piedad, entonces sí que pelearías.
     HOMBRE UNO: No tengo necesidad de esas emociones. No me aportarán nada, como tampoco me aportó nada la pelea de antes. Y que tú me ganaras no significó ninguna derrota.
     HOMBRE DOS: Te estás volviendo fuerte por momentos. Eso me gusta. Sin darte cuenta estás empezando a hablar, a hablar de cosas verdaderas, asuntos de verdad interesantes. Cuando dices “no me importa”, no sabes en realidad cuánto te importa.
     HOMBRE UNO: Me importan los sueños, me sujetan los sueños. Soy lo que he soñado, la persona que soy desde hace un rato está formada íntegramente por un sueño.
     HOMBRE DOS: ¿Eres un sueño de dos lesbianas?
     HOMBRE UNO: No eran lesbianas. No son lesbianas. Y si lo son no lo son en la manera en que tú lo dices.
     HOMBRE DOS: Lesbianas. Dos mujeres que se aman, ¿no es así?
     HOMBRE UNO: No, no es así. Una deseaba a la otra, pero la otra aún no sabía…
     HOMBRE DOS: ¿No sabía qué? ¿Que era lesbiana?
     HOMBRE UNO: Sólo era un sueño. No vamos a pelearnos por eso.
     HOMBRE DOS: Ni por ninguna otra cosa. Te falta el valor necesario para eso.
     HOMBRE UNO: Entonces la otra era un poco como yo, le faltaba el valor necesario.
     HOMBRE DOS: ¿Para ser lesbiana?
     HOMBRE UNO: No. Le faltaba valor para seguir siendo un sueño.

 


SEGUNDA OBRA (5)

 


El miedo es una bonita sensación     MUJER UNO: Me gusta el silencio de este lugar.
     MUJER DOS: No me había dado cuenta. Pero sí hay mucho silencio, y parece hermoso.
     MUJER UNO: Es como un abismo. Como un pozo de agua quieta y desconocida.
     MUJER DOS: Me gusta que te guste.
     MUJER UNO: ¿Por qué?
     MUJER DOS: Así no te irás.
     MUJER UNO: Los abismos también provocan miedo.
     MUJER DOS: El miedo es una bonita sensación. Te sientes viva.
     MUJER UNO: ¿Tú crees que estamos vivas?
     MUJER DOS: Como todo el mundo. Todo vive, a su modo y su manera, todo vive.
     MUJER UNO: ¿Y por cuánto tiempo?
     MUJER DOS: Lo que dure un sueño.
     MUJER UNO: ¿Y eso cuánto es?
     MUJER DOS: Depende. Puede ser un segundo, un sobresalto, un vértigo. O puede ser una eternidad de sombras intermitentes.
     MUJER UNO: Yo tengo recuerdos.
     MUJER DOS: ¿Cómo son? ¿Qué es un recuerdo?
     MUJER UNO: ¿No sabes cómo son los recuerdos?
     MUJER DOS: Yo siempre he estado aquí.
     MUJER UNO: Los recuerdos son imágenes, sensaciones, a veces un aroma, una carta, una sonrisa en el centro de un cuarto oscuro, un roce de otro cuerpo, un calor de sábanas. Un recuerdo es como un trozo de espejo que sangra en tu corazón o en tus pupilas.
     MUJER DOS: Parece bonito. Pero también triste. Yo siempre he estado aquí, mis recuerdos son todo lo que ves, todo lo que sientes. Mi trozo de espejo eres tan sólo tú.
     MUJER UNO: No puedes escoger. Por eso te ves tan segura, tan seductora.
     MUJER DOS: ¿De verdad te parezco seductora?
     MUJER UNO: Si no lo fueras, hace tiempo que me habría marchado.
     MUJER DOS: Me haces muy feliz con esas palabras.
     MUJER UNO: Me alegro de que seas feliz.
     MUJER DOS: Gracias.
     MUJER UNO: No hay por qué darlas.
     MUJER DOS: Muchas, infinitas gracias.
     MUJER UNO: ¿Lo ves? Sigues siendo seductora.
     MUJER DOS: Sí que lo soy. Pero es una lástima.
     MUJER UNO: ¿Por qué es una lástima?
     MUJER DOS: No sirve de nada. Dentro de un momento despertarás y toda mi seducción habrá sido inútil.
     MUJER UNO: ¿De verdad crees que me despertaré?
Tú tienes un color maravilloso     MUJER DOS: Todos lo hacen. Siempre ha sido así.
     MUJER UNO: Yo sé que hay algunos que no despiertan.
     MUJER DOS: Ah, sí. Pero esos ya no sirven para nada. Pierden el color.
     MUJER UNO: ¿Y yo no he perdido el color?
     MUJER DOS: Claro que no. Tú tienes un color maravilloso. Tu rostro tiene un color que es una delicia. Tus pechos son de un color que demanda urgentemente el beso.
     MUJER UNO: Basta ya. Ya ha quedado claro que te gusto.
     MUJER DOS: Tal vez no me gustes. Pero como soy una gran seductora…
     MUJER UNO: ¿La seducción puede ser una mentira?
     MUJER DOS: Siempre. Si no, no es auténtica seducción.
     MUJER UNO: No me importa, siempre y cuando la mentira sea hermosa.
     MUJER DOS: Ésa es la cualidad del gran seductor: la belleza de su arte. De todos modos aquí no importa demasiado la verdad. O sí, sí tiene importancia, pero como todo es un sueño…

 


PRIMERA OBRA (6)

 


     HOMBRE UNO: Lo que no soporto es el aburrimiento. Y precisamente ése es el gran mal de nuestros días.
     HOMBRE DOS: La gente no sabe divertirse, no tiene verdaderos objetivos; ni tiene hermosas metas, cosas que conquistar.
     HOMBRE UNO: No me gusta esa idea de “los grandes objetivos”.
     HOMBRE DOS: No tienen nada de malo. Eso sí, deben ser falsos, inútiles. En caso contrario ya no se disfrutan.
     HOMBRE UNO: La búsqueda del placer. La eterna búsqueda del placer.
     HOMBRE DOS: El placer no es importante. Es siempre igual. Un escalofrío, una sonrisa como de loco, una abultada cuenta corriente en el banco…
     HOMBRE UNO: Claro que es importante el placer. Es lo único, siempre ha sido lo único.
     HOMBRE DOS: No señor, no. Lo verdaderamente importante es su búsqueda, el camino que lleva al placer, la obsesión que nos conduce a perseguirlo. ¿Había realmente placer en tu sueño?
     HOMBRE UNO: No exactamente.
Yo siempre estoy soñando     HOMBRE DOS: Pero no obstante soñabas.
     HOMBRE UNO: No se puede evitar soñar.
     HOMBRE DOS: Sí que se puede. Claro que se puede. Soñamos sólo porque queremos soñar. Es otro de los caminos del placer. Y no somos capaces de descartarlo.
     HOMBRE UNO: Tú no tienes pinta de soñar mucho.
     HOMBRE DOS. ¿Yo? Yo siempre estoy soñando. Sólo que a veces me confundo, y los que me ven también se confunden, de mi propia confusión.
     HOMBRE UNO: Me gustaría volver a mi sueño. Aquellas mujeres, aquellas chicas, estaban como a punto de revelarme una verdad.
     HOMBRE DOS: Pornografía. La verdad es sólo pornografía, y nada más.
     HOMBRE UNO: ¿Y qué es la mentira?
     HOMBRE DOS: El erotismo. La mentira es el erotismo. ¿Las mujeres ésas de tu sueño se han besado?
     HOMBRE UNO: Creo que no.
     HOMBRE DOS: Pues por eso te interesa tanto ese sueño. Si una de ellas besa a la otra se acabará tu sueño. Las mujeres despiertan cuando son besadas. Como en el cuento.
     HOMBRE UNO: ¿Y después qué comienza?
     HOMBRE DOS: La nada, la verdad, la pornografía. Llámalo como quieras. De cualquier manera, lo que comience será muy aburrido.
     HOMBRE UNO: Es mejor dejar a los sueños como están.
     HOMBRE DOS: Ya te lo dije. Los sueños son solamente otro camino más. No hay que hacer otra cosa que andarlos. El placer está ahí y no en cómo acaban. Es más, si acaban es cuando ya no tienen ningún sentido.
     HOMBRE UNO: Estaba pensando... en que yo había venido para hablar.
     HOMBRE DOS: Y lo estás haciendo. Tal vez sin darte cuenta, sin apenas voluntad. Pero no importa. Los hombres nos diferenciamos de los animales en eso, en la voluntad de elegir nuestros propios juegos. Pero lo que verdaderamente importa es jugar, tan sólo jugar, aunque sea sin darnos cuenta.
     HOMBRE UNO: ¿Tú no te despertarás nunca?
     HOMBRE DOS: No lo sé. Tal vez ya estoy despierto y no me he dado cuenta todavía.
     HOMBRE UNO: (…)
     HOMBRE DOS: (…)
     HOMBRE UNO: Me aburro. Me vuelvo a aburrir.
No soñamos lo que queremos     HOMBRE DOS: No te vuelves a aburrir. Es el mismo aburrimiento de antes, que no se ha ido.
     HOMBRE UNO: ¿No te apetece pelear un poco?
     HOMBRE DOS: Ya no me apetece. Te ganaría, y ese placer ya lo tengo gastado. ¿Por qué no vuelves a tu sueño?
     HOMBRE UNO: ¿Crees que podré?
     HOMBRE DOS: Claro hombre, claro. Ya te dije que soñamos porque queremos.
     HOMBRE UNO: Pero no soñamos lo que queremos.
     HOMBRE DOS: A veces sí. Puedes probar, a ver qué pasa.

 


SEGUNDA OBRA (6)

 


     MUJER DOS: ¿No notas como si algo temblara, como si las paredes tan delgadas estuvieran a punto de quebrarse, y llegara el mar, la vida, una avalancha de agua y sal, de arena y rocas para dejarnos sepultadas, sin ganas de discusión ni sueño?
     MUJER UNO: A veces noto ese miedo. Pero se me pasa enseguida.
     MUJER DOS: Haces bien. Sólo tenemos una vida. A veces sólo media, solamente media vida para algunas personas. No podemos vivirla con miedo.
     MUJER UNO: ¿Y si llegara ese mar que presentimos? ¿Y si las paredes se rompieran?
     MUJER DOS: Todo esto se destruiría. Pero de cualquier modo, en cualquier momento, todo volvería a ser como lo es ahora mismo.
     MUJER UNO: ¿Y estaremos tú y yo, como ahora?
     MUJER DOS: Lo más seguro es que no. Nosotras somos sueños, alguien nos sueña, y es difícil escoger los propios sueños. Es difícil que alguien se enamore tanto de nuestra historia como para volverla a soñar voluntariamente.
     MUJER UNO: ¿Y si nos besáramos? ¿Y si dejara que me tocases los pechos?
     MUJER DOS: Eso sólo precipitaría las cosas. Las paredes temblarían y alguien se despertaría en su cama, probablemente excitado, bañado en sudor. Y tú y yo, tarde o temprano, sólo seríamos un grito de alguien que despierta en la madrugada.
     MUJER UNO: No correremos el riesgo.
¿Oyes? No     MUJER DOS: A mí no me importaría correr ese riesgo. El placer me tienta, me tienta tanto que no me asusta la probable destrucción.
     MUJER UNO: ¿Oyes?
     MUJER DOS: No.
     MUJER UNO: ¿No oyes como un murmullo, como una música de cristales que tiemblan?
     MUJER DOS: Oigo como si un hombre estuviera punto de llorar. Y eso estremece al mundo.
     MUJER UNO: Las mujeres hemos llorado tanto que ya nadie se estremece.
     MUJER DOS: Prueba a llorar cerca de mí y verás un corazón roto desbordando de sangre violeta este cuarto, y verás subir una laguna viva hasta tocar el techo inexistente.
     MUJER UNO: No voy a llorar. No es mi costumbre.
     MUJER DOS: ¿Allí fuera tampoco lloras?
     MUJER UNO: Ya te he dicho que no es mi costumbre.
     MUJER DOS: Bueno, bueno. No te enfades. ¿Sabes una cosa? Creo que en algún lugar está amaneciendo.
     MUJER UNO: Seguramente.
     MUJER DOS: Lo sé porque tu rostro se desdibuja un poco, como si te viera de muy lejos y entre tú yo se levantara una niebla, una niebla de amanecer y sueño.
     MUJER UNO: Yo te veo igual que siempre.
     MUJER DOS: Es lógico. Tú eres la auténtica protagonista. Yo sólo soy la estrella invitada. La seductora, como tú dices.
     MUJER UNO: Tienes razón. Debe de estar amaneciendo.
     MUJER DOS: Ahora sí que nos vamos. ¿Qué te parece? ¿Te quedará algún recuerdo?
     MUJER UNO: Me ha gustado mucho verte, o conocerte, o sentirte.
     MUJER DOS: ¿De verdad piensas que me has sentido?
     MUJER UNO: No lo pienso. Lo siento. Siento que te he sentido. Y eso es algo irrefutable.
     MUJER DOS: Me haces muy feliz. Ahora sí me siento una seductora. Adiós. Es mejor que salga yo primero.
     MUJER UNO: ¿Y eso por qué?
     MUJER DOS: Eres la protagonista. Y los protagonistas deben salir los últimos. (Sale.)
     MUJER UNO: Adiós, hermosa seductora. De verdad hiciste que mis pechos fueran hermosos. Es una lástima ahora, el amanecer. (Sale.)

 


Tantas cosas quedaron sin decirPIEZA FINAL

 


     MUJER UNO: Quise decir tantas cosas y tantas cosas quedaron sin decir.
     HOMBRE DOS: No te preocupes. Eso les pasa a todos.
     MUJER UNO: ¿Cómo hubiéramos podido arreglarlo? Hacerlo mejor, de un modo más efectivo. ¿No se puede soñar lo que se quiere?
     HOMBRE DOS: Era difícil. Pero había que intentarlo. Había que intentarlo para que tomara todo más sentido. En fin. Yo me marcho. Tengo que ver a alguien.
     MUJER UNO: ¿Alguien como yo?
     HOMBRE DOS: Es posible. Depende de cómo sea su sueño.
     MUJER UNO: O de cómo sea su voluntad.
     HOMBRE DOS: Es igual. (Le extiende la mano abierta.) ¿Sin rencores?
     MUJER UNO: ¿Por qué te iba a guardar rencor?
     HOMBRE DOS: No sé. Por lo de la pelea y todo eso.
     MUJER UNO: (Estrechándole la mano.) Sin rencores. ¿No te quieres quedar para saber cómo acaba el sueño?
     HOMBRE DOS: Puedo imaginármelo. Será como todos. De pronto todo se vuelve oscuro, cae como un telón y vuelven las luces sobre los rostros perplejos que bostezan.
     MUJER UNO: Se bosteza para respirar.
     HOMBRE DOS: De eso se trataba. De respirar y saber para qué se respira.
     MUJER UNO: Creo que lo he comprendido.
     HOMBRE DOS: Eso espero. Me voy. Ya sabes, tengo una cita.
     MUJER UNO: Que te vaya bien. (El HOMBRE DOS sale.) Que te vaya bien, hombre, que te vaya muy bien. Se podía haber quedado. Pero claro, tenía prisa. Pero se podía haber esperado un poco. Porque, ¿a quién le cuento yo ahora mi sueño?

 


FIN

 

 

 

 

 

 

 

FRANKO B: el artista total

 


Franko B © Alejandro Hermosilla SánchezEntrevista: Alejandro Hermosilla Sánchez

 

 

     Si hay maneras diferentes de abordar una entrevista, la manera en que le preguntamos a Franko B si deseaba realizar una para El Coloquio de los Perros, puede ser considerada, al menos, original y, por ello, merece contarse. Como participante en la performance Why are you here?, al enfrentarme desnudo con Franko B e intentar responder a la pregunta de por qué estaba allí con él, aparte de la respuesta privada que le concedí, también le formulé el deseo de hacer esta entrevista, a la que él accedió encantado. Así, un día después me encontré en el Centro Cultural Párraga, en circunstancias diferentes, con un Franko B que se reveló como un ser humano de talante excepcional, con un gran corazón y alejado de toda sombra de egotismo en su trato con las personas. Al fin y al cabo, por otra parte, esto era de esperar si tenemos en cuenta que abordamos a un hombre que pasó por experiencias de desarraigo en su vida desde muy temprano y que sigue manteniendo el espíritu del viejo clochard que fue en lo más profundo de su alma. Un clochard reconvertido ahora en un performer y artista total que intenta, a través de su arte, dinamitar la conciencia de los espectadores con la intención de hacer este caótico mundo en que vivimos más justo, más compasivo, más benigno para los que vivimos en él.
     Destacar, ante todo, la gran cortesía y ayuda de todos los miembros del CENDEAC para facilitarnos la tarea a realizar y, de nuevo, el sincero talante de un Franko B que continúa a un ritmo desigual explorando las facetas ocultas y desconocidas de sí mismo, el arte y el ser humano.

 

     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Hay una cuestión que siempre me gusta a hacer a todas las personas a las que entrevisto. ¿Cuál es el momento en que has pensado que te ibas a dedicar al arte?

     —FRANKO B: Fue a partir de los 23 años. Me encontraba en un período de escepticismo. Había estado envuelto en grupos de activismo político anarquistas, pero me encontré muy decepcionado por la política, hasta tal punto que decidí que nunca creería una palabra más de los políticos ni de lo que generan. Me encontraba bastante mal, deprimido, decepcionado, pero un amigo me recomendó que fuera a un colegio artístico y comencé a tomar clases de cerámica. Trabajaba en un restaurante italiano por las mañanas y lo alternaba con las clases. Comencé a realizar una investigación primitiva con las cerámicas y a sentirme mejor. Creo que este fue el momento. Quería ser un artista y me impliqué en muchas otras actividades (...) No tuve educación alguna cuando era pequeño y, en aquel momento, tuve la visión de que quería dedicar el resto de mi vida a desarrollar mi propio lenguaje sobre la realidad, dar mi propia visión sobre la misma (...) Toda mi vida había sido muy difícil. Me vi obligado desde pequeño a ir a un orfanato, a vagabundear hasta que me enrolé en actividades políticas a los 20 años, en Londres, y aunque la experiencia terminó mal, estar allí me permitió comenzar a poseer una educación y una visión sobre el La sangre de Franko B © Manuel Vasonmundo. El arte se introdujo en la tragedia de mi vida para salvarme. Si el arte no hubiera aparecido, no sé dónde estaría ahora (...) Después de dos años trabajando con la cerámica, alguien dijo que por qué no iba al colegio de arte y allí descubrí la pintura. Allí encontré también la posibilidad de trabajar sin ser visible a los demás; es decir, desarrollar un trabajo artístico por el mismo hecho artístico en que las personas que se acercaran a la obra lo hicieran por el trabajo y no por el nombre del creador (...) Yo no quería que la gente me adorase. De hecho, jamás expuse en galerías y locales de este tipo hasta muy tarde. Lo hacía en lugares independientes como pisos de amigos o mi casa en Londres; ya sabes, en lugares diferentes. Entonces, en 1995, gracias a todo este trabajo, la gente comenzó a interesarse por mí y me propusieron hacer una performance y yo me dije, ¿por qué no?, y así comencé a desarrollar paralelamente a mi trabajo pictórico y fotográfico, mi faceta como performer (...) Poco a poco fui siendo más conocido y me empezaron a llamar de galerías y otros lugares para exponer y, poco a poco, me fui haciendo un nombre en este mundillo. Y, si te he de ser sincero, lo que me interesó de exponer en estos lugares no era el dinero en sí, sino que este dinero me hizo sentirme poderoso en el sentido de que gracias a él podía desarrollar todo el trabajo que yo siempre había querido hacer sin problema alguno. Me permitía seguir explorando el mundo y caminar hacia lo desconocido. Seguir caminando, como lo hago ahora, hacia un lugar que no sé cuál es. Me permite seguir experimentando, trabajar con la gente y continuar, continuar.

     —ECP: Y una pregunta enlazada con la otra. ¿Por qué fuiste a Londres y por qué continúas viviendo allí?

Yo amo a Pasolini © Manuel Vason     —FB: Porque era joven. Tenía 19 años y me negué a hacer el servicio militar en Italia, por lo que iba a ser penalizado, debía ir a la cárcel y como el estado italiano tiene tratados con otros países para devolver al país a la gente que se niega a hacer el servicio militar, pero no así el inglés, me dirigí hacia allí (...) Por ejemplo, si yo hubiera ido a Francia y el estado italiano hubiera preguntado por mí, las autoridades francesas podían deportarme. Esta ley sigue actuando hasta que tienes 30 años por lo que, afortunadamente para mí, ya prescribió. Al cumplir 30 años me dirigí a la embajada italiana para solicitar el perdón que me fue concedido pero no había podido volver a Italia durante más de 10 años. Londres se convirtió en mi segunda casa.

     —ECP: Por tanto, apenas existirá influencia italiana en tu trabajo.

     —FB: Exactamente. En mi obra no hay prácticamente influencia alguna del arte italiano. Puede que mi obra trabaje con algunos elementos de la sensibilidad católica tan extendida en Roma para desautomatizarlos, pero esta influencia no tiene que ver tanto con Italia como con la sensibilidad del mundo occidental moderno. Lo que realmente me influenció fue Londres, vivir en Londres.

     —ECP: ¿Ni siquiera Pasolini?

     —FB: No. Yo amo a Pasolini, pero lo que verdaderamente ha influenciado mi trabajo es el arte conceptual, artistas como Joseph Beuys o, por ejemplo, Mimo Palladino.

     —ECP: ¿Qué intentabas sugerir con esta última performance, Why are you here?

     —FB: A mí me encanta estar abierto a la audiencia, que la gente se involucre con la obra y no sea un mero espectador, y con esta performance consigo que la gente dialogue entre sí y conmigo. Y la pregunta a la que hace referencia el título de la performance es ¿por qué estás aquí? en un sentido literal, ¿por qué has venido a formar parte de esta perfomance? Pero también en un sentido global, ¿por qué crees que estás en el mundo, en el universo?

     —ECP: ¿Y qué sientes cuando te encuentras a solas con cada uno de nosotros desnudo?

Privacidad, intimidad, confianza © Franko B     —FB: Me resulta muy difícil decir lo que pienso de cada una de las personas con las que me he encontrado en esta performance. Hay personas más agradables, otras más tímidas y otras más impresionables y, a veces, me acuesto pensando en palabras que me dijeron, las sensaciones que me dejaron, que siempre son importantes. Pero, lo importante de la performance son los aspectos sobre los que trabaja: la privacidad, la confidencialidad, la intimidad o la confianza.

     —ECP: Recuerdo una pintura tuya, After Marat, que me interesó mucho dada la naturaleza del personaje a la que va dedicada. ¿Me puedes hablar de este lienzo?

     —FB: Sí. Yo amaba la pintura de Jacques Louis-David La muerte de Marat. David fue un pintor francés pro-revolucionario y Marat fue un antimonárquico que comenzó la revolución francesa y fue asesinado por las tropas reales. Amaba esa pintura y hace tres años la recordé de memoria y decidí hacerle un homenaje. Me interesaba homenajearla gracias a los recuerdos que tenía de ella y no observándola.

     —ECP: ¿Y qué me puedes decir de tu nuevo libro Blinded by love?

     —FB: Es un cuestionamiento, en cierto modo, de lo que he venido haciendo hasta este momento. Trata sobre la vida. Sobre la pasión que se imprime a la vida, el amor y en qué consiste, precisamente, este amor. No me interesa el amor de una manera romántica y clásica, sino en la medida en que el amor está detrás de la confianza, la fe y la capacidad del ser humano de ser real, auténtico. El amor es creencia, fe, es algo de lo que nos alimentamos a diario. De hecho, tengo un tatuaje que me hice hace 10 años que es una especie de homenaje a la creencia en el amor, la vida, la gente. Es una manera de sugerir que debemos perdonar y olvidar. Es necesario apartar del alma el rencor y a ello nos ayuda el amor, que es aquello que nos mantiene con vida. Y la ceguera que titula el libro se refiere a la creencia, al deseo desde sentimientos oscuros que tantas veces nos asaltan de volver a tener confianza en uno mismo, en el mundo, en los demás.

Cegado por el amor © Franko B     —ECP: ¿Hay algunos de tus trabajos que ames por encima de los demás?

     —FB: No. Yo no amo ninguna de mis obras por encima de otras. Hay algunos que han sido más exitosos que otros, pero esto no es importante para mí. Cada uno de mis trabajos ha desarrollado distintas facetas de mi personalidad y me ha llevado a realizar una investigación sobre mí mismo y el mundo que no me permiten diferenciar unos de otros. Son parte de mi vida y de mi experiencia como ser humano en este mundo. Intento hacer lo que, en cada momento, creo que es necesario hacer (…) Tengo 47 años actualmente y no sé si viviré cinco, diez o treinta años más en este mundo, pero mientras viva me gustaría seguir creciendo como ser humano, como una persona creativa que está interesada en seguir aprendiendo sobre nuestra naturaleza, en seguir desarrollándose

     —ECP: ¿Me puedes hablar de tu último trabajo pictórico realizado exclusivamente en fondo negro y con determinadas siluetas en primer plano?

     —FB: Se refiere al mundo actual. Las imágenes son sobre momentos de tensión de nuestra actualidad como las guerras que tenemos. Es un trabajo sobre cuestiones que me importan o sobre situaciones que desearía cambiar.

     —ECP: ¿Me puedes sugerir algo sobre la performance que vamos a observar esta tarde, Don´t leave me this way?

     —FB: Es la primera performance que he hecho en colaboración con alguien. Es la primera vez que la presento técnicamente con público real delante, pues hasta ahora sólo había sido contemplada por unos pocos amigos y en ella sigo intentando cuestionar la mirada cotidiana que tenemos sobre la realidad. Trata sobre el amor, el miedo a la soledad y al igual que el libro Blinded by love es una especie de celebración del amor e intenta mostrar cómo hacer frente a la vida sin estar ciegos.

Performance © Franko B     —ECP: ¿Por qué has abandonado el maquillaje blanco para presentarte ante el público en las performances?

     —FB: Ahora estoy en otra fase de desarrollo de mi investigación artística. En otros momentos me pintaba el cuerpo de blanco porque pensaba que resultaba sumamente importante para mi obra, al igual que tampoco he vuelto a utilizar la sangre. Por aquellos días, pensaba que cubrir mi cuerpo de blanco sería útil para expresar mucho más, pero ya no lo siento así. Esto no tiene una explicación lógica, sino que es lo que siento en estos momentos.

     —ECP: ¿Y qué sueles pensar cuando estás realizando una performance, cuál es tu técnica de concentración?

     —FB: Hay muchas técnicas que se pueden usar para relajarse y concentrarse y se pueden aprender. Yo lo único que intento hacer es estar abierto al público, estar abierto a un diálogo aún sin palabras con las personas que se han desplazado para verme.

     —ECP: ¿Tienes algún tipo de relación con grupos vanguardistas de teatro español?

     —FB: No. Tengo algunos amigos con los que de vez en cuando hago alguna cosa como Marcel-lí Antúnez Roca –uno de los fundadores de la Fura del Baus- pero, realmente, poco más (...) De todas maneras, hay muchas personas que me han influenciado. Algunas están muertas y otras vivas pero todas han dejado su huella en mi persona. Como seres humanos muchas veces no somos capaces de darnos cuenta de lo que podemos llegar a hacer y el arte me enseñó que lo pensamos que podemos hacer puede llegar a ser, realmente, mucho más. Podemos llegar a hacer cosas que pensábamos que era imposible realizar.

Why are you here? © Alejandro Hermosilla Sánchez     —ECP: He leído que uno de tus cómics favoritos es Calvin and Hobbes. ¿Eres un fan de este medio?

     —FB: No, no soy un apasionado de los cómics, pero me encanta este cómic porque el niño, Calvin, está necesitado de crear un nuevo compañero para vivir más profundamente esta realidad. Calvin está construyendo constantemente una nueva realidad que es, en el fondo, a lo que aspiramos los artistas. Es, realmente, un cómic muy divertido y que me hace reír y esto es de agradecer.

     —ECP: ¿Tus músicos favoritos?

     —FB: Yo amo la música dance, el tecno, y de hecho suelo pinchar música de vez en cuando en algunos lugares. En este momento estoy escuchando mucho a un cantante italiano llamado Fabricio De André, que fue muy famoso en Italia hace 10 años. Él desarrolló su trabajo en los años 60 y 70 y era un cantautor que realizó canciones políticas de gran calado. También me encanta Cat Power. Me encanta ese canción, ‘You want to be free’. El último disco, The greatest, es una maravilla. Me gusta también mucho de ella The covers record y, por supuesto, su primer disco, What would the community. Me encanta también Vic Chesnutt.

     —ECP: ¿Y la situación política en Italia? ¿Todo aquello que sucedió con Berlusconi?

     —FB: Es un ejemplo de la estupidez del ser humano. La gente que nos representa no es digna. No están interesados en la comunidad, en intentar desarrollar mejor al hombre, en un crecimiento del país si no es en términos económicos. Todo lo reducen al dinero y a sus propios intereses. Es terrible (…) Pero pienso que esta situación se puede extender a muchos países de Occidente como Francia, Inglaterra o incluso España. De hecho, mucha gente toma cocaína en estos lugares porque es una droga que hace crecer el ego de las personas, aumenta su deseo de querer y tener más y ser reconocido por los demás.

     —ECP: Por cierto, ¿celebraste el triunfo de Italia en el último mundial de fútbol?

     —FB: No, para nada. No me importó demasiado. No soy nacionalista. Y en cuanto al fútbol me interesan más los clubs que las selecciones. Te diría que soy fan del Manchester United, pero esto es un secreto.


 

 

 

 

 

 

 

CARLOS MENESES


     (Lima, Perú, 1930)

     Esta pieza de teatro es inédita.

 

 

 

EL AMOR PROPIO DE KID

 


El amor propio de Kid     (Un escenario con escasos elementos. Al fondo algo así como la barra de un bar. Delante una mesa y dos sillas. Otras mesas y sus sillas diseminadas en el escenario. Un cortinaje gris es todo el decorado que se verá cuando se levante el telón.
     Dos hombres sentados ante la mesa cercana a la barra conversan. En realidad es casi un monólogo, el otro responde muy poco y el que lleva la voz cantante, KID es un individuo corpulento, de unos cuarentas años, su vestimenta acusa pobreza. En la mesa hay una botella de cerveza y dos vasos. El hombre mal vestido y de aspecto personal descuidado bebe continuamente, el otro es mucho más pausado, pero suele llevarle el amén en todo. Dan la impresión de ser muy amigos)

     KID.— (Tiene voz potente y casi siempre habla con alguna desorbitación) Mono, ya verás cómo me pongo en forma en un par de meses. Ayer ya empecé a hacer ejercicios. Me corrí varias veces un circuito de cuatro manzanas y quedé como si no hubiera hecho nada. (Hace una pausa, mira la botella que está casi vacía) ¿Nos tomamos otra botánica, Mono? (Mira hacia el mostrador vacío y pide muy airado) Cholo, sírvenos otra botánica.

     (De la barra no viene ninguna respuesta. KID ha vuelto a pedir otra botella y al ver que no le hacen caso se levanta y va hasta el mostrador)

     KID.— Te he pedido otra, Cholo, no te hagas el sordo. (Golpea la madera de la barra con la mano abierta) No me sirves porque crees que no tengo luz, ¿no? Aquí tienes, para que veas. (Deja un billete sobre la barra. Coge una botella y se la trae a su mesa. Zigzaguea al andar, da algún quimbo antes de sentarse) Este Cholo es un desconfiado, parece que nunca me hubiera visto. Cuando vuelva a ser campeón ya verás como me querrá invitar a güisqui aunque sea hora de cerrar, pero se lo despreciaré, eso le va a arder.

     MONO.— (Levantándose las solapas de la chaqueta y frotándose las manos) Aquí hace frío, Kid, vamos a otro bar.

     KID.— ¡Qué va a hacer frío, aquí nunca hace frío! (Muy orondo se quita la americana y la coloca en el respaldar de la silla) En Buenos Aires sí que hace frío. ¡Qué peleas, Mono, las que hice en ese país! (Se pone de pie y hace fintas como si boxeara con su sombra. Su amigo teme que tropiece con la silla y se caiga de bruces) Si el campeonato no lo perdí, te lo juro. Ese árbitro era un maldito, siempre me decía que yo golpeaba al Engominado con la cabeza. ¡Mentiras, si yo siempre he peleado bien legal!

     (Boxeando con su sombra llega hasta la barra y regresa. mientras hace ese ejercicio sigue hablando. el mono ha encendido un cigarrillo y KID le pide otro. lo enciente y con el cigarrillo entre los labios sigue haciendo fintas como si boxeara)

"Boxeador" © Yuri Valecillo     KID.— Te acuerdas que yo manejaba muy bien el jab con la zurda. Así mantenía alejado al Engominado, que se las sabía todas. Hasta tres veces le coloqué un croché de derecha en la mandíbula. Si lo tenía medio tieso al gordo ese, Claudio creo que se llamaba.

     MONO.— (Sin alterarse, bebiendo y fumando) Fue buena pelea, Kid, lo leí en el periódico, pero ya hay que olvidar ese episodio, hombre.

     KID.— (Deja de boxear con su sombra, de pie delante de su amigo) En un par de meses me pongo en forma. Hago dos o tres peleas con desconocidos y ya estoy listo para quitarle el título de campeón a ese Claudio, un gordo fofo. (Se sienta. Respira con alguna dificultad por el ejercicio que ha estado haciendo) Si yo gané la pelea, Mono, pero le levantaron el brazo a él. Si estaba que le temblaban las piernas, y miraba como si se hubiese tomado veinte cañas seguidas, hombre.

     MONO.— (Parsimonioso) Seguro, Kid, si tú eras un verdadero campeón, pero la vida es bien injusta, pues. (Bebe saboreando)

     KID.— Si yo era figura en Buenos Aires, Mono. Todos los días mi foto en los periódicos, que Kid dice esto, que Kid dice lo otro. Y si vieras el hembraje que me perseguía. Venían detrás de mí, me faltaba tiempo para atenderlas a todas. Unas rubias como de las películas, como a mí me gustan. Una se me templó como cuerda de guitarra y hasta me hablaba de casarnos y esas cosas, Mono. Qué buenos tiempos. Ya verás cómo vuelvo a ponerme en forma. Si yo se lo digo a la Gringa, dos meses de entrenar. Ganarles a unos jovencitos que no saben nada de boxear, y ya estoy subiendo al avión para ir a Buenos Aires y darle su paliza al Claudio ese.

     (Como el Mono no contesta Kid se levanta, va hasta el mostrador y regresa con una nueva botella que pone como si fuera un trofeo sobre la mesa)

     KID.— Esto merece que nos sequemos esta botella de güisqui, Mono. A ti esta bebida de gringos te gusta mucho, ya lo sé. A mí también, si en Buenos Aires, era mi bebida favorita. Entre tango y tango que cantaban los porteños nos metíamos unos vasazos de güisqui que daba miedo. Esos tiempos tienen que volver (Le da una palmada suave en la rodilla a su amigo como si quisiera despertarlo de un sopor)

Mataré a ese negro...     (Se vuelve a levantar de su asiento y empieza a imitar a quien está saltando la comba. Ha encendido un nuevo cigarrillo y de cuando en cuando deja la imitación, se acerca a la mesa y bebe un sorbo de whisky)

     KID.— (Imitando ahora a un gimnasta intenta tocar el suelo con la punta de los dedos sin conseguirlo y ha estado a punto de venirse de bruces) Ahora estoy casando, pero ya verás, en una semana ya estoy como se pide chumbeque y en dos toco el suelo con la palma de las manos. (De pie vuelve a coger el vaso y a beber un largo trago de whisky, se limpia los labios con el dorso de la mano) Si quieres vamos juntos a Buenos Aires, yo te invito para que veas la pelea, hombre. A la Gringa no puedo llevarla, ella tiene su trabajo todas las noches no puede dejarlo, pues. (Al ver que su amigo no le contesta continúa) Se ha vuelto una pizpireta la Gringa, está llena de caprichos, que una falda así, que unos zapatos asá. Se gasta toda la plata en vestirse y para mí no hay nada. Eso no puede ser pues compadre. Ya se lo he dicho, que me afloje unos centavos para la cerveza, hombre. Cómo se va a llevar ella sola lo que gana, tiene que compartirlo con el marido, ¿no te parece?

     MONO.— (Como distraído) Por supuesto, claro que sí.

     (Kid se acerca otra vez a la barra, habla con un barman al que no se ve)

     KID.— Sírvenos unas almendritas, unas papitas fritas, cómo vamos a tomar el güisky solito, Cholo. (Tras un instante de silencio) Claro que hay luz, hombre. Te dejé una libra en este mostrador, ya te la has guardado. Te daré otra, si la mosca es lo que no falta, Cholo. (Hace ademán de sacar dinero, pero la mano se le queda en el bolsillo del pantalón)

     (Vuelve a la mesa donde está su amigo trayendo dos platillos con lo que ha pedido al barman. Los pone junto a la botella y los vasos y con un ademán invita al Mono a que empiece a picar)

     MONO.— (Cogiendo algo de uno de los platos) Compadre, ¿tiene usted tanta plata como para pagar todo esto?

     KID.— (Parece dispuesto a realizar nuevos ejercicios entre las mesas del bar) No te preocupes, Mono, mi hermano, el Cholo me conoce desde que éramos colegiales. No hay problema. Pica no más, y tómate tu güisky, hombre.

Le voy a dar una buena tunda...     (Kid empieza a trotar como si estuviera en un gimnasio. Lleva en una mano su vaso con whisky y bebe a sorbitos cada cuatro pasos. A veces mira hacia la mesa del Mono y le habla. En otras se dirige al invisible barman y le asegura que le va a pagar todo lo que consume, lo hace a gritos como si estuviera en un ring)

     MONO.— Kid, no hagas tanto esfuerzo, hombre, mañana no vas a poderte mover y tu Gringa se va a poner brava. Pensará que has pasado la noche con otra.

     KID.— A la Gringa le voy a dar una buena tunda. Ya me tiene harto con eso de que ella se come todo lo que gana. Porque ahora está bien buena moza y tiene clientela a montones. (No puede hablar mucho por las carreras que da y los sorbos de whisky que sigue bebiendo) Pero la voy a parar en seco, ya verás. (Mirando hacia la barra) Cholo, en un par de meses estaré en Buenos Aires, y ya verás cómo dejo al Engominado Claudio, no me va a durar ni cinco rounds. (Se ríe y sigue haciendo trote) Me acordaré de ti, Cholo, cuando gane el cinturón de campeón. (Se ha cansado tanto que tiene que apoyarse en una mesa vacía) Te mandaré una foto de la pelea desde Buenos Aires. (Tiene que sentarse porque la fatiga es muy fuerte)

     (El Mono sigue en su mesa y no se inmuta por nada. Al fin opta por darle consejos a su amigo)

     MONO.— Compadre Kid, pare ya de hacer ejercicios, hombre. (Mira su reloj) Vámonos ya, es bien tarde.

     (Kid se acerca casi arrastrando los pies a la mesa donde está su amigo y se deja caer en la silla vacía)

     KID.— (Le cuesta trabajo hablar) Compadre, dígale al Cholo ese (Señala la barra) que apunte no más lo que hemos consumido, cuando vuelva de Buenos Aires le pagaré.

     (El boxeador termina su whisky, se pone de pie e intenta seguir haciendo trote, pero se le enredan las piernas y cae al suelo. El Mono deja su silla, mira la escena desde prudencial distancia y descubre que su amigo ha quedado dormido y hasta ronca)

     MONO.— (Sin aproximarse más al caído) Compadre Kid, levántese hombre y descanse. Y no beba más. (Se va alejando hacia la puerta lentamente mientras habla)

Boxeando © Francisco Sánchez Orts     KID.— (En un esfuerzo supremo trata de ponerse de pie, pero no lo consigue) Mono, dame la mano, hombre. Alguien me puso una silla en el camino y me ha hecho caer. (Llega a quedar de rodillas mirando hacia la barra) Cholo, ya te lo he dicho, te pago en cuanto le gane al Engominado Claudio, tú me conoces, soy bien derecho. (Vuelve a quedar echado sobre el suelo)

     (Un hombre alto y grueso sale de detrás de la barra. Trata de despertar a Kid a tirones. Le mueve las piernas con un pie, lo hace casi a patadas)

     CAMARERO.— ¡Maldita sea, está más borracho que una cuba! (Insiste en despertarlo hasta que consigue su objetivo) ¡No te vas ir sin pagar la cuenta!

     KID.— (Tartamudeando) Cholo, tú eres como mi hermano, hombre. (Empieza a gatear en dirección a la salida)

     (El camarero se le adelanta y en la puerta del bar empieza a gritar como un energúmeno. Kid ha vuelto a quedar echado en el suelo)

     CAMARERO.— ¡Policía, Policia! Grita mirando hacia lo que se supone es la calle.

 


TELÓN RÁPIDO