Son días de inventario, de recopilaciones, de empachoso amor y de felicidad de escaparate. Días de brindar por todo, de llenar copas con champaña y celebrar lo que para nosotros representó aquéllos que nos han dejado. Personas con dotes geniales que nos han ido haciendo la vida más sencilla y placentera. Es el momento de olvidarse de lo malo, de expresar sólo lo bueno, lo inmejorable; de olvidarnos también de los que proclaman lo extraordinariamente vulgar, en vez de lo extraordinariamente memorable; que rinden homenaje en los informativos a los que son capaces de construir maquetas con palillos o futbolistas de chocolate y se olvidan del último premio nacional de poesía.

 

Despedida rosa © Ángel Gómez Espada

 


     Ha querido el azar que compartamos estos momentos con vosotros. Qué le vamos a hacer. Pero no estamos aquí para hacer balances. Personalmente, creo que mirar atrás es un ejercicio desolador y vertiginoso, y no queremos convertirnos en estatuas de sal. Sólo lo haremos para brindar. Por ello, alzamos la copa con los brazos henchidos por los que nos han dicho adiós este año: Ruyszard Kapuscinski, Juan Antonio Cebrián, Carlos Llamas, Henri Troyat, José Martín Recuerda, Josep Guinovart, José Luis Coll, Yvonne de Carlo, Emma Penella, Jane Wyman, Barbara McNair, Lois Maxwell, Michael Evans, Alice Ghostley, Ray Evans, Cacho Tirao, Denny Doherty (The Mamas & The Papas), Beverly Sills, Bill Pinkney, Brad Delp (de Boston), Fred Chichin (de Rita Mitsouko), Joe Zawinul, Manuela Vargas, Ike Turner, Carlo Ponti, Gareth Hunt, Luigi Comencini, Alwao Takamoto (creador de Scooby Doo), Joe O’Donell, Roberto Fontanorrosa.
     Y, por supuesto, no podría faltar un agradecimiento especial a Marcel Marceau, Luciano Pavarotti, Michel Serrault, Pablo Palazuelo, Deborah Kerr, Francisco Umbral, Kurt Vonnegut, Norman Mailer, Ingmar Bergman, Mstislav Rostropóvich y Fernando Fernán-Gómez. Sin ellos, esta revista sería muy diferente.

    

Ángel Gómez Espada

 

 

 

 

 

     CIPIÓN.- Y con esto pongamos fin a esta plática, que la luz que entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día, y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio de la habla, será la mía, para contarte mi vida.

(Miguel de Cervantes, Coloquio de los perros)