La noche se cierra, temprano. Noche cerrada y los mercados comienzan su merecido descanso. Hace frío. El invierno se aposenta en nuestra espalda, preñado con todos sus símbolos. No nos queda tabaco. Y los estancos han cerrado ya. Todo se oscurece. La gente se esconde en los barracones o en los chats. Y nosotros tenemos que decir adiós con semejante panorama.
Así
que nos negamos en redondo. Proponemos un corto hasta luego, un deseo
de reencuentro en momentos más primaverales, rayanos ya con el estío.
¿Qué harán los perros mientras tanto? Imagino que aullarle a la
diosa Fortuna unas migajas con las que componer
versos
singulares, u organizar timbas de póker en los contenedores. Quién
sabe. La soledad es la mejor aliada de la locura. Y lo mismo que tenemos de
perros lo tenemos de licenciados Vidriera. Seguimos con lo nuestro. Llamamos
al tele-chino para que nos traigan provisiones de Marlboro. Mientras tanto,
nuestra Casta Diva se impacienta. Anillos de humo la irán tapando lentamente,
y un nuevo amanecer nos recordará que estamos vivos.
Queridos lectores, habréis comprobado que la revista ha ensanchado considerablemente, ¿no?. En este segundo número hemos querido -gracias a vuestro apoyo, al aullido hermano de tantos perros de casi todos los continentes (dálmatas, boxers, pastores belgas y alemanes, dogos,...)- abarcar más terrenos fangosos y literarios. Porque no sólo se circunscribió a la creación poética Cervantes (de haberlo hecho, seguramente ahora nosotros no pondríamos este nombre), hemos creído conveniente hacerlo. De hecho, para los apasionados de la poesía hasta el paroxismo, pedimos perdón.
Ya estamos trabajando en el tercer número, donde os prometemos que el coloquio se irá extendiendo cada vez más hasta convertirse quizá en un foro peligroso, aunque, eso sí, encantador.
Agradecemos desde aquí vuestro apoyo y consulta en el primer número, que ha superado en más de un 60 % nuestra estima, lo que nos rellena la ilusión hasta límites insospechados. Y os emplazamos al próximo tercer número que, tarde o temprano (puesto que el tiempo tan sólo es un concepto), aparecerá en vuestras casas, en los cafés y tabernas que frecuentáis, o en los lugares más recónditos que podáis sospechar.
Un fuerte ladrido, cordial y satisfecho, desde El Coloquio de los Perros.
ÁNGEL MANUEL GÓMEZ ESPADA
CIPIÓN.- Y con esto pongamos fin a esta plática, que la luz que entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día, y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio de la habla, será la mía, para contarte mi vida.
(MIGUEL DE CERVANTES, Coloquio de los perros)