JALIFA MOHAMED SELAM

     Continúa explorando el mundo de la belleza paisajística, comprimiéndola en pequeños frascos de elegante perfume africano. Para él, el fin último de la literatura es transferir el amor desde los libros a la vida misma. Algo tan simple y tan complejo. Pasar de lo concreto a lo sutil, del concepto a la esencia primera de las cosas, de lo turbio a la claridad y de la ilusión a la libertad.

 

Cada día froto mi cuerpo con arena,

sin agua.

Esto me hace reconocer mis orígenes.

También cada día como fruta;

esa fruta en su pasado más lejano

fue tierra, agua y aire.

Hay luna llena.

Esta noche me he refrescado en el lago.

He nadado

tratando de alcanzar a los cisnes.

Cada vez se me han hecho más inalcanzables.

No importa,

soy feliz igual viéndolos desde muy lejos.

 

 

 


SANTIAGO DELGADO

     Nací en 1949 y soy profesor. No soy poeta, lo supe pronto. Pero, sin embargo, reivindico mi derecho a escribir y a publicar versos; versos que, sin lugar a dudas, tienen el raro mérito de saber, y aún proclamar, que no son gran poesía, circunstancia que, estimo, debiera darse más a menudo... Por otra parte, dada la indigencia sociológica en cuanto a lectura de poesía, mis versos pueden servir de primer escalón a muchos neolectores. Como Agustín García Calvo, pienso que la poesía sin metro alguno es poesía en lengua ajena, muy bien traducida.

 

 

¿PARA QUIÉN ESCRIBO?

(Nel treno Roma-Milano, 11-8-98)

 

Aunque de nada valga

lo que digo.

Aunque a nadie le sirva

lo que escribo...

enuncio y doy forma

a lo que pienso

cuando estoy conmigo,

porque es la única manera

que tengo

para saber que existo.

Lectores, muy pocos;

exégetas, ninguno

he tenido.

Tan sólo la crítica amable

de algún amigo.

Y cuando la noche del tiempo

se lleve mi obra al olvido,

el mundo nada habrá ganado

ni nada habrá perdido.

La literatura

sólo sirve

para saber que se ha vivido.

 


FRANCISCO JAVIER MECA GUEVARA

     Nació en Lorca (España). Inquieto en expresar ese mundo interior que pide a gritos manifestarse, desde niño cultiva la escritura en tebeos y pequeños poemas sobre la virgen y los santos. Hubiera querido ser el pequeño San Juan de la Cruz, pero no leyó tanto como debía para conocerlo. Más tarde se engancha con las álgebras y las ternas pitagóricas, y su creatividad literaria se evapora por el rigor del modus ponens.

     Tras años de empachos numéricos, logra licuar su acento poético para sustituir aquellas dulces rimas por ‘abominables’ poemas. Muy afectado por la ‘música clásica’, aprendió en sus noches de insomnio musical el valor de la sutileza como germen del yo profundo en todo tipo de arte humano. Cree que el absurdo lo es todo por no ser nada, y sueña que algún día redimirá al mundo con su obra ‘ridícula’ que sólo aspira a plagiar el sinsentido de la existencia.

 

 

 

UN SEGUNDO PASEO NOCTURNO

 

El cielo se teñía de grises, y una brisa confundía las callejuelas,

ambos partimos del hogar; un adiós ahoga el pequeño gozo en mí.

Cruzado el asfalto, un ocaso preludia la noche, y mientras llamamos

aquí y vamos allá, se cristaliza el diálogo con L. J..

Esperamos un autobús; su llegada disipará las turbulencias casuales.

El refugio se engorda de chiquillos, de miradas cansadas, maléficas, y

tras unas cuantas gotas ahogadas de luz, llegamos a no sé donde.

Entre el tumulto, un agonizante no logra detener las digestiones vacías.

Nueva escala, Cabo de Palos, el cante popular nos detiene por momentos,

pero el sino está arriba, y el camino se torna enemigo de mi sangre;

ya es inútil disimular; mi niebla acabará por invadirlo todo.

Sobre una amplia explanada, abultados, botellas, coches, muecas y

ritmos muertos. Sigue un hola, un te presento, y mi vista se apaga.

La noche se rompe, escalaré junto a L. J.

y buscaremos, en lo más elevado, el faro.

No adoraremos nuestros pasos sobre la atalaya,

sólo sondearemos el abismo, desnudos, inquietos

por absorver la cruz hipnótica sobre la torre.

El mar golpea con terror, y nos ahogamos en su soledad.

No quisiera volver, amigo; pero la miseria humana

nos reclama con disimulado desdén, tan callado.

Despidámonos del faro que nos aplasta las sienes,

del silencio humilde y las estrellas, de nosotros mismos,

y bajemos a tientas la improvisada escalinata.

Puede que en otro tiempo nos volvamos a ver.

No soy capaz de reconciliarme con las copas amargas, los autos soberbios,

y sé que todo declina: yo mismo repito mis falacias, dialogo sin pasión.

Queda el caminar malherido, atrás, y el desfile de talones puros que

saben a tierra y relucen con voluptuosidad ignorante. Al compás, un

antiguo cazador de suspiros me engatusaba, sentados junto a cristales.

Ya muy tarde, un paseo en coche, y otro ambiente estúpido; la hora

de marchar, y despido a ese gran bipolar que es L. J..

Tras los kilómetros, estoy en casa. A nadie despierto aún. Espero.

Soy el señor del patio, de la noche

que baña de frío aroma mis carnes.

Pasear es ridículo; descansar sólo,

en silencio, desabrigado, avergonzado.

El triste canon de los gallos, que persiguen

con su cantinela el sollozo existencial,

niega mi deseo de soñar entre dos almohadas.

El timbre suena: todo ha acabado por hoy.

 

 



JUAN DE DIOS GARCÍA

     Escribo porque me contradigo todos los días, a todas horas. Las palabras y el papel consiguen exorcizarme. Escribo, y no pienso. Por lo demás, intento sacar fuerzas de donde puedo para no volverme adicto a los antidepresivos. La imagen de la pistola en la sien no me ha visitado nunca, a pesar del dolor. Gracias a ello, se diría que figuro entre esa clase de seres ‘felices’ gracias al arte de vivir. Admiro y comparto el cariño y el compromiso de los amigos, el buen sexo salvaje, el respeto a la sabiduría, la desconfianza religiosa, el amor concentrado en una mirada,...

     Detesto ciertas actitudes vitales de Miles Davis, aunque ame al mismo tiempo su música; podría decir algo parecido de los poemas de Byron, las películas de Elia Kazan, las fotografías de Mapplethorpe, los cuadros de Dalí, los sueños de Jean Cocteau, el clarinete de Benny Goodman,... Nunca creí que la genialidad estuviese reñida con el buen carácter. Existen muchos ejemplos de artistas que combinan ambas cosas, aunque hay que encontrarlos a la sombra de los que hoy y siempre han montando espectáculos de divismo.

 

 

LA CAMA

 

Descubro que todo es transición,

que el estado más intenso del hombre,

la vida y la muerte,

es siempre un nítido lazo

en el tiempo.

Siento a padre agarrándome

las manos, agonizante,

y miro a nuestra hija

ejecutando la misma tarea

con mi dedo meñique.

 

 

 

BAJO LA CASCADA DE KEGÓN

(Haikú)

 

Donde nací

se escucha todavía

llorar, reír.

 

 

 

PRINCIPIO Y PACTO

 

Estoy con aquellos hombres

a los que el día les amanece en Roma

y viven el atardecer en Bahía.

La noche, de todos los colores.

 


ROGELIO PIZZI

     Nació en Córdoba (Argentina), en 1956. En 1997, Editorial Vinciguerra publicó su poemario Poema previo en Buenos Aires, el mismo año que recibió mención del Premio de Literatura de Córdoba. En 1998 la recibió del Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos de Nueva York.

     En 1999 fue invitado al Festival Latinoamericano de Poesía en Rosario. Poemas suyos integran las antologías Poesía argentina de fin de siglo (Editorial Viciguerra) y Córdoba poética siglo XXI (Ediciones del Fundador).

     Junto al poeta Leandro Calle tiene dos plaquetas: Del pétalo diverso y Breve idolatría, y recibió mención especial en el Primer Concurso Iberoamericano de Poesía Neruda 2000, Temuco (Chile), seleccionado por un jurado que integraban Gonzalo Rojas, Miguel Arteche y Jorge Bocanegra.

 

Poema previo

 

 

LA SOSPECHA

 

Contra toda suposición, estoy vivo.

En el muro, las codiciadas bestias se conjuran.

Saben orillar el epitelio del miedo,

saben multiplicar la adrenalina de la noche.

Pero aquí estoy, esperando...

Bésame el corazón con el bisturí del ansia.

 

 

 

EL VENENO EFICAZ

 

Tu sutil olvido,

las madrugadas de Caracas,

la Cañada en la ciudad de la espuma,

aquella mirada en el vaporeto frente al Rialto,

tu nombre estampado, contaminando un poema,

la soledad en taxi por la Concorde,

el otoño imprimiendo lascivia de Parque Lezama,

este inquieto desamor que no cesa,

la diferencia entre cóncavo y convexo,

el vuelo del ave en la caída de la muerte,

la mendicidad de las utopías,

mis manos, si toman mis manos,

y los amigos poetas

que me absuelven la agonía

y el infame licor

que imprime en las arterias su signo

y la palabra que callo

me envenena.

 

 

 

A TU LADO

 

La humedad de un instante premonitorio

la precisa combinación de los números y de los astros

el ligamento extenso de la noche que nos espera

una colmena en la serenidad de los olvidos

este latido familiar que augura la tregua

y el silencio de las cosas

que me anuncian

a tu lado.

 

 

 


JUAN ANTONIO SANTANA

     Nació en 1965, en Las Palmas de Gran Canaria. Este veterinario tiene a la poesía, a la música y a la Red instaladas en sus entrañas. En el año 1984 ganó la convocatoria Juvecan, convocada por el Cabildo de Gran Canaria, con el poema ‘Viaje al corazón de la isla’. Se alzó también con el premio canario Nuevas Generaciones con el poemario El fin del trayecto. Otros poemas suyos han sido publicados en la revista PLAZUELA DE LAS LETRAS y en la sección Atlántica del diario "Liberación". Actualmente mantiene una página en Internet con parte de su obra, llamada LA CASA DE JUANCES.

 

 

VIAJE AL CORAZÓN DE LA ISLA

 

Aquí en mis dedos

siento palpitar el corazón de la isla.

Sus venas de aire violentado

transcurren como brasas bajo mi piel,

y llegan a las yemas de mis dedos.

Y mis ojos no dejan de buscar

en tus poderosos pies tus susurros,

velas recién encendidas,

vagas inspiraciones de animal dormido.

No quiero liberarme. Mantenme preso,

que tu vigor de cofre eterno

no deje a mi sangre correr a la nada.

En medio de esta tregua

buscaba tus diamantes ocultos.

Tu lengua, cálida, desarboló

a nuestros cuerpos, haciéndolos de arena,

igual que el sol castiga la

insolencia de la montaña maldita.

No cesamos. Quisimos romper el cristal

y en el ascenso un arrebato burbujeante

nos lanzó ligeros a tu boca perfumada.

Fue como el sueño de tus guerreros,

todo energía en las alas petrificadas.

Ahora, háblame de tu pelo, mi amante,

mientras los árboles me elevan,

y allá abajo tras el basalto tortuoso

una playa acaricia quedamente

nuestros pies enormes.

Imagina ésto, correr ciegamente

por la ladera, como si fuese música,

sin mirar a los hondos pozos

ni a las carnosas quebradas.

Porque, ¿qué es el cielo?

porque, ¿cuál es el camino más maldito,

si no hay aves que se agiten dentro de tí,

si no hay la tierna manzana

y los pequeños caracolillos de nuestra playa,

o todas las cosas que no te mienten,

o todo lo que nace y te nace, y

nos deja seguir a nuestra tierra?

Háblame de tu mirar allí enfrente,

y de la forma dulce de reír el mar.

Lo que hiciste sobre mi espalda

no lo sabe la montaña maldita

y su legión de tibicenas vigilantes.

Háblame, por favor,

de la legítima historia de tu infancia.

 


 

LUIS E. PRIETO

     Siempre consideré que los gritos del alma eran imprescindibles para explicar mi existencia y mi frugal paso por esto que llamamos vida. Sin mis poemas y mi prosa poética, sin el intento de comunicación solidaria con mis compañeros de viaje, dificilmente podría haber intentado convertirme en una persona útil para mí mismo y para los que me rodean.

     Escribí desde siempre, casi siempre con rabia, y siempre utilizando papeles viejos y usados, como si de reescribir la vida se tratase.

     Hubo una época en que coqueteé con la llamada literatura oficial y ortodoxa, pero desde hace tiempo me salí de los circulos literarios oficiales y me negué a seguir participando en el carnaval de las máscaras donde nos suelen llevar los editores y el consumo literario.

     Actualmente, y ya pasada la cincuentena, convivo dulcemente entre mi profesión de ginecólogo y mis antiguos y nuevos gritos del alma. Desde la sierra madrileña edito una página personal llamada EL ESCRIBIDOR.

Luis E. Prieto

 

 

HASTA EL FINAL

 

Saber que se muere el sol, que ya se acaba

con el último puñetazo bronco

del boxeador-hombre que necesita de las cuerdas tensas

para no caer sobre la lona,

-volver la vista a un hueco decolorado y rancio-,

saber que ha sido un grito, tan sólo un grito,

un aullido sin futuro de la sangre fresca

que se va remansando lentamente, suavemente ahora,

cuando todo parecía más propicio:

"la dialéctica del hombre

es una dialéctica que busca la esperanza

y no la encuentra..."

Saber que todo ha sido eso: un golpe de la sangre

preparada para el grito violento y estéril,

para el chasquido hormonal,

para el hechizo psicológico latente...

Y saber que la ira antigua volverá por su camino

como siempre,

que se pondrá los collares, las perlas y los emblemas,

que volverá la grasa al abdomen respetable,

que todo acabará con la "madre-experiencia"

y con el "padre-progreso"

y con el "hermano-silencio".

Saberlo, constatar su paso de fantoche de teatro,

su lamento de histrión y su lenguaje de mimo,

y plantarse en la meta del grito que se acaba,

de cara al camino graso que comienza, que ya

te musita por lo bajo las palabras de costumbre

-¡hay que vivir, no sueñes, hay que vivir!-

con tus manos bien forjadas por el hacha

que te exige la esperanza.

Y si hay que verse acorralado, si hay que decirse:

"la dialéctica del hombre está en el absurdo inmutable",

decirlo como quien escupe su última saliva

antes de retomar el combate.

 


 

MARIANO PALACIOS

     Nacido en el cartagenero barrio de Isaac Peral, siempre ha permanecido en mí una cierta conciencia de universalidad, la idea de que todos somos pequeñas verdades y que juntos intentamos formar ‘la verdad’, que somos reflejo del universo.

     Soy un lobo estepario con mil caras internas, propias y ajenas. Soy una ola marina que horada la piedra un poco más para volver a las profundidades nuevamente, tan sólo una pequeña ola en un inmenso y poderoso mar. Dirijo una revista literaria desde Tarragona llamada El Ebro.

 

 

 

LA MIRADA DEL AGUA

 

Alzado sobre el cabello del tiempo

reflejo la mirada cristalina

de las aguas de los ríos holísticos

de las aguas de mares

primigenios.

Y lanzo su mirada

mi mirada

nuestra mirada

a los muertos preñados de tierra y sueños

a la sangre renacida

al azul silencioso

al valle pariendo vida

al eterno baile de los átomos

a la montaña poderosa

al aire mil veces respirado

y en la mirada... nacen

y en la mirada... soy

y en la mirada... estaremos

En el vidrio

en el agua

en el río

en el mar

en el mar...

 

 


LEO ZELADA 

Leo Zelada

     Nació en Lima el 6 de Enero de 1970. Este poeta peruano desciende por línea paterna de la dinastía inca y por parte de madre de una familia criolla. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Le acompaña siempre algo de Blake y Maldoror en sus escritos. Ha publicado los libros de poemas Delirium tremens (Neón) y Diario de un ciberpunk (Neón) y el ensayo Nueva cultura política en el siglo XXI (San Marcos).

     Está próximo a publicar su novela American death of life, fruto de su viaje a la aventura por Latinoamérica, mochila al hombro, que lo llevó de 1993 a 1998 desde Lima atravesando los Andes, cruzando el Amazonas, el Caribe y Chiapas hasta llegar a Los Angeles. Posee una página personal donde se muestra, entre otras cosas, el primer libro de poemas al completo.

 

 

ULISES

 

El oro rojo.

La arena rubia.

Detrás del océano

un hombre solitario espera

 

 

VAN GOGH

(Retratando a Marina)

 

Campo de trigo

brazas de oro

cielo azul

intenso

y sus cúmulas nubes

sándalos

de fresa

incandescente

brisa de miel

en vellos salvajes

como racimos

de uva y lúcuma.

 

 

Apareces

y el cielo de Lima,

la ciudad más deprimente del mundo -según Melville-,

se convierte de tornasol alfombra grisácea

en radiante mariposa multicolor. "Ven, azota mi callada

e inmutable presencia y rompe la suciedad suicida de mi

sexo".

 


 

AGUSTÍN MORALES CARVALHO

     Soy mexicano e improviso en pro de la liberación del aura, más allá de las siluetas vacías y de la carne ocre de lo onírico. Es así como da inicio este plan nunca trazado, este viaje a bordo de la nave de los más oscuros deseos archivados en algún cajón casi olvidado de la mente; con este breve alucine de medianoche lanzo pequeños trozos de mi espíritu maltrecho, a los cuales he atado un gusano y un dulce, carnadas diversas para diversos apetitos que esperan ser saciados, al menos en forma fugaz. Edito una revista electrónica que recoge todas las bases de mi poética, le he dado el nombre de Improviso.

 

 

 

LA RUTA DE LOS PECES

 

No me detengo a mirar el último paisaje.

Me consumen las prisas de tiempos más lejanos.

Cargo con el fardo de trescientas melodías

en mi andar

por la ruta de los peces.

Sigo el ejemplo de heroicos sapos,

canto al son

de helechos juglares,

mas no desvelaré mi secreto a los andantes,

no corregiré las erratas del horizonte,

no pisotearé la memoria de mis predecesores,

no miraré de reojo el contorno del paisaje.

No claudicaré.

No abdicaré.

No renunciaré a mi derecho de primogenitura.

Soy el heredero de la ruta de los peces.

No me detendré por vientos adversos.

Me esperan los molinos de viento,

me esperan mis conquistas.

No es de buen agüero

hacer esperar al destino.

A pesar de las tormentas

acude presuroso

a mi encuentro,

al final

de la ruta de los peces.

 

 


LUIS MARTÍNEZ DRAKE ()

     Desgraciadamente, este finalista en 1959 del prestigioso Premio Adonais con el libro La yerba, falleció en 1999. Su hijo Pablo ha tenido la amabilidad de regalarnos, entre otras cosas, un extenso poema con fecha de escritura en 1970; lo novedoso para nuestros lectores es que no está incluido en ningún poemario oficial. Es un honor incluirlo ahora en nuestra revista porque hasta hoy el manuscrito había estado perdido. Con un marcado carácter desolador, estos versos arrastran una tonalidad vertiginosa, jazzística, irrefrenable hacia no se sabe qué caminos de vida. Poeta nómada y sedentario, la única certeza del autor es la condición de extraño rito que conlleva a ese estado de casi alucinación y recuerdos. Para los que gusten de su pluma y quieran ahondar en su obra poética, la insigne Editorial Trotta, que tanto cuida la presentación de sus libros, publicó hace unos años un volumen de su Poesía Reunida, a la que os remitimos. Desde El Coloquio de los Perros se querría brindar un homenaje literario a la memoria de Luis Martínez Drake y creemos que la mejor forma de hacerlo es así.

 

 

RITUAL DE LAS MÚSICAS

SÁBADO, 21 DE JULIO, 9 NOCHE

IGLESIA DE SAN JUSTO

CONCIERTO DE MÚSICA DE CÁMARA

INTEGRAL DE SONATAS PARA VIOLA DE GAMBA Y CLAVE DE JUAN SEBASTIAN BACH (1685-1750)

 

Anoche no dormí y puede que esta noche tampoco pegue ojo

quizá unos vinos luego a la salida pero será imposible tengo miedo al insomnio

es cuando toso más fuertemente vomito vuelvo a acostarme leo

salgo al cuarto de estar escribo versos tristes estoy harto

espero fuera a que la gente entre tengo ganas de hablar

ha refrescado no me estorbará el chal no es necesario llevar el coche

los de siempre pregunto

dos cruces dos millones ciento cuarenta muertos

quiero besarte verte desnuda espera no tardo nada

si tomo la pastilla para dormir mañana no doy golpe

este café es mejor el cordero es magnífico pregunto

indago por todos los vecinos no pasa nada

sólo cosa de nervios

anoche no dormí y tengo miedo

a que me den las tantas odiando febrilmente en el sofá

llorando como un tonto frente a un whisky fumando y escribiendo

cartas versos y ataduras

a este sábado

21 de julio 9 noche Iglesia de San Justo

Sonata en Re mayor BMW 1028

Adagio

Allegro

Andante

Allegro

Qué bien alimentados por pechos de madres leoninas fondonas

y un poco ya pellejas sobre los huesos duros con bastones de mando

derrames de ternura de llanto y cuentos infantiles

cómo insultan cómo apedrean cómo triunfan cómo gritan

y cómo humanamente comprenden y corrigen a los que solamente somos hombres

detrás de los refajos maternales detrás de los ojos complacidos de la historia

(son su mejor producto)

y cómo se liberan de las náuseas de las humillaciones del quebranto

después de vomitar me he tumbado en la cama boca arriba

hace calor y quiero que alguien cante a mi lado

o que me cuente un montón de mentiras o me bese en la frente

porque de veras creo que tengo mucha fiebre

qué duros con las manos qué duros con los ojos y los dientes

y qué inútil dureza para la arcilla blanda y temerosa

Cómo no estar alegre por tan grande dureza que hace casas escuelas hospitales

de trabajo reparte escapularios derrama su poder a manos llenas

su aplastante justicia a manos llenas

Entre la luz del alba blanquecina en delgadas rendijas por la ventana abierta

estoy cansado duermo sin alguien que me cante o que me cuente

un montón de mentiras

Recercadas de Diego Ortiz (1550- se ignora la fecha de su muerte y se pone este signo "?")

se aplaude me aplaudo nos aplaudimos todos

y nos vamos

es posible que hubiera amor por detrás de las tardes colegiales

junto a los charcos demos gracias

por todas las palabras que dijimos

en la arboleda viendo pasar el río

verdiazul de noviembre.

 

 

 


 

ÁNGEL M. GÓMEZ ESPADA

     Al parecer, es condición indispensable asemejar la poesía y hacer una metáfora de ella y con ella, compararla con una guirnalda de flores o abducciones metafísicas. Decir, por ejemplo, que es un don divino o un don del vino (nunca he sabido muy bien cómo apreciar ese matiz diferencial, la verdad). Y los más osados escriben que es un acto parecido a una sobredosis de ácido lisérgico. En mi caso, creo que la poesía me sirve única y exclusivamente para entenderme un poco, intentar ser mejor persona, y para disfrutar unos cuantos grados más de la vida. Para eso la necesito y para eso escribo. No he buscado nada más.

     Algunos amigos dicen que peco de lúdico en mis versos, o que dejo en mera anécdota alguno de mis poemas. Bien puede ser cierto, pero creo que los que hoy en día aspiran a superar en genialidad a autores de la talla de Borges, Pessoa, Cernuda -no digamos ya a Homero o a Quevedo- están perdiendo un tiempo precioso que mejor dedicarían a sus seres más queridos.

     Estos poemas están extraídos del libro Mediodía en la otra orilla (Universidad de Murcia) publicado en Septiembre.

 

 

MANERAS DE NO ESTAR MUERTO

(Primera)

 

Subirse a los árboles y gritar,

romper cristales o jarrones de un pelotazo,

levantarle las faldas a las chicas,

bañarse desnudos en el río las mañanas de mayo,

hacer novillos en clase de Lengua los jueves,

robar caramelos de eucalipto en el quiosco,

dejarse media vida en los pedales de la bicicleta,

compartir tu bocadillo de nocilla en el recreo

y las ilusiones más estúpidas que se hayan visto,

llorar con la ternura de Stan Laurel y Oliver Hardy.

Volver a la infancia al menos dos veces por semana.

 

 

 

MANERAS DE NO ESTAR MUERTO

(Decimosexta)

 

Como Phileas Fogg,

correr al revés del mundo,

ganarle un par de días a la Muerte,

burlar por un instante al Olvido;

sentirme un héroe de papel.

Como Alonso Quijano,

volverme cuerdo en el momento preciso,

hacer del existir una sinrazón,

robarle unos granos a la Gloria;

sentirme un héroe de papel.

 

 

 

 

MANERAS DE NO ESTAR MUERTO

(Decimoséptima)

 

Desconfía en todo momento:

tanto de aquellos que dicen tener

siempre de cabecera el Ulises de Joyce

como de los que aseguran que nunca

nunca han deseado a mujer ajena.

 


ANTONIO RANGEL

     Hace 20 años que nací en México D. F., algo que, sin duda, ha marcado mis letras. Acostumbro a callejear por la ciudad y eso me ayuda a escribir, me inspira; también gusto de interpretar graffitis como buen ejercicio de imaginación. Es complicadísimo para mí definir la literatura; tardíamente me acerqué a ella; hasta los 17 soñaba con ser director cinematográfico, y tengo una influencia grande de Luis Buñuel, del surrealismo en general. Favoritos son Rulfo, Neruda y Miguel Hernández; ellos introdujeron en mí la necesidad de contar cosas con la palabra. Hasta ahora sólo había publicado cuentos en la Red, ya que resulta ser mi género favorito. La literatura se ha convertido en un motor de vida, una energía, un enorme y precioso lago donde me hundo felizmente.

 

 

PALABRAS INÚTILES

 

Te buscaba

y vi vagando un río muerto

la noche que congelé el corazón.

Pesadamente te me olvidabas

y vi nubes empañándose

cuando, cabizbajo, dentro de un charco

miré:

tantas gentes extrañas.

Me perdí.

Andaba buscando las huellas

que no has pisado

y, como los árboles,

yo sacudía la lluvia triste.

Continuaba el tiempo

la brega para naufragarte.

Quiero que seas palpable,

ya no te deseo soñada,

necesito de tus mares,

arrojarte mi alma,

caer donde hacen esquina

tu hombro y tu pecho.

¿Cómo convencerte?

¿niña?¿mujer?¿diosa?

Palabras inútiles.

 

***

 

Entre tantos vaivenes gira el nido

de mis letras desempleadas.

Disfruto burlas de pájaros

que han llegado a revolotear en los libros

y hacen llorar a colibríes

porque no saben levantar flores iluminadas.

Así son los vaivenes, igual a tus estrellas que ríen

aun cuando te escapes por ratos del paisaje.

 

 


MARIANO ESTRADA

Mariano Estrada

     Siempre he pensado que escribir poesía es un acto de la voluntad antes que un regalo de la inspiración. Yo no entiendo de ritos, como no sea el de ponerse delante de un papel y de mirar hacia adentro para extraer una vivencia sedimentada, una rosa incorrupta, un paisaje añorado, un dolor, un gozo, una sombra vieja que ha medrado en el vértigo y la noche. Lo que a mí me apetece es roturar, romper con el bolígrafo lo que el labrador ha roto siempre con el arado: el himen de esta madre fértil y majestuosa cuya esencialidad es el misterio y cuyo nombre es Tánit o Belleza.

     Para eso escribo, para llenar el pensamiento de arañazos donde puedan multiplicarse la satisfacción y las interrogaciones. Lo demás es pasatiempo, chisme, parafernalia y, como mucho, humo que los hombres manteamos para darnos apariencias de vida.

     Sólo diré que tengo 53 años y no me estoy muriendo... De mi libro Hojas lentas de otoño (Aguaclara) extraigo estos poemas.

 

HOJAS LENTAS DE OTOÑO

 

Emanan de la tarde

vastos murciélagos de sombra

que, al pairo del crepúsculo,

anticipan el cerco de la noche.

La calle se concibe como

claro de luz artificial

y procelosa vida.

Sobre un clamor ferviente

de variada naturaleza,

los árboles modulan en sus copas

placideces de viento.

Pero tú, ojo mustio, banco

entristecido de la casa,

desoyes el clarín de este concilio

y escuchas en las hojas

no un fervor verde de músicas,

sino un llanto de ceras, un esputo

agrio de lenguas amarillas.

Después, al dorso de la sombra,

bajo el trino desnudo de los pájaros,

el alba irrumpe en mí con

lentas hojas de otoño.


 

 

TE DIGO AMOR

 

Te digo amor

y estoy diciendo otoño:

ocaso, lluvias, árboles desnudos...

Y no me pesa el labio por decir

amor y estar diciendo muerte.

Amor y muerte, sí,

pues digo consunción

y surge un crisantemo.

Y digo oscuridad o noche

y estoy diciendo luz de madrugada...

Te digo amor, te digo tierra,

y acaso estoy diciendo

eternidad o lirio.

 


JOSÉ DANIEL ESPEJO

José Daniel Espejo

     Hasta hace unos meses convivía entre nosotros, perros del Mediterráneo, pero ahora sufre y disfruta de una estancia en Dalmacia, sirviendo como lector de lengua española. Se sirve de las derrotas históricas para escribir, por esa razón no dudó en elegir un lugar mejor para huir que los Balcanes, una península en plena postguerra. A este poeta, director de la revista Oh, Poetry!, le conmueven y le muerden el estómago las cosas que pasan en nuestra sociedad occidental, para bien y para mal. Una lágrima aburrida y una necesaria sonrisa son sus poemas. Es seguro que su obra no sería bien aceptada en regiones tibetanas y otros lugares de aparente espiritualidad.

 

 

BARTON FINK DUDA ANTE LA OFICINA DE RECLAMACIONES DE STARLET


Yo puse uno a uno los ladrillos

de tu mundo, y usé como palanca

las cuatro piedras que componen el mío.

Como sabes,

por aquí la más mínima mirada

de la cajera del supermercado

provoca una historia de amor con reinas

y caballeros andantes,

y un día de lluvia una elegía

y la portera un drama histórico

para ninguno de cuyos papeles

doy el tipo, es evidente.

Lo único que pido son tus señas

para mandarte cartas.

Sólo eso, y, tal vez

para soñar un poco

con la maleta y el avión, mi flexo

apagado y mi Underwood, la bastarda,

llenándose de polvo.



 

 

 

LA PERVERSA INCLINACIÓN A LAS MAYÚSCULAS

 

I will show you fear in a handful of dust

(Thomas Starns Eliot)

I

Ven, te enseñaré todo el Horror, toda la Angustia, toda la Muerte

que quepan.

Megalómano arribista se decanta por la Mermelada de Fresa.

Mi amor hace guardia junto al cable de la Luz del Mundo

pero a veces se duerme.

Tus complejos simples te delatan a los ojos de la Desintegración.

 

 

II

(EN UN IMPRESO DE SOLICITUD)

 

 

Algo, aunque sea la Destrucción construida

o simulada, aunque sea el Spleen en cuatro trazos,

lo que sea,

amor incluso,

lo que sea.