Mi lectura de
Las partículas elementales
de Michel Houellebecq


Manuel Valverde Maldonado

 


"Les particules elementaires" de Michel Houellebecq     La novela de Houellebecq se puede asociar al género de la ciencia ficción, porque el narrador, externo a la historia, y en tercera persona narra desde un tiempo futuro, próximo a 2080, cuando se aproxima la extinción del ser humano. Los humanos han preparado su propio relevo mediante una nueva especie, la duplicación perfecta, con que se supera la reproducción sexual, propia de una evolución natural de los seres vivos, llena de desventajas. Sin embargo, la novela camina por otros derroteros, la acción transcurre en su totalidad en la segunda mitad del siglo XX; cuando va a terminar, el autor le da un vuelco al argumento mediante un capítulo final, el epílogo, donde se desvela el tiempo histórico, 2080, desde el que el narrador cuenta los logros de Michel Djerzinski, el biofísico nuclear protagonista que abre con su teoría una nueva era en la ciencia.
     Por tanto, la ciencia ficción no es el objetivo de este gran libro, que tanto impacto ha causado en el panorama literario francés y cuya traducción al español por parte de la editorial Anagrama representa la forma de dar a conocer en lengua española la mejor obra de un autor que comienza a ser calificado como el mejor novelista europeo actual.
     Las partículas elementales es una estampa despiadada y a la vez tierna, triste, retrata el estilo de vida que la cultura occidental europea y norteamericana impone como dominante en las cinco últimas décadas. Es una crítica feroz a ese modelo, que corresponde al de una burguesía liberal, un socialismo progresista o una izquierda materialista, cuya hegemonía política en este periodo viene a simbolizarse por lo que se conoce como la cultura resultante del mayo del 68 francés.
     La estructura de la obra se inicia con un prólogo que contiene un poema en el que se dice: «hoy vivimos en un reino completamente nuevo», «podemos contar el final del antiguo reino»; estas afirmaciones nos remiten al final del libro, 2080, una vez superada la civilización actual, pero desde una lectura lineal, el sentido del prólogo no se vislumbra porque desconocemos las claves de esa voz narrativa que maneja los hilos de la historia. Sigue una primera parte titulada “El reino perdido”, título muy simbólico y muy acertado. Ese reino es la infancia de los protagonistas, Michel y Bruno. Desde los cuarenta y pico años de edad los personajes sienten su decadencia, una crisis vital que los llevará a bucear en sus recuerdos. Recuerdan su infancia y adolescencia con un lenguaje duro y directo. Son un mundo del que fueron expulsados (reino perdido), cuando terminan la preparación para la vida y el desarrollo del crecimiento. A continuación una segunda parte con el título de “Momentos extraños”, que comprende desde su incorporación profesional con el matrimonio incluido de Bruno y la soltería vocacional de Michel, hasta el momento presente. Es una etapa extraña, de la que no son conscientes hasta que no se produce el término de la misma. Es la etapa en que se confirma el fracaso vital de los personajes, la vida transcurrida sin ningún sentido, incluida la rapidez, “momentos”, porque no han sido conscientes del paso del tiempo, han vivido como en una imagen retenida, hasta que con la perspectiva temporal de la crisis existencial han visto que la plenitud de sus vidas ha terminado: sólo les queda envejecer para morir. Finalmente una tercera parte titulada “Infinito emocional”, con la que el autor pone a estos personajes, vitalmente arruinados, ante la última oportunidad desde la que alcanzar un sentimiento de felicidad, intentando probar una nueva experiencia en que se les dé una oportunidad al amor como un deseo noble "Las partículas elementales" de Michel Houellebecqque ha de mover a los seres humanos. Michel y Anabelle, equivocadas y rotas sus trayectorias, vuelven a encontrarse en la etapa de la decadencia física: el esfuerzo por practicar el amor como un acto noble es de una tristeza inimaginable. El resultado: la muerte de Anabelle y la soledad más absoluta de Michel. Por otro lado, Bruno también busca esa oportunidad mediante una relación adúltera, tras una vida repleta de infidelidades, que incluirá el divorcio. Esta relación adúltera la encontrará en una bióloga, Christiane, que, como Bruno, ha roto su vida entregándola a una práctica extenuante del sexo, que se ha convertido, siguiendo a Freud, en el argumento que explica todos los actos de la conducta humana. La estampa de la muerte de Christiane, tras la última crisis de su enfermedad degenerativa de médula ósea mientras practicaba el sexo múltiple en una orgía interminable, es espantosa: queda inválida en una silla de ruedas, aterrada, porque desde la erótica de la seducción y del culto al cuerpo, es incapaz de asumir vivir en un cuerpo viejo y mutilado. Se suicida para escapar de sí misma. Bruno se pierde en el sórdido mundo de un psiquiátrico, que le sirve de espacio en que recluir una existencia que se ha escapado a cualquier tipo de control lógico, cuando su práctica profesional como profesor de literatura comenzaba a ser peligrosa para él mismo por sus problemas con el sexo, y su vida íntimo-familiar muere definitivamente; incluso la relación afectuosa con su hermanastro, Michel, termina en estos momentos: tras el entierro de Janine, la madre de ambos, en el momento en que se van a separar los dos hermanos, el narrador termina el capítulo mediante una anticipación o prolepsis, diciendo que sería mucho después cuando Michel se daría cuenta de que este era el último momento en que veía a su hermano.
     El autor no termina la novela aquí, sino que le da un vuelco al argumento, mediante el epílogo que ya hemos comentado y con el que traslada la historia a la ficción de un futuro desde el que nuestro presente actual es visto con la perspectiva de una civilización que ha terminado.

     Esta es la estructura externa de la obra, dividida en tres partes, con un prólogo inicial y un epílogo final. La arquitectura que utiliza el autor para darle soporte a la acción es brillante, casi perfecta.
     En entrevistas concedidas al escritor responde que su concepción de la novela pasa por el ensayo y la reflexión filosófica. Hay mucha filosofía en esta novela, mucho pensamiento postmodernista. Se aleja un poco de la posición dominante en la novela del siglo XX, en que preocupa más cómo hay que escribir y contar la historia, que lo que hay que decir. Para el autor, la novela actual tiene que decir cosas y por eso sus páginas se llenan de filosofía, y la reflexión abstracta propia del ensayo ocupa un papel importante.
     Vamos ahora a abrir el capítulo del pensamiento de la novela. El autor se convierte en un escritor de tremenda actualidad. En los últimos años, importantes pensadores han estudiado cómo el tema del sexo se ha metido en todos los ámbitos de nuestras vidas, en la literatura también. Michel Foucault inicia una serie de estudios en torno a la literatura y su relación con el erotismo. El ensayista español Juan Carlos Rodríguez también atiende a este fenómeno mediante su estudio Literatura, moda y erotismo. Por poner sólo dos ejemplos, el primero concluye en sus últimos escritos que en la sociedad actual «hay que destronar al sexo rey»; el segundo advierte del tremendo poder manipulador de la erótica, en este caso la erótica actual, sobre la práctica sexual que una persona desde su vivencia personal puede considerar normal. En Adaptación cinematográfica de "Las partículas elementales"definitiva, se sospecha y se investiga qué hay detrás de esta exacerbación del tema del sexo en nuestros días. Es más, hay que destronar el culto a ese nuevo Dios: el sexo.
     Si situamos la novela en este contexto, el autor parte de lo que llama la ola lúdico-libidinal que en los años 50 nació en los EEUU, la erótica de la seducción y el culto al cuerpo. Esta nueva erótica pondrá fin a la erótica monogámica tradicional que presupone la fidelidad de la mujer inscrita en el hogar y la dedicación a los hijos. Janine, la madre de Michel y Bruno, abandona su estilo de vida tradicional para practicar la liberación del cuerpo y el sexo libre en una comuna de hippies. Este culto al cuerpo, al sexo y a la liberación de las convenciones de una sociedad, mediante las drogas, se convierte en uno de los mitos del rock de la época: sexo, drogas y rock and roll. Nace un nuevo estilo de vida que en la novela se llama la erótica socialdemócrata, que pasa por la utopía revolucionaria de mayo del 68 y cruza los años 80 y 90 con una búsqueda de nuevos placeres asociando el sexo a las prácticas violentas y criminales en lo que llama el código sádico. Esta práctica también se asocia a un nuevo resurgir de la espiritualidad y las prácticas religiosas en lo que se conoce hoy día como la New Age. La nueva erótica, que va de la mano del pensamiento de la burguesía liberal y de la izquierda progresista, han conducido a la civilización occidental a un callejón sin salida: el ser humano es incapaz de asumir su propia vida desde una erótica que presupone un cuerpo eternamente joven, tema del carpe diem, y un culto al cuerpo y a la belleza con unos niveles de exigencia que llevan a la frustración de quienes no responden a dicho modelo. Bruno es obeso y no es atractivo en su relación con las chicas: su sexualidad se manifiesta desde su infancia de forma obsesiva y patológica, necesita atención médica. Todos los personajes de la novela, al llegar a los cuarenta años, son incapaces de asumir desde la erótica que la sociedad establece como dominante que sus cuerpos envejezcan, que el deseo sexual comience a declinar. Es el desencanto vital, es el malestar permanente del hombre contemporáneo, es, por brutal que parezca, la incapacidad de asumir que los seres vivos envejecen y mueren. Por tanto, esta imposibilidad de asumir un cuerpo obeso, un cuerpo viejo, es lo que lleva a que se suiciden Christiane y Annick, dos amores frustrados en diferentes etapas de la vida de Bruno.
     Los personajes de Houellebecq son apáticos, no sienten deseo por nada, o el deseo que sienten, al practicarlo, no les produce ningún tipo de placer, se sienten infelices. Este nihilismo y falta de voluntad que se respira en sus personajes, hacen al autor heredero del gran novelista francés Celine, y concretamente de su Viaje al fin de la noche. Por tanto, la teoría de Freud de que la conducta del ser humano se explica desde el deseo, siendo el deseo sexual consustancial al hombre, se viene abajo y queda ridiculizada en la novela. Hay alternativas, que no pasan por la erótica que la sociedad, con su tremendo poder manipulador, impone. Bruno dice que su hermano Michel, que es un superdotado, no es humano. No es humano porque no ha sentido nunca el deseo sexual, o lo ha sentido tan escasamente que no le ha interesado practicarlo, al no encontrar placer en él. Incluso la práctica sexual de Michel es más intelectual y racional que emocional. Michel se siente atraído por el conocimiento, por la ciencia, aunque ésta también se encuentre atascada en postulados insolubles, que no dan respuesta a las grandes preguntas que necesita la "Viaje al fin de la noche" de Célinevida y la sociedad que él vive. Por eso practica la soltería, casi el celibato. La ciencia y el conocimiento deben darle salidas a una civilización decadente, que sufre una crisis mortal de necesidad. También es infeliz porque esas respuestas no aparecen por ningún sitio. Sin embargo, su hermano lo envidia, cree en su integridad como intelectual, aunque sabe que sentimentalmente también ha fracasado: el primer amor de Michel con Anabelle se rompe porque ella no entiende esa falta de deseo sexual del Michel adolescente, y tiene un aborto de una relación sexual esporádica con David Di Meola. Michel, que ya era un ser solitario, acentúa esta personalidad, hasta que, a los cuarenta años, Michel y Anabelle vuelven a encontrarse, para recuperar una vida que se ha gastado sin darle una oportunidad al amor como ideal noble que mueve a los seres humanos. Michel, como Bruno, fue educado sin madre ni padre, su abuela es la persona por la que ha sentido un cariño y una pena infinitas: su abuela ha vivido por amor, lo ha cuidado por amor. Michel llora dos veces en la novela: cuando muere su abuela y cuando muere Anabelle, una chica víctima de la erótica de la seducción, dispuesta siempre a amar y que la vida le arrebata incluso la última oportunidad de poder realizar este deseo: el cáncer de útero supone su tercer aborto, en este caso, un hijo de Michel, al que siempre ha amado. La muerte de Anabelle es una muerte por amor, que sumerge a Michel en una tristeza tal que tomará una decisión extrema: huye de la civilización, se sitúa en el extremo geográfico de la misma, Irlanda. Por amor, que es pena y tristeza, a la humanidad, se entrega al estudio de su teoría de la duplicación perfecta, y no muere sino que desaparece, se adentra en el mar y nadie hasta hoy ha sabido recomponer de una manera certera cuál ha sido el final de la vida de Michel Djerzinski.
     Resumiendo las cuestiones que se refieren al deseo/placer/felicidad, está claro a lo largo de la novela que el autor descalifica que el ser humano se mueva por deseos, estos no se manifiestan con la misma intensidad en todas las personas, incluso puede darse el caso de una ausencia total de deseos. Eso no es nada patológico. Está claro que el deseo sexual no determina la conducta, sino una erótica social, la de la seducción en la segunda mitad del siglo XX. Por tanto, Freud está desfasado y superado. Hay otros tipos de deseos, hay que destronar la primacía del sexo. Por otro lado, practicar aquellos deseos que la sociedad nos incita, no siempre produce placer o el mismo grado de placer. La sociedad placentera es un mito funesto que es preciso desterrar. Nuestra sociedad actual del bienestar y del culto al placer nos incapacita para asumir nuestras vidas, cuando no responden al modelo dominante. Nuestras vidas son las vidas de estos personajes rotos que desfilan por la novela buscando una felicidad que sólo es la imagen de una cultura, una felicidad que ha movido al hombre moderno a buscar la perfección, el progreso. Una imagen con la que la cultura occidental, desde que se instala en el siglo XVI, trata de “racionalizar” el sentido de la vida.
     Hago un paréntesis para lo siguiente: si la felicidad sólo es una imagen cultural, la tragedia humana reside en la búsqueda de esa supuesta felicidad, tragedia que Houellebecq remonta al primer texto que crea al hombre occidental en la Grecia Antigua, El banquete de Platón, en donde tiene lugar el diálogo en que Aristófanes expone su concepción del amor. Texto cuya lectura recomiendo. Al final de su novela La posibilidad de una isla (Alfaguara, p. 433), Houellebecq vuelve a hablar del hombre occidental como un ser "La posibilidad de una isla" de Michel Houellebecqescindido, que nace en el texto de Platón y que en la actualidad ha muerto: el hombre ha muerto.
     La felicidad mueve al hombre, el progreso mueve la historia. Aquí el autor conecta con el pensamiento actual de la postmodernidad: la evolución histórica ha terminado, la historia ha muerto, la literatura ha muerto, el hombre ha muerto, el fin de la historia, el fin de la civilización humana.
     Esta última idea lleva a otras cuestiones de Las partículas elementales. La evolución histórica ha terminado, la evolución natural, Darwin, es imperfecta, porque la reproducción sexual, siguiendo el azar de la naturaleza, puede ser reemplazada por la evolución genética. Por tanto, se vuelve al tema tradicional y mítico de la literatura occidental: la fe en la ciencia. Se ha acabado la etapa de los cambios históricos, se inicia ahora la etapa de los cambios científicos, con la biología, o mejor, la biofísica nuclear, como la ciencia guía de todos los saberes. Por eso, en la descomposición del átomo, las partículas elementales pondrán fin a esta civilización occidental que tanta importancia da a la atracción de los cuerpos, cuerpos escindidos cuya atracción es lo que desencadena el sentido trágico de la vida humana, y que ha convertido al sexo en un rey. El sexo ya no será necesario para la supervivencia de la especie. La evolución genética ha de prescindir de la reproducción sexual. Eso, desde Djerzinski, tiene un nombre: la duplicación perfecta, que se fundamenta en la teoría de las partículas elementales, y que viene a darle título a una novela que se escribe como homenaje al hombre que, antes de su desaparición total de la Tierra, ha sabido preparar el relevo para el nacimiento de otra época.