Recorrido alfabético
por
Os amigos de Archimboldo Roque de Jacobo Fernández
Bolouros*. Archim, diminutivo por el que sus próximos conocen a Roque, no sólo recluta amigos entre los más usuales reinos (el animal y el vegetal) sino que también lo hace entre las rocas. La mirada de Archimboldo es capaz de acercarnos a ese extraño fenómeno que es el baño de los Bolouros [nº 50], en el que las enormes piedras que están en equilibrio sobre las más altas montañas bajan al mar cada 17.000 años ajenas al resto de los seres y sus vidas, geológicamente insignificantes.
[*Bolouro
es una palabra de difícil traducción pues es un juego compuesto
por «Bola» (esfera) y «Pelouro» (canto rodado),
quizá arriesgando se les podría llamar en castellano «Esfericantos».
Pero para saber la opción del autor sólo tendremos que esperar
a la también anunciada versión en castellano de «Os
amigos…»]
Chiste fácil. Más allá de su aparente sencillez, la de estos tebeos es una narrativa compleja en la que texto e ilustraciones se influyen mutuamente dando sentido a la historia. [vid. Juego de palabras.] El punto de apoyo para el avance de la trama se encuentra en lugares insospechados, en varias ocasiones [Lesma e samesuga*, nº 66 o Mesmos e mesmiños**, nº 72] simplemente en un chiste fácil que sirve para expresar la incomprensión y el desprecio que los seres «normales» (usuales y predecibles) sentimos hacia los libérrimos amigos de Archimboldo. Un buen ejemplo son estas gracietas que llevan a la desesperación a Lesma:
—Ya
llegaron los resultados de los análisis: tiene usted la enfermedad
semestral de Clor. [*Babosa y sanguijuela. **Mismos y mismitos] Dantesca es Griselda de Antioquía [nº 81]: alta, pálida y de cuello de garza. Cuando pasea por la calle (al igual que Beatrice) reclama la atención de los que están en las ventanas aunque en este caso son un león y un camaleón, hermanos fonéticos. La ausencia de acción (todas las viñetas muestran a los dos admiradores y sus reacciones en plano fijo) la suple Jacobo Fernández con una frenética e inusitada actividad en los tiestos y plantas que hay en el alféizar de la ventana.
Extinción. Uno de los amigos de Archimboldo Roque es el responsable de la extinción de los dinosaurios. [nº55] Los reptiles acabaron con su pueblo y él en un ataque épico se entrenó lo suficiente para poder derrotar al opresor. En su lecho de muerte se lo cuenta a Archim, que apenas puede creérselo. ¿Quién puede ser el responsable de aquel genocidio? Quizá si hubiera quedado algún gran saurio lo podría identificar entre estas ilustraciones.
Golfiño. Revista de historietas que, en su primera etapa (14 números en 2000 y 2001), tuvo periodicidad mensual y fue editada por Xerais. En sus tres siguientes épocas (89 números de abril de 2002 a enero de 2004) aparece como suplemento dominical del diario La Voz de Galicia, primero venal y después gratuito. Sus páginas reunieron, al margen de Fernández Serrano, a otros historietistas muy interesantes que Álvaro Pons ha descrito como «la mejor generación de autores de los últimos 20 años», hiperbólico calificativo que se defiende casi por sí sólo recordando algunos de los tebeos que la revista recogía: Golfiño de Fausto; O Castelo regadeira de Norberto; Fiz nos biosbardos de Kiko da Silva; Os Kinkilláns de David Rubín; ¿Perçy ou marionetti? de Gundas y Pastrán o Thom de Andrés Meixide. Humor. Como anillo al dedo le viene a Os amigos… esta definición de humorismo que da Miguel Mihura: «El humor es un capricho, un lujo, una pluma de perdiz que se pone uno en el sombrero, un modo de pasar el tiempo. El humor verdadero no se propone enseñar o corregir, porque no es esta su misión. Lo único que pretende el humor es que, por un instante, nos salgamos de nosotros mismos, nos marchemos de puntillas a unos veinte metros y demos una vuelta a nuestro alrededor, contemplándonos por un lado y por otro, por detrás y por delante, como ante los tres espejos de una sastrería y descubramos nuevos rasgos y perfiles que no nos conocíamos (…) El humor es una postura comprensiva hacia la humanidad. Es estar de vuelta de todo y perdonarlo todo. Un resentido no puede ser un humorista, no es reírse de nadie, ni reñir a nadie, sino tener para todo una sonrisa cariñosa de indulgencia, de comprensión y de piedad.» (Mis memorias, 1948) [Vid. Infantil, Juego de palabras, Quisicosa y Sinsentido] Infantil. La apuesta por describir desde una perspectiva sencilla e ingenua todo lo que nos rodea es arriesgada. Pero la mirada infantil de Fernández Serrano no es la de los seguidores de «ese renombrado corruptor de menores» que fue Walt Disney, pues no censura ni la mentira, ni la muerte, ni el sexo, ni el egoísmo. Más bien se apunta a la línea de otros autores (Perrault, Andersen o Martín Gaite) que prescinden de todo el almíbar y presentan lo que aparece ante sus ojos tal cual lo ven, sin simplificaciones estúpidas pero sin caer tampoco en la constreñida lógica de los adultos. Juegos de palabras (y de imágenes). La relación entre palabras e imágenes es esencial en Os amigos… Como defendía Humpty Dumpty, el nombre suele dar la forma a los personajes: así la Pepereira* [nº 59] es un peral con forma de pie o los Vermes** de Delft [nº48], que nacen del cadáver de la manzana Golden, aman la pintura. En O miriápodo moderno*** [nº 65] Jacobo Fernández nos muestra la técnica pues el protagonista, a instancias de un quisquilloso Archim, hace todo lo posible para defender el porqué de su nombre. [*El juego de palabras podría traducirse por «Pieral». **«Verme» es gusano en gallego. ***El miriápodo moderno] Kafkiano. ¿No podrían ser camaradas de Archimboldo Roque los inquietantes (y esféricos) odradeks o el voluntarioso artista del hambre? Línea
clara. El dibujo de Jacobo Fernández es heredero de la
denominada «línea clara» popularizada por Hergé
en los álbumes de Tintín. Un estilo que los estudiosos enraizan
con las tiras diarias del americano McManus. Sus dibujos se caracterizan
por el «trazo limpio y los colores planos» pero la narrativa,
presidida por el sinsentido, se aleja de la linealidad propia del autor
belga.
Manamí, O cabaliño de. Es difícil quedarse con sólo una de las historias de Archimboldo pero, entre las más memorables, se encuentra este cuento de Navidad recogido en el número 85 de Golfiño. En la mejor tradición de las narraciones tradicionales todo comienza con un regalo mágico más que envenenado que oculta su secreto tras este poema:
[*Caballito / de Manamí / lo que no quieras / lo hace por ti. Charco de llanto / en el corazón / recordarás / esta canción] Na terra hai moita xente, e cada un é cada un*. Lema que abre cada una de las historias de Archim. Una ambiciosa declaración de principios que comprobamos cómo se queda corta una vez hemos paseado por el riquísimo y muy singular mundo inventado por Fernández.
[*En la tierra hay mucha gente, y cada uno es cada uno] Ñaque. Los huidobros posuidores* (nº 46) son unos extraños seres que recogen todo tipo de cachivaches para construir con ellos, ya en sus casas, objetos sorprendentes, siguiendo una técnica, todo sea dicho de paso, bastante semejante a la del pintor Arcimboldi (¿Pura coincidencia de nombres?).
[*Huidobros poseedores] Ornitorrinco, El.
(Gloria Fuertes en Cómo atar los bigotes del tigre, 1969) Popular.
La literatura popular tiene una influencia importante en las aventuras
de estos amigos. Así el refranero tanto puede ser tema principal
de una historieta (Refraneiro popular, nº 83) como solución
a un grave conflicto (A elocuencia pode máis ca forza,
nº 62). Quisicosa. La premisa de la que parte Jacobo Fernández para todas las historias es la concepción del mundo y cada una de sus características como algo extraordinario. Cualquier ser u objeto es un milagro, una rareza. Todo es símbolo de algo más. Todo da pie a una ocurrencia, a una analogía (visual o fonética), a una adivinanza, a un juego y cada uno de estos a otro y a otro hasta que aparece una historia. Roque, Archimboldo. Archim es el narrador de las historias, una quimera (¿hombre, rinoceronte, conejo?) que siempre va con los ojos bien abiertos para leer lo que pasa a su alrededor y poder contárnoslo, muchas veces como mero testigo de lo que sus «amigos» han vivido, otras como un narrador un tanto impertinente que selecciona lo que él considera interesante dejándonos con la miel en los labios:
—Y,
lógicamente, la gente del pueblo le empezó a llamar “Tristano
zapato en la mano” y a considerarlo un excéntrico. Fin. Sinsentido. La lógica infantil, como he escrito más arriba, no se encuentra castrada por ningún conocimiento ortodoxo. Mientras somos niños todas las explicaciones son mágicas: las acaecidas y las ficticias (sean religiosas, científicas o narrativas). El sinsentido es como llama el adulto pertrechado tras la ortodoxia a las percepciones particulares del mundo que cada uno tenemos al margen de la razón, la ciencia, la religión dogmática y otras cuadrículas. Despojados de estos frenos todos podríamos ser amigos de Archimboldo Roque.
—¿Y
por qué me dieron este puesto a pesar de mis zapatos de tacón? Ternura.
Recordaba Mihura que el humor no ataca a nadie sino que es la esencia
de la indulgencia, la comprensión y la piedad. Esa aceptación
de todos tal cual somos [vid. Na terra hai…] que es la
declaración que abre cada historieta, supone un acercamiento cariñoso
a todos, incluso a los más despreciables personajes.
Uenofre. La fuerza de voluntad caracteriza a muchos de los personajes del mundo de Archimboldo Roque: la liebre voladora (nº49); Anatol, el caracol (nº58) o Uenofre (nº44), capaz de hacer lo imposible: subir en paracaídas y nadar por el firmamento con el único fin de decirle a su amada lo evidente: «Eres un sol».
Vivienda. Y aunque a veces el mundo de Roque parece tan alejado de este en el que tenemos que vivir, sus habitantes no son inmunes a muchos de los problemas del «mundo real»: enfermedades contagiosas (A gardería de dona Bixelmina, nº 51); la esclavitud (O caracol anatol, nº 58); la cleptomanía (Lembra: non hai que roubar culleres de prata, nº 59); la moda (Lévase a raia ó medio, nº 61); la discriminación (Lesma e Samesuga, nº 66); la drogodependencia (¿Qué é o que teñen os tritóns co zume de laranxa?, nº 70), la irreflexión que provoca la lujuria (O burro e as dúas liantas, nº 76 y O chalé de Valentín Sirope, nº 79); el espionaje a la intimidad (O librepensador, nº 84) y ¡hasta la vivienda! Si no lo creen pregúntenselo al pobre flamenco y su familia que tienen que acabar viviendo en una topera (nº 47).
—¡Buf!
Esta es la habitación de los niños. Saludad hijitos. Xilografía. Harold [nº 78] es un niño con una imaginación poderosa que ve las cosas como quiere y no como el ñoño autor de un cuento se las quiere mostrar a través de su padre. Para Harold el mundo no es feliz sino gris y tenebroso. Muy lejos de la línea clara y más próximo a los grabados de Gorey.
Y… Desgraciadamente la desaparición de Golfiño nos dejó a medias de una historieta más larga: O conto de Lina e Pouco (7 páginas en los números 87, 88 y 89). Un cuento, por cierto, que un Tapadiño* le contó a Archim. Los tapadiños, como bien saben, «son esos seres que están por aquí y por allá cubiertos con sus mantas y que cuando ven a alguien parado frente a ellos, a veces asoman su cabeza y le cuentan alguna historia que siempre es buenísima». [*Tapadito] Zapato. El que una familia de lemures le pone a Tristán en la mano en Tristán zapato na man, es un elemento desestabilizador, que rompe el orden natural de las cosas, el curso de los acontecimientos tal y como estaban previstos. Uno de esos gestos que destruyen lo sabido y te meten de lleno en la vida. Un gesto que deja a Tristán impotente ante el sinsentido (y eso que tiene tres caras en la cabeza) y le lleva a disimular debido a su falta de imaginación para solventar el problema concreto. |