Oscar Wilde
El abanico de Lady Windermere
Retrato de la sociedad victoriana
Enrique García
Díaz
Introducción
En
1890, George Alexander le encargó una obra a Oscar Wilde, en un
momento en el que el propio Alexander había obtenido los derechos
del Teatro Saint James. Ello hizo que urgiera a Wilde a concluir su obra.
La inspiración final llegó aquel verano del mismo año,
y El abanico de Lady Windermere (en adelante me referiré
a esta obra como El abanico, Lady Windermere’s Fan)
estuvo terminada en octubre. En el otoño-invierno del año
siguiente Wilde, al mismo tiempo que traducía su Salomé
al francés, se dedicó también a la puesta en escena
de El abanico. Wilde se la dedicó a Robert, conde de Lytton,
cuando éste se publicó en el año 1893.
La obra fue estrenada en el teatro Saint
James el 20 de febrero de 1892, siendo aclamada por la crítica
de la época, aunque no estuvo exenta de cierta controversia. El
propio Wilde causó un furor y cierto resentimiento cuando apareció
en escena con un cigarrillo en su mano enguantada y su toque encarnado
en su solapa para dirigirse a la audiencia:
Ladies
and Gentlemen. I have enjoyed this evening immensely. The actors
have given us a charming rendition of a delightful play, and your
appreciation has been most intelligent. I congratulate you on the
great success of your performance, which persuades me that you think
almost as highly of the play as I do. (1) |
Al
día siguiente las crónicas sobre la obra se centraron más
en la intervención impertinente del propio Wilde, que en la pieza
en sí misma. Acusaron al autor de tomarse “ciertas libertades”
con el público que ningún otro autor se había atrevido
en la Historia. Pese a ello la obra se mantuvo en escena los cinco meses
siguientes a su estreno y regresó a Londres para otra temporada
colmada de éxitos. Aunque el escritor Henry James la calificó
de «infantil tanto en el fondo como en la forma». Por el contrario,
George Bernard Shaw, quien aún no se había hecho un nombre
en el mundo del teatro, la admiró y alabó. Todos aquellos
que disfrutaban de una forma pletórica de la obra llegaron a comparar
a Wilde con los dramaturgos de la época de la Restauración
como Congreave o Sheridan, pese a que como se llegó a decir, sus
personajes masculinos hablaban y se comportaban como el propio autor.
Un
año después El abanico fue representada en Nueva
York por Maurice Barrymore. Sin embargo, y pese a la repercusión
que esto pudo causar, Wilde no estaba del todo de acuerdo, porque el personaje
de Lord Darlington era representado como un “villano”, y no
como él lo había dibujado: una persona que intenta salvar
a Lady Windermere de un marido infiel. La representación obtuvo
un gran éxito durante los meses que estuvo en cartel. Al parecer,
para el propio Wilde, El abanico era el Opus 1; el Opus 2, era
la obra titulada Widower’s house de Bernard Shaw; y el
Opus 3 Una mujer sin importancia. Era tal la predilección
que el autor sentía por El abanico que sus siguientes composiciones,
Un marido ideal y La importancia de llamarse Ernesto,
aparecieron en febrero y julio de 1899 respectivamente sin su nombre;
sino que se publicaron bajo el pseudónimo “Por el autor de
El abanico de Lady Windermere”.
El abanico de Lady Windermere,
la primera incursión de Wilde en el teatro, se esperaba con gran
expectación dado el éxito alcanzado con su novela El
retrato de Dorian Gray, y sin duda alguna no defraudó. Sin
embargo, muchos críticos como el redactor del Westminster Review,
objetó que había demasiado número de epigramas en
la pieza. Estos críticos también se mostraron en contra
de que el ingenio eclipsa el argumento, y que el resultado es una obra
sin más, en la que los personajes hacen poco más que comportarse
como «bocas que se dedican a expresar la propia opinión del
autor sobre la sociedad». Otro crítico calificó a
Wilde como el «gran Dios de la paradoja», y sostenía
que los personajes de Wilde eran meras marionetas que cantan su letanía
en un mundo dramático donde todos sus habitantes son igualmente
de cínicos, paradójicos e igualmente epigramáticos.
Esta acusación molestó en
especial al propio Wilde, quien quería que su trabajo fuera considerado
como ingenioso desde el punto de vista dramático e interesante
y también psicológicamente real. Wilde hizo alarde de su
ingenio de una manera ostentosa a través del diálogo. En
respuesta a la crítica hacia su obra, el propio Wilde ofreció
su opinión al público británico al decir que no le
merecían la más mera respuesta. La gente no logró
entender el mensaje del último acto de El abanico, aunque
Wilde la consideró como altamente psicológica y como el
momento más auténtico y real de la obra.
El
abanico de Lady Windermere
Teatro
de autor. Así podría calificarse al teatro del escritor
irlandés. Tanto sus comedias como sus tragedias se acercan al melodrama.
Wilde no describe escenas con meticulosidad; ni siquiera a sus personajes,
sino que son ellos mismos quienes a través de sus palabras, y sus
actos se definen ante el lector. El teatro de Wilde está plagado
de toques de humor, ironía y sátira, que se encarga de expresar
por medio de los diálogos de sus personajes. Sin embargo, sus contenidos
parecen contradecirlo, ya que en continuas ocasiones la historia de la
pieza parecer estar rodeada de un toque de moralidad y ética. Los
personajes principales parecen no sucumbir ante el pecado, aunque llegan
a asomarse al precipicio que éste representa. Y es al final cuando
mediante un giro inesperado, todo se trastoca, y deja al lector perplejo.
Si nos atenemos a la obra en cuestión aquí traída
para su análisis, baste con ver la escena en la que Mrs. Erlynne
salva del escándalo a Lady Windermere casi al final de la obra.
Es en este sentido y en esta escena donde el propio personaje de Mrs.
Erlynne pasa de villana a heroína como poco más o menos.
Considerada durante toda la obra como una mujer de “vida alegre”
ante los ojos del lector/espectador, esta escena la redime de ese cliché
con el que se ha venido comportando en toda la obra; y a su vez provoca
o trata de provocar en el lector/espectador la sorpresa.
Hay
un profundo conocimiento de la sociedad inglesa de la época, y
sobre todo de su manera de comportarse. La envidia, el cotilleo, damas
frívolas dispuestas a dejarse seducir y conquistar por estos supuestos
caballeros, quienes a su vez alardean de su caballerosidad y de su honor,
y cuyo fin es seducir a las damas sin importarles que estén casadas
(Lord Darlington intentando seducir a Lady Windermere al comienzo de la
obra), corrupción, sus reuniones clasistas y elitistas a las cuales
sólo acuden aquellas personas de la sociedad que tienen un estatus
digno de ello. Pero al mismo tiempo que Oscar Wilde retrata a esta sociedad
con todo lujo de detalles, la tilda de aburrida y sosa. Y critica abiertamente
sus modales fingidos, el decoro bajo los cuales se esconden las más
bajas pasiones y perversiones, esto es su hipocresía.
La mayoría de los personajes de Wilde
aceptan esta hipocresía como un componente necesario para su “mundo
social”. La gente de la alta sociedad victoriana debe aferrarse
a ésta para conservar su posición. Es la hipocresía
la que sirve para unificar o tejer el entramado de relaciones entre los
diferentes personajes. Y es que si los personajes se dijeran la verdad
los unos a los otros, la sociedad se desmoronaría. Las mentiras
son necesarias para evitar el conflicto. Por ejemplo, la duquesa de Berwick
le confiesa a Lady Windermere que sus sobrinas no cotillean nunca, pero
al momento siguiente declara lo contrario. La hipocresía desaparece
en el momento en el que Mrs. Erlynne sacrifica su propia reputación
por su hija. Y aunque ella ha vivido una vida llena de hipocresía
en estos momentos está tratando de regresar a la sociedad que en
una ocasión la rechazó.
El papel de la mujer está cambiando
en la sociedad inglesa de la época, y eso se plasma en la literatura.
La mujer obtiene su derecho a votar. J. S. Mills había intentado
modificar la Ley en 1867 para que las mujeres pudieran votar. Logró
que en un principio pudieran votar en elecciones locales y para el sínodo
de la iglesia anglicana, e incluso algunas pudieron presentarse a lo que
hoy son los ayuntamientos, los colegios, o al comité de la ley
para los pobres. Pero el papel marginal concedido a las mujeres de clase
media durante las décadas de 1870-1880 —ayudando al párroco,
al médico, o a los miembros del Parlamento— convirtiéndose
en la secretaria de un hombre, quien siempre estaba en el poder, no fueron
suficientes. La campaña para la aceptación de las mujeres
a la hora de votar en las elecciones fue considerado como un nuevo concepto
de sociedad y de ciudadanía. Las mujeres desempeñaron un
papel importante en las parroquias, en la política local, en las
artes y en la música. Pero su principal ocupación eran el
hogar y los hijos, con lo que la imagen de una mujer independiente no
estaba muy bien considerada en la sociedad como sucede en El abanico
con el personaje de Mrs. Erlynne. Aunque al mismo tiempo es el centro
de atención de todos y todas, y en cierto modo es envidiada. En
la revista que el propio Oscar Wilde editó, The Women’s
World, éste daba cabida a artículos escritos por mujeres
que tenían un punto de vista distinto al respecto del sufragio
universal. Wilde incluso llegó a cambiar el título de la
revista por el The Lady’s World debido a las difusas líneas
que separaban una clase de la otra: clase media y alta.
Aquí podemos interpretar el papel
de Mrs. Erlynne como la imagen de una mala madre: ha abandonado a su hija
para perseguir sus propios intereses, como un romance o una profesión.
Tales situaciones eran consideradas como peligrosas y que iban en contra
de la sociedad victoriana. Y aunque al final
ella demuestra ser todo lo contrario al sacrificar su propio honor para
salvar el de su hija, Mrs. Erlynne hace las paces con su hija, y continúa
con su propia vida como hasta ahora.
Los personajes
Casi
todos los personajes de Wilde hablan en epigramas. Éstos son “dichos
sentenciosos” que comprenden dos ideas auténticas en una
única frase bien construida. Los mejores epigramas están
formados por un lenguaje conciso que comprenden dos ideas antitéticas
en un formato de espejo-reflejo. Por ejemplo, Cecil Graham dice «cuanto
más de acuerdo está la gente conmigo, más contrariado
me siento». En este caso las ideas antitéticas son las propias
opiniones de Cecil hacia lo que la gente piensa de sus opiniones. En este
caso Cecil quiere decir que cuando sus propias ideas son acordes con la
opinión general, él paradójicamente, decide estar
en desacuerdo con ella. Los personajes que emplean con mayor asiduidad
esta clase de habla son el mencionado Cecil Graham, Dunby, Lord Darlington
y Mrs. Erlynne. Estos personajes se muestran de una manera más
inteligente y superior cuando emplean los epigramas. Por ejemplo, Lord
Darlington y Cecil discuten acerca del contraste entre un cínico,
aquel que conoce el precio de todo, pero el valor de nada; y el sentimental,
que ve un valor absurdo en todo y no conoce el precio en el mercado de
cualquier producto. Estas definiciones son irónicas y cínicas
en sí mismas; y forman parte de alguien más sofisticado
e inteligente.
Lord Darlington aparece al comienzo de la
obra como un “dandy” con sus comentarios mordaces hacia Lady
Windermere acerca de la supuesta infidelidad de Lord Windermere; y sobre
como las mujeres deberían comportarse, en este sentido, igual que
los hombres, ya que para él, como le comenta más adelante
en la obra, no hay posibilidad de una simple amistad entre un hombre y
una mujer:
LORD
DARLINGTON: Entre las mujeres y los hombres no hay amistad posible.
Hay pasión, enemistad, adoración, amor, pero no amistad.
(Wilde 2000 : 54) |
Y
sólo cuando realmente comienza a flirtear con Lady Windermere descubrimos
su verdadera naturaleza.
LORD
DARLINGTON: Hubiera deseado saber que hoy era su cumpleaños,
Lady Windermere. Habría cubierto la calle frente a su casa
de flores para que usted caminara sobre ellas. Han sido creadas
para usted.
(Wilde 2000: 18) |
Y
poco después declara su admiración y su amor hacia Lady
Windermere. Es entonces cuando el lector/espectador comienza a enjuiciar
a Lord Darlington.
LADY
WINDEMERE: [...] No me gustan los cumplidos y no veo por qué
un hombre debe pensar que una mujer se complace enormemente cuando
le dice una cantidad de cosas que no siente.
LORD DARLINGTON: Ah, pero yo las siento.
(Wilde 2000: 19-20) |
El
momento cumbre llega cuando Lord Darlington la confiesa su amor a Lady
Windemere cuando durante su fiesta de cumpleaños se quedan apartados:
LORD
DARLINGTON: [...] Yo la amo...
LADY WINDERMERE: ¡No, no! (Se
pone de pie)
LORD DARLINGTON: ¡Sí,
la amo! Usted es todo para mí en el mundo. ¿Qué
le brinda su esposo? Nada. Lo que él tiene, se lo da a esa
espantosa mujer, a quien ha arrojado a su sociedad, a su hogar,
para avergonzarla ante todos. Yo le ofrezco mi vida...
LADY WINDERMERE: ¡Lord Darlington!
LORD DARLINGTON: ¡Mi vida…
toda mi vida! Tómela y haga con ella lo que quiera... La
amo... La amo como nunca he amado cosa viviente. ¡Desde el
momento que la vi me enamoré, me enamoré ciegamente,
con adoración, locamente!...
(Wilde 2000 : 54) |

Sin embargo, y pese a su declaración
tan apasionada, Lady Windermere lo rechaza aunque, como ya expondré
en el análisis de este personaje, ella posteriormente decide aceptar
su propuesta. El personaje de Lord Darlington desaparece de la escena
sin más. Se esfuma.
Lady
Windermere
Comienza
diciéndole a Lord Darlington que es una puritana en cuanto a sus
creencias, a las cuales obedece ciegamente.
LORD
DARLINGTON: ¿Y los hombres? ¿Cree que deberían
existir las mismas leyes para los hombres de las que existen para
las mujeres?
LADY WINDERMERE: ¡Sin duda!
LORD DARLINGTON: Me parece que la
vida es demasiado compleja como para querer arreglarla con estas
reglas rápidas y duras.
LADY WINDERMERE: Si tuviéramos
esas reglas rápidas y duras, encontraríamos la vida
mucho más simple.
LORD DARLINGTON: ¿No se permite
ninguna excepción?
LADY WINDERMERE: ¡Ninguna!
LORD DARLINGTON: ¡Qué
fascinante puritana es usted, Lady Windermere!
(Wilde 2000 : 23-4) |
Al
igual que sus creencias acerca de la infidelidad de los hombres y de las
mujeres, su discurso no admite ningún tipo de ambigüedad o
paradoja. Por otra parte es un personaje que se deja influenciar notablemente
por los comentarios de otros. Así, Lady Windermere comienza a desconfiar
de su marido por los comentarios de la duquesa.
DUQUESA
DE BERWICK: [...] Y es importante que no tome a pecho la aventura
de Lord Windermere. Llévelo al exterior y él regresará
a usted.
LADY WINDERMERE: ¿Regresar
a mí?
DUQUESA DE BERWICK: Sí, querida,
estas mujeres malvadas nos quitan a nuestros esposos pero ellos,
siempre, vuelven, levemente golpeados, por supuesto. Y no haga escenas
porque los hombres las odian.
[...]
DUQUESA DE BERWICK: Querida. Yo era
como usted. Ahora ya sé que todos los hombres son monstruos.
(Wilde 2000 : 31-2) |
Estos
comentarios hacen dudar seriamente a Lady Windermere acerca de la fidelidad
de su marido, y decide registrar sus libros de cuentas en busca de una
prueba. En un momento duda, e intenta convencerse así misma de
que todo es falso. Pero finalmente descubre la verdad.
LADY
WINDERMERE: [...] ¡Oh, no puede ser verdad... Ella habló
de enormes sumas de dinero pagadas a esta mujer. Yo sé dónde
guarda Arthur su libro de Banco... En uno de los cajones de ese
escritorio. Lo averiguaré. (Abre el cajón)
No. Tiene que ser una horrible equivocación. (De pie,
va hacia el centro) ¡Un sucio escándalo! ¡Él
me ama! ¡Me ama! Pero, ¿por qué no mirar? Soy
su esposa ¡tengo derecho a mirar! (Regresa a donde está
el bureau, saca el talonario de cheques y lo revisa, página
por página, luego sonríe y lanza un suspiro de alivio)
¡Lo sabía! No hay una palabra de verdad en esa estúpida
historia. (Coloca el talonario de Banco en el cajón.
Lo hace y se detiene y toma otro talonario) Un segundo talonario...
privado... cerrado. (Trata de abrirlo pero falla. Ve un cortapapeles
en el bureau y con él corta la cubierta del talonario. Comienza
por la primera página) “Mrs. Erlynne... 600 libras...
Mrs. Erlynne... 700 libras... Mrs. Erlynne... 400 libras”
¡Oh, es verdad! ¡Es verdad! ¡Qué horrible!
(Arroja el talonario al suelo)».
(Wilde 2000 : 33) |

Lady Windermere soporta la humillación
como todas la mujeres de su época y confía en que su esposo
regrese a ella como le dijo la Duquesa. En ese punto recibe la crítica
de Lord Darlington, quien trata de hacer ver a Lady Windermere que su
esposo no la ama, no la merece. Intenta aprovecharse de la situación
para atraerla hacia él. Y pese a que en un principio lo rechaza,
cuando él se le declara, finalmente cambia de parecer y acepta
la infidelidad de su marido hasta el punto que decide abandonarlo para
caer en brazos de Lord Darlington.
LADY
WINDERMERE: Es imposible que permanezca por más tiempo en
esta casa. Esta noche, un hombre que me ama me ofreció su
vida. Y me negué a escucharlo. Fui una tonta. Me ofreceré
a él ahora. Me entregaré ahora mismo (Se coloca
el abrigo y va hacia la puerta, luego se da la vuelta. Se sienta
a la mesa y escribe una carta, la coloca en un sobre y la deja).
Arthur nunca me comprendió. Cuando lea estas líneas
se dará cuenta. Él debe elegir lo que hará
ahora con su vida. Yo hice con la mía no lo mejor sino lo
correcto. Es él el que ha roto los lazos matrimoniales, no
yo. Yo sólo rompo mi atadura. (Sale)».
(Wilde 2000 : 62) |
Pero
finalmente todo queda resuelto con el sacrificio llevado a cabo por Mrs.
Erlynne, que posteriormente analizaremos. Con esa escena Wilde da un giro
sorprendente a la obra dejando al espectador perplejo. Pero Lady Windermere,
una vez más, deja llevarse por las palabras de terceros. Cree a
pies juntillas las explicaciones de Mrs. Erlynne al respecto de la supuesta
infidelidad de Lord Windermere.
MRS.
ERLYNNE: ¡Le juro ante el cielo que su esposo es inocente
de cualquier ofensa hacia usted! Y yo... Le digo que si hubiese
sabido que esa monstruosa sospecha iba a entrar en mi mente, habría
muerto antes de cruzarme en su vida o en la de él... ¡Muerta!
¡Felizmente muerta! (Se dirige hacia el sofá de
la derecha)
LADY WINDERMERE: Habla como si tuviera
corazón. Las mujeres como usted no lo tienen. No hay sentimientos
en usted. A usted la compran y la venden (Se sienta a la izquierda).
MRS. ERLYNNE: [...] Regrese a su cada
Lady Windermere... ¡Su esposo la ama! Nunca se ha desviado
del amor que la profesa. Pero si él tuviera mil amores, usted
debe estar con su hijo. Así él fuera rudo con usted,
debe permanecer junto a su hijo. Y si él la tratara mal o
la abandonara, igual su lugar está junto a su hijo»
Lady
Windermere estalla en llanto y se cubre el rostro con las manos.
(Wilde 2000 : 74)
|
El
final de la obra es el que cabe esperar. El enredo de la supuesta infidelidad
de Lord Windermere queda resuelto.
Lord
Arthur Windermere
Durante
la mayor parte de la obra parece que tiene un affair con Mrs.
Erlynne. Y puede hacer dudar al lector/espectador acerca de su lealtad
hacia su mujer. Dado que Lady Windermere es testigo del dinero que éste
entrega a Mrs. Erlynne; o como le cuenta la duquesa, sus sobrinas lo han
visto entrar y salir de la casa de Mrs. Erlynne (Wilde 2000 : 29). Sin
embargo, es más discreto y más caballero que el propio Lord
Darlington. Lord Windermere es sincero y generoso como su mujer a la cual
es leal, al igual que a Mrs. Erlynne por no hacer pública su identidad.
Queda claro que Lord Windermere ama a su esposa cuando Cecil Graham le
confiesa que Lord Darlington esconde a una mujer en su casa, y le muestra
el abanico de Lady Windermere.
CECIL
GRAHAM: Darlington esconde a una mujer en sus habitaciones. Aquí
está su abanico. Interesante, ¿no es cierto? (Se
produce una pausa)
LORD WINDERMERE: ¡Buen Dios!
(Observa el abanico... Dumby se pone en pie).
CECIL GRAHAM: ¿Qué sucede?
LORD WINDERMERE: ¡Lord Darlington!
LORD DARLINGTON: (Se da la vuelta)
¿Sí?
LORD WINDERMERE: ¿Qué
hace el abanico de mi esposa en su casa? Quítame las manos,
Cecil. No me toques.
LORD DARLINGTON: ¿El abanico
de su esposa?
LORD WINDERMERE: Sí, aquí
está.
LORD DARLINGTON: (Camina hacia
él) ¡No tengo ni idea!
LORD WINDERMERE: ¡Usted lo debe
saber. Exijo una explicación. (A Cecil Graham).
No me agarres, imbécil.
LORD DARLINGTON: (Aparte) Después
de todo, ella está aquí.
LORD WINDERMERE: ¡Hable, señor!
¿Por qué está aquí el abanico de mi
esposa? ¡Respóndame! ¡Por Dios! Revisaré
las habitaciones y si mi esposa está aquí, yo lo...
(Se mueve).
LORD DARLINGTON: No revisará
mis habitaciones. No tiene derecho a hacer eso. ¡Se lo prohíbo!.
LORD WINDERMERE: ¡Usted, canalla!
No dejaré la casa hasta que revise cada rincón. ¿Qué
es lo que se mueve detrás de esa cortina? (Corre hacia
la cortina del centro).
MRS. ERLYNNE: (Entra por detrás
desde la derecha) ¡Lord Windermere!
LORD WINDERMERE: ¡Mrs. Erlynne!
(Cada
uno de los personajes se dan la vuelta para observar. Lady Windermere
aprovecha para salir de detrás de la cortina y deslizarse
hasta el cuarto de la izquierda)
(Wilde 2000 : 85-6)
|
Como podemos observar por esta escena, el
comportamiento de Lord Windermere es el que cabía esperar. Se siente
ofendido al pensar que su mujer pudiera estar engañándolo
con Lord Darlington. Finalmente también el lector/espectador es
testigo del sacrificio de Mrs. Erlynne al aparecer en escena para salvaguardar
el honor de su propia hija; y segundo, que durante esos momentos de confusión
Lady Windermere
aprovecha para huir.
Mrs.
Erlynne
La
misteriosa Mrs. Erlynne es en realidad, como se descubre al final de la
obra, la desaparecida madre de Lady Windermere. Ésta no sospecha
nada desde un principio. Y por su parte Mrs. Erlynne intenta por todos
los medios ser aceptada dentro de los círculos sociales a los que
pertenece su hija. Ella, Mrs. Erlynne, posee una reputación algo
dudosa. Su pasado está salpicado de luces y sombras: es una mujer
divorciada, que aparece de vuelta en la sociedad de la época bajo
un nombre falso; una mujer con una reputación algo dudosa, y es
que desde un primera momento se la tacha de «mujer de vida fácil».
Así la describe la Duquesa de Berwick:
DUQUESA
DE BERWICK: Es muy escandaloso porque ella es absolutamente inadmisible
en la sociedad. Muchas mujeres tienen un pasado oscuro pero yo digo
que ella tiene por lo menos una docena y todos son apropiados.
LADY WINDERMERE: ¿De quién
me está hablando, Duquesa?
DUQUESA DE BERWICK: De Mrs. Erlynne.
(Wilde 2000 : 28) |
Pero al mismo tiempo es catalogada como
una mujer que carece de ingresos propios salvo los de los caballeros que
la visitan.
DUQUESA
DE BERWICK: [...] Y lo peor de todo es que oí que esa mujer
ha obtenido una cantidad de dinero de alguien, porque parece que
cuando vino a Londres, hace seis meses, no tenía nada y ahora
tiene esa encantadora casa en Mayfair [...]
(Wilde 2000 : 29) |
Sin
embargo, la propia Mrs. Erlynne se descubre a sí misma como una
mujer de calidad, la cual deja a un lado sus propios intereses para proteger
a su hija. Ya hemos visto la escena del abanico en casa de Lord Darlington.
Una vez que se descubre como una madre devota de su hija, sin embargo,
huye con el fin de no causar a su hija un escándalo. Por segunda
ocasión sacrifica su felicidad por la de su hija. Afortunadamente,
Lord Augustus Lorton está enamorado de ella y le ofrece matrimonio,
con lo que alcanza un final feliz.
Al final de la obra, el lector/espectador
se sobrepone al revés que ha supuesto este descubrimiento en la
vida de Mrs. Erlynne. Este es el giro inesperado al que nos hemos referido
al hablar de la obra. Mrs. Erlynne pasa de villana a heroína; de
mujer de pasado oscuro a ser la madre de Lady Windermere; de mujer de
vida fácil y escabrosa a toda una dama. Y la primera que se da
cuenta de esto es su propia hija, Lady Windermere, quien una vez conocida
su identidad y una vez probado su buen hacer, le pide que
se quede con ella.
Duquesa de Berwick
Se
trata de una mujer manipuladora. Es la primera que inicia la serie de
malentendidos entre Mrs. Erlynne y Lady Windermere al cotillear y chismorrear
acerca de la relación que mantienen Lord Windermere y Mrs. Erlynne.
Al mismo tiempo, orquesta el matrimonio de su hija, Agatha, con Mr. Hopper,
una visita de Australia. Una vez conseguido esto comienza a maquinar que
la pareja resida en Londres y no en Sydney.
Conclusión
El
abanico de Lady Windermere es una comedia de enredos que trata de
ilustrar el comportamiento de los distintos miembros de la sociedad inglesa
en tiempos de la reina Victoria. Podríamos catalogarla o definirla
como un cuadro en el que van apareciendo los distintos personajes que
pueblan la sociedad. Es una crítica a la forma en la que se comportan
todos y cada uno de ellos. Su hipocresía. Sus críticas mordaces.
Sus rivalidades. Sus envidias. Caballeros que no lo son; mujeres casadas
que se dejan seducir por éstos mismos. Pero que no son sino el
reflejo de cualquier sociedad indistintamente de la época.
Bibliografía empleada
—Ellman,
Richard., Breve historia de la Literatura inglesa, Madrid: Alianza,
2002.
—Harvie, C., “Revolution and
the Rule of Law (1789-1851)” en Kenneth Morgan (ed.), The Oxford
History of Britain, Oxford: OUP, 2001, pp: 470-517.
—Heron, Josette., Historia de
la Literatura Inglesa. Panorama del acontecer literario en Gran Bretaña
de la Edad Media al siglo XX, Madrid: Acento, 1997.
—Holland, Merlín (ed.), Oscar
Wilde, una vida en cartas, Barcelona: Alba, 2005.
—Matthew, H.C.G., The Liberal Age
(1851-1914) en Kenneth O. Morgan, The Oxford History of Britain, Oxford:
OUP, 2001, pp. 518-581.
—Pujals, Esteban, Historia de
la literatura inglesa, Madrid: Gredos, 1988.
—Wilde, Oscar, De profundis,
Barcelona: Edhasa, 1990.
—Wilde, Oscar., El abanico de
Lady Windermere, Barcelona: Artri, 2000.
(1)
«Damas y caballeros, esta noche he disfrutado como nunca. Los actores
nos han regalado una interpretación encantadora de una obra entretenida,
y su apreciación ha sido la más inteligente. Les felicito
por el gran éxito de su representación, la cual me induce
a pensar que tienen la misma elevada concepción de la obra, que
yo».
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