Cuando
la fantasía es prescindible y la imaginación es sólo
un mono expuesto en una feria institucional, cuando la esperanza del pueblo
musulmán se disfraza con un reality show cuyo vencedor
es la niña que mejor sepa leer El Corán, cuando
hay demasiados adultos atrapados sin salida en el “no sé
qué hacer, me muero de aburrimiento”, cuando un líder
occidental arenga a las masas contra las mentiras de la gramática
frente a las virtudes del instinto, entonces regresamos a la barbarie.
El Coloquio de los Perros cree
en una civilización ilustrada, y a ella sólo se llega a
través del lenguaje. Durante siglos de cultura universal, la casa
del lenguaje ha sido el libro, y en ella habrá de residir por mucho
tiempo, aunque a partir del siglo XXI frecuente otros hogares y retiros
digitales. Procesando este florecimiento continuado de múltiples
soportes literarios, comprobamos que pueden convivir en perfecta armonía
las páginas y las pantallas, los bolígrafos y los teclados,
la tinta y los píxeles.
Ya ven, lo tenemos todo a nuestro servicio
para no autodestruirnos, para convertirnos en un planeta inmejorable.
Sin embargo, aún seguimos viendo imágenes de muchachos burlándose
de un deficiente mental mientras lo graban y cuelgan en internet, de un
australiano boxeando contra un canguro o de un analfabeto gallego apaleando
a un pastor alemán agónico. Auerbach dijo que el medio más
seguro para valorar el grado de educación de un pueblo y de un
hombre consiste en la manera como consideran y tratan a los animales.
Podría aconsejarles que apaguen el televisor, pero es que eso lo
dice todos los días Fernando Sánchez Dragó y no debo
plagiar al maestro. Sí, me cae simpático Dragó, a
pesar de sus irritables bufonadas. Por lo menos, él estaría
de acuerdo con la última frase de esta bienvenida.
Perdonen que insista: la civilización,
con letra, entra mucho mejor.
Bienvenidos.
Juan de Dios García
BERGANZA.-
Cipión, hermano, óyote hablar y sé que te hablo
y no puedo creerlo, por parecerme que el hablar nosotros pasa de
los términos de naturaleza.
(Miguel de Cervantes,
Coloquio de los perros) |
|