Ahuecando
el alma
Leonardo Estúñiga
La independiente discográfica Palo de lluvia acaba de debutar con la edición de Ahuecando el alma, el disco-libro que recoge las canciones y una extensa biografía de Leonardo Estúñiga, considerado por muchos críticos el precursor de la canción de autor y el profeta del pop en España. La noticia acaba de accionar los resortes de muchos curiosos que desconocían por completo a este autor, cosa nada rara si tenemos en cuenta el misterio que lo envuelve desde su muerte y la circulación de sus canciones sólo en circuitos reducidos mediante el boca a boca, ya que jamás hasta la fecha se ha visto publicado oficialmente nada de su obra. Por eso a partir de ahora resultará imposible separar Ahuecando el alma del nombre de Leonardo Estúñiga, una oportunidad de conocer la vida y la obra de este autor que intentaremos resumir en estas líneas al mismo tiempo que se despejan algunas dudas sobre su personalidad y el prestigio cobrado durante los últimos treinta años.
Trasladado a vivir a Cádiz, trabajaba como fogonero en la Armada y le tocó vivir la Guerra Civil del lado del bando nacional. Resulta bastante curioso cómo, a pesar de todas sus canciones, que empezó a componer justo después de la guerra y eran duras críticas a la realidad social de España e incluso al régimen franquista, nunca sintió ningún tipo de represalias. Quizá se deba a que sólo cantaba en la intimidad, para los amigos y familiares que compartían los mismos sentimientos que él, pero quizá también, como afirma Carlos Estúñiga, su hijo mayor, «era porque en realidad los vecinos tenían miedo de mi padre, su seriedad y su sombra infundían un respeto a veces incomprensible; además, él no se metía en la vida de nadie». Efectivamente, el retrato de su amigo Marcelino Tur nos presenta a un hombre serio y en penumbra, como perdido en el tiempo y a medio dibujar, difuminado en el mismo espacio que le rodeaba: «Lo convencí para que posara apenas diez minutos, era muy reacio a estas cosas, así que lo dibujé de la única manera posible: oscuro y flotando, condenado a vivir como un alma en pena. Cuando vio el dibujo, se le escapó una mueca de risa y se lo metió en el bolsillo doblado. Ya digo que para algunas cosas era muy bruto…». Y es que el cantautor nunca supo perdonarse haber participado activamente en la guerra y de manera tan pasiva en pensamiento. Esa dicotomía ética le causó grandes tensiones en su personalidad, agravó su aire triste y su impronta oscura, pero también le permitió empezar a componer canciones que le sirvieran para ajustar cuentas con la vida y con él mismo, canciones que seguramente gozan de una lucidez y una cualidad atemporal muy poco vistas hasta entonces. Sus letras hablaban todas de la guerra y de la muerte, y sólo en dos ocasiones se hacen apreciaciones del futuro. Algunos críticos las consideran como los preámbulos del pop nacional tanto a nivel de letras como de música. Por todas estas cosas incluso se ha llegado a decir que si se hubieran publicado sus canciones en su tiempo —de las nueve que terminó, dos son de los años cuarenta, cuatro de los años cincuenta y las demás de los sesenta— seguramente lo hubieran condenado antes por su estilo musical raro y feo que por su contenido ideológico y crítico. Pero todavía hoy su escucha parece indicar que sigue fuera de tiempo, como si aún existieran aspectos indescifrables en sus canciones y pertenecientes al futuro.
La estructura de sus canciones no correspondía a ningún esquema prefijado, como su música, así que no tenía demasiado en cuenta la rima ni cualquier otra cosa que no saliera de una expresión urgente y visceral. Sin embargo, esto no quiere decir que no trabajara sus canciones hasta la extenuación (recordemos que sólo dio por terminadas nueve de ellas). 'En Saturno hay un hombre que apunta con su pistola' puede ser un buen ejemplo de ello con versos como estos:
Pero
muchos aprecian en esta canción, además, una clara nota
de despedida anticipada años antes. Leonardo Estúñiga
se suicidó de un tiro en la boca el 26 de marzo de 1976. Tenía
sesenta y tres años y moría de viejo, demasiado cansado
para soportar la carga de unas canciones que ya no componía ni
cantaba. |