Ahuecando el alma
Leonardo Estúñiga


José Alcaraz

 

     La independiente discográfica Palo de lluvia acaba de debutar con la edición de Ahuecando el alma, el disco-libro que recoge las canciones y una extensa biografía de Leonardo Estúñiga, considerado por muchos críticos el precursor de la canción de autor y el profeta del pop en España. La noticia acaba de accionar los resortes de muchos curiosos que desconocían por completo a este autor, cosa nada rara si tenemos en cuenta el misterio que lo envuelve desde su muerte y la circulación de sus canciones sólo en circuitos reducidos mediante el boca a boca, ya que jamás hasta la fecha se ha visto publicado oficialmente nada de su obra. Por eso a partir de ahora resultará imposible separar Ahuecando el alma del nombre de Leonardo Estúñiga, una oportunidad de conocer la vida y la obra de este autor que intentaremos resumir en estas líneas al mismo tiempo que se despejan algunas dudas sobre su personalidad y el prestigio cobrado durante los últimos treinta años.

 

"Ahuecando el alma" de Leonardo Estúñiga


     «Era de mediana estatura, muy corpulento y de una seriedad digna de su estructura ósea. Tenía un carácter tan cerrado como su barba, oscura y de tono metafísico. Individualista en extremo, un hombre de pocas palabras y con pinchas, sí. Parecía imposible, pero a pesar de todo poseía una voz dulce y metálica, la misma que tendrían los bombones de licor si aprendieran a cantar». Así definió el pintor Marcelino Tur a su amigo Leonardo Estúñiga, que en toda su vida logró terminar tan sólo nueve canciones, cuyas copias —se trataban de grabaciones caseras de voz y guitarra— no dejó salir de su casa hasta después de su muerte, por petición expresa en su testamento.
     Leonardo Estúñiga nació en Villafranca de los Vientos (Toledo) en 1913, y es clara en su obra la influencia que supuso para él la Guerra Civil, el trágico e inevitable desenlace de una contienda entre hermanos, muy bien reflejado en sus canciones.

 

Dos no pelean si uno no quiere,
pero siempre hay uno que habla
y otro que calla.
Háblale a un país con guerras
y te escuchará con muertos.

 

'Ahuecando el alma'
Leonardo Estúñiga

 

     Trasladado a vivir a Cádiz, trabajaba como fogonero en la Armada y le tocó vivir la Guerra Civil del lado del bando nacional. Resulta bastante curioso cómo, a pesar de todas sus canciones, que empezó a componer justo después de la guerra y eran duras críticas a la realidad social de España e incluso al régimen franquista, nunca sintió ningún tipo de represalias. Quizá se deba a que sólo cantaba en la intimidad, para los amigos y familiares que compartían los mismos sentimientos que él, pero quizá también, como afirma Carlos Estúñiga, su hijo mayor, «era porque en realidad los vecinos tenían miedo de mi padre, su seriedad y su sombra infundían un respeto a veces incomprensible; además, él no se metía en la vida de nadie». Efectivamente, el retrato de su amigo Marcelino Tur nos presenta a un hombre serio y en penumbra, como perdido en el tiempo y a medio dibujar, difuminado en el mismo espacio que le rodeaba: «Lo convencí para que posara apenas diez minutos, era muy reacio a estas cosas, así que lo dibujé de la única manera posible: oscuro y flotando, condenado a vivir como un alma en pena. Cuando vio el dibujo, se le escapó una mueca de risa y se lo metió en el bolsillo doblado. Ya digo que para algunas cosas era muy bruto…». Y es que el cantautor nunca supo perdonarse haber participado activamente en la guerra y de manera tan pasiva en pensamiento. Esa dicotomía ética le causó grandes tensiones en su personalidad, agravó su aire triste y su impronta oscura, pero también le permitió empezar a componer canciones que le sirvieran para ajustar cuentas con la vida y con él mismo, canciones que seguramente gozan de una lucidez y una cualidad atemporal muy poco vistas hasta entonces. Sus letras hablaban todas de la guerra y de la muerte, y sólo en dos ocasiones se hacen apreciaciones del futuro. Algunos críticos las consideran como los preámbulos del pop nacional tanto a nivel de letras como de música. Por todas estas cosas incluso se ha llegado a decir que si se hubieran publicado sus canciones en su tiempo —de las nueve que terminó, dos son de los años cuarenta, cuatro de los años cincuenta y las demás de los sesenta— seguramente lo hubieran condenado antes por su estilo musical raro y feo que por su contenido ideológico y crítico. Pero todavía hoy su escucha parece indicar que sigue fuera de tiempo, como si aún existieran aspectos indescifrables en sus canciones y pertenecientes al futuro.

 

Retrato de Leonardo Estúñiga realizado por Marcelino Tur
Cantando viajo lejos para olvidar mi nombre,
allí me palparé el rostro y preguntaré quién soy.
Pero solamente los locos convocan el futuro
para hablar de su pasado.

 

'De un tiempo a ninguna parte'
Leonardo Estúñiga

 

     La estructura de sus canciones no correspondía a ningún esquema prefijado, como su música, así que no tenía demasiado en cuenta la rima ni cualquier otra cosa que no saliera de una expresión urgente y visceral. Sin embargo, esto no quiere decir que no trabajara sus canciones hasta la extenuación (recordemos que sólo dio por terminadas nueve de ellas). 'En Saturno hay un hombre que apunta con su pistola' puede ser un buen ejemplo de ello con versos como estos:

 

Tengo un cartucho de olvido en la memoria,
una bala de la nada para hacerme feliz.
Y entonces sólo eso,
ni un poeta, ni la música, ni la eternidad,
ni un vino, ni la familia,
ni un tejado de donde cae el odio,
ni mi infancia, ni yo.

 

'En Saturno hay un hombre que apunta con su pistola'
Leonardo Estúñiga

 

     Pero muchos aprecian en esta canción, además, una clara nota de despedida anticipada años antes. Leonardo Estúñiga se suicidó de un tiro en la boca el 26 de marzo de 1976. Tenía sesenta y tres años y moría de viejo, demasiado cansado para soportar la carga de unas canciones que ya no componía ni cantaba.
     Sin lugar a dudas, Ahuecando el alma nos muestra a un autor enigmático y todavía si cabe más lleno de sombras que de luces arrojadas sobre su vida y sus canciones. Pero por encima de todo misterio, nos quedan su música y sus palabras, que como él mismo afirmó: Son poca cosa, lo sé, pero saben volar hasta donde somos invisibles.