| Reflexiones
poéticas
Sandra Moussempès
La creación poética
es la creación de la espera
(Paul Valéry)
Yo
trabajo sobre la superficie y las interacciones internas de las
“apariencias”, intentando expresar (entonación/denotación)
la cara oculta de los acontecimientos trazados. Entrar lo más
cerca del lenguaje formal y de lo íntimo (el continente necesitando
un contenido) en las diversiones escénicas de una “cosmetología”
del espejo. Yo escribo en fragmentos, intentando desplazar las imaginerías
“convencionales”, concretamente los clichés alrededor
de la femineidad o de un entorno inquietante. De descifrar los códigos
mentales que nos envuelven, acogiendo materiales sintácticos
y sensoriales que me parecen indefinibles por esencia, pero no despojados
de belleza. Lo singular para mí es una forma de acuerdo entre
las difracciones/fracturas del movimiento y de la lengua. Una solución
tal vez en el estrépito conceptual. |
He redactado este texto hace una decena
de años, respondiendo a un centro cultural que me pedía
definir mi trabajo en unas cuantas frases.
Hoy día, en 2008, nada ha cambiado
de ese deseo de escapar del formateado ambiente, del reino lineal de los
organismos, de los sistemas humanos y financieros, de todo lo que reduce
al hombre, en lugar de educar aquello que le conduce a una realidad robotizada.
En esto, la escritura puede salvar al individuo, particularmente la poesía,
que permite el distanciamiento de toda formulación explicativa.
La formulación imposible se concentra en la escritura poética,
experimental, esta libertad que la escritura contemporánea ofrece
es una invención pura ante las emociones o los lamentos, imposibles
de expresar en sociedad, y que serán, de todas maneras, denegadas.
Es, igualmente, para mí, el deseo
de compartir fragmentos y pensamientos, enredados en una voluntad de proximidad
entre emoción y manejo de la herramienta lingüística
bajo su aspecto formal y/o simbólico. Espacio literario de libertad
sin representación lineal de un relato programado, ese flujo dado
a volver a ser actor de una sensación meditativa y estética.
Y cuando yo realicé durante quince años la animación
de talleres de escritura en los suburbios parisinos y marselleses llamados
“sensibles”, ese era el mismo motor que permitía a
los alumnos (juzgados por otros “difíciles” o “asociales”
y que, sin embargo, transmitían una creatividad y una vitalidad
ausente en muchos poetas “establecidos”) aprehender de manera
diferente la relación lectura/escritura en su expresión
cotidiana. Y en vista de algunos textos formidables de una verdadera sutileza
y de una gran singularidad, yo comprendí que igual que un sistema
impone una visión de poder o de aserción (escuelas, pseudopedagogía
de grupo) ahoga toda creatividad y por tanto toda individualidad, mientras
que desde que se estimula esta creatividad, el ser desarrolla su talento
propio y su propia percepción del mundo.
Estos talleres de escritura se nutren también
de mi propia práctica creativa, a partir de lecturas, fotografías,
blocs de identidad, fragmentos de observación, músicas diversas
como nexo entre la realidad, esa no ficción detallada, esa mirada
impuesta por contextos drásticos o débiles, y a la inversa,
lo que se devora como descripción biográfica en respuesta
fotogénica de este yo superado.
He leído mucho de niña y de
adolescente, sobre todo novelas, toda clase de novelas, desde la condesa
de Segur a Jean Cassou, pasando por Samuel Butler, Thomas de Quincey,
las hermanas Brontë (sobre todo Emily), Lewis Carrol, Valéry
Larbaud. Carson McCullers y Taeko Kono me fascinan por sus universos totalmente
perturbadores. En lo que concierne a la literatura francesa, leo muy pocas
novelas “contemporáneas”, me he sentido durante mucho
tiempo influida por la literatura inglesa y japonesa porque hay en esos
autores una singularidad, una excentricidad a la vez tradicional y totalmente
subversiva, demasiado rara actualmente en las novelas francesas. Y me
siento muy cercana a los universos desfasados que humanizan al individuo
en lugar de banalizarlo. Estoy también muy influida por el cine,
el arte contemporáneo, la música, la poesía a la
manera en la que a veces se la puede representar, con su lado sentencioso
o solemne.
Los Estados Unidos parecen ser un verdadero
laboratorio de escritura experimental. Hay muchos buenos poetas, parecería
igualmente que hubiera menos conflictos entre ellos que en Francia, el
hecho de que la escritura creativa sea enseñada en la Universidad,
al contrario que en Francia, es también algo positivo, a mi entender,
aunque yo no pienso que la escritura poética pueda aprenderse,
que esto permita a los jóvenes estimularse y reencontrarse y esto
presente una credibilidad ausente en Francia o en el sistema escolar (incluso
en la Universidad), es muy teórico y no incita a la creación
artística, con excepción de algunas raras trayectorias personales
de enseñantes. Dicho esto, Francia es un pequeño vivero
de pequeñas editoriales y las becas de ayuda a escritores han sido
muy útiles para algunos poetas (en todo caso para mí) como
continuación de su labor.
Lo que para mí tiene de particular
la palabra poesía es que permite la libertad que no encuentro en
la novela, incluso en la contemporánea. Y la vida está tan
fragmentada, que la poesía es lo que se aproxima finalmente mucho
más al documental (la “no ficción” como dicen
los anglosajones) que a la novela estratificada. En este trabajo yo me
sitúo como actriz mentalmente investida de una misión casi
política o inquisitiva. Me gusta observar a mi prójimo,
como una detective. El lado a veces absurdo o surrealista de toda jerarquía
o pertenencia a un grupo hace de lo humano un verdadero objeto de estudio
etológico. Yo intento escribir los textos que me gustaría
leer, y especialmente, soy muy exigente con la calidad de la escritura.
Prefiero un texto clásico maravillosamente bien escrito sobre un
asunto que me interese medianamente a un libro mal escrito sobre un asunto
apasionante. Necesito alimentarme de un lenguaje sutil.
La inspiración es una noción
que no me molesta tanto como a ciertos intelectuales franceses. Y por
mi parte, valoro que un poeta (artista en general) debe estar un poco
desfasado del mundo que le rodea y tener una sensibilidad superior al
común de los mortales, un humor también necesario en un
mundo cada vez más formateado.
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