Cuando tres cuartas partes del mundo cantan entre sollozos al rey del pop, yo estoy revisando los clásicos de Battiato, haciendo deberes para el director de esta publicación. Y luego paso a Björk, para mi deleite personal. Siempre hablando de música, en mis despedidas. O casi siempre, los pocos fieles que haya que se dediquen a hacer las estadísticas.
     Nos vamos hasta el otoño. Pongan la mano en el fuego a que no me encontrarán en Neverland, que al final ha demostrado ser un cuento para niños, la casa del ogro. ¿Ha muerto la era pop con Michael Jackson? Deberíamos preguntarle a Diego A. Manrique. Lo digo porque Luqui ya no puede contestarnos. Lo que sí es cierto es que el laberinto de las miserias está teniendo abastecimiento durante semanas. Los mismos que arbolan la bandera del rey del pop y son “el primero” en argumentar que, efectivamente, ha sido un cantante excepcional y un referente cultural de los últimos 25 años, pondrán toda su saña en reconfortarnos con los argumentos típicos de la obra del monstruo: era desgraciado y, lo peor de todo, hacía desgraciados a quienes lo rodeaban.
     Pero a partir de mañana todo se irá silenciando... Las vacaciones ya están aquí, se palpan, y las olas nos traen el canto de las sirenas, arrastrándonos hasta la arena ardiente, el encuentro de la pala del niño en el ojo del adulto, los precios madridistas de los chiringuitos y la música con un volumen capaz de resucitar a Franco. Pocos cambiarán los diez o quince días en la costa con la suegra a una visita a Neverland. Todo está proyectado para la operación biquini y para que el MOPU nos revele toda su crueldad, infestando las carreteras principales con obras mastodónticas y desproveyendo las secundarias vías de toda señalización posible.
     Los que nos quedamos en casa lo tenemos más fácil. Todos son ventajas y seremos el ciudadano modelo, austeros en estos tiempos tan difíciles (por favor, se pasean por cualquier ciudad de España un sábado y díganme dónde están los tiempos difíciles), apoyando a nuestros banqueros, seres yermos cuya debilidad ante la posibilidad de robar hasta donde el ojo humano no llega ha de ser entendida, comprendida, mas nunca apercibida y punida. Sólo los Estados Unidos, esos salvajes que fríen a los negros en sillas atroces, darán castigos ejemplares.
     Yo tendré en un rinconcito de mi hilo musical el mejor destino vacacional, el mejor souvenir traído desde mi adolescencia. Las canciones de Antonio, ahora mucho más embriagadoras, más emocionantes, ahora que puedo llorarle como se merece. Un hombre capaz de hacer que el sitio de mi recreo sea el mundo entero. Incluso, miren qué difícil, también mi casa.
     Otra vez la música, ya ven. Otro paraíso sencillo.



Ángel Gómez Espada

 

 

 

 

 

     CIPIÓN.- Y con esto pongamos fin a esta plática, que la luz que entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día, y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio de la habla, será la mía, para contarte mi vida.

(Miguel de Cervantes, Coloquio de los perros)