HENRI COLE

 

     (Fukuoka, Japón, 1956)

     Se formó en EEUU. Ha impartido clases en las universidades de Columbia, Harvard y Smith College y actualmente en la Ohio State University. Su obra poética la forman The Marble Queen (1986), The Zoo Wheel of Knowledge (1989), The Look of Things (1995), The Visible Man (1998), Middle Earth (2003) y Blackbird and Wolf (2007). Su mundo literario elegíaco, sensual, rebelde, visionario y siempre profundamente honesto hace que a Cole se le considere una de las voces más interesantes, personales y prometedoras de su generación.
     Este poema pertenece a la antología de sus últimos cuatro libros La apariencia de las cosas (Quálea, 2009).

"La apariencia de las cosas" (Quálea, 2009) de Henri Cole

 

Traducción: Eduardo López Truco

 

Dead wren

Zarcero muerto

When I open your little gothic wings
on my whitewashed chest of drawers,
I almost fear you, as if today were my funeral.
Moment by moment, enzymes digest
your life into a kind of coffin liqueur.
Two flies, like coroners, investigate your feathers.
My clock us your obelisk, though only this morning
you lunged into my room, extravagant as Nero,
then, not seeing yourself in the sunlit glass,
struck it. Night —what beams does it clear away?
The rain falls. The sky is pained. All that breathes suffers.
Yet the waters of affliction are purifying.
The wounded soldier heals. There is new wine and oil.
Here, take my handkerchief as your hearse.

Cuando abro tus pequeñas alas góticas
sobre mi cómoda emblanquecida,
casi me asustas, como si hoy fuese mi funeral.
Poco a poco, las enzimas convierten
tu vida en una especie de licor mortuorio.
Dos moscas, como forenses, investigan tu plumaje.
Mi reloj es tu obelisco, desde que esta mañana
irrumpieras en mi habitación, extravagante como Nerón,
y entonces, sin verte en el cristal resplandeciente,
te golpearas. La noche, ¿qué luces la despejan?
Cae la lluvia. El cielo está triste. Todo lo que respira sufre.
Todavía las aguas de la aflicción nos purifican.
El soldado herido convalece. Hay vino joven y aceite.
Ahora, acepta mi pañuelo como tu mortaja.