Acerca del poder y la violencia
en una obra breve del teatro argentino:
Decir sí de Griselda Gambaro
Marcelo Bianchi Bustos
Como todo el mundo sabe, la relación entre literatura y sociedad es muy estrecha. Muchas obras literarias son un verdadero reflejo de los paradigmas predominantes en un momento histórico determinado, una especie de radiografía de época, aunque muchas veces parezca que es extraño y que no remite a un mundo real. Muchas veces en su argumento, en la diégesis de la obra teatral subyace una visión de mundo determinada y tanto las palabras como cada una de las acciones se resemantizan dando lugar a un mundo cargado de significado. En este artículo y con estas consideraciones previas me propongo hacer una lectura del texto dramático de Griselda Gambaro Decir sí.
Gambaro es una de las dramaturgas contemporáneas de la Argentina de mayor importancia. No sólo ha publicado sus obras de teatro entre las que se desatacan La malasangre, Nada que ver o Real envido, sino también novelas cortas bajo el nombre de Madrigal en ciudad y El desatino, las novelas Nada que ver con otra historia, Dios nos quiere contentos, Ganarse la muerte, y obras literarias para niños. Ha recibido varios premios, entre ellos el del Fondo Nacional de las Artes (Argentina, 1963 y 1964), Emecé (1964), Revista teatro XX (1965), Editorial Sudamericana (1967), Municipal de la Ciudad de Buenos Aires (1968, Argentores, 1976) y la prestigiosa beca Guggenheim (1981-1982). Toda esta descripción biográfica de la autora sirve para pensar a la misma como una intelectual comprometida con los valores del arte, de la libertad, aspectos que se observan como trasfondo en muchas de sus obras. En ellas se hace referencia a momentos de la historia argentina que muchos hombres y mujeres de las décadas del 60 y 70 vivieron, aunque sus fábulas pasen en otros tiempos y hasta, en algunas de ellas, en geografías extrañas, lejanas, remotas. El texto teatral, tal como se dijo en un principio, tiene la particularidad de trabajar con la realidad pero disfrazándola para luego desnudarla y mostrarla en toda su crueldad.
Decir sí es una obra de teatro breve que fue estrenada en el contexto de Teatro Abierto en el año 1981. Este hecho no es menor pues significó presentar una obra que habla sobre el poder y la muerte en el contexto de la dictadura militar que tuvo la Argentina entre 1976 y 1983. Algunos consideran que la experiencia de Teatro Abierto fue increíble y que llevó a despertar muchas mentes. A partir del 28 de julio de 1981 en la sala del Picadero, ciudad de Buenos Aires, se puso en marcha este importante foco de resistencia al gobierno militar precisamente con la obra de Gambaro que nos ocupa (1). Pero ¿qué relación guarda esa obra con ese contexto de representación y con el de creación? Para tratar de comprenderlo, pensemos en su diéresis: la misma transcurre en el interior de una peluquería y tiene sólo dos protagonistas, el Peluquero y Hombre. En estos dos personajes se ven opuestos: el peluquero no habla mientras que el hombre habla demasiado. La obra se centra en un tópico de gran importancia para la literatura universal: la relación dominador-dominado. Como lo ha sostenido Antonin Artaud, la función del drama es mostrar a través de un hecho cruel la verdadera realidad del alma humana. Sin dudas cuando se lee la obra se observa que la misma es una muestra de una vida deshumanizada. Esa vida del propio dominador con una voz triste (tal como se establece en una de las didascalias) que, esperando que llegue su último cliente del día ojea una revista y que, cansado de lo que le deparó el día, accede al juego de invertir los roles hasta llegar a un momento de cierre en el que el dominador, el peluquero, hunde la navaja en el cuello del hombre. Sin lugar a dudas, la obra es un modelo de crueldad con elementos expresionistas (por la manera de caracterizar a los personajes y de denominarlos y por ser más tipos que individuos) y del absurdo (en el sentido que su argumento y lo que hacen los personajes no se corresponde con algo lógico sino que se provoca una ruptura que lleva a considerar una cierta angustia metafísica). Es interesante pensar en la obra y en las relaciones de poder que en ella se presentan. ¿Quién es la víctima y quién el victimario? ¿Qué hace aquellos que detentan el poder por medio de la violencia? Tal vez esa denominación de uno de los personajes, de la víctima como Hombre, busque precisamente una identificación entre el lector (o el espectador) y ese personaje que termina muriendo a manos de un demente.
Bibliografía consultada:
—Gambado, Griselda, Teatro 3 (Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1997).
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(1) La experiencia en el picadero duró hasta el día 6 de agosto de 1981 cuando un incendio arrasó con el teatro. «Al día siguiente, el 7 de agosto, más de un millar de periodistas, artistas y público indignado dio el presente en la conferencia de prensa que se realizó en el Teatro Lassalle. Flanqueado por Cossa, Luis Brandoni, Pepe Soriano y Jorge Rivera López, Dragún leyó el comunicado que anunciaba la continuación y reclamaba a los organismos oficiales la reconstrucción del teatro incendiado. Se leyeron adhesiones de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y el Nobel Pérez Esquivel; se recibieron telegramas de solidaridad de universidades y organismos internacionales y 17 salas teatrales se ofrecieron como sede alternativa, entre las que se eligió el Tabarís». [extraído de: http://www.teatro.meti2.com.ar/historiaargentina/cronologia/teatroabierto/teatroabierto.hm] |