MIGUEL SERRANO LARRAZ
La inquieta monotonía


Alfonso García-Villalba

 

 

     En primer lugar, hay que decir que esta entrevista se gestó finalmente en una cafetería de Zaragoza, aunque en realidad fue Juan de Dios García, director de El coloquio de los perros, quien me propuso que la hiciera al principio del otoño pasado, en Blanca (Murcia) durante unas jornadas literarias en torno a literatura y edición independiente que tuvieron lugar en esa localidad y a las que asistió Miguel Serrano Larraz, autor de Órbita, que es ni más ni menos la genial excusa para intercambiar con este autor aragonés unas preguntas y respuestas que realmente tienen un carácter diferido puesto que, sí, esta entrevista se ha hecho a través del correo electrónico. No obstante, hagamos un poco de performance (al menos para empezar) y recordemos el momento en que estábamos sentados Miguel y yo en la penumbra de esa cafetería zaragozana de cuyo nombre no puedo acordarme y que, para más señas, estaba en el barrio de El Tubo.
     Si estás sentado frente a Miguel Serrano Larraz, puedes darte cuenta que tienes delante a una persona tranquila o, al menos, una persona que parece tranquila o que procura serlo. Sí, aunque fume un cigarro detrás de otro, cigarrillos que tal vez desean disimular un cierto nerviosismo por estar delante (él también) de un desconocido que, quizás, también disimula su nerviosismo fumando y que ha llegado a Zaragoza volando desde Murcia con una compañía de vuelos baratos para ver a unos amigos y de paso encontrarse con este autor al que conoció en el sureste español un jueves por la tarde en que llegaba desde Barcelona junto a Lázaro Covadlo (y esposa) y los editores de Candaya (Olga Martínez y Paco Robles), a quienes debemos agradecer la edición de Órbita el pasado año 2009.
     Tal vez esa tranquilidad de la que hablaba antes tiene que ver con la paciencia con que Miguel Serrano Larraz ha ido escribiendo los relatos que forman la nómina de narraciones presentes en Órbita, textos escritos a lo largo de casi diez años y que, tal y como señala el propio autor en alguna entrevista que se puede encontrar en la red, fueron redactados «por un autor distinto y luego la selección correspondió a uno solo, en este caso yo».

 

 

Miguel Serrano Larraz: inquieta monotonía     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: ¿Podrías explicarnos cómo fue el proceso de creación y selección de los relatos que conforman este libro?

     —MIGUEL SERRANO LARRAZ: El proceso de creación fue casual, producto del azar, como casi todo en mi vida. Siempre he escrito, al menos desde que tengo memoria, y siempre he sentido un interés especial por el cuento. Así que a lo largo de los años fui acumulando relatos, un centenar, y cuando la editorial Candaya me pidió un libro hice una selección con los que me parecieron mejores, o menos patéticos. Es una historia poco espectacular, pero al menos es real. Lo que me resulta más interesante de este proceso es el hecho de que, al estar escritos en diferentes momentos de mi vida, puede decirse que, de algún modo, cada relato lo escribió una persona diferente, y fue todavía otra persona la que seleccionó, ordenó, revisó y corrigió el material.

     —ECP: Antes de seguir quiero pedirte que seas consciente que muchas de estas preguntas no son preguntas, sino reflexiones en voz alta y que, en realidad, no encierran ningún interrogante pero sí una afirmación que espera tus palabras, ya sean para afirmar lo contrario o para matizar algo que yo haya podido decir. ¿De acuerdo? Así que sigamos con las preguntas o reflexiones en voz alta [...] Algo que me ha llamado la atención en Órbita es tu versatilidad a la hora de cambiar de voz narrativa, a la hora de escribir los diferentes relatos. Si bien empleas la primera persona en la mayoría de casos, tampoco desdeñas el uso de la tercera persona. En ese caso el narrador tiene un marcado carácter omnisciente. A decir verdad, tengo que confesarte que el uso de la omnisciencia me parece un recurso muy interesante y sobre todo en unos tiempos (o en unas últimas décadas) en que se ha valorado el discurso eminentemente objetivo o que, por ejemplo, el narrador desapareciera del discurso, es decir, todos esos sermones de profesores de universidad o críticos literarios acerca de que, entre otras cosas, tienen que ser los propios personajes los que hablen de sí mismos a través de sus propias palabras (técnica que tan sabiamente manejas también en otros relatos). Y puede decirse que omnisciencia es precisamente aquello que encontramos en el primer relato (que, además, da nombre al libro) o incluso en ‘Últimas señales’ que, desde mi punto de vista, es uno de los relatos más interesantes de Órbita. ¿Qué ventajas e inconvenientes crees que puede tener, en tu caso, el uso de esta técnica narrativa?

     —MSL: Es un tema complejo, sobre el que se habla mucho últimamente. Digamos que el narrador omnisciente está “mal visto”, para algunos es un síntoma objetivo de que un escritor no es de este tiempo. No sé muy bien cómo puede hacer alguien para no ser de su tiempo, pero eso es otra cuestión. Para colmo, se relaciona el narrador omnisciente con el siglo XIX, y se recurre a la coletilla despectiva de “literatura decimonónica”. Pues muy bien. Pero tal vez habrá que recordar que el cine sigue utilizando el narrador omnisciente, porque es el único al que puede recurrir, aunque se utilicen estrategias para disimularlo. Y también habría que señalar que en El Quijote nos encontramos con un narrador omnisciente. Muy irónico, sí, y muy moderno, pero omnisciente. Y al novelista al que se pone como ejemplo de esta forma “antigua” de contar, Galdós, ideó formas muy modernas de tratar con el problema del narrador, un problema que le interesó tanto como al que más. Para terminar, yo creo que la novela más interesante de lo que llevamos de siglo XXI es 2666 [...] En cuanto a mis relatos, elijo un narrador u otro dependiendo del tono, de la textura, de la información que quiero ocultar y transmitir. Creo que depende más de la intuición que de otra cosa. También depende de la objetividad de la información, de si quiero que el lector dude más o menos de lo que le estoy contando.

"Órbita" de Miguel Serrano Larraz     —ECP: Siguiendo con el relato ‘Órbita’, y creo que en cierto modo por esa omnisciencia de la que acabamos de hablar, se podría decir que en las páginas de esta narración hay una minuciosidad narrativa que te permite ser muy exhaustivo a la hora de contar una historia. ¿Por qué buscas esa minuciosidad?

     —MSL: En el caso de ‘Órbita’, la minuciosidad tiene que ver con la hiperconciencia de los protagonistas. Y también con el tedium vitae. Pienso que Samuel Soriano, el adolescente cuya vida seguimos, tiene más información de la que puede soportar, y no sabe qué hacer con ella.

     —ECP: Sin embargo, esa minuciosidad o ese celo al narrar —que de forma recurrente se sirve de extensos períodos disyuntivos encabezados con la conjunción “o”— multiplica en algunos casos las posibles interpretaciones que puede haber sobre un mismo hecho o sobre las motivaciones que llevan tanto a Samuel Soriano o a Bernardo R., protagonistas del primer relato, a tomar determinadas decisiones. Un ejemplo de ello sería lo siguiente: «Samuel creyó que ese artículo era un artículo divulgativo, que mostraba y explicaba hasta el más mínimo detalle la función de los satélites, o el modo en que se diseñaban y construían los satélites, o la localización de todos y cada uno de los satélites que pululan por las infinitas órbitas de nuestro planeta». Y precisamente (y contradictoriamente) pienso que eso consigue dar una visión más global de las motivaciones que mueven a los personajes. ¿Persigues eso, en realidad, cuando escribes?

     —MSL: Bueno, creo que pensamos así, ¿no? Podría decirse que nuestro pensamiento, al menos el mío, se dedica a explorar diversos caminos antes de decidirse por uno. Te asomas a una conclusión, no te gusta lo que ves, retrocedes y buscas por otro lado, hasta que llegas a lo que quieres. Todo en décimas de segundo. Esto se ve muy bien en las discusiones, cuando discutes con alguien utilizas argumentos provisionales para ganar tiempo mientras encuentras el argumento irrebatible, ese que te dará la victoria.

     —ECP: El final de tu respuesta me parece incluso divertido… Es tan real lo que dices [...] Cambiemos de tema [....] Algo común en muchos de los relatos presentes en el libro es una necesidad o un deseo de escapar de la realidad, de no formar parte de ella. Eso está bien claro en las afirmaciones de Samuel Soriano. Por ejemplo: «Pensaba: no quiero ser diferente. Pensaba: no quiero madurar, no quiero crecer, no quiero que mi situación se modifique». Palabras que podríamos relacionar con la actitud de los dos protagonistas de ‘Estrategia del aplauso’, dos jóvenes que buscan por todos los medios subvertir el status quo de la realidad a través del juego, cosa que acerca mucho la atmósfera de tus relatos a algunas de las intenciones de Julio Cortázar a la hora de escribir sus cuentos. En ese último relato al que aludo, el narrador llega a confesar que esperaban «que llegara el fin de semana para emborracharnos hasta perder el sentido». ¿No crees que muchos de tus personajes están afectados por una necesidad de escapar de una realidad homogénea y rutinaria? ¿Es el reflejo de un tiempo concreto o la traducción de algo que flota en tu interior (o ambas cosas a un mismo tiempo)?

     —MSL: Es verdad, casi todos mis personajes se encuentran incómodos en el mundo y buscan alternativas. Pero no sólo quieren escapar de la rutina, sino de la realidad, que no siempre es rutinaria (ni mucho menos). De hecho, una de las contradicciones de los personajes de ‘Estrategia del aplauso’ es que crean rutinas paralelas, tan incomprensibles como aquellas de las que pretenden escapar. Creo que en eso se parecen mucho a mí. La realidad me desconcierta. No creo que tenga que ver con el momento actual, sino con un anhelo más amplio.

     —ECP: Continuando con esta idea, encontramos el vacío al que se enfrenta el narrador-protagonista de ‘Estrategia del aplauso’ cuando los protagonistas “deshacen” el juego de cambiar los muebles de lugar en el apartamento: «(…) estaba en el ambiente la sensación de realidad impoluta, el aroma del desodorante de lo racional, y todo a nuestro alrededor se decoloraba y perdía nitidez y sentido, otros seis días de inevitable muerte cerebral». Hablas de forma recurrente de apartarse de lo racional. No obstante, ¿no crees que tu forma de narrar es bastante racional (y no lo digo como algo negativo)?

     —MSL: No había pensado en esto, pero creo que tienes razón. Yo soy muy racional, un devoto de la lógica, y en general es lo irracional lo que me molesta. Las cosas que se hacen por inercia, sin motivo, son irracionales. Es posible que me confundiera con esa frase, porque no le vi el sentido que le has visto tú. En cierto modo, los personajes de este relato huyen de lo irracional, quieren un ambiente en el que controlen todos los elementos, en el que todo sea fruto de una elección. Creo que le daré más vueltas a esto en algún momento. Debería cambiar ese párrafo.

     —ECP: Algo que está muy cercano a la idea que acabamos de comentar es, precisamente, una cierta devoción por ir a la deriva de algunos de los personajes. Eso sucede en el relato sobre el que antes te preguntaba, pero también en el primero donde el narrador llega a afirmar en relación con Samuel Soriano «Quería vivir, desde luego, pero sólo quería vivir, o existir pasivamente. No quería involucrarse, no quería contaminarse del mundo». No puedo evitar que estas frases me recuerden a la novela de Georges Perec Un hombre que duerme. ¿Por qué sucede esto a los protagonistas? ¿Qué encuentra Miguel Serrano Larraz en la realidad que hace que sus personajes adopten esta actitud?

Miguel rodeado, entre otros amigos, de Olga y Paco, editores de Candaya     —MSL: Es una sensación que tiene que ver con lo que hablábamos en la pregunta anterior. El mundo es un lugar extraño, caótico, al que no soy capaz de encontrarle un orden. Lo mismo con las relaciones personales. Creo que mis personajes se niegan, por decirlo de algún modo, a participar en un juego del que nadie les ha explicado las reglas.

     —ECP: Todo esto de lo que estamos hablando está estrechamente ligado en casi todos los relatos a la evocación o al proceso de hacer memoria de una adolescencia o de una juventud que ya no está, que ha pasado. Es algo que sucede, por ejemplo, en ‘Shaman´s blues’ (que, en mi opinión, no es precisamente uno de los mejores relatos del libro) pero que también aparece en las páginas de ‘Estrategia del aplauso’. Habría, por tanto, una nostalgia de la ilusión, del pasado o de una ilusión que estaba en el pasado, una especie de sueño o deseo de ser algo mejores o simplemente personas felices y que, a través de tus palabras, resulta (o al menos parece) la evocación de algo mítico. Sin embargo, tal evocación no suena, por decirlo de alguna manera, alcanforada, sino que es vívida y se convierte en el testimonio de toda una serie de sueños rotos y proyectos abortados.

     —MSL: En el caso de ‘Shaman’s blues’ creo que es un relato que no supe resolver bien. Es un cuento con una intención muy precisa, pero nadie ha recuperado esa intención en la lectura, así que tendré que resignarme a admitir que fallé en algo. De entre los amigos con los que he comentado este relato, sólo una persona, el escritor Carlos Castán, se dio cuenta de que es un cuento sobre la culpa. No hay nada de nostalgia en esa historia. Por eso no parece un retrato edulcorado de una época concreta, porque es todo lo contrario. Es la constatación de que la inocencia no nos redime de la culpa, del daño que hemos hecho. Es, además, una historia real, en un noventa por ciento. Lo escribí como si fuera una confesión.

     —ECP: Por mi parte, te puedo decir que sí veo que es un relato sobre la culpa. Las últimas palabras del narrador creo, a mi entender, que lo dejan claro [...] Cambiemos de tema [...] Otra vez [...] El humor y el absurdo son algo que aparece cíclicamente en estos relatos. Sucede así claramente en el tono general de relatos como ‘Perspectivas’ o ‘Y así sucesivamente’. No puedo evitar pensar en un autor como Kurt Vonnegut del que sé que eres lector. ¿Crees que ha influido en tu trabajo de escritor la ironía de este novelista norteamericano?

     —MSL: Vonnegut me interesa mucho, pero lo he leído después de publicar Órbita. Puede que hubiera leído Matadero cinco antes, pero nada más. Es verdad que mi humor es muy parecido al de Vonnegut, o al menos eso me gustaría creer. Un humor político, que trata de desmontar las derivas de lo aceptado socialmente, pero sin demasiado dogmatismo. Los dos relatos que nombras son los más fantásticos del libro, y también los menos serios. Alguien dijo que parecían divertimentos, supongo que es verdad.

     —ECP: Qué va. Son dos cuentos bastante cáusticos y sarcásticos. ‘Y así sucesivamente’, de hecho, puede que sea uno de los más rotundos. Curiosamente, penetra en el terreno de la paranoia de una forma tan cómica que es de agradecer [...] A decir verdad, se puede decir que el humor, por cierto, está también presente en algunos fragmentos de relatos tan duros y demoledores como ‘Cuerpo y alma’. Pero, en este caso, en esta narración, aquello que me ha resultado más interesante e inquietante es precisamente tu capacidad para retratar las relaciones de pareja o la artificialidad de gestos y actitudes de las amistades que visitan a la pareja en su nuevo apartamento. En esta narración todo termina por adquirir un carácter bastante siniestro y todo lo positivo que puede haber en una relación amorosa parece estar eliminado del relato. Un ejemplo claro de ello es cuando la novia recalienta una menestra en la casa rural a la que se ha ido a pasar el fin de semana con sus amigas…

     —MSL: Creo que ‘Cuerpo y alma’ es mi relato preferido, el que me parece más logrado, tal vez porque fue el último que escribí. El carácter siniestro de las situaciones es deliberado, por supuesto, me costó bastante encontrar el tono adecuado para lo que quería contar. Por eso intenté aliviarlo con algo de humor, porque si no hubiese resultado intolerable (al menos para mí).

     —ECP: Siguiendo con este relato, hay dos momentos que me parecen muy relevantes. Te digo cuáles son. El primero: «El novio dijo: yo le tengo miedo al deseo, y más miedo todavía a la desaparición del deseo». El segundo: «Después apretó su cuerpo contra el de él, los muslos, el vientre. Tengo sueño, dijo el novio. ¿Dormimos?». Creo que son dos momentos reveladores de la evolución en la relación de esta pareja y que, junto a la forma de esconderse el novio a la hora de comer de madrugada, dibujan perfectamente la falta de comunicación entre los dos. ¿Por qué adquiere un carácter tan oscuro su relación?

     —MSL: Bueno, todo el relato es una alegoría. Una alegoría sobre el deseo sexual. Por eso son tan importantes esos dos momentos que mencionas, sobre todo el primero, cuando el novio se confiesa ante esa chica que acaba de conocer y que pronto se va a convertir en su pareja. La relación es muy oscura porque no es una relación real, sino algo que se parece a una fábula. Una fábula sin moraleja, por otra parte. Además, la relación está condicionada por la culpa, y la culpa es muy mal terreno sobre el que edificar nada.

     —ECP: Y aunque aquello de lo que hemos hablado en relación con esta pareja pueda sonar a realismo rancio (que no lo es), las dos últimas frases eliminan cualquier posibilidad de entender este relato como realista. ¿Qué le dirías a un lector que no fuera capaz de entender este final que, sin duda alguna, es enigmático?

     —MSL: No sabía cómo cerrar el relato, y la única forma que se me ocurrió de hacerlo fue mediante una especie de catarsis simbólica, que mezclara lo físico y lo espiritual. No quiero ponerme estupendo, tampoco es eso, pero es la única forma que se me ocurre de explicarlo. De algún modo, la narración entiende que la desaparición del deseo no tiene por qué ser algo solamente negativo, que puede ser una oportunidad. Además, quería que el lector supiera, sin lugar a dudas, que no se trataba de un relato realista.

 

Serrano barbudo Serrano mirando oteando el horizonte

 

     —ECP: Siguiendo con la tónica de las preguntas anteriores, habría que decir que lo cotidiano vuelve a colarse en el último relato, ‘Últimas señales’. Aquí demuestras una gran pericia a la hora de explorar los secretos y misterios de las relaciones familiares. Sin embargo, la atmósfera del relato vuelve a adquirir, igual que en ‘Cuerpo y alma’, un tono bastante siniestro, sobre todo con el final del que hablaremos a continuación, en la siguiente pregunta. ¿Qué es lo que te hace saltar de lo estrictamente cotidiano y, por decirlo de alguna manera, racional a aquello que es más oscuro o difícil de descifrar y que parece adentrarse incluso en la paranoia, cosa que sucede con claridad en ‘Y así sucesivamente’ y en otros relatos?

     —MSL: Las relaciones familiares me interesan mucho por lo que tienen de inercia, de acumulación de malentendidos. No creo que la familia que presento en ‘Últimas señales’ sea especialmente disfuncional. Todos los personajes son un poco paranoicos, es verdad, pero es posible que tengan motivos para serlo. Como todos. La realidad pura no me interesa como motivo literario, entre otras cosas porque es inaprensible. Hay que ordenarla y tratar de hacerla pasar a otro orden, el de lo simbólico, que es el terreno de lo literario. Hay que inventar un código nuevo en el que lo que cuentas tenga un sentido. No un sentido “superior”, sino un sentido, el que sea.

     —ECP: Y para finalizar. Cuando he terminado la lectura de Órbita he sentido de forma paralela y a la vez todo un espectro de emociones y preguntas (las preguntas también las he sentido…). Estas emociones y preguntas son difíciles de ordenar y por su intensidad me hacen pensar que estamos ante uno de los libros más reveladores (y esperanzadores para la narrativa en España) que se han publicado últimamente. En ese sentido experimento algo semejante al hijo pequeño del último relato cuando el narrador dice: «Recuerda el viaje a casa de sus padres, y la comida, y la discusión, y lo que viene después, y el mensaje que le ha dejado a su madre en el contestador. Pero no recuerda todo eso sucesivamente, sino simultáneamente». Como te digo, a mí me sucede lo mismo que al personaje pero, en mi caso, con todos los relatos que he leído y que, curiosamente, se amalgaman uno sobre otro dentro de mi cabeza en estos momentos. Me gustaría comentarte (y que tú contestaras en la medida de lo posible), e incidiendo otra vez en la misma idea, que la mayoría de tus relatos están impregnados de cotidianidad y que reflejan a la perfección una realidad que, recurrentemente, está plagada de rutina y monotonía. Sin embargo, toda esa aparente cotidianidad queda rota en muchas ocasiones a lo largo de los diferentes cuentos. Es como si hubiera una corriente subterránea en todos los textos que termina alejando a tu literatura de cualquier realismo fácil, banal o habitual y que se adentra en lo misterioso sin por ello ser nada fantástico. Así sucede, por ejemplo, con el último párrafo de ‘Últimas señales’, el relato que cierra Órbita. En ese párrafo se termina por sugerir algo absolutamente escalofriante, desde mi punto de vista, y que rompe con la atmósfera del relato al introducir una nota fantástica que solamente es fantástica para la madre y no para el hijo pequeño, para el narrador o el posible lector. ¿Qué es lo que tú encuentras perturbador en la realidad y cómo crees que puedes transmitirlo al lector?

     —MSL: Antes de responder, me gustaría agradecerte esta entrevista y este rato tan agradable. Y me gustaría agradecerte, sobre todo, que te hayas tomado la molestia de leer mis relatos y de buscarles una intención. En cuanto a la pregunta, supongo que mi problema es que no creo que sea yo el que encuentra algo perturbador en la realidad, sino que estoy convencido de que la realidad en sí misma es bastante perturbadora. Tengo la impresión de que hay algunos escritores que buscan métodos con los que transmitir inquietud, y en mi caso me limito a poner un poco de orden a mis ideas y contar las historias lo mejor que sé. El factor “perturbación” procede de mi forma de entender el mundo, no de mi forma de entender la literatura. Qué le vamos a hacer.