Hemos recuperado esa desatenta costumbre que El coloquio de los perros tenía hace años de llegar tarde a los quioscos virtuales, pero todavía se puede decir que estamos en invierno, la nieve blanquea aún las montañas de Virginia o Maryland y el sol seca rápidamente la ropa en los tendederos de Buenos Aires o Montevideo. Quisiera informaros, no obstante, de la nueva temporalidad de la revista, que pasará a ser semestral y, quizá, dependiendo de futuras circunstancias, anual. Si alguien odia El coloquio —cosa que dudo, porque no tiene suficiente caché como para tener enemigos— se alegrará de esta reducción de entregas, que no atiende más que a la falta de tiempo de sus dirigentes. En cualquier caso, si algún día nuestras agendas laborales y domésticas se confabularan para que el día tuviese 54 horas, entonces volveríamos a la temporalidad estacional.
     Pero no nos lamentemos por algo que no ha terminado. El coloquio no muere, en todo caso se comprime. Digámoslo con petulancia: emprende un camino hacia lo esencial y primigenio.

     Cambiemos de tercio. Estoy acostumbrado a redactar bienvenidas y no lo contrario, así que mi deber es escribir con afán celebrador, y la ocasión me viene que ni pintada para alzar la copa de Bombay con vosotros a la salud de nuestro muy cercano décimo aniversario. Efectivamente, en el próximo octubre festejaremos nuestros diez años de poemas, cuentos, artículos, piezas teatrales, traducciones, cómic y entrevistas a decenas y decenas de artistas de todo pelaje. Para nuestros lectores veteranos, ya sabéis lo agradecidos que estamos por el aplauso al otro lado de la pantalla de vuestros ordenadores. Para los lectores recién llegados, os recordamos que podéis encontrar cualquier material literario publicado desde 2000 en nuestra hemeroteca. Para todos recomiendo este número 26 que aterriza con el habitual surtido de poetas, narradores marcianos, laureles teatrales para Ibsen y Molière, fotografía japonesa y brasileña y muchas cosas más a la distancia de un click de tu ratón.
     Es imposible que todo lo que ofrecemos sea de vuestro gusto, pero espero que algún texto sí os sacuda.
Cuando eso ocurra, guiñadnos un ojo. Os estaremos viendo.
     Bienvenidos.




Juan de Dios García

 

 

 

 

     BERGANZA.- Cipión, hermano, óyote hablar y sé que te hablo y no puedo creerlo, por parecerme que el hablar nosotros pasa de los términos de naturaleza.     

(Miguel de Cervantes, Coloquio de los perros)