Tartufo y la censura de la época
Enrique García Díaz
En 1664 coincidiendo con la puesta en escena de El médico a la fuerza, Moliere realiza una representación semi-privada de Tartufo ante el rey. Éste se vio obligado a prohibir su representación ante las presiones de la Compañía del Santo Sacramento. A partir de este momento comienza una lucha entre el autor y la censura de la época al respecto de su obra. Pero no sólo Tartufo fue criticada y censurada, sino que también Don Juan fue ferozmente criticada, hasta el punto de que el propio Moliere decidió retirarla de los escenarios.
En el año 1666 el autor, aquejado por una enfermedad, logra pese a ello poner en escena una renovada versión de Tartufo. Para esta ocasión incluso le cambia el título por el de Panuflo o El impostor. En esta ocasión el arzobispo de París y el primer presidente del Parlamento la prohibieron. Moliere acudió en esta ocasión hasta Flandes, donde se encontraba el rey participando en una campaña militar, en busca de su apoyo. En ese mismo año publicó una de sus obras maestras: El avaro. Sin embargo, Tartufo continuaba sin obtener el reconocimiento que el propio autor proclamaba. No será hasta 1669 cuando se produzca el estreno de Tartufo en París. Esta tercera y definitiva versión obtuvo el mayor éxito para el autor, quien se convirtió en el organizador de los espectáculos reales en colaboración con el músico Lulli.
Hoy en día es sin duda la obra más importante y reconocida del autor francés, sin desdeñar para nada el resto de sus composiciones.
La comedia de la impostura
Como hemos visto, Tartufo fue constantemente censurada, criticada e incluso prohibida en los escenarios franceses. En aquella época había quien llegó a decir que existían ciertos intereses en contra del autor por su excesiva influencia en la corte de Versalles. También se aludió a la envidia que se le tenía, pero la idea que más peso tuvo fue sin duda el hecho de que atacara a la religión. La declarada falsa fe religiosa de los personajes. El falso devoto que pretende quedarse con la dueña de la casa, Edelmira. El personaje de Tartufo representa todos los valores contrarios a la moralidad de la sociedad francesa de la época. Es un individuo empobrecido y oportunista, quien no duda en aprovecharse de la buena fe de otras personas. En su caso, de Orgón, su benefactor. Para ello simula una profunda y a la vez falsa fe religiosa, lo que llevará a sus adversarios a tildarlo de impío y libertino. Para defenderse de tales acusaciones, Moliere dejará que Cleanto sea su portavoz:
CLEANTO.— [...] No soy un esclavo de tus beatos que hacen tantos gestos. A los falsos beatos les pasa lo mismo que a los matones, e igual que no comprendo que, en el campo del honor, los auténticos valientes sean los que más ruido armen, los buenos y verdaderos devotos, cuyos pasos debemos seguir no son tampoco los que hacen tantos gestos.
(Tartufo I, 5, p.44) (1) |
Al tiempo que deja la defensa de su personaje en manos de la señora Pernel, cuando Damis y Dorina lo atacan:
SRA. PERNEL.— Él [Tartufo] es un hombre de bien y hay que escucharle con atención lo que dice. No puedo tolerar que un loco como tú lo critique sin ningún motivo.
DAMIS.— ¿Y yo voy a tolerar que un santurrón como ése intente tiranizar esta casa y que no podamos disfrutar de otras diversiones de las que ese señor nos permite?
DORINA.— Si siguiésemos sus principios al pie de la letra todo lo que hiciéramos sería un crimen. En todo se mete ese criticón empedernido.
SRA PERNEL.— Todo lo que reprende, bien reprendido está. Lo único que pretende es llevarlos al cielo. Mi hijo debería esforzarse en que todos lo apreciaran y respetaran.
(Ibid, I, Esc.1, pp.32-3) |
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Como podemos apreciar, hay dos opiniones encontradas al respecto del personaje de Tartufo. La opinión a favor de éste, describiéndolo como un hombre de bien al que hay que escuchar y obedecer, y la opinión contraria. Es la imagen de Tartufo lo que planteó tantos problemas a Moliere, puesto que la iglesia no veía con buenos ojos su manera de ser y de actuar, su carácter hipócrita. Pero lo que sorprende es que el propio Moliere se muestra de acuerdo con estas acusaciones cuando en el mismo prólogo de la obra explica claramente sus intenciones con esta obra y el porqué de este personaje:
Se me recrimina por poner palabras piadosas en boca de un impostor. Pero ¿cómo no iba a hacerlo si deseaba representar claramente el carácter de un hipócrita?
(Ibid, Prólogo, p. 18) |
Llegados a este punto podríamos plantearnos la pregunta de si Moliere buscaba reflejar la sociedad de la época, y de paso atacar a todos aquellos hipócritas o devotos. Entre éstos se encuentran religiosos sinceros, pero también manipuladores que utilizan su falsa devoción para mantenerse en el poder, y obtener beneficios. Moliere critica de manera abierta y contundente la falsedad, y al mismo tiempo declara que aquellos que lo censuran es porque se ven reconocidos en sus personajes. Ligado a ello aparece el tema de la iglesia, que le causó problemas al dramaturgo. Tartufo, desde esta perspectiva, hace muy poca referencia a la religión propiamente dicha, pero sí a sus prácticas, como el propio autor refleja en su prefacio:
Concluiré citando las palabras de un gran príncipe sobre la comedia Tartufo. Ocho días después de su prohibición, se representó frente a la Corte una obra titulada Scaramouche, ermitaño. A la salida, el rey le dijo al gran príncipe al que hago referencia: «Me gustaría saber por qué la gente se escandaliza tanto con la comedia de Moliere y no dice nada de Scaramouche». A lo que el príncipe contestó: «La razón está en que la comedia de Scaramouche ridiculiza al Cielo y la religión, cosas que a estos señores no les interesa; mientras que la de Moliere los ridiculiza a ellos, y eso es más de lo que pueden soportar».
(Ibid, Prólogo, p. 22) |
Sin embargo, hubo quienes acusaron a Moliere de utilizar la religión como algo banal. El hecho de que Tartufo sea un falso devoto que no duda en hacer gala de su religión para lograr sus objetivos. Emplear el poder que algunos detentan para sacar mayor provecho.
Otra de las críticas de Moliere es a la política del rey Luis XIV, monarca absolutista que se rodeaba de personas poderosas e influyentes en diversos estamentos de la sociedad. Pero para llegar al poder hay que acercarse al rey y presentarse como personas de pleno sentir religioso y moralidad intachable. Contra estos valores se rebela Moliere y ataca o ridiculiza en Tartufo al grupo de personas que lo representan. Porque son éstos mismos los que influyen en el monarca para que prohiba la representación de su obra. Incluido su segundo intento bajo otro título, El impostor, el cual no pasó desapercibido para la censura.Pero todo cambia en el último acto, donde Moliere enseña cómo la familia sólo puede apelar a una fuerza exterior y superior para resolver su problema. Él pretendía trasladar esta escena al plano político, dando a entender que sólo el rey y su justicia podían resolver los problemas del pueblo francés. Es entonces cuando el propio monarca lo comprende y decide levantar la prohibición en 1669.
El personaje de Tartufo
Tartufo es el personaje principal de la obra, el que da título a la misma, y en torno al que se desarrolla toda la trama. Al mismo tiempo es el centro de las críticas. Aparece en escena cuando la obra ya ha avanzado, pero aún así sabemos cómo es por los comentarios que hacen los otros personajes, como ya hemos señalado. Desde un primer momento puede causar en el lector/espectador cierto rechazo debido a su carácter. Es taimado, traicionero, pero inteligente para engañar y aprovecharse de los demás (en su caso, en la manera en la que trata a su benefactor Orgón). Su apariencia se asemeja a la de un bufón que pretende divertir al público con sus comentarios acerca de su supuesta pobreza, aunque éstos contrasten con su buen estado de salud. Dorina lo describe en un momento como gordo, colorado, con mucho apetito, etc, una imagen que difiere de la que él pretende ofrecer y que se asemeja bastante a la de las capas altas de la sociedad de la época. Tartufo confunde al lector/espectador por su misterio y ambigüedad. Por un lado, el espectador/lector ignora los profundos motivos por los cuales el héroe no se desprende nunca de su máscara. ¿Es verdad que el personaje de Tartufo es indiferente a la religión o ésta ha sido vencida por el demonio del poder? Los críticos aluden a dos Tartufos. El primero lo hemos visto anteriormente descrito al comienzo por Dorina, para quien Tartufo es, además, un ser grosero y sensual no ajeno al atractivo de la señora de la casa. Es en este caso cuando Tartufo hace gala de su hipocresía, sus deseos ocultos, pero no de una naturaleza algo bruta.
El segundo Tartufo es aquel que a los ojos del espectador dispone de una retórica fina y persuasiva propia de un actor consagrado. La concepción del personaje al final se equilibra con su carga cómica. Y frente a su hipocresía Moliere concibe a Orgón: el contrapunto perfecto de Tartufo, el héroe de la imaginación exagerada que hace reír al espectador/lector con su comportamiento ridículo. Orgón está contento y se siente reconfortado con su conciencia debido a que está ciego ante Tartufo, y éste mientras tanto se ve incitado a continuar con su doble juego de hipócrita para satisfacer a su incrédulo benefactor. La fuerza de esta pareja de personajes reside en el hecho de que uno no puede mantenerse sin el otro.
Sin embargo llegamos al momento en el que Orgón abre sus ojos.
ORGÓN.— Se trata de unos acontecimientos que he visto con mis propios ojos. Mira la forma en que me pagan mi generosidad. Protejo por caridad a un hombre hundido en la miseria, le doy refugio en mi casa y le ofrezco un trato de hermano; lo lleno de favores día a día, le otorgo la mano de mi hija y le hago donación de todo lo que tengo. Y al mismo tiempo, ese perverso, ese infame concibe el oscuro proyecto de seducir a mi mujer y, no contento aún de sus sucios manejos, se atreve a amenazarme con los bienes que yo le he transferido, tratando de utilizarlos para arruinarme. Quiere valerse de mis imprudentes donaciones para despojarme de todo cuanto tengo y reducirme al estado de indigencia del que yo lo saqué a él.
(Ibid, VI, 3, p. 111) |
Tal vez esta exposición de Orgón sea la que más críticas levantó hacia la obra y hacia el personaje de Tartufo. Para solucionar este problema y acallar a los detractores de la obra, Moliere hace detener a Tartufo y restituir todas sus pertenencias a Orgón. Sin embargo, antes de ello Moliere decide desenmascar a Tartufo delante de los espectadores/lectores una vez más por boca de Valerio:
VALERIO.— Señor, siento mucho tener que venir a darle una mala noticia, pero me veo forzado a ello ante el inminente peligro que se avecina sobre usted. Un amigo al que aprecio mucho y que sabe lo interesado que estoy por sus asuntos, ha llevado a cabo la delicada gestión de violar un secreto de Estado y acaba de enviarme un aviso cuyo contenido lo obliga a que huya rápidamente. Ese malvado que lo ha estado dominando durante tanto tiempo lo ha acusado, hace cosa de una hora, ante el príncipe y ha puesto en sus manos, como uno más de los dardos que le está lanzando, el importante cofre de un criminal de Estado que usted ha estado guardando en secreto en contra de lo que debe hacer todo buen ciudadano. Desconozco los detalles del delito que le imputan, pero se ha dictado una orden de arresto contra usted [Orgón] y él mismo se ha comprometido, para mejor ejecución, a venir a acompañar a quien lo ha de detener.
(Ibid, VI, p. 120) |
En la última escena todos los personajes finalmente se dan cuenta de quién es en realidad Tartufo, y no dudan en acusarlo. La acusación más relevante es la que hace Dorina, quien vuelve a tocar el tema de los falsos beatos:
DORINA.— ¡Con qué infames y traidores medios sabe disfrazarse detrás del bello manto de aquello que todos veneramos!
(Ibid, VII, p.123) |
Tartufo se siente confiado y no sabiendo lo que va a ocurrirle. Por ello su sorpresa cuando es detenido. Al mismo tiempo Moliere aprovecha para ensalzar la figura del rey, y su justicia.
TARTUFO.— (Al OFICIAL REAL) Líbrame, señor, de toda esta palabrería y dígnate, por favor, cumplir con tu orden.
EL OFICIAL REAL.— Sí, ya se ha retrasado mucho su cumplimiento. Su invitación no puede ser más oportuna. Así que, señor Tartufo, acompáñeme a la cárcel, donde se le tiene reservada una celda.
TARTUFO.— ¿A quién? ¿Se refiere a mí, señor oficial?
EL OFICIAL REAL.— Sí, a usted.
TARTUFO.— Pero, ¿por qué quiere llevarme a la cárcel?
EL OFICIAL REAL.— No es a usted a quien debo dar explicaciones. (A ORGÓN) Tranquilícese, señor, de esa intensa inquietud que ha sufrido. Vivimos bajo el cuidado del príncipe cuyos ojos saben ver los corazones y al que no lo pueden engañar todas las artes de los impostores. Su alma elevada posee un gran poder de discernimiento y sabe verlo todo de una forma directa e incisiva. Nada es capaz de sorprender su buena fe, y su firme razón no cae nunca en extremismos. Otorga a las personas honradas una gloria inmortal y, sin enfadarse, hace que este afán resplandezca, puesto que su amor a las personas sinceras no le impide horrorizarse ante las falsas y embaucadoras.
(Ibid, VII, pp. 123-4) |
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Hemos intentado dejar claras dos cosas: la primera es que Moliere hubo de modificar en varias ocasiones el argumento de Tartufo con el fin de verlo representado finalmente. El poder de ciertas personas influyentes así lo quiso. Y segunda, Tartufo es la imagen del falso devoto, de la persona que finge para lograr sus propósitos, pero que al final sus engaños son reconocidos y la justicia cae sobre él. Véase la última escena, donde todo vuelve a la normalidad gracias a la figura del príncipe.
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(1) Moliere, Tartufo, Buenos Aires, Gradifco, 2007. |