Doce campanadas sónicas
para una fiesta cool


Mr. Smooth

 

 

"The Absinthe Drinker" © Josh "Shag" Agle     Hace un par de meses, a un amigo mío se le ocurrió pedirme consejo musical para la fiesta de Nochevieja que estaba preparando en su apartamento. He de reconocer que la vivienda en cuestión no estaba mal del todo: terraza acristalada con vistas a la costa, suelo radiante, mobiliario de Bonaldo, lámparas Santa & Cole, electrodomésticos Sub-Zero, sonido profesional comprado en Estados Unidos, etc. etc. El muchacho, sin pertenecer a ninguna de las actuales castas nobiliarias (político digital, deportista de élite, funcionario público), digamos que está bien colocado, que la crisis no le ha alcanzado aún con sus fieros zarpazos y que, por tanto, gana lo suficiente como para permitirse de vez en cuando algún pequeño capricho. Suerte que tiene el perro maldito.
     En su fiesta, según me comentaba este amigo, y para agasajar a los invitados, no faltaría el glamuroso Dry, el Gin Tonic con rodaja de pepino, el clásico y recio Old-fashioned, el desenvuelto Après-ski. Con eso, y con alguna que otra cosilla más, sus amigos podrían calmar la sed que siempre acecha de madrugada y disponer mejor los ánimos para pasar las primeras horas del año nuevo. Pero —¡oh, dioses!— al preguntarle por la música con la que, en un principio, tenía pensado ambientar un guateque tan señalado, su respuesta me hizo temblar. Si hay denominaciones musicales ante las cuales es recomendable prepararse para lo peor, dos de ellas son, sin duda, las que se conocen genéricamente como “música española” y “flamenquito”. Y esas dos fueron precisamente las que mencionó mi buen amigo. Bien cierto es que el hábito no hace al monje, que los ricos también lloran y que, como le decía Joe. E. Brown a Jack Lemmon, “nobody’s perfect”.
     Con este chaval pasa lo mismo que con ciertos baretos que desde hace pocos años han proliferado en Almería (ciudad desde la que escribo): son locales en los que se nota que los dueños se han gastado una buena pasta en decoración, que cuentan incluso con detalles que denotan gusto y finezza en el mobiliario, pero cuyo ambiente, a priori sofisticado, se empeñan luego en arruinar a base de pinchar música sacada directamente del vertedero o de la cloaca, a elegir.
     En fin, como me supo mal apearle el tratamiento, y como a un amigo descarriado y menesteroso no se le niega un consejo, he aquí que le propuse doce joyas sonoras (una por cada campanada de Nochevieja) adecuadas a las circunstancias. Yo creo que sus invitados (puestos muy probablemente en el brete de saltar al vacío por la estupenda terraza acristalada a ritmo de Canteca de Macao) a buen seguro me estarán eternamente agradecidos. Ni que decir tiene, improbable lector, que te las brindo también a ti por si acaso eres de los que piensan como yo. O sea, que la música ideal para una fiesta —sea de Nochevieja o de lo que sea— es aquélla en la que, teniendo como hipotéticos asistentes a un grupo nutrido de “enrollados” y de “perroflautas”, éstos acabasen vomitando.

     1.- ‘Falena’ de Heinz Kiessling. Nada mejor para recibir a los invitados que ir sirviendo los cócteles con el ritmo de este músico alemán que llegó a tener su propia orquesta, que puso banda sonora a cientos de telefilmes y producciones cinematográficas y que llegó incluso a trabajar con monstruos de la escena internacional como Chet Baker, Luiz Bonfá o Caterina Valente. El rey del “Easy Listening” germano en una de sus más deliciosas partituras.

     2.- ‘Comment te dire adieu’ de Tokio’s Coolest Combo. Composición de uno de los verdaderamente grandes (Serge Gainsbourg) revitalizada en los 90 por este curioso combo japonés. Cada uno de sus golpes de vibráfono sólo es comparable al delicado sonido del hielo tintineando en las copas de gin tonic. Demasiada clase.

 

"Palm Springs after Dark" © Josh "Shag" Agle

 

     3.- ‘Papalla’ de Montefiori Cocktail con Johnson Righeira. Uno de los componentes del dúo italiano de los 80 Righeira (sí, sí, los del “Vamos a la playa, oh, oh, oh!”) se unió a los exquisitos Montefiori Cocktail y juntos parieron este maravilloso tema, entre el groove y el retro-lounge. Después de bailarlo y de tararearlo a voz en grito, los invitados sentirán unas ganas irrefrenables de salir esa misma noche hacia Portofino a bordo de un Alfa Romeo convertible.

     4.- ‘Tu veux ou tu veux pas’ de Brigitte Bardot. La mujer con el sex-appeal más potente de todos los tiempos (en su época gloriosa, claro) y con una de las voces si no más versátiles, sí más insinuantes y pecaminosas que yo haya escuchado. Con este tema tardosesentero nos recuerda que la vida está para vivirla plenamente, sin enredarnos en dudas ni complicaciones, aunque enredándonos, si podemos, en las redes del “amour fou”. Sensuales golpes de cadera asegurados por parte de las chicas que acudan a la fiesta.

     5.- ‘Topless party’ de Piero Umiliani. Y si las chicas han empezado a mover las caderas dentro de sus ceñidos vestidos, ¿por qué frustrarles la afición? Nada mejor para que continúen sus contoneos que esta maravillosa muestra del psychobeat italiano compuesta por uno de los mejores autores europeos de música para películas policíacas, de espionaje y eróticas. Atención al delicioso sonido protagonista del órgano Farfisa, que se va metiendo hasta donde no debiera.

     6.- ‘Eso, eso, eso’ de Los TNT. Una perla cultivada del swing hispano, si bien el grupo lo formaban un trío de hermanos uruguayos, quienes en 1960 lanzaron esta chispeante canción que fue el primer éxito internacional de la entonces llamada “Nueva Ola" y con la que es casi imposible no empezar a mover los pies al escuchar los primeros compases del bajo y la batería. Representaron a España en Eurovisión 64, justo el año en que ganó el festival Gigliola Cinquetti, pero esa ya es otra historia…

     7.- ‘Dubeque Dublín’ de Elsa Baeza. Mucho antes de que se hundiera en las ciénagas de las misas campesinas nicaragüenses y los cristos revolucionarios de Palacagüina, y mucho antes también de su boda con el gran Valerio Lazarov, la cubana Elsa Baeza grabó esta deliciosa rareza donde mezcla el yeyé, el dabadaba y la bossa a todo ritmo, añadiéndole una letra gozosamente surrealista. ¿Quién lo hubiese imaginado?

     8.- ‘Bocaccio Soul’ de Augusto Algueró. Nuestro mejor compositor, con el permiso de Antón García Abril y Alfonso Santisteban, se desmelena en este temazo camp de toques funkadélicos que prefigura ya la música disco. A toda orquesta y con latigazos Hammond. Ideal para crear ambiente de Boîte y de Discotheque. Se recomienda llevar camisa con chorreras en los puños al atacar el baile.

 

"The Mesmerist" © Josh "Shag" Agle

 

     9.- ‘Bond Street’ de Les 5-4-3-2-1. Otro maravilloso grupo japonés adscrito al Club-Pop homenajeando en esta ocasión a un imprescindible como Burt Bacharach. Parecidos a Pizzicato Five, pero aún mejores. Coros y pa-ra-pa-pa de muchos quilates sobre un fondo pop intenso y divertido. Imposible no lanzarse a bailar imitando a Keitaro Takanami e incluso a Brian Poole, el de los Tremeloes.

     10.- ‘Nem luxo, nem lixo’ de Rita Lee. Esta veterana cantante brasileña de rock mezcló hace pocos años con bases deep-house un antiguo tema suyo y el resultado fue mucho mejor que el original. La aspereza de éste queda diluida en el terciopelo electrónico de la remasterización, al tiempo que una lujosa producción la rescata para las más exigentes pistas de baile de la actualidad.

     11.- ‘I was a ye-ye girl’ de Doing Time. El primer y único single de esta formación, grabado en 2001, ofrece una exquisita muestra del sonido Big Beat: la convergencia perfecta entre funk, hip-hop, house y breakbeats comprimidos en ritmos sincopados, ráfagas vocales repetitivas y rítmicas, y bucles de acid jazz. Su videoclip ultracool muestra a la cantante In-Grid enseñándonos el modo adecuado de bailar esta joya electrónica de aires retro que hubiera podido firmar el mismísimo Dimitri from Paris.

     12.- ‘Libertango’ de Grace Jones. La última campanada la reservo para esta joya pop, decadente como pocas, que sonaba obsesivamente en aquella película de Polanski titulada Frenético. La pantera Jones nos anuncia entre susurros que la fiesta debe ir acabando. Y que las parejas que ahora se abrazan por los rincones deben trasladar sus delicados juegos a otras habitaciones —como decía T.S. Eliot— de una sola noche.