MANUEL VILAS
Aire nuestro La honestidad del delirio
Diego Sánchez Aguilar
Manuel Vilas ha escrito su mejor obra narrativa y, de paso, la mejor novela española en lo que llevamos de siglo XXI. Sí, son afirmaciones entusiastas e irreflexivas, contagiadas por esa enorme celebración narrativa que es Aire nuestro. Vilas ha conseguido un equilibrio magistral entre una tensión poética que otorga verosimilitud a las situaciones más impensables, una honestidad política que borrará la sonrisa de los más escépticos e irónicos posmodernos, y un infinito e inagotable placer por contar historias. La última novela de Vilas se sitúa fuera del tiempo y el espacio para llenar un mundo alucinante de personajes trágicos y hermosos que se mueven por el amor, la música de Elvis y de Johnny Cash, la frustración social y política. El Capital siempre vence, pero novelas como esta nos hacen reconciliarnos con la vida, nos hacen creer un poco en una revolución más allá, pero también más acá, del comunismo histórico. La Historia ha muerto. Viva El Tiempo Sin Límites, viva Aire nuestro.
—MANUEL VILAS: No me preocupa mucho la adscripción genérica de lo que escribo. En realidad, todo es más emocional. El formato es secundario. Todo está sometido a la euforia de narrar. Aire nuestro, en ese sentido, tiene ingredientes de novela coral. Sería como una colmena posmoderna, o algo así. No, no creo que la novela unitaria haya muerto ni mucho menos; da dinero y fama. A lo mejor el protagonista transversal de Aire Nuestro es la ideología y el lenguaje. —ECP: Hay algo que me parece excepcional en Aire nuestro: la incorporación de lo lírico en lo narrativo. No un lirismo descriptivo, sino puramente estructural, pues muchos de los relatos que componen la novela se sostienen más por una indefinible tensión poética que por una elaboración argumental como la del cuento “canónico” de la estirpe de Poe-Cortázar-Borges. ¿Sufre una contaminación de su labor poética a la hora de pasar a lo narrativo? —MV: Estoy de acuerdo en lo que dice de la incorporación de lo lírico a lo narrativo. Pero, sin embargo, creo que mi narrativa es muy independiente de mi poesía. La poesía exige una formalización muy severa. Mi narrativa crea su propio sentido de lo argumental, y de lo verosímil. Eso lo dijo Fogwill a propósito de mi novela España. Crear mi propio sentido de la verosimilitud literaria, eso es lo que hago. El mundo real es un delirio. No tiene sentido esclavizarnos a ninguna preceptiva. El postcapitalismo es más libertario en sus formatos que la imaginación de la literatura. —ECP: Permíteme una breve comparación con la novela fragmentaria por excelencia de nuestra narrativa: La colmena. En la obra de Cela el fragmentarismo hacía que el argumento y los personajes pasaran a un segundo plano para destacar otros dos elementos narrativos: el espacio (la ciudad de Madrid) y el tiempo (los años 40) desde una perspectiva de realismo social. En cambio, Aire nuestro no solo prescinde del personaje (el “yo”) y de la trama unitaria, sino que también renuncia al tiempo histórico en favor de ese «Tiempo sin límites» y al espacio, pues encontramos localizaciones fantásticas como el Purgatorio y reales como Nueva York o Zaragoza. ¿Podría decirse que renuncia también a la “realidad”? ¿Podría calificarse Aire nuestro como una novela de “irrealismo social”? ¿Cómo interpreta usted este nuevo y más radical fragmentarismo?
—ECP: En la “Carta al hijo” pueden leerse estas palabras: «Recuérdales que eres un revolucionario y que eres comunista y que vas a matarlos a todos». Comentado este capítulo con unos amigos, estábamos todos de acuerdo en que se trata del momento cumbre de la novela, pero había discrepancias en la interpretación de ese mensaje. Uno de mis amigos dice que estuvo riendo un buen rato cuando llegó a tan radical declaración; el otro, en cambio, no advirtió humor alguno. Sáquenos de dudas, ¿debemos ir desempolvando las guillotinas o hemos de echarnos a reír? —MV: Sí, ese pasaje que cita es un momento cumbre de la novela. Es la toma de conciencia de la alienación del capitalismo. Es un pasaje complejo. Cada lector debe leerlo como quiera. Es un pasaje sobre la conciencia de clase. El capitalismo ha elaborado estrategias muy complejas para hacernos creer que la lucha de clases ya no es operativa. Mi padre fue un asalariado, y eso no lo puedo olvidar. Quiero tener una vida que exceda a mi vida laboral. La alienación de los seres humanos en oscuras vidas laborales sigue estando ahí, delante de nuestros ojos. El enemigo de los trabajadores, hoy en día, son sus propios compañeros, los otros trabajadores. El mobbing es la prueba. Mucha gente preferiría ser azotada secretamente a padecer mobbing público. También existe el mobbing literario. —ECP: Por seguir con el tema político, aparecen multitud de grupos terroristas o revolucionarios en Aire nuestro, pero todos ellos tocados por una inverosimilitud cargada de humor, por citar solo algunos: la llegada de un comunismo panamericano con Neruda, el Movimiento Obrero Norteamericano, el Nuevo Ejército de Liberación de los Trabajadores, el Nuevo Vaginismo… ¿Qué función cumplen estos grupos en el mundo de ficción de Aire nuestro? ¿Cree usted en una revolución organizada para el mundo “real”? —MV: Todos esos grupos revolucionarios persiguen una liberación imposible. Luchan contra la alienación con pistolas de plástico y con espadas de goma. Son niños ultrajados. Son espíritus humillados que se defienden esgrimiendo un armamento ridículo que aún extrema más su desesperación. Todos esos grupos revolucionarios que salen en la novela representan a la gente desesperada de este mundo de hoy: los grandes desesperados despedazados, así son. —ECP: Creo que esta visión política se extiende por todos los rincones de Aire nuestro. Por ejemplo, incluso en ese purgatorio de poetas homosexuales, o en el de directores de cine, ¿lo político está presente como clasismo cultural, y el canon cultural actúa como reflejo de diferencia de clases sociales? ¿Es la defensa de Sergio Leone una defensa política?
—ECP: Esta declaración del fantasma de Elvis a uno de esos estrafalarios terroristas que pueblan la novela me parece muy significativa: «No existe la desgracia personal, ni la melancolía personal, nada es biológico, todo es político. Mi soledad y mi afición a las cocacolas y al beicon y a la crema de cacahuetes eran pura política americana. Mis líos con las mujeres también eran un asunto político. Se enamoraban de un mito, no de mí. Pero es igual, daba igual, el caso es que estaba enamorado de la vida. Yo sabía que cuando cantaba la vida inundaba el corazón de la gente (…). La vida, sí, únicamente la vida. La gente nunca se entera de eso, de que es sólo vida y con eso ya es bastante». ¿Qué papel cobra ese concepto de “la vida” en la visión política de Aire nuestro? —MV: La vida privada es una ilusión más que nos ofrece el capitalismo de alto nivel emocional; se trata de hacernos creer que elegimos algo. No elegimos nada. Todo es histórico y social. Nadie vive vida privada y nadie elige nada. Nuestra sexualidad es histórica, nuestra forma de vestir también. Nuestros coches son modelos históricos. Dentro de cien años nuestras vidas tendrán el mismo encaje histórico que las vidas de la gente que vivió en 1910. Nuestro horario laboral de 8 horas será patético. Seremos patéticos. Seremos víctimas de nuestra propia gravitación histórica. La Historia es el Terror. —ECP: Otro tema que me parece muy interesante es la dualidad de terrorismo y amor que se puede encontrar en su obra. ¿Hay una ideología del amor que intente superar las ideologías más abstractas, racionales, alejadas de ese concepto gozoso de la vida que se desprende de casi todo lo que pasa en Aire nuestro? —MV: El amor es lo único que puede ayudarnos. El amor es el sitio donde no hay alienación. El amor es lo humano absoluto. El amor es el país en donde yo quiero vivir. Pero acabas viviendo en la desesperación. —ECP: Siguiendo con el amor: el amor de Cernuda venciendo su odio, el amor del Ché, todos esos finales orgiásticos. ¿Son unos finales también políticos? —MV: La orgía es liberación de los sentidos y de la identidad. Al final de todos los capítulos de mi novela los personajes quieren hacer el amor. Buscan salir de la alienación. Quieren amarse desesperadamente, quieren salvarse. Vislumbran el amor como único lugar donde pueden ser de verdad. Son finales políticos por eso, porque el amor allí es una lucha contra la alienación histórica, cultural, económica, etc. Pero es un amor paródico. En realidad, no hay salida. Aire nuestro es una novela de terror porque el mundo es la casa del terror. —ECP: En el congreso “ctrl.+alt+supr: reiniciando al monstruo” celebrado en noviembre de 2009 en La Casa Encedida de Madrid, usted defendió a ultranza Malditos bastardos, la última película de Tarantino, y sospecho que en esa defensa había un reflejo de su propia concepción de la ficción. ¿Puede explicar qué hay de Aire nuestro en Malditos bastardos o viceversa? —MV: Tarantino dice que la Historia es ficción. Yo pienso igual. En el futuro, en el año, por ejemplo, de 765.987, podremos tener finales alternativos para el III Reich, o para la Guerra Civil Española. La Historia se agrietará. Algunos ya lo estamos imaginando. Ballard creía que solo existe el presente. Yo creo que el presente es una resurrección colectiva que está teniendo lugar en el futuro. Ah, y no me drogo.
—MV: Siempre pienso en Juan Carlos I teniendo que madrugar para ponerse un traje de capitán general y salir de maniobras en medio del invierno castellano, no me parece nada envidiable. La crisis económica actual es la toma de conciencia del capital sobre los avances emocionales y laborales de la clase media global. Es como si el presidente de los empresarios españoles percibiera que un profesor de universidad, un médico o un taxista, ya viven mejor que él. El capital se ha puesto nervioso ante el crecimiento de la inteligencia emocional de la clase media. Quieren devolvernos a la miseria material para que no filosofemos demasiado, para que regresemos a la precariedad, que es nuestro sitio histórico. —ECP: ¿Puede explicar un poco estas palabras, que actúan en la novela como una justificación de la peculiar composición y estilo de la misma?: «Lo que yo creía maldad, resultó ser inteligencia crítica. Lo que yo creía insociabilidad resultó ser una rama dorada de la humildad. Lo que yo creía delirio resultó ser honestidad». ¿Cómo es la honestidad del delirio? —MV: Ese fragmento resume la poética de la novela. Maldad, insociabilidad y delirio son los rasgos que podrían asociarse a la filosofía de mi manera de narrar. Es una poética compleja, muy compleja. Yo creo que la literatura tal y como la entendieron Joyce y Kafka y Borges, por citar tres nombres, está siendo atacada por muchos frentes. La literatura también es marginación social y cultural. —ECP: Hay una presencia constante en sus novelas, al menos en España y en Aire nuestro, de poetas españoles, especialmente de los del 27. Incluso cuando no trata directamente de ellos, puede que, por poner un ejemplo, un empleado del matadero se llame Cernuda. ¿Qué relación mantiene con estos poetas? ¿Se trata de un homenaje sincero, de un deseo de mantener viva su memoria que parece que se va acartonando, o hay algo de ironía en esa utilización extraña (por ejemplo, el burdel llamado La Generación del 27) de sus nombres? —MV: La historia de la literatura española comienza a disolverse, y la Generación del 27 representa un momento de esplendor de esa Historia que nos dice adiós. Es un homenaje sincero, pero a mi manera. Cuando yo me formé como lector aún existía la literatura española. Pero no me gusta moralizar sobre eso. Me da igual. Tengo cosas más importantes en que pensar. Por ejemplo, le diré una cosa que sí me preocupa de verdad: yo no puedo profesionalizarme como escritor en España. No me llegaría ni para pagar los recibos de la luz. Literatura y pobreza, eso sí me preocupa. Joyce fue pobre, por cierto. Nadie quiere ser pobre. ¿De qué vive un escritor español que se tome la literatura en serio y con riesgo? Dependerá de sus habilidades sociales. Literatura y precariedad, ese es el tema. Tienes que buscarte un trabajo. Anda, ve y búscate un trabajo, eso es todo. Escribe por las putas noches, hasta que revientes. Entonces, te buscas un trabajo, y la cosa mejora. Nos ponemos muy serios al hablar de literatura, y es una seriedad que está llena de hipocresía. Sin embargo, un país que no tenga literatura no tiene nada. —ECP: La música popular, especialmente la norteamericana, con Johnny Cash, Lou Reed, Bob Dylan o Elvis, también está muy presente en Aire nuestro. De hecho, adquiere unas dimensiones casi sagradas y se diría que es la fuerza más poderosa a la que se ven sometidos los personajes, el detonante emocional de muchas historias. ¿Qué lugar ocupa la música en su vida y con qué intención la trasvasa a sus ficciones? —MV: La música pop es mi cultura. Me ayuda a vivir. Sí, para mí esa música es sagrada. Es energía en estado puro. Es sangre y viento. Tengo una relación apasionada con esa música. La voz de Elvis mejoró el mundo. Celebro esa mejora del mundo. En Aire nuestro la voz de Elvis serena el mundo y lucha contra el Mal. La voz de Elvis enaltece la vida. La vida es buena entonces, porque solo sirve a la vida. —ECP: Para terminar, la obligada pregunta de influencias y recomendaciones. ¿Hay alguna novela que haya inspirado de alguna manera este Aire nuestro? ¿Podría recomendar a nuestro lectores algunas obras que le hayan interesado últimamente y que tal vez nosotros no conozcamos?
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