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Tocamos vuestro aldabón de nuevo. ¡Toc, toc!. Puertas abiertas a un número más. Otra ventana en el tiempo con compañeros que han querido reunirse felizmente a favor de nuestra causa literaria. Cada vez el barco está más concurrido y es hora de celebrarlo. Champán y carne para todos; agua, fruta y verdura para los abstemios y vegetarianos. Sexo de sobremesa, entre olor a nueces y fresas con nata. Hondos cucharones para comerse la vida, que diría el enemigo Josele Santiago. Los perros cervantinos enseñan sus dientes manchados de tinta fresca. Hay, por un lado, una suerte de borrachera poética internacional; otros prefieren hacer de cuentacuentos en círculos y corrillos nocturnos; algunos han huido hacia las bibliotecas, llamados por un repentino afán investigador que les transporta a un apacible estado de serenidad; el resto sigue bailando al son de un bolero, una gaita o un rock and roll, o filmando con su pluma los ángulos de la escena luciferina. ¡Llamas de lujuria! El descanso no existe. Si nos abrís la puerta, estad atentos a las consecuencias. Posible diagnóstico: lascivia sentimental.
JUAN DE DIOS GARCÍA
BERGANZA.- Cipión, hermano, óyote hablar y sé que te hablo y no puedo creerlo, por parecerme que el hablar nosotros pasa de los términos de naturaleza. (MIGUEL DE CERVANTES, Coloquio de los perros) |