IVÁN TORRENS

 

     (Barcelona, España, 1966)

     Escribe poesía desde que hace veinte años cayó en sus manos Sobre los ángeles de Rafael Alberti. Ha participado en recitales organizados por asociaciones culturales de Barcelona (Institució de les Lletres Catalanes, Cambra Iberoamericana de Poesía y Aula de Poesía de Barcelona). Es coordinador y editor digital de la revista digital Auna (Aula de Poesía de Barcelona).
     Estos tres poemas son inéditos.

 

 

Insomnio

Carebánol es una ciudad
con más de un millón de poemas
(según las últimas estadísticas).
Pero la televisión es el medio más extendido en el planeta.
Lo dicen las pantallas electrónicas.
Lo dice el periódico.
Lo digo yo.
Y digo que a veces en la noche me revuelvo
y me pregunto por los cadáveres léxicos
que vorticean sobre las mesas repletas de novedades.
Soy yo que miro cómo los niños nacen y las bocas hablan,
y las manos escriben y los editores editan los pliegos.
Soy yo que me pregunto si los poemas
son más de un millón en Carebánol,
pues temo de los grandes cadáveres la sequedad.
No soy ciudadano, eso pertenece a la vieja Historia.
Puedo manejar, fomentar
y proteger el deseo y la capacidad propias.
Puedo comunicarme
con gente que busca, aunque sea de manera diferente,
construir su proyecto de vida.
¿Y tú?, ¿cómo eres?
Yo sin tierra,
no creo en la patria,
soy un hombre cualquiera.

 

 

Grass

Es libre porque su semilla hace mucho
que se sembró en la tierra
y porque no puede fumarse o ingerirse.
Pulula y brota. Hecha renuevos y vástagos.
Se multiplica brevemente en un paraje o isla
y bulle
entre las personas o cosas.
Las superficies visuales dicen que
si sonríes eres feliz.
No quiero sonreir
no puedo dormir
no puedo reir
no puedo dormir
dame un poco de paz
quiero un poco de paz.
Dejad morir al guerrero en la ribera.

 

 

El andén de las multitudes

Que os canséis de mí
que ya no podáis aguantarme
que no podáis más de aburrimiento.
Que no me aguantéis digo
y que me machaquen dos piedras.
Me dará igual que me chafe
un vagón de metro.
Ni me enteraré que he cogido la Línea 2.
Iré en sentido contrario, dirección La Mina.
¡Qué más da!
Me olvidaré de ir a la tienda de fotos,
los cuatro carretes seguirán en mi cartera
y ya no esperaré los vagones de metro
que están cronometrados.
Bastará con mirar
los marcadores electrónicos
que descuentan
los segundos de la vida.
1999 iba a ser el fin... pero yo dejé pasar
el tren número 412 con destino
al andén de las multitudes
donde los poetas escriben
en libretas cuadriculadas.
Ya no me importa apretujarme
en el vagón de la Línea 4
ni me importa que me zarandeen
las puertas automáticas, ni me importa
no saber en qué estación estoy
o qué trasbordo debo tomar.
Si desciendo en Girona y espero
el siguiente tren es seguro: llegaré a casa.
No tengo prisa hoy que puedo
escribir unos pocos versos más.
Qué más da que en la cola
de la tienda de fotos haya diez personas
y que sea la dependienta más antipática
la que me atienda.
Me da igual
si no hay nadie que me espere, si son una multitud.