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FRANCISCO MORENO
MARK SANDMAN O LA MÚSICA COMO ADICCIÓN La escucha perfecta para una velada nocturna, con todo el espesor del jazz y la intensidad del rock. (Rolling Stone) Allá por el verano del 98, pude escuchar en "Siglo XXI" de Tomás Fernando Flores una canción de Morphine. Como todo lo que suena en Radio 3, la calidad es característica primordial, y entonces no fue menos. Quedé impactado por la belleza de las interpretaciones. Recuerdo que a los pocos días me hice con Like swimming; me conmovió de tal manera que el láser del equipo casi arde. Morphine, el pulso de una fiesta nocturna entre sucios grooves y una guitarra acústica. ĄDon´t stop el pulso de la adicción! Una atmósfera humeante se envuelve singing. Un frío intenso empuja la lengua metálica. Do you feel like swimming? Yes right now. Lo que oí era un disco cargado de frío intenso y resultado hipnótico, lo que debe bastar en unos tiempos en los que casi todo se convierte en objeto de consumo, de usar y tirar. Sin embargo, la trayectoria de Morphine debería calificarse de milagrosa vista la dinámica del mercado actual, una carrera que es ejemplo de modestia y trabajo continuado. Comenzaron tocando en pequeñas fiestas de su ciudad natal a principios de los 90 hasta llegar a reunir a 75.000 personas en Glastonbury.
Después de mucho tiempo, aún suena en mis oídos la voz de Mark Sandman, líder del trío de Boston que no llegó a alcanzar las altas cuotas de popularidad ni las ventas masivas, pero que en su mirada interior deja escapar canciones de tristeza concentrada. Ese órgano detrás de un sucio groove, el estilo funky de una fiesta nocturna, un saxo llevando el pulso, letras con una ironía post-moderna... Desde Good hasta su póstumo The night, se muestran tres músicos tocando al límite del rock. Do you feel like swimming? Bajo el mar colgado con Sandman, girando como un reloj. Una manecilla en el jazz y otra en el rock. Yes right now. Bajo el mar el lecho espera alguien que sepa nadar alguien para soñar. La música es un arte destinado a expresar determinados sentimientos por medio de sonidos coordinados, atendiendo a ciertos principios y leyes. Pero la música también es algo sutil, incorpórea y difícilmente manejable. Con ella, los músicos intentan revelar los esfuerzos creadores, luchas, descubrimientos, perfeccionamientos y conquistas que han llevado a tal arte a su estado actual. La radio, la televisión, los discos compactos se han multiplicado hasta límites insospechados convirtiendo la música en una parte importante en la vida del hombre moderno. Es una amiga de la existencia cotidiana que se encuentra en el bar, en el aparato del automóvil y en el hogar. Probablemente no hay nadie que no pueda encontrar en el instante que quiera composiciones a su gusto. Como es natural, esa música se escucha distraídamente a manera de fondo sonoro de las actividades humanas. Se denomina música de consumo, es decir, la que se compone no por honda necesidad expresiva del artista, o en busca de un elevado resultado estético, sino para divertir y crear atmósfera, lo mismo que la alfombra de una habitación. La música de consumo es conocida por todos. Se trata de la canción de moda, de la melodía de la banda sonora o cualquier clase de producto por el estilo. Sin embargo, existen autores sensibles que intentan llenar esta separación con elementos inteligentes, que intentan aprovechar el repertorio de la música para dar a sus canciones un ropaje de factura clásica. La música de Mark Sandman lo intenta y lo consigue. Es difícil encontrar calificativos. Aunque todas las comparaciones son odiosas, yo digo que Morphine es a la música lo que el género negro es al cine: una atmósfera humeante. Como un trío de gángsters, se presentaban en sus actuaciones diciendo: "Ladies and gentlemen, from Boston (Massachussets), we are Morphine at your service". A principios de Julio de 1999 Mark Sandman inició su gira por Europa. El 3 de Julio sufrió un ataque al corazón en plena actuación en Palestrina (Italia), a lo que nada pudieron hacer el saxofonista Dana Colley ni el batería Billy Conway. Pero él ha sobrevivido, está conmigo por su música. Cercana y adicta como la misma droga. La tomo y la inyecto en mis venas.
HÉCTOR ROSALES
EL FERVOR "Texto escrito a pedido del grupo ClarOscuro (Burgos, España) y que servirá como introducción al espectáculo 'Homenaje al Tango', que se estrenará en la ciudad de Burgos en enero del 2002. Texto inédito cedido en exclusiva para El Coloquio de los Perros."
Puede ser la humilde vibración de las hojas del parral de un patio al sur, las hojas de un otoño que también amarillea la negada sonrisa de un cantor colgado de su sombra. Puede ser el humo de los viejos barcos escribiendo adioses en los cielos de plomo, en los muelles eternos, en aquellos labios redentores. El humo que mira hacia atrás y se estanca voluntario en los ojos que han perdido todo el norte. Los ojos que sin embargo cantan en las cinturas de la noche y ponen una queja con forma de cuchillo en los músculos impíos del destino. Una neblina tensada a tabaco y a turno prostibulario, una neblina confidente de tristes faroles adormecidos, un aire con ojeras migratorias y con todo lo perdido agujereando las míseras maletas, ese aliento, digo, conoce bien esta música para adultos, el fervor indomable que guitarras y bandoneones, voces, piernas, violines, contrabajos y demonios, latas, asfalto, adoquines, catres y paredes, carmines, sótanos y mesas, le imprimen a los pasaportes del abandono y la distancia.
Fervor enraizado en la más sincera vivencia del ser, el tiempo y el final. Transmisión vehemente y tantas veces sutil de todo aquello que fue y es transitorio. Música para acorralar a la soledad, apretarla contra el pecho y girarle el rostro para que mire a quien está escuchando con un corazón-espejo. Voz que le haga decir a ella, a la monárquica soledad, el milagro de la palabra nosotros. Dolor y rebeldía, sátira de serias intenciones, caricatura fiel del disparate cotidiano, resorte de la rabia, acompasada respiración de todos los jardines, cofre sin llaves para la ternura. Quien ha saltado sobre los portones del miedo sin escaparse de él, quien ha perdido el imán de la esperanza y no le importa y sigue batallando, los que entienden que cualquier patria o universo posibles sólo ocurren en las calles familiares del barrio natal, los que nunca salieron de esas calles, los que cosen las heridas de la traición con un hilo de silencio y porvenires, las personas embestidas por desprecios y halagos que ignoraron o que pagaron de más, todos tienen domicilio fijo en la memoria del bandoneón. He caminado por ciudades muy remotas y en ocasiones, desenredándose de las sillas vacías de los cafés, parpadeando en plazas somnolientas, o resaltando el gris de las piedras de los puentes, apareció el tango para abrazarme por sorpresa. Él ha vivido en otros pueblos y ha dejado, sigue dejando sus semillas. Cada vez que lo encuentro, superada la emoción, le pregunto por aquel almacenero de la esquina rioplatense, el que tenía una radio antiquísima y una nostalgia invencible, que fue quien nos presentó. Conversamos entonces sobre el vecindario, las familias, los amigos que se fueron, las madres tejiendo las horas o en nosotros su propio recuerdo; charlamos sobre la dictadura de la belleza que las muchachas ejercen sin compasión, sobre los partidos de fútbol en el campito del verano y del agua de las playas que tarareaba nuestras canciones.
Y nos quedamos suspendidos de los mapas, y acudimos al primer puerto donde habite un desgastado bar centinela. Estamos seguros que allí renacerá ese fervor subterráneo que alimenta la música que jamás ha mentido, la que no ha tenido complejos al declarar la pena irremediable de vivir y el goce de morir viviendo. Allí, en ese bar de cualquier puerto de cualquier ciudad del mundo, donde las idas y venidas son una costumbre lenta que asumir, volverá a latir el tango, habrán letras que certificarán nuestras almas indocumentadas para siempre, la fugacidad del tránsito ciego en esta tierra, el anhelo de aferrarse a ese fervor incandescente y solidario donde cada sílaba, cada acorde, nos enfrentará a la verdad y nos salvará de ella.
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