No hemos parado de trabajar durante julio y agosto para preparar este número, de modo que, aunque estamos yendo a contracorriente, somos nosotros los que ahora, en septiembre, hacemos las maletas, preparamos las bicicletas y nos vamos de vacaciones.

     Pero no os preocupéis, la perrera sigue abierta, con la ventaja de que no administramos inyecciones letales para acallar los ladridos de los sin raza. Y tened por seguro que nadie os dejará tirados en la carretera porque hay que elegir entre la abuela y el perro para el coche.

     Seguiremos trabajando desde la sombra que aportará nuestra sombrilla, en primera línea de mar, esperando que vuestros ladridos nos lleguen desde cualquier punto del océano, que los que nunca se atrevieron, aprendan a nadar hasta la orilla.

     Es un milagro la palabra, no lo olvidéis. Queremos, desde esta pequeña caseta revistera, daros las gracias una vez más por vuestro apoyo, por esas más de cuatro mil visitas que nos recuerdan que Cervantes no se equivocó cambiando su espada por una pluma de ave aguada en tinta.

     En la calle hace calor aunque se nos eche encima el otoño. Nuestras pezuñas se quedan ancladas en el asfalto. Es la hora de partir. Nos olfatearemos de nuevo en el número cinco, y, entonces, haremos fiesta de la miseria.

 

ÁNGEL MANUEL GÓMEZ ESPADA

 

 

CIPIÓN.- Y con esto pongamos fin a esta plática,
que la luz que entra por estos resquicios muestra
que es muy entrado el día, y esta noche que viene,
si no nos ha dejado este grande beneficio de la habla,
será la mía, para contarte mi vida.