JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ & ALFREDO ORTUÑO

     

     José Manuel Rodríguez es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia. Alfredo Ortuño es estudiante de Derecho y de Arte Dramático en la Universidad de Murcia. Son coautores de esta pieza dramática inédita. El ombligo del mundo fue representada en la Escuela de Arte Dramático de Murcia en marzo de 2000 y en la sala Isidoro Máiquez del Colegio Mayor Azarbe (Murcia) entre los meses de mayo y abril de 2000.

 

 

 


EL OMBLIGO DEL MUNDO

 

Sé que mañana será un buen día,
porque hoy he tocado fondo.

 

 

DRAMATIS PERSONAE:
Coordinador: Tipo
Pepa: mujer del público.
Pedro: hombre del público.
Rubén: el protagonista.
Claudio: el amigo.
Lucía: una actriz.
Ángel: decorador de escena, viejo.
Manolo: decorador de escena, joven.
Sara: supervisora de producción.
Pepe: padre de Rubén.
Cristina: madre de Rubén.
Lola: la chica.
Diosa: el Gran Jefe.
Hombre que fue Protagonista: loco.

 

 

 

 

PRIMERA PARTE

     (Escena a oscuras. Comienza a sonar una música que, posiblemente, será "When a Men Loves a Woman", interpretada por Percy Sledge. La escena se ilumina progresivamente con luz blanca. Salen dos hombres ataviados con mono de trabajo negro y camisa blanca, y comienzan a montar el decorado de la escena, que es una calle de ciudad en la que puede haber árboles o farolas, carteles de tiendas y un banco para sentarse. También pueden pasear el resto de los actores de la comedia, incluso animarse a bailar unos con otros. El movimiento debe sugerir total irrealidad, es decir, deben moverse los actores como si estuviesen en un sueño. Cuando la canción está acabando, sale un TIPO con un traje negro muy elegante, que rompe con la movilidad que había en escena, y habla muy seguro de sí mismo)

TIPO: (Se dirige al público) Hola a todos. Bueno, ya sabéis que hoy es el día, el día en que hay que decírselo. Puede que sea un momento difícil para él, así que... no le atosiguéis, por favor. Cuando el momento llegue, vosotros seguid disimulando como hasta ahora, todo irá bien, seguro. Y, desde luego, no es preciso que os recuerde lo que supondría que interviniérais en la escena. Ya sabéis cómo es el Gran Jefe con los que la pifian. Bien, gracias por vuestra colaboración. (Una chica entre el público levanta la mano) Ah, sí, cómo no! Ruegos y preguntas... ¿Sí...?
CHICA DEL PÚBLICO: ¿Quién va a ser el próximo?
TIPO: Pronto lo sabrás, no debes preocuparte por eso todavía, Pepa. Limítate a concentrarte en lo que estamos haciendo, ¿de acuerdo? ¿Alguna otra pregunta? (Otra mano se levanta en el patio de butacas) ¿Sí...?
CHICO DEL PÚBLICO: ¿De qué va la obra?
TIPO: (Sonriente) Siempre fuiste un bromista, Pedro, pero no es momento para bromas. Recuerdo que casi la cagaste con el penúltimo y no sería agradable que volviera a pasar, ¿estamos? Bien, ¿algo más? (Pausa) Bueno ya sabéis, disimulad. Como los profesionales que sois. Está a punto de llegar, y viene con unos amigos, Claudio y Lola, ya los conocéis.

     (Anda hacia un extremo del escenario y enciende un cigarrillo. En ese momento entran dos chicos y una chica, de unos veinte-veinticinco años. El TIPO se cruza con ellos, paseando y fumando tranquilamente hasta que sale por el otro extremo)

CLAUDIO: El problema es que hay demasiada gente que cuando hablan se creen que sientan cátedra, y luego no tienen ni idea de lo que dicen. ¿Tú crees que ese conferenciante sabe tanto como parece?
RUBÉN: Hombre, al tipo se le veía bastante seguro.
CLAUDIO: ¿Seguro? Y una mierda! Ese tipo no se cree ni la mitad de las cosas que ha dicho. Claro que es muy fácil decir tonterías y engañar a los que se quedan como bobos sin saber que están jugando con ellos. El fin del mundo es una patraña, créeme, no te conviene escuchar todas esas movidas.
RUBÉN: Muchas gracias, Claudio. Pero, ¿por qué siempre crees saber lo que me conviene?
CLAUDIO: Está claro, porque soy tu amigo. Y cuido de ti.
LOLA: Vaya, si tenemos aquí a Pepito Grillo en persona. ¡Qué suerte tenemos de poder contar con tus sabios consejos, Pepito!
CLAUDIO: ¡Qué graciosa, Lola! Pero no te equivoques. Estoy hablando de él no de ti.
LOLA: Hablas por hablar. Estás haciendo lo que hace un momento criticabas.
CLAUDIO: Yo digo la verdad, no me invento absurdas historias sobre la destrucción del mundo ni nada por el estilo. Tengo los pies en el suelo, y eso es lo que le molesta a la mayoría de los que, como tú, aún piensan que pueden venir aquí a enseñarnos algo.
RUBÉN: Bueno, bueno, tranquilos. Dejadme que yo decida lo que quiero pensar acerca de la conferencia, ¿de acuerdo? Y tú, Claudio, deja de criticarlo todo. Pareces un viejo amargado.
CLAUDIO: A lo mejor tienes razón, Rubén. Pero eso es una tontería mayúscula y no deberías consentir que intentaran engañarte con esas historias esotéricas. (Pausa) Oye, ¿os importa esperarme unos minutos? Es que tengo que ir al baño. Me acerco a este bar de la esquina y salgo en seguida, ¿vale?
RUBÉN: Venga, date prisa.

     (Al ir a salir, Claudio se cruza con el TIPO y se le queda mirando. Luego se acerca a Lola y Rubén)

CLAUDIO: ¿Habéis visto a ese tío? ¡Menudo pringao! Parece que se ha escapado de una película de Coppola con esos aires de gángster desfasado...
RUBÉN: ¿Tú no ibas al baño?
CLAUDIO: Bueno, bueno, tranqui. Me voy. (Sale)
LOLA: Este Claudio no tiene solución.
RUBÉN: Sí, es un buen elemento.
LOLA: Bueno, cuéntame algo, Rubén.
RUBÉN: No hay mucho que contar, Lola. Ya sabes, por las mañanas la facultad, algún café ocasional después de comer, unas cartas, en fin... Por lo demás estoy bastante solo... Bueno, tengo a Claudio, pero ya sabes a qué me refiero con eso de estar solo. (Pausa) Oye, Lola, ¿dónde has dejado el coche?
LOLA: Lo tengo ahí enfrente. Está cerca. ¿Por qué?
RUBÉN: No, nada... Es que se me había ocurrido... Bueno, nada.
LOLA: Eh, dímelo, venga. No me dejes a medio.
RUBÉN: Pues... ¿estás segura?
LOLA: Pues claro. Vamos, dime.
RUBÉN: Es que había pensado... que ¿por qué no cogemos tu coche y... y vamos los dos solos, tú y yo... a... a... a la bolera?
LOLA: ¿Tú y yo, ahora? ¿Y qué se nos ha perdido a ti y a mí en la bolera?
RUBÉN: Olvídalo, Lola.
LOLA: No te entiendo.
RUBÉN: Pues no sé qué quieres que te diga. Mira, no tiene por qué habérsete perdido nada para que puedas encontrar algo.
LOLA: ¿Crees que con esa explicación tan "concreta" me estoy enterando de algo? ¿A qué te refieres con que podría encontrar algo? ¿Encontrar qué?
RUBÉN: Pues encontrar... encontrar... encontrarme (Casi murmurando)
LOLA: ¿Qué estás murmurando?
RUBÉN: No, nada. Que puedes encontrar en mí a un gran jugador de bolos.
LOLA: Pero yo... es que no sé jugar muy bien a los bolos.
RUBÉN: Vale, olvídalo, olvídalo, como si no hubiera dicho nada.

     (Silencio total. Al cabo de unos momentos, Rubén hablará solo porque está hablándose a sí mismo, pero Lola no puede escucharle)

RUBÉN: "Un buen jugador de bolos...", seré gilip... Desde luego, no salgo con esta tía ni de coña como siga por este camino. No debe ser tan difícil, joder, pero mira que me cuesta decirle que me gusta. ¿O será ella que no se entera de la misa la mitad? Porque, digo yo, que hago el ridículo cada vez que le hablo sobre este tema, y que debería darse cuenta de que lo paso fatal. Pues bueno, ni de coña. No salgo con ella ni de coña. Como no me venga un día con una pancarta que diga: "Rubén, quiero salir contigo", es que no puedo decirle nada. (Silencio. Se fija en Lola) Es que, encima, está ahí más tranquila que nadie, como si no fuera con ella. A ver si no voy a ser yo el torpe, y es que ella no pilla un trasto. (Silencio) Pero es preciosa... Y yo soy un mierda, eso está claro. Pues ponle remedio, chaval, levántate y dile todo lo que sientes. ¡Ahora! ¡Sin darle tiempo a reaccionar! ¡Vamos, campeón, este es tu momento de gloria! (Habla con Lola) Oye, Lola...
LOLA: ¿Sí?
RUBÉN: Pues yo... quería decirte una cosa.
LOLA: Bien, pues dímela.
RUBÉN: De acuerdo.

     (Comienza a sonar en ese instante un tema musical, "I've got you under my skin", interpretado por Frank Sinatra, y un actor sale y comienza a cantar la canción a modo de play-back. Puede haber más actores a su alrededor interpretando una coreografía. Esto que pasa es el pensamiento de Rubén, exteriorizado. Rubén y Lola quedan quietos como si la imagen se hubiera congelado con los primeros acordes del tema musical. Una vez finalizado éste, los actores desaparecen y Rubén y Lola vuelven a la normalidad de la escena física)

LOLA: Rubén... (Levanta la voz para sacar a Rubén de su pensamiento) ¡Rubén!
RUBÉN: (Sobresaltado) ¿Qué, qué?
LOLA: Pues, tú sabrás. Estabas a punto de decirme algo, y te has quedado en Babia.
RUBÉN: Oh, es verdad. No era nada importante, no te preocupes.
LOLA: Estás muy raro.
RUBÉN: Nada, que yo no te lo decía por jugar a los bolos... Pero ojalá pudiera hacerlo: lanzar una gran bola de hierro y derribar todas esas barreras que quieres poner entre tú y yo.
LOLA: Yo no quiero poner esas barreras, Rubén. Esas barreras existen y punto.
RUBÉN: ¿Cómo? ¿Qué quieres decir con que existen barreras? No somos familia, ni tienes novio, que yo sepa. Ni te van otras mujeres, ¿no? ¿Acaso eres un hombre disfrazado?
LOLA: ¿Cómo lo sabes?
RUBÉN: ¿Qué?
LOLA: Es broma, tonto. (Se ríe)
RUBÉN: No tiene gracia.
LOLA: Eso es porque no te has visto la cara. (Pausa) ¿Sabes? Esta tarde tengo que acompañar a mi madre a hacer unos recados pero mañana me encantará que me llames por teléfono y que vayamos a algún sitio... A la bolera no, por favor, es que me parece una horterada de cuidado.
RUBÉN: A la mierda la bolera.
LOLA: Bueno, pues a la mierda. Pero me llamarás de todas formas, ¿verdad?
RUBÉN: Claro que sí, si tú quieres.
LOLA: Quiero. Y que sepas que aunque no vayamos a la bolera, podemos jugar a los bolos, ¿eh?
RUBÉN: (Sorprendido) ¿Cómo dices?
LOLA: Ya sabes, "lanzar una bola de hierro y derribar..." (Le guiña un ojo y le da un beso en la mejilla. Se levanta) ¿Me llamarás?
RUBÉN: (Ya sonríe) Sólo hasta que me cojas el teléfono.
LOLA: (Se ríe) Bien, pues hasta mañana. Ah, y despídeme de Claudio. (Sale)
RUBÉN: Hasta luego. (Silencio pensativo) ¡Guau! ¡Esta sí que es buena! (Da un par de saltos)

     (Entra Claudio)

CLAUDIO: ¿Qué pasa, bailaor? ¿Y Lola?
RUBÉN: Se ha ido. Tenía que hacer no sé qué con su madre.
CLAUDIO: No me lo digas: te has vuelto a estrellar.
RUBÉN: Sí y no.
CLAUDIO: Explícate.
RUBÉN: Pues que sí, que lo he vuelto a intentar, pero esta vez en serio, tío, ni yo mismo me lo creo, y ella se ha ido, pero hemos quedado en salir mañana.
CLAUDIO: Bueno, pero eso no es nuevo. Lo importante es que mañana remates la faena, que eso sí que sería nuevo.
RUBÉN: Estas cosas no pueden ser precipitadas, Claudio. Yo necesito tiempo para estar seguro.
CLAUDIO: Una cosa es que necesites tiempo, que ya llevas casi un año para decirle que salís mañana, y otra cosa lo que a ti te pasa. ¿Qué quieres, eh? ¿Que mañana cuando te vea se lance corriendo hacia ti gritando que eres el amor de su vida?
RUBÉN: Pues no estaría mal.
CLAUDIO: Eso no va a pasar, chaval. Tienes que rematar la jugada, del todo, ¿me entiendes?
RUBÉN: Claro, claro, ya lo sé. Lo que pasa es que, yo no sé por qué, pero esta vez veo la cosa muy bien. Me parece que se va armar, de verdad. ¡Ojalá!
CLAUDIO: ¡Hombre, así me gusta! ¡Con dos cojones! En ese caso, esto hay que celebrarlo por anticipado. Vamos al bar este de la esquina a tomar unas cervezas. Ya verás, ponen unas tapas, las he visto al salir y me he dicho: "tengo que probar esos callos en salsa", hay que joderse la pinta que tenían. Ahora verás... (Se retiran a un lado del escenario y salen)

     (PEDRO se levanta y se encamina hacia el escenario)

PEPA: Oye, Pedro, ¿a dónde crees que vas, tio?
PEDRO: Mira, Pepa, déjame en paz. Voy al bar al que han ido. Sé que estoy preparado para esto.
PEPA: (Se levanta) ¿Pero qué dices? No, no lo estás. ¿Ya no recuerdas lo que pasó con el penúltimo? De ninguna manera voy a permitir que se repita.
PEDRO: Joder, ha pasado mucho tiempo desde entonces. He practicado mucho, ahora sé improvisar, no me puedo equivocar. (Sube al escenario)
PEPA: Mira, si se te ha dado un papel, aunque sea secundario, es ése y sólo ése el que has de representar. ¿Está claro?
PEDRO: (Se vuelve) ¿Pero cómo secundario? Es terciario o cuaternario. Es ridículo, es indigno: es una mierda. Yo soy un actor de primera, y me voy a ese bar a hacer algún papel coherente con mi valía. ¡Faltaría más!
PEPA: Si lo haces va a tener consecuencias, y lo sabes. (Sube al escenario) Puedes cambiar el rumbo de los acontecimientos y estropearlo todo.
PEDRO: Es lo que quiero. Tener relevancia por una vez en mi vida. Demostrar de lo que soy capaz. Ya estoy harto.
PEPA: Has perdido la cabeza. Si el Gran Jefe se enterase ya no volverías a tener la oportunidad de demostrarle a todo el mundo de lo que eres capaz. Además, si tienes poca relevancia por algo será. No puedes hacer otra cosa.
PEDRO: (Con gestos muy marcados) ¿Me estás llamando mal actor?
PEPA: No... Bueno...
PEDRO: ¿Eh? ¿Me estás llamando mal actor? ¿Es eso?
PEPA: Lo que estoy diciendo es que hay gente más preparada que tú. Observa a los otros (señala al público), ellos sí que lo están haciendo bien.

     (CLAUDIO y RUBÉN vuelven a entrar en el escenario por donde salieron. PEDRO y PEPA no los han visto todavía)

PEDRO: (Casi gritando) Tú no me has visto en acción, tú no sabes de lo que soy capaz, así que te pido por favor que...

     (PEPA ve a los dos que han entrado. Coge a PEDRO del brazo)

PEPA: Sssss!!! ¡Que están ahí!
PEDRO: (Se suelta) ¡Déjame! Ahora vas a ver.
PEPA: ¡No lo hagas!
PEDRO: (Se acerca a CLAUDIO y RUBÉN. Se pone un cigarrillo en la boca. Declama su texto) Perdonadme, ¿lleváis fuego?
RUBÉN: Pues, no. (Pausa)
PEDRO: (Pensando algo rápidamente) ¿Y hora? ¿Lleváis hora?
RUBÉN: Vaya, lo siento. Tampoco llevo hora. Pero deben ser las...
CLAUDIO: (Interrumpiendo, con gesto de sorpresa y de enfado) No. Ni fuego ni hora. (A Rubén) ¡Vámonos de aquí!
PEDRO: No, esperad. Volvamos al bar de la esquina y os invito a otra cerveza.
RUBÉN: ¿Cómo sabes que venimos de ese bar?
PEPA: (Se acerca y coge a Pedro) Pedro, vámonos, que llegamos tardísimo.
PEDRO: ¿Tardísimo? ¿A dónde?
PEPA: Perdonad a mi novio, es que ha bebido un poco. (Se lo lleva)
PEDRO: (Soltándose) ¿Qué yo he bebido? ¿Qué coño estás diciendo? ¿Y yo tu novio? ¡Qué más quisieras!
PEPA: No podía hacer otra cosa, imbécil. Casi haces cambiar el rumbo de las cosas.
PEDRO: Haberme dejado, aguafiestas. Soy un gran actor, ya deberías saberlo. (Salen)
RUBÉN: ¿Cómo ha podido saber ese tío que veníamos de ese bar?
CLAUDIO: No lo sé.
RUBÉN: ¿Los conocías?
CLAUDIO: ¿A esa pareja de locos? No, no, qué va. (Pausa) Bueno, ¿de qué estábamos hablando?
RUBÉN: De mi plan para mañana con Lola.
CLAUDIO: Ah, sí. Verás: cuando ella esté terminando el café, tú te la quedas mirando fijamente a los ojos y te acercas muy despacio, sin que ella lo note demasiado, pero sin dejar de mirarla, esto es lo más importante. Luego... (Salen)

     (El escenario queda vacío unos instantes. Salen los tipos vestidos con mono de trabajo del principio de la obra. El más viejo es ÁNGEL, el joven es MANOLO. Tras ellos aparece SARA, una chica joven con pinta de secretaria)

MANOLO: (Señala el decorado) ¿Esto qué? ¿Lo desmontamos ya?
SARA: Vosotros no toquéis nada todavía. Primero, memorizad cómo ha quedado cada cosa para que después no se note nada. (Saca un teléfono móvil de su bolsillo y marca un número) Hola, soy Sara. Mi equipo y yo estamos en la calle en cuestión. ¿Debemos proceder? (...) Ahá (...) Entendido. (Cuelga. A Ángel y Manolo) Adelante, pues. Llevad el material al almacén, pero estad atentos porque dentro de un rato se ha de volver a colocar. ¿Lo habéis entendido? ¡Pues, venga, moveos! (Se va)
MANOLO: Vaya con la tía. Está muy buena, pero tiene una mala leche... (Pausa) ¿Y si dentro de un rato hay que volver a colocarlo, por qué no lo dejamos tal y como está? ¿Tanto se desgasta de estar a la intemperie?
ÁNGEL: No, no es eso. ¿Sabes lo que ocurre? Que somos tantos que sólo unos pocos, los más preparados para actuar, consiguen un papel en la historia. Al resto, los que no somos actores, se nos encargan trabajos distintos: a nosotros, montar y desmontar las calles, plazas, viviendas...; a otros, hacer los sonidos ambientales, los ruidos de fondo... Otros, se encargan de ayudar a los actores y actrices en la preparación de sus actuaciones. De este modo, también se nos hace estar en acción continuamente y contribuir a la credibilidad de la historia, adquirir IMPORTANCIA. Ese es nuestro papel.
MANOLO: ¿Y todo eso qué sentido tiene, Ángel? ¿Y si yo me negara a participar en la historia?
ÁNGEL: Tú no quieres hacer eso. Ni siquiera puedes... Y no quiero que vuelva a ocurrírsete algo así, Manolo.
MANOLO: ¿Por qué?
ÁNGEL: Porque lo necesitas para no convertirte en alguien aislado, solitario, rechazado y perseguido. Si dejas de ser útil, tu vida perdería sentido incluso para ti mismo. La unión entre nosotros es lo que nos mantiene vivos. Si no eres útil, al Gran Jefe no le interesas, y eso no es nada bueno.
MANOLO: ¿Y si me rebelo, entro en escena y hago el papel que me apetezca, por ejemplo, le pido fuego al protagonista?
ÁNGEL: ¡Eso es muy peligroso, Manolo! No debes hacerlo nunca.
MANOLO: ¿Por qué?
ÁNGEL: Porque podrías hacer que cambiase todo lo que está previsto que le pase. Podría descubrirlo antes de tiempo.
MANOLO: (Se queda pensativo) Ah, comprendo. (Entretanto, el decorado ya está recogido)
ÁNGEL: Hala, llevemos esto al almacén. Después te invito a un café, ¿vale?
MANOLO: Bueno, pero esta vez sin coñac.
ÁNGEL: Como tú quieras, amigo. (Salen con las últimas cosas)

     (Entra LOLA con unos folios en la mano. Camina hablando entre dientes. Está memorizando su papel)

LOLA: (Hablando de carrerilla, sin entonación ninguna) A ver... sí. "Escucha, Rubén, somos amigos mucho tiempo y a mí me gustaría que no se estropeara. (...) Sí ya sé que no tiene por qué estropearse. Es más, tú me gustas, me gustas mucho, y estoy dispuesta a intentarlo, pero tienes que prometerme que pase lo que pase vas a seguir siempre cerca de mí" (Mira la hoja) ¿Es así, no? No: "...vas a seguir siempre ahí, a mi lado. (Pausa. Vuelve a mirar la hoja) Siempre ahí, a mi lado, ahí, a mi lado. Eso es. Vale. ¡Lucía!
LUCÍA: (Entra) ¿Qué quieres, Lola?
LOLA: (Señala los folios y se los tiende a Lucía) Ya lo controlo.
LUCÍA: (Coge los folios) Ah, ya. Es lo de mañana con Rubén. ¿Va a ser en la bolera, por fin?
LOLA: Pues espero que no, pero no lo sé. El caso es que al final dijo que no, que a la mierda la bolera, pero no sé yo lo que el Gran Jefe tendrá pensado...
LUCÍA: Ya, lo de siempre. Bueno, venga, vamos allá. Yo elijo: por ejemplo... (Leyendo el guión) "¿Te apetece un café, Lola?"
LOLA: Hombre, pues café, lo que se dice café, no, Rubén. Pero sentarnos en una cafetería sí.
LUCÍA: Perfecto. (Deja a un lado el guión) ¿Y si te propongo ir a la piscina?
LOLA: Pues diré que no.
LUCÍA: Pero hazlo, escenifícalo.
LOLA: Está bien. Rubén, ¿a la piscina?
LUCÍA: Sí, ¿no te apetece nadar un rato?
LOLA: Mira, Rubén, con el frío que hace no voy a la piscina ni loca.
LUCÍA: Es climatizada.
LOLA: Hombre, me lo imagino. Sólo faltaba que no fuera climatizada. Pero, no.
LUCÍA: ¿Y por qué ese empeño en no ir?
LOLA: Porque ese decorado no se va a preparar, y punto. No está en el guión. (Las dos se ríen)
LUCÍA: No, en serio. Y si se empeña en ir a nadar, ¿qué harías?
LOLA: Yo qué sé... Le diría que tengo la regla. Además, eso no va a pasar.
LUCÍA: Ya. Está claro.

     (Irrumpe en escena el TIPO trajeado del principio de la obra. Viene con prisas)

TIPO: ¡Lola! Te estaba buscando. Hay cambio de planes.
LOLA: ¿Qué quieres decir?
TIPO: (Pausa) Nació ayer.
LOLA: ¿Qué?
TIPO: Que ha nacido ya, que a partir de mañana todos nuestros esfuerzos cambian de objetivo. A las doce del mediodía de mañana habrá un nuevo reparto de papeles.
LOLA: Oye, no puedes hacerme esto. Ahora que por fin estoy metida de lleno.
TIPO: Oye, que no es culpa mía. Ya sabes quién dirige. Además, son las normas: una vez que hay sucesor, se informa al predecesor. O, si lo prefieres: él debe saberlo, ya no es el protagonista.
LOLA: (Apenada) Ya, lo comprendo. (Señala al público) ¿Lo saben ellos?
TIPO: Sí, lo saben. Se lo dije hace un rato y su labor es disimular, seguir actuando. Claudio será el encargado de decírselo a él. En cuanto a ti, lo siento. (Lucía le tiende el guión. El TIPO lo coge y lo rompe) Hasta luego. (Sale)
LUCÍA: Bueno, termina una etapa...
LOLA: (Pensativa) Creí que no me importaba tanto.
LUCÍA: Escucha: un papel, por principal que sea, no te debe obsesionar. No te preocupes, eres muy buena. Ya verás como mañana te dan otro igual de importante o más.
LOLA: (Pausa) Ya... Pero es que yo no estaba hablando del papel. (Otra pausa más larga)
LUCÍA: Ey, ¿y por eso estás tan deprimida? Piénsalo bien, Lola, si ya no tienes que representar ese papel y él ha dejado de ser el protagonista, podréis deciros lo que sentís realmente el uno por el otro. (Pausa) Bueno, se lo dices tú, porque él ya sabes que está colado por ti.
LOLA: No, Lucía. Las cosas no serán como antes. Sabes, Rubén es un buen chico, diferente, no me perdonará que le haya mentido de esta manera, que haya contribuido a escenificar esta gran mentira.
LUCÍA: Pero tú no tenías otra opción. El Gran Jefe asigna los papeles y nosotros no podemos decidir ni tan siquiera nuestros sentimientos hacia el protagonista. (Pausa) Cuando se lo diga Claudio, él lo va a entender, y estoy segura de que todo va a acabar saliendo bien, ¿de acuerdo?
LOLA: (Asiente) De acuerdo. Gracias, Lucía.
LUCÍA: No hay de qué. (Va a salir pero se detiene) Una última cosa, Lola. Pase lo que pase, no le digas nada a Rubén antes de que Claudio hable con él. No quiero que tengas problemas en el futuro, ya sabes lo que puede ocurrirte. ¿Me has comprendido?
LOLA: Sí. Gracias otra vez.
LUCÍA: Adiós. (Sale)

     (Lola queda pensativa unos momentos. Apagón)

 

 

 

 

SEGUNDA PARTE

     (Suena "I feel good", interpretada por James Brown. La escena se ilumina mientras RUBÉN sale bailando al ritmo de la música. Está arreglándose porque va a salir. ÁNGEL y MANOLO entran también, pero ellos colocan el decorado de un salón de una casa, con un sofá y una mesa. La acción es simultánea, pero los personajes se ignoran porque están en lugares diferentes. Poco a poco, Rubén se retira a un lado del escenario hasta desaparecer. Mientras, un hombre y una mujer de edad avanzada, PEPE y CRISTINA, los padres de Rubén, entran y él se sienta en el sofá y abre un periódico, la mujer acerca su oído al extremo del escenario, de donde ahora parece provenir la música que estaba escuchando Rubén. Ángel y Manolo también han desaparecido de escena.)

CRISTINA: Está en su habitación, creo que oyendo música y preparándose.
PEPE: ¿A qué hora va a salir?
CRISTINA: (Mira su reloj) Dentro de unos minutos, se supone, porque su cita es dentro de quince minutos.
PEPE: ¿Has hablado con el Coordinador?
CRISTINA: Sí. Estuvo aquí antes.
PEPE: ¿Te ha dicho quién es el encargado de decírselo?
CRISTINA: No. Lo único que ha dicho es que nosotros no somos los elegidos para esa tarea. Que en el desenlace no tenemos nada que ver.
PEPE: Ya. (Irónico y algo enfadado) Sea usted un actor de primera fila, trabaje como un verdadero profesional, para esto: para que luego no se cuente con usted en el desenlace. Dan ganas de mandarlo todo a la mierda.
CRISTINA: Yo lo prefiero así, qué quieres que te diga. Lo contrario supone demasiada responsabilidad. (Pausa) Además, no sabría qué decirle. A Rubén no sabría qué decirle.
PEPE: (Moviendo la cabeza con gesto de clara molestia) ¡Esto es increíble! En fin... (Regresa al periódico. Se ríe) ¿Has visto lo que ha escrito hoy el Gran Jefe en "El País"? (Le muestra la noticia?)
CRISTINA: ¡Qué imaginación! El Gran Jefe tiene cada cosa...
PEPE: Sí. A veces hasta me llego a creer que estas cosas pasan de verdad. Es que no se le escapa un detalle.
CRISTINA: Sí. Es un genio.

     (Entra Rubén poniéndose una cazadora. Habla distraídamente)

RUBÉN: ¿De quién hablas, mamá?
CRISTINA: ¿Cómo?
RUBÉN: Ése que dices que es un genio.
CRISTINA: No, no hablaba de nadie. Le decía a tu padre que tiene que aprender a dominar su mal genio.
PEPE: Yo ya lo domino. Cuando sale es porque yo lo dejo, je, je, je.
RUBÉN: Ah, bueno. Pues nada. Me voy, que he quedado ahora mismo.
CRISTINA: ¿Has quedado? ¿Pero no tienes que estudiar, Rubén?
RUBÉN: Claro, a eso voy. He quedado en la biblioteca para estudiar un ratito.
CRISTINA: ¿Y qué vas a estudiar, porque no veo que te lleves ningún libro?
RUBÉN: Allí los cogeré, mamá. Hasta luego. (Sale)
CRISTINA: (A Pepe) ¡Qué mentiroso es, ¿eh?
PEPE: Sí, a mí me recuerda a alguien. (Pausa) Déjale, mujer. Al fin y al cabo, nosotros llevamos mintiéndole toda su vida. No somos los más indicados para quejarnos.
CRISTINA: No sé qué me pasa, pero no me encuentro muy bien con todo esto del cambio de guión. Rubén ha sido algo muy especial para mí, y ahora que se acaba todo... Espero que hayamos sido unos buenos padres para él, aún recuerdo cuando el Gran Jefe nos eligió. ¡Qué responsabilidad! Además, era mi gran oportunidad, la que había estado tanto tiempo esperando... Pero no sé qué me pasa. No estoy tan satisfecha, tan orgullosa como cuando todo empezó. Creo que no ha estado demasiado bien.
PEPE: El Gran Jefe ha quedado muy contento con nosotros, tú lo sabes.
CRISTINA: Yo no hablo del Gran Jefe, Pepe. ¿Qué pasa con Rubén? ¿A ti no te preocupa lo que le pase a partir de mañana?
PEPE: Vamos, sabes que no le pasará nada. Pasará a formar parte de nosotros, le asignarán un papel y se acabó. (Se levanta) No te preocupes por eso, no es tu función. Limítate a seguir las instrucciones, Cristina. Si no, te quedarás sola. Ni siquiera yo te ayudaría. Las cosas son como son, y no podemos hacer nada para cambiar eso. (Silencio) Anda, vamos a ver cómo acaba todo. (Salen)

     (Ángel y Manolo entran para retirar los muebles del salón)

ÁNGEL: (Melancólico) Pues anda que no hemos transportado veces estos muebles, ¿eh, Manolo?
MANOLO: Sí, y pensar que es la última vez...
ÁNGEL: No creas. Es posible que en la próxima vida que representemos se vuelvan a utilizar, aunque seguro que en un plano mucho más secundario.
MANOLO: ¿Recuerdas cuando los pusimos la primera vez?
ÁNGEL: Claro, el famoso cambio de mobiliario, otro capricho del Gran Jefe.
MANOLO: ¿Te acuerdas de que Luis se entretuvo colocando el espejo del pasillo y casi lo pillan? Tuvo que esconderse detrás de este sofá para que él no lo descubriera.
ÁNGEL: Sí. Pobre Luis. Aquel fallo le costó caro. (El sofá lo dejan fuera. Ahora cogen la mesa)
MANOLO: ¿Sí? ¿A qué te refieres?
ÁNGEL: (Silencio. Más confidencial) Bueno, es una historia bastante confusa... Se comentan varias cosas, pero ninguna con certeza. Dicen que ahora se encarga de la lluvia.
MANOLO: Bueno, ahí tiene menos riesgo de equivocarse.
ÁNGEL: Sí, porque aquí casi nunca está previsto que llueva. (Pausa) Pero otros dicen que el Gran Jefe no tolera los errores de ese tipo. Se cuenta que Luis fue llevado ante él, y que éste le quitó todos los recuerdos de su vida anterior. Luego lo mandó a trabajar en lo de la lluvia. Pero hay más: se dice que Luis logró huir cuando el Gran Jefe le arrebataba sus recuerdos, y que escapó a la zona neutra, y se convirtió en un renegado medio loco al que todavía no han logrado encontrar.
MANOLO: ¿Qué es la zona neutra?
ÁNGEL: El final del mundo, chico. Allí vamos a morir cuando llega nuestra hora o cuando dejamos de ser útiles. Es el infierno de esta tierra. Después de eso está la nada, y más allá habita el Gran Jefe.
MANOLO: ¿Entonces Luis dejó de ser útil y...?
ÁNGEL: Saquemos esto, muchacho, y deja de hacer tantas preguntas. (Salen con la mesa)

     (Escenario vacío. Entra CLAUDIO, mordiéndose las uñas, nervioso pero templado, tiene un guión en una mano y lo memoriza rápidamente mientras da vueltas por el escenario)

CLAUDIO: Eso es, eso es... (Se golpea la frente)... "Sino que existía por ti, sino que existía por ti". Eso es.

     (Entra Sara)

SARA: Claudio.
CLAUDIO: ¡Sara! Ya era hora. ¿Es que no sabes que va a aparecer en cualquier momento?
SARA: Claro que lo sé, cariño. Mi equipo ya trae la calle. Somos profesionales.

     (Entran Manolo y Ángel con las cosas del decorado inicial. Lo ponen todo exactamente como estaba al principio)

MANOLO: Gracias por lo de profesional, Sara.
SARA: Que no se te suba a la cabeza, chaval.
CLAUDIO: Daos prisa y basta de idioteces, ¿queréis?
SARA: (Pone la mano en la cara de Claudio) Relájate, Claudio. Es el momento crucial, el momento decisivo. Cuando todo haya terminado podremos estar más tiempo juntos, tú y yo solos, ¿de acuerdo?
CLAUDIO: (Aparta la cara) Este no es el momento para hablar de eso, ¿no te parece? (Muy serio y duro con ella) ¿Quieres estropear el papel más importante de toda mi carrera con tus sentimentalismos de novela rosa? Por fin estoy haciendo algo importante y no quiero que nada me distraiga, ya te lo dije. Te debería bastar.

     (SARA, visiblemente afectada, se dispone a salir detrás de Ángel y Manolo. Claudio la mira mientras se marcha)

CLAUDIO: Sara... (Ella se vuelve con desgana) Me gusta... me gusta cómo diriges la decoración.
SARA: (Silencio) Pues a ti esto te está volviendo un imbécil. (Silencio)

     (En ese momento entra corriendo el COORDINADOR, que es el tipo del traje que no ha parado de pasearse por toda la representación)

COORDINADOR: ¿Qué hacéis ahí parados? ¡Ya está aquí!

     (La calle ya está montada. Todos menos Claudio salen corriendo del escenario. Entra Rubén justo cuando la última persona desaparece por el lado contrario)

RUBÉN: Claudio, esto... Perdona que llegue un poco tarde.
CLAUDIO: No te preocupes, he tenido tiempo de contar las hojas de este árbol. Siempre es instructivo y muy recomendable saber cuántas hojas tiene un árbol.
RUBÉN: Vaya que sí, tío. (Pausa) Pero, dime, ¿qué era eso que tenías tanta urgencia en contarme?
CLAUDIO: Ah, sí, sí. Siéntate.
RUBÉN: (Así lo hace) Dime.
CLAUDIO: Pues nada, Rubén, que me quiero desahogar, que estoy metido en un marrón de tres pares con mi familia, ¿sabes?
RUBÉN: ¿Qué te pasa? ¿No te dejan ver el Canal + los viernes de madrugada?
CLAUDIO: Oye, que esto es serio. Mira, ya sabes que mi madre es una especie de beata de ciudad. Todos los días me hace rezar un padrenuestro cuando me siento a la mesa, me lee la Biblia a diario, va a misa todos los días... ¿entiendes?
RUBÉN: De momento bastante poco, pero tenemos tiempo.
CLAUDIO: Pues resulta que me ha amenazado con que, si no empiezo a ir yo a misa, como si fuera pequeño, y además con ella, me quita la paga semanal.
RUBÉN: Vaya, qué fuerte. ¿Y qué piensas hacer?
CLAUDIO: Pues no sé, porque a mí me da repelús ir a misa, ya lo sabes, no puedo creer en esas cosas sobrenaturales, y menos a la fuerza.
RUBÉN: Ni yo, ya te digo.
CLAUDIO: Y sobre todo me molesta eso de tener que arrodillarse o levantarse en los momentos señalados, de decir todos lo mismo y a la misma vez. ¡Parecen borregos, joder!

     (Entran Sara y el Coordinador cogidos de la mano. Hacen como que pasean)

COORDINADOR: (En voz baja) No estaba previsto que Rubén se fuera por las ramas de esta forma. (Se ponen a espaldas de Rubén)
SARA: (Con voz amarga) Está improvisando, buscando una manera más fácil para decírselo. Es un actor magnífico.

     (El Coordinador hace señas a Claudio señalándose el reloj. Luego sale con Sara)

RUBÉN: Hombre, lo que no puedes negar es que tanto su existencia como su no existencia son indemostrables. Creer o no en ello es una cuestión de fe. O se tiene o no se tiene.
CLAUDIO: Indemostrable. Como eso de los colores que una vez me contaste.
RUBÉN: Efectivamente. La primera impresión es que es una tontería, pero no se puede demostrar que el color que tú y yo vemos e identificamos con el mismo nombre sea el mismo. Por ejemplo, yo puedo estar viendo el tomate verde y tú azul, pero ambos decimos que es rojo.
CLAUDIO: ¿Sabes a qué me recuerda todo ese rollo de las cosas tontas pero indemostrables?
RUBÉN: No. ¿A qué?
CLAUDIO: A una manía que tengo desde pequeño: a veces me gusta imaginar que todo el mundo está actuando para mí. ¿Me entiendes?
RUBÉN: No.
CLAUDIO: Sí, que todas las cosas que yo veo a mi alrededor en realidad no estarían allí si yo no las pudiera mirar, por que toda la gente se ocupa de hacerme creer que yo construyo mi propia vida, cuando en realidad toda ella está milimétricamente calculada. Imagínate: las personas que se cruzan conmigo por la calle son actores que simulan ser transeúntes ocasionales, pero lo hacen así porque se lo dice un guión prefijado. A lo mejor hasta me piden fuego, y entonces al doblar la esquina preguntan a los demás actores "¿qué tal lo he hecho?", por que todos lo habían visto, todos son cómplices. Por ejemplo, si me acerco a una chica en un bar, todo lo que ella me dice y lo que hace está en su papel. Si yo no me hubiera acercado a ella pues nunca lo hubiera interpretado, pero debía aprendérselo y estar preparada por si acaso. (Pausa) ¿A que es bueno? A simple vista parece una tontería, pero es indemostrable que no sea cierto.
RUBÉN: ¡Menuda tontería! Seguro que se puede demostrar que es una tontería.
CLAUDIO: ¡Qué va! Todo lo que tú me digas podría ser una interpretación, para engañarme. Tú eres un actor, y estás pensando: "me ha descubierto", pero claro, disimulas, porque eres un buen actor. Si no, no te habrían dado un papel tan importante en mi vida: mi mejor amigo.
RUBÉN: Ya, ya... ¿Y se supone que hay alguien que reparte los papeles...?
CLAUDIO: Desde luego. Supón que tenéis un jefe, que es el que prepara cómo va a ser cada día para mí. Vosotros os limitáis a hacer los personajes que él crea. Yo puedo decidir pequeñas cosas intrascendentes, como si voy por esta calle o por aquella otra, pero todo dentro de los límites previstos. Así podéis preparar los decorados para que yo crea que estoy en un sitio, cuando la verdad es que ese sitio no existe tal y como yo lo veo, sino que lo habéis montado antes de que yo llegara.
RUBÉN: ¡Esta sí que es buena! Sigue, por favor, esto es genial.
CLAUDIO: No disimules más, que lo he descubierto todo.
RUBÉN: (Se ríe) El Mundo es una tomadura de pelo. ¡Qué bueno, ¿no?!
CLAUDIO: Sí, sí, pero una tomadura de pelo sólo para una persona, que soy yo.
RUBÉN: Y todos nos divertimos a tu costa.
CLAUDIO: O no. A lo mejor no os divertís, simplemente hacéis vuestro trabajo, un trabajo dinámico que os sirve para no caer en el olvido y perder toda ilusión por la vida.
RUBÉN: ¿Y por qué íbamos a perder la ilusión? Ese mismo Mundo que representamos para ti, podríamos representarlo para nosotros mismos.
CLAUDIO: No. Eso sería una farsa.
RUBÉN: ¡Es una farsa de todas maneras! ¿No? ¿No estamos actuando?
CLAUDIO: Ya, pero intentáis que para mí sea algo real, que me lo crea, y eso es la realidad para vosotros. Por ejemplo, si el mago hiciera magia para sí mismo se aburriría porque conoce los trucos, igual que si el humorista se contara los chistes ante un espejo. Las actuaciones del humorista y del mago sólo tienen sentido ante los demás. Así, vosotros no podéis vivir el Mundo que yo vivo, porque os veríais absurdos, pero que yo me crea lo que representáis es lo que os sustenta, lo que os une y os da significado. Es algo hermoso, no una farsa. (Pausa. Bromeando) Pero, hala!, me he dado cuenta y os he jodido el invento.
RUBÉN: Madre mía, no tengo palabras para definir esta demostración de egocentrismo absoluto. Tú te crees el ombligo del Mundo.
CLAUDIO: (Se pone más serio) No, Rubén, el ombligo del Mundo no soy yo. (Pequeña pausa) Eres tú.
RUBÉN: ¿Qué?
CLAUDIO: Que eres tú.
RUBÉN: ¡Este hombre acaba de volverse majara!
CLAUDIO: Escucha, Rubén, todo lo que te acabo de decir no es una tontería indemostrable, es la verdad. Yo soy un actor, estaba previsto que hiciera el papel de amigo íntimo tuyo.
RUBÉN: Esta es la broma más absurda que te he oído contar en mi vida, Claudio, y mira que te he oído bromas absurdas.
CLAUDIO: Esto no es niguna broma, Rubén.
RUBÉN: (Sonríe) Mira: es penoso que me gastes una broma tan ridícula, pero peor es que la quieras continuar. ¿Te crees que soy tonto o qué?
CLAUDIO: Con el tiempo lo entenderás.
RUBÉN: Ya sé lo que es! Demasiada realidad virtual, tío.
CLAUDIO: Lo que vas a ver ahora puede que sea muy duro para ti.
RUBÉN: (Irónico) Sobreviviré.
CLAUDIO: Te estoy hablando en serio.
RUBÉN: Pues, mira... Paso de ver nada. He quedado con Lola y voy a marcharme.
CLAUDIO: Lola no estará allí. Su papel ha terminado.
RUBÉN: Mira, Claudio, te noto un poco rarito esta tarde. Me voy a mi casa, ¿vale? Esto no tiene ninguna gracia.
CLAUDIO: Tus padres no están en casa. A decir verdad, ni siquiera tienes casa. Además, no son tus verdaderos padres, son actores. Tus verdaderos padres trabajan como ayudantes de decoración de interiores.
RUBÉN: Oye, te estás pasando de decir tonterías. Déjalo ya, ¿quieres?
CLAUDIO: Espera. ¡Pepe, Cristina!

     (Entran los falsos padres de Rubén)

PEPE: (A Cristina) Te dije que al final sí que tendríamos algo que hacer en el desenlace.
CRISTINA: Estoy muy nerviosa, no sé qué decirle.
RUBÉN: Papá, mamá... ¿Qué hacéis aquí?
CLAUDIO: (A los padres) Contadle la verdad.
PÈPE: (Con solemnidad) Hijo, esto puede resultar muy doloroso para ti.
CLAUDIO: Al grano, por favor.
PEPE: Está bien: no somos tus verdaderos padres, sino actores.
RUBÉN: (Sonriendo y desconcertado) Claudio, no sé cómo has convencido a mis padres para que te siguieran el juego, pero te felicito. (Aplaude). Es una idea macabra, pero no hay Dios que se la crea, ¿vale?
CRISTINA: (Se pone a llorar) Lo siento Rubén.
RUBÉN: Pero, ¿qué estáis diciendo? Vosotros sois mis padres, siempre lo habéis sido.
PEPE: Era nuestro papel, Rubén. Teníamos que aceptarlo así, no podemos hacer otra cosa.
RUBÉN: Esto está yendo demasiado lejos. Una broma tiene su gracia hasta cierto punto, pero esto...
CLAUDIO: (Le interrumpe levantando la voz) ¡No es ninguna broma, Rubén! Escúchalos.
CRISTINA: (Llorando) Por favor, Rubén, no nos odies por esto. No podíamos hacer otra cosa. Al principio, Pepe y yo no pensamos en las consecuencias, éramos profesionales, nos debíamos a una causa para la que fuimos contratados. Pero con el tiempo te cogimos cariño, un cariño especial, sobre todo porque yo nunca pude tener un hijo, y consideraba como una bendición la oportunidad que se me había dado de interpretar el papel de una madre. Sólo que yo no era una madre cualquiera: era la tuya. (Se abraza a Rubén) Perdóname, hijo mío, te he querido como a nadie en el mundo.
RUBÉN: (Momentos de silencio. Duda si devolverle el abrazo a Cristina. Finalmente, parece que quiere abrazarla, pero la aparta bruscamente de su lado, haciéndola trastabillar y caer al suelo) ¡Apártate de mí! ¿Qué me impide pensar ahora que sigues mintiéndome, que esas lágrimas son falsas, que sigues con tu odioso papel?
CRISTINA: (Desde el suelo, con Pepe abrazándola) ¡Lo siento, lo siento! ¡Tienes que creerme!
CLAUDIO: Pepe, será mejor que te la lleves. Ha ido demasiado lejos y está poniendo en peligro el desenlace.
PEPE: (Se lleva a Cristina que no para de llorar y pedir perdón) Está bien, Claudio.
RUBÉN: ¿Desenlace? ¿De qué estás hablando? ¿A dónde se la llevan? ¡Mamá! (Hace amago de ir tras ella, pero la voz de Claudio le detiene)
CLAUDIO: Rubén, déjala. No puedes hacer nada por ella.
RUBÉN: ¿Qué quieres decir? ¿A dónde la llevan?
CLAUDIO: Eso no es asunto tuyo, chico.
RUBÉN: (Coge a Claudio por el cuello de la camisa) Mira, Claudio, déjate de historias y acaba con esto de una vez o...
CLAUDIO: (Silencio) ¿O qué, Rubén? No irás a pegarle a tu mejor amigo, ¿verdad? (Pausa) Suéltame. (Pausa) ¡Suéltame! (Así lo hace Rubén. Claudio sube el tono de voz cada vez más) ¿No te das cuenta? El Mundo que te hemos hecho creer es irreal. (Empieza a tirar el decorado) Esta calle es falsa: edificios deshabitados, árboles recién plantados antes de que tú llegaras aquí, coches que no son de nadie...
RUBÉN: (Tras un silencio, señala al público) ¿Y ellos, qué? ¿Por qué hacen como que miran la obra, si ya me has descubierto tú el pastel?
CLAUDIO: Están disimulando, es su papel.
RUBÉN: Estás loco. Completamente loco.

     (Entra el Coordinador)

COORDINADOR: Rubén, es momento de que lo aceptes. Quisimos crear un Mundo para ti. Siempre lo hacemos con los elegidos como tú, hasta que nace otro de tu misma especie. Y ayer nació. Una niña.
RUBÉN: ¿Qué demonios quiere decir eso? ¿Cómo sabe usted mi nombre? Todo el mundo se ha vuelto loco.
COORDINADOR: Rubén, no te preocupes; seguro que vas a saber integrarte en este nuevo modo de vida. Mañana comenzamos a crear un nuevo Mundo para la niña recién nacida. Espero que te haga ilusión participar en la representación. Seguro que el Gran Jefe ha pensado en un buen papel para ti. Deberías ser un profesional y aceptar lo que se te asigne, o de lo contrario...
CLAUDIO: Coordinador, no le digas eso todavía.
RUBÉN: ¿Qué es lo que no puedo saber?
CLAUDIO: Rubén, has dejado de ser el protagonista de este montaje. A partir de ahora, tú contribuirás al nuevo montaje de la vida de esa niña recién nacida.
RUBÉN: ¿Quieres decir que esa niña tendrá la misma vida que he tenido yo?
CLAUDIO: Así está programado por el Gran Jefe, y así debe hacerse.
RUBÉN: Una vida de mentira. Un Mundo de mentira...
CLAUDIO: No creas. El Mundo no era mentira, sino que existía por ti.
RUBÉN: (Silencio) Pero, ¿y el resto de mis amigos, mi familia...?
CLAUDIO: Todos son actores contratados.
RUBÉN: (Silencio) ¿Desde cuándo lleváis con esto?
CLAUDIO: Desde que naciste, Rubén. El Gran Jefe decidió quién debía estar a tu lado y quién no. Por eso, Pepe y Cristina no son tus verdaderos padres, por eso yo soy tu mejor amigo. Hemos diseñado un Mundo hecho a tu medida.
RUBÉN: Entonces, todo lo que me ha ocurrido era falso, estaba programado, prefijado por alguien.
CLAUDIO: No, no era falso. Era simplemente lo que el Gran Jefe quería que te ocurriera. Tus emociones, tus sentimientos, tus éxitos, tus fracasos... no han sido espontáneos ni azarosos. Todo estaba sujeto a las órdenes del Gran Jefe. Él ha sentido por ti, ha llorado por ti... Tu naturaleza influye en tus sentimientos, pero sólo has experimentado las emociones que Él ha querido que experimentaras.
RUBÉN: (Alterado) ¡Pero yo tengo recuerdos, sensaciones que tuve un día! ¡Eso no se puede controlar! Lo que yo he sentido sólo yo lo sé.
CLAUDIO: Todo está controlado, créeme. Si tú tienes esos recuerdos es porque nosotros hemos creado esas situaciones que recuerdas, nada más. Tú nunca has hecho nada que no estuviera previsto. Por ejemplo, tú nunca has conocido el amor, Rubén, pero no porque no quisieras, sino porque el Gran Jefe no te ha dado esa oportunidad. Tú sientes algo en tu interior, que a veces no entiendes bien, por Lola, pero ella está actuando para ti. Cada rechazo, cada excusa... son parte de su papel, y si el Gran Jefe hubiera querido que ella te aceptara, Lola habría representado ese papel y tú habrías conocido el amor, amigo mío.
RUBÉN: Has perdido la cabeza, Claudio. Me estás asustando.
CLAUDIO: Entérate de una vez, chico. Tu tiempo se ha acabado y debes aceptar que nunca fuiste libre, ni siquiera ahora que sabes la verdad. Tu obligación en estos momentos es aceptar el papel que te den en la vida que vamos a empezar a crear para esa niña.
RUBÉN: Ya... ¿Y si me negara a representar mi papel?
CLAUDIO: No hagas eso, Rubén. En estos años he aprendido a apreciarte más de lo que crees, y no me gustaría que te vieras envuelto en un lío.
RUBÉN: ¿Qué estás diciendo? A alguien a quien aprecio no le miento como tú me has mentido.
CLAUDIO: Rubén, entra en razón. No hay otra alternativa. Es muy peligroso desobedecer la voluntad del Gran Jefe.
RUBÉN: ¡Basta! ¡Cállate de una vez! El Gran Jefe, el Gran Jefe... ¿Quién coño es ese Gran Jefe? ¿Qué le hace pensar que podía hacer con mi vida lo que ha hecho? Me gustaría preguntárselo cara a cara, necesito saber por qué.
CLAUDIO: No es una buena idea, chico.
COORDINADOR: Olvídate de eso, muchacho. No tienes opción y nunca la tuviste. No pongas a prueba la paciencia del Gran Jefe.
CLAUDIO: ¡Coordinador!! (Le lanza una mirada durísima) Mira, Rubén, todo puede ser como antes. Tú y yo podemos seguir viéndonos, podemos seguir siendo amigos. Y piensa en Lola... Si no tiene que representar su papel, tal vez podáis llegar a ser algo más que amigos, ¿no crees? (Sonríe) Seguro que ella piensa lo mismo que tú.
RUBÉN: No puedo creerlo, te estás riendo. ¿No entiendes lo que me habéis hecho? No tengo vida, soy producto de la voluntad de un desconocido que juega a ser Dios. ¿Y me estáis pidiendo que contribuya a hacerle lo mismo a esa niña?
CLAUDIO: No te estamos pidiendo nada, chico. Tendrás que hacerlo o atenerte a las consecuencias.
RUBÉN: Empieza a intrigarme esto de las consecuencias. Nadie puede obligarme a hacer algo que no quiero hacer.
CLAUDIO: Eso no es del todo cierto, Rubén. Con nosotros lo aprenderás.

     (Silencio. Salen a escena Pepe, Ángel y Manolo, y se sitúan a la espalda de Claudio. El Coordinador se acerca a la altura de Claudio)

COORDINADOR: No te preocupes, muchacho. Todo saldrá bien si tú quieres.
CLAUDIO: (Se acerca a Rubén) No te resistas. Con el tiempo te acostumbrarás a este cambio. (Le pone la mano en el hombro) Ven con nosotros.
RUBÉN: (Le da un puñetazo a Claudio y sale corriendo, perseguido por Pepe, Ángel y Manolo. El Coordinador ayuda a Claudio) ¡Nooo!!!
CLAUDIO: (Desde el suelo, saca un móvil) ¿División Este? Tenemos un problema. El objetivo ha escapado hacia esa dirección. Tenéis que detenerle antes de que llegue a la zona neutra, ¿está claro? Repito: no debe llegar a la zona neutra.

     (Apagón)

 

 

 

 

TERCERA PARTE

     (La escena se ilumina lentamente descubriendo un escenario vacío, sin ningún elemento decorativo. La luz es, sin embargo, más cálida que en las dos partes anteriores. Los personajes, que todo el tiempo habían vestido en blanco y negro, pasan a tener un punto de color en su vestuario. Puede sonar una música instrumental mientras sale RUBÉN, terriblemente destrozado, cabizbajo y reflexivo. Deambula por el escenario, hasta que Lola aparece por un extremo del mismo y ambos se miran en silencio)

LOLA: (Triste) Rubén. Te estaba buscando. He de decirte una cosa muy importante.
RUBÉN: Es un poco tarde, ¿no te parece?
LOLA: Lo sabes. ¿Te lo dijo Claudio, verdad? Era el primero en todas las apuestas. Tu mejor amigo.
RUBÉN: ¿Mi mejor amigo? (Pausa) ¡Qué más da! ¿A ti qué te importa?
LOLA: Sí, ya lo sé. En realidad a nadie le importa nada... Tú no entiendes que esto es lo que tengo que hacer, y no puedo negarme porque toda mi vida dejaría de tener sentido. Pero eso ya no es así, yo no quiero que las cosas sean así.
RUBÉN: Entonces, ¿cómo son? Venga, dímelo. Ah, claro, lo olvidaba. ¿Qué vas a saber tú que ni siquiera sabes quién eres en realidad? Sólo sabes darle vida a un personaje, una marioneta a la que dirigen, pero... ¿qué hay de ti? ¿Dónde acaba tu papel y empiezas tú, si es que empiezas en alguna parte?
LOLA: Eso es muy cruel, Rubén. No es propio de ti.
RUBÉN: ¿Y tú qué coño sabes de mí sin un guión que te diga mi próximo paso?
LOLA: Sí... Tienes razón. No sé qué decirte ahora que todo ha terminado. (Silencio. Rubén se calma)
RUBÉN: No esperaba encontrarte aquí. Creí que no volvería a verte.
LOLA: Sabía que estarías aquí y tenía que venir. No sé lo que me pasa, algo ha cambiado.
RUBÉN: ¿Qué ha cambiado?
LOLA: Yo he cambiado, Rubén.
RUBÉN: ¿Sí? ¿Y ahora a quién interpretas?
LOLA: Ese es el problema. Tengo que seguir con mi trabajo, pero quiero aprender a hacer de mí misma.
RUBÉN: Todo eso me suena a camelo. (Pausa) Sabes..., tu voz me suena distinta. Recuerdo cuando te conocí, por primera vez, claro, me sentí atraído inmediatamente. Eras tan hermosa y tan segura de ti misma. En esa época yo me moría por estar contigo, para siempre, me entusiasmaba escuchar el sonido de tu voz, sólo esa musiquilla, era casi feliz... (Pausa) Vaya, es curioso. Tanto tiempo intentando decirte esto y ahora no tiene ningún sentido.
LOLA: No digas eso. No lo entiendes, estoy aquí, contigo.
RUBÉN: Podría creerte, sería lo más fácil. Podría fingir que esto no me afecta, que entiendo la situación de la que hablas constantemente... Representaría un papel en la vida de esa niña y me convencería de que eso es lo que debo hacer, de que es lo mejor para mí.
LOLA: Te quiero. (Silencio)
RUBÉN: Creo que me he pasado los últimos dos años planeando en mi cabeza cómo sería este momento: unas veces me quedaba callado y no podía pronunciar ni media palabra; otras, tú no me dejabas decir nada, porque tu boca ya estaba junto a la mía; pero el pensamiento más repetido era que yo sentía estremecerse mi espalda, y algo me llenaba el pecho por completo: creo que esa sensación es lo más cerca de la felicidad que he estado nunca. (Pausa) Ahora mismo puedo acercarme a ti, acariciar tu rostro y tu pelo como siempre he querido hacer. Abrazarte suavemente, despacio, como si no me creyera lo que está pasando y temiera que te desvanecieras de repente. Luego te besaría esperando que no acabase nunca... nunca... (Pausa) Pero no voy a hacerlo. ¿Y sabes por qué? Porque no significo nada para ti. No soy nada para ti.
LOLA: Yo no podía hacer otra cosa. Mi vida se justifica con lo que hago, es lo que me da sentido a mí y a los demás. Somos como somos y, por más que yo te quiera como ahora mismo lo estoy sintiendo, hay un papel que me espera en la nueva representación. Y tendré que hacerlo, no tengo otra opción. (Pausa) No, Rubén, yo no quería hacerte daño, te quiero. Tienes que confiar en mí.
RUBÉN: Ya no te creo. Y tampoco confío en nadie. Debiste pensar todo esto mucho antes de embarcarte en esta farsa.
LOLA: Por lo que más quieras, Rubén, no te tortures más. Entiende que no puedo hacer otra cosa, y tú tampoco aunque no lo creas.
RUBÉN: Dime que no has jugado conmigo. Dime que no seguirás en este montaje, con esa pobre niña que no sabe lo que le espera.

     (Silencio)

RUBÉN: ¿Lo ves? No dices nada.
LOLA: ¿Cómo podrías perdonarme? ¿Cómo podría explicártelo para que pudieras afrontarlo y saber que te digo la verdad, que te quiero, que no tengo que seguir actuando para ti?
RUBÉN: No, Lola. (Pausa) Tú eres la que tienes que afrontar lo que has hecho. Tienes que afrontar que tú tampoco tienes vida. Y lo peor es que has contribuido a quitármela a mí.

     (Sale y Lola queda sola en el escenario mientras éste se oscurece. Entran Sara y Claudio, preocupados)

SARA: ¿Cómo pudo tener esa reacción? Estábamos preparados para cualquier cosa..
CLAUDIO: Al principio parecía que lo estaba asimilando normalmente, todo iba por buen camino, pero la intervención de Cristina pareció romper algo en su cabeza. Se puso violento y la empujó. A partir de eso, todos nos pusimos nerviosos y lo hicimos mal. El resultado ya lo sabes.
SARA: ¿Qué me estás diciendo, Claudio? ¿Llevas tanto tiempo dependiendo de un guión que ya no sabes reconducir una escena y no cagarla como lo habéis hecho?
CLAUDIO: Mira, Sara, no se trata de eso y lo sabes. Me hubiera gustado verte a ti en mi situación, con una madre histérica y el imbécil del Coordinador amenazándole. Por algún sitio tenía que salir, joder.
SARA: (La discusión sube de tono) ¿Y qué quieres que te diga? Tú eres el gran actor, en el papel más importante de tu vida, tú deberías haber sabido mejor que nadie que podía tener esa reacción violenta.
CLAUDIO: Es fácil decir eso cuando lo único en que tienes peligro de equivocarte es en si has colocado un banco diez centímetros fuera del lugar donde lo colocaste el día anterior. Yo me paso todo el día actuando, preparado por si a nuestro chico se le ocurre salirse un poco de los límites previstos. Piensa un poco en eso antes de repetirme que no estaba preparado para cualquier situación. Piensa un poco en alguien que no seas tú.
SARA: ¿Cómo puedes decirme eso? ¿Tienes la cara de decirme que soy yo la que sólo piensa en mí, cuando eres tú el que no has encontrado, o ni siquiera lo has buscado, ni un minuto para dedicarme desde hace meses?
CLAUDIO: ¿Pero qué esperas de mí, Sara? No, no dímelo. No te calles ahora, eres tú la que has empezado esta conversación. (Pausa) No pienso renunciar a lo que tengo, ya te lo he dicho.
SARA: (Tras un silencio) ¿Qué nos ha pasado? ¿Cómo se nos ha ido de las manos?
CLAUDIO: Nada. Las cosas pasan, no hemos podido resolver este imprevisto como todos hubiéramos querido. Pero no te preocupes, dentro de unas horas todo estará solucionado. Le encontraremos y todo volverá a ser como siempre.
SARA: Ese es el problema. Todo seguirá como siempre, igual que antes, y no tendremos la oportunidad de hacer que cambie, porque ya estamos pensando en la próxima representación. (Pausa) ¿Qué nos ha pasado a nosotros, Claudio? Ya no te miro como antes, tú hace tiempo que dejaste de hacerlo. Ya no agotamos los días para pasar unos momentos juntos.
CLAUDIO: Sabes que eso formaba parte de nuestra situación. Nunca te he mentido intentando decirte que éramos libres para llevar adelante nuestra relación. Los dos nos debemos a nuestro trabajo, a nuestra función en este mundo.
SARA: (Pausa) He pensado en dejarlo, Claudio. Me hace demasiado daño estar así, quería decírtelo a ti antes que a nadie.
CLAUDIO: ¿Es por lo de antes, verdad? De acuerdo, lo siento. No deberías hacerlo. Tú trabajas bien.
SARA: ¿Pero es que no lo ves? Lo que tenemos tú y yo nos mantenía vivos. A mí me mantenía viva entre esta tremenda función. Y era por ti, Claudio, era por ti por lo que yo he pensado que algún día podríamos dedicarnos a nosotros por completo. (Pausa) Pero parece que no va a ser así de ningún modo, ¿eh? Ni siquiera te has inmutado por lo que te estoy diciendo.
CLAUDIO: ¿Quieres que te pida que te quedes? ¿Es eso?
SARA: No, no es eso. No entiendes nada. Yo habría sido feliz con una mirada, con un gesto, las veces que nos veíamos antes de empezar las escenas. Ni eso has querido concederte, y no me involucres a mí en algo que tú no has querido hacer. (Pausa) ¿Tú me quieres, Claudio?
CLAUDIO: ¿Qué pregunta es esa, Sara?
SARA: Contéstame. Al menos, me debes eso.
CLAUDIO: (Pausa) No lo sé. (Pausa) Pero este no es un buen momento, Sara. ¿Por qué no lo hablamos tranquilamente...?
SARA: No, no. No quiero escucharte más. Me voy a marchar, no te molestes en buscarme porque no me encontrarás. (Pausa) Ni siquiera has podido darme eso durante todos estos años. Ni siquiera eso... Y yo nunca te he pedido nada, pero ya no importa. Tú perteneces a este simulacro de existencia, es tu sueño, y has prescindido de todo lo demás, incluso de lo que te podía dar un momento de liberación. Desde luego, eres un gran actor... A veces me sorprendo admirándote en escena, creyéndome lo que dices, y me pregunto si es que alguna vez me has dicho algo a mí más allá de tu actuación. Estoy harta de este desencuentro. Estoy harta de esto... (Pausa) Porque tú no haces nada porque quieres, desengáñate, estás igual de ciego que Rubén, sólo que lo tuyo es mucho peor: tú lo has aceptado. (Pausa) Y yo... te he aceptado porque te quiero. Tú no me quieres, pero no porque no puedas, eso es una tontería... es porque no sabes. Pero ahora se acabó, voy a dejarlo todo porque no creo en esto, y porque empiezo a dudar si alguna vez creí en ello. (Pausa) No soy tan fuerte ahora como antes de conocerte. Necesito alguien en quien apoyarme de vez en cuando, y necesito saber dónde se encuentra.
CLAUDIO: (Silencio) Quédate. (Silencio) Bueno, no te preocupes... ya encontraremos a otra.
SARA: (Asiente con tremenda indignación y dolor) Claro. (Sale mientras Claudio la mira debatiéndose entre detenerla y quedarse quieto. Finalmente permanece allí unos instantes, y luego sale por el extremo del escenario contrario al que ha salido Sara)

     (Entra Rubén. La escena está muy oscura. Estamos en la zona neutra. Un personaje, EL LOCO, habla desde la penumbra)

LOCO: No me has pagado el peaje.
RUBÉN: (Asustado) ¿Qué? ¿Quién está ahí?
LOCO: (Imitando a Rubén) "¿Quién está ahí? ¿Quién está ahí?" Yo debería hacerte esa pregunta, ¿no te parece? ¿Quién eres? No me has pagado el peaje.
RUBÉN: (Ha visto al hombre en la penumbra, sentado en el suelo con las piernas cruzadas. El público aún no puede distinguirlo) Soy Rubén. ¿Eres tú el Gran Jefe?
LOCO: (Ríe sonoramente) No, no soy quien tú crees, pequeño idiota. Vuelve a tu mundo, aquí no vas a encontrar otra cosa que dolor y muerte.
RUBÉN: ¿Qué quieres decir? ¿Quién eres?
LOCO: "Un hombre gris avanza por la calle de niebla, no lo sospecha nadie. Es un cuerpo vacío" (Pausa) ¿Eres tú ese cuerpo, pequeño comediante? Vuelve a tu escena, maldito, o págame el peaje.
RUBÉN: No. Oiga, espere... Yo no soy un actor. Yo soy el chico al que han estado engañando... Busco al responsable de todo esto. Al que llaman Gran Jefe.
LOCO: Vaya, pero si encima tiene aires de grandeza el chaval. ¡Qué vas a ser tú el protagonista...! Lárgate, no me dejas escucharlos. (Se arrodilla)
RUBÉN: ¿A quién quiere escuchar?
LOCO: Ssssshh!!! (Pausa) "Invisible en la calma el hombre gris camina. ¿No sentís a los muertos? Mas la tierra está sorda" (Pausa) Ven, escúchalos tú también. (Coge a Rubén y le obliga a arrodillarse junto a él)
RUBÉN: (Se suelta) Déjeme, hombre. Está como una cabra. ¿Quién es usted?
LOCO: (Con movimientos rápidos que asustan un poco a Rubén. Se levanta y comienza a hacerle preguntas) ¿De dónde eres? ¿Quién te envía? ¿Cuántos años tienes? ¿Conoces a tus padres? ¿Tienes hermanos? ¿Acaso algún amigo? ¿Amas a alguien? ¿Odias? ¿Te gusta tu vida, pequeño piojo? ¿Tu vida te pertenece? (Pausa) ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste libre?
RUBÉN: (Abrumado) Hace unas horas.
LOCO: (Silencio) Así que es cierto... "Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara". (Pausa) ¿Qué buscas aquí?

RUBÉN: No lo sé, tal vez mi identidad. ¿Quién soy yo? ¿Por qué han hecho esto conmigo?
LOCO: (Más calmado) Eso no tiene importancia. Si no hubieras bailado al son de esta música, lo hubieras hecho al ritmo de otra. Son las reglas que hay en el Mundo, sin querer las hacemos nuestras, hasta que ellas nos dominan por completo. (Pausa) Nuestra vanidad ha sido siempre el que otros dependieran de nosotros. Somos seres despreciables, no merecemos alcanzar la libertad con la que soñamos. (Pausa) Ya no recuerdo el tiempo que llevo aquí, escondido, tratando de organizar mi cabeza. No te conviertas en esto, muchachito estúpido, no creo que pudieras soportarlo. "No podrás pues besar con inocencia, ni vivir aquellas realidades que te gritan con lengua inagotable. Deja, deja, harapiento de estrellas; muérete bien a tiempo".
RUBÉN: ¿Quién es el responsable de todo esto?
LOCO: (Sonríe) Descubrirás que aún te aguardan algunas sorpresas. Pero el resultado será el mismo. Tú no conseguirás hallar las respuestas que buscas, porque están en ti mismo, y ni siquiera puedes contemplarlas. No eres nada, no existes.
RUBÉN: ¿Por qué no deja de decir locuras? (Pausa) ¿Qué hace usted aquí?
LOCO: "El poeta es el astro de su propio destierro". Cito de memoria, ruego que me disculpes si transformo algún verso en mi memoria. Aunque a decir verdad, me importa una mierda si me disculpas o no.
RUBÉN: ¿Quién es usted?
LOCO: No, no. La pregunta es: ¿Quién era yo? (Pausa) Un componente más del juego, pequeño curioso. Un eslabón más de la cadena. Una vuelta más de esta noria que nos atrapa. ¿Qué hacemos? Dejarnos llevar, chico, es lo mejor. Por no hablar de que también es lo más fácil. (Pausa) Adoraba mis tiempos de comediante. Pertenecía a una gran familia, todos ellos eran mi familia. Cada vez estoy más cerca de convertirme en sombra. (Pausa) No encontrarás lo que imaginas más allá de este lugar.
RUBÉN: (Señala hacia donde mira el Loco) ¿Es allí donde encontraré al Gran Jefe?
LOCO: Bueno, sí... No. Piensa lo que quieras, disfruta con estos momentos de aparente "libertad". Tú te creías diferente, y sólo tú eres el que debes descubrir la verdad por ti mismo. (Pausa) Por más que quieras convercerte de que esto no es posible, más hundido te verás. (Pausa) No me acuerdo de mis padres, ¿sabes? No recuerdo nada de mi infancia, es como si tuviera en blanco toda esa parte de mi memoria. (Pausa) ¿Tú tienes padres, chico?
RUBÉN: Supongo que los tengo, en algún lugar, aunque no los conozco.
LOCO: ¿Recuerdas a tus padres?
RUBÉN: Recuerdo a los que eran mis padres... en la representación.
LOCO: (Pausa) ¿Te das cuenta? Tú tampoco recuerdas. Sólo te acuerdas de lo que han preparado para ti. (Pausa) Estás más solo que yo. (Pausa) Te he visto antes, con esa chica. ¿Por qué no le hiciste caso? Ella te quiere.
RUBÉN: Tú no sabes nada.
LOCO: Yo no he tenido la oportunidad de conocer eso, chico.
RUBÉN: (Pausa. Señala hacia un extremo del escenario) ¿Encontraré por allí al Gran Jefe?
LOCO: (Asiente) Pero sólo eso. Has dejado todo atrás por tu orgullo, y después de esto no te quedará nada, ni siquiera tu identidad. (Pausa) Por allí lo encontrarás.
RUBÉN: Gracias.
LOCO: Desearás no haberme visto nunca. Yo te guío a la muerte, pequeño insecto. Soy como aquella aparición, pero sin capa, sin guadaña, y sin barca. No te esperaré aquí, sería inútil. No te deseo suerte, es un factor que no tiene importancia en tu condición, mejor será que la casualidad te haga un favor, si es que todavía existe la casualidad.

     (Rubén sale y la escena se oscurece gradualmente y permanece unos instantes a oscuras, mientras se prepara la última escena. Se ilumina de nuevo la escena, con una luz azul intenso, envolvente. El Gran Jefe es una mujer, LA DIOSA, y permanece en la penumbra al principio)

RUBÉN: ¿Dónde estoy? ¿Qué lugar es éste?
DIOSA: (Desde la penumbra) Has llegado a los confines de este mundo. ¿Es donde querías estar, no? ¿No es aquí a donde querías llegar? (Pausa) Sabía que vendrías, te he estado esperando. Acércate, instálate cómodamente. Mi casa es la tuya, Rubén.
RUBÉN: Así que eres tú.
DIOSA: Soy yo, Rubén. Has logrado llegar hasta mí.
RUBÉN: ¿Eres tú la responsable de esto?
DIOSA: ¿De qué?
RUBÉN: De todo este juego.
DIOSA: ¿Es eso lo que te ha parecido, Rubén? ¿Un simple juego? No lo creo. Tú has tenido una vida perfecta, envidiable: unos buenos padres que te querían, has tenido amigos que te apreciaban, conociste a una chica... Incluso hubierais llegado a enamoraros. (Pausa) ¿Es eso un juego? Todo lo que querías lo tenías, más tarde o más temprano, todo cuanto quisieras. ¿Crees que sin nosotros tu vida hubiera sido diferente? ¿Crees que hubieras podido decidir sobre ti mismo, sobre qué hacer o a dónde ir? No. Nadie puede, Rubén. Tú eres parte de esto, tú también actúas, aunque no lo creas. (Pausa) No. Sólo hubiera cambiado el escenario, los actores... Dime, Rubén, ¿qué habría sido de tu vida sin mí? Habrías sido un papel más en toda nuestra Historia. (Pausa) La existencia es un tesoro incalculable, y hemos hecho de la tuya algo hermoso.
RUBÉN: No tenías derecho a hacer una cosa así.
DIOSA: No eres capaz de entender la grandeza que formamos todos juntos y de la que tú eres partícipe. El problema del hombre es que siempre se ha creído el centro de todo, y no es capaz de comprender su nimiedad como individuo. No sois nada sin todo lo que os rodea, eso es algo que nunca admitiríais. Creía que habías aprendido algo en este tiempo, pero ya veo que no. (Pausa) Has tenido la suerte de nacer en un momento privilegiado, y en lugar de alegrarte por eso y aceptar que ya no eres el centro del Mundo, pretendes pedirme explicaciones sobre nuestra conducta. (Pausa) ¿Qué es lo que realmente te angustia, Rubén, el hecho de que hubieras podido conocer una vida diferente..., o la decepción de que ya no eres el protagonista de todo.
RUBÉN: (Silencio. La mira fijamente) Estás enferma.
DIOSA: Contesta a la pregunta. (Silencio) Ahora lo entiendes, ¿verdad? Es duro dejar de ser el centro de algo, es un privilegio del que es muy difícil desprenderse, ¿no es así?
RUBÉN: Sólo quiero saber por qué.
DIOSA: (Sonríe) ¿Crees que yo no me he hecho esa pregunta nunca? Yo decido cómo son las cosas en este Mundo, quién vive o quién muere, quién ama o quién odia... todo está en mi mano. (Pausa) Pero, ¿acaso piensas que yo he elegido esto? Estoy aquí desde que el Mundo es Mundo, y no he tenido ocasión de que nadie me explique por qué las cosas son así. Sólo sé que esto es lo que tengo que hacer, porque es mi misión, mi papel, Rubén, mantener este equilibrio para que toda la gran maquinaria de la creación funcione.
RUBÉN: (Indignado) Esto no es creación. Es algo cruel y perverso.
DIOSA: Es cierto, tienes razón. No es creación, sino supervivencia. Esto es lo que me da sentido a mí, y mi poder es lo que le da sentido al resto de la humanidad. Ellos existen porque yo existo, y porque cada uno tiene la función que yo le impongo. Nadie es nada por sí mismo, y todos lo tienen asumido, todos lo saben. (Pausa) Todo este tiempo me he gastado los ojos esperando a que alguien llegara para librarme de esta condena. Muchas veces he pensado que yo no pedí esto, y que no lo quería. Soñaba con huir de aquí, y romper el equilibrio de los acontecimientos en el devenir de la Historia. El Tiempo ha dejado de ser un factor físico para mí, y tras acumular innumerables ficciones en mi cabeza sobre otras vidas comunes que pude experimentar, advertí que mi fin era éste, y que sin mí todo se desmoronaría inevitablemente. (Pausa) ¿Conoces la historia de la rana y el escorpión? "Un escorpión deseaba cruzar un río, y por no bordearlo, pues su curso era muy extenso y le hubiera llevado días, le pidió a una rana que le llevara en su lomo hasta la otra orilla. La rana, extrañada y desconfiada, le dijo: «¿Cómo quieres que te suba a mi lomo si eres uno de los animales más peligrosos y mortíferos que existen? Seguro que me picarías y me matarías». El escorpión le dijo: «¿Crees que te picaría, rana, y cómo podría hacerlo si al morir tú, yo también me ahogaré?» La rana entendió que aquello era razonable, y dejó que el escorpión subiera sobre ella. Hacia la mitad del cauce, la rana sintió un aguijonazo mortal en su lomo, y confusa y moribunda alcanzó a preguntarle al escorpión que por qué había hecho una cosa así, si también suponía su muerte. El escorpión, antes de hundirse definitivamente en las aguas, le dijo: «No puedo evitarlo, es mi naturaleza y no podía hacer otra cosa»" (Pausa) Yo tampoco puedo hacer otra cosa, y mi naturaleza es seguir con esta condena. Lo demás es hacer preguntas tontas porque no tienen respuesta. (Pausa larga) ¿Recuerdas cuando cumpliste doce años? Llevabas semanas soñando con que te regalaran una bicicleta, pero tú no les dijiste nada a tus padres, porque nunca fuiste de esos niños que se pasan la vida pidiendo cosas. Pero yo sabía que ese era tu único deseo entonces, porque entonces, como ahora, yo he velado por tus sueños. (Pausa) Eso ha sido tu vida, Rubén, un sueño en la realidad. Y es difícil aceptar que se acabe, te entiendo perfectamente y sé lo que piensas, pero, dime ahora que no ha valido la pena, hijo mío.

     (Rubén se ha sentado en el suelo, confundido y angustiado. Se mesa los cabellos y casi empieza a llorar)

RUBÉN: ¿Y ahora qué?
DIOSA: Eres mi hijo predilecto, Rubén. Tú tendrás un papel especial en la vida de esa niña: serás su padre.
RUBÉN: (Con lágrimas en los ojos) Eso no. Nunca lo haré. No podría.
DIOSA: (Le impone las manos) Olvídalo todo, hijo mío. Ahora tu vida tiene un sentido, debes prepararte para la siguiente representación. Estoy convencida de que lo vas a hacer muy bien. (Coge la mano de Rubén) Ven conmigo, tengo muchas cosas que enseñarte sobre la vida de esa niña recién nacida.

     (Salen. Mientras lo hacen, el efecto será deslumbrar al público con una serie de focos que le apunten directamente. Se ilumina la escena gradualmente como al principio de la obra. Suena "What a Wonderful World", interpretada por Louis Armstrong. Ángel y Manolo colocan un escenario. Actores y actrices pasean por la escena como envueltos en un sueño, deslizándose. Al final, mientras se van retirando, y antes de que acabe la canción, en el centro del escenario se detiene una mujer con un carrito de bebé. Escuchamos el llanto de una niña recién nacida. Un foco queda solo, iluminando la cuna, y se desvanece progresivamente hasta la total oscuridad)

FIN

 

 

 

CASTING
(Una breve introducción)

     (Se ilumina la escena sobre una silla. Un hombre, EL DIRECTOR, habla desde la penumbra, justo al otro extremo de donde está la silla. Los actores van a ir desfilando por la silla, presentándose a un casting para una obra teatral)

DIRECTOR: Cuando quiera...

     (Aparece una actriz, bastante nerviosa e insegura)

ACTRIZ: Hola... ¿Y esta silla?
DIRECTOR: Puede utilizarla si quiere.
ACTRIZ: Ya... Pero, ¿esto es una prueba de teatro, verdad? Quiero decir... No tendré que desnudarme ni nada