Entrevista: Juan de Dios García
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Curro es el nieto de una saga familiar flamenca que parte del patriarca de los cantes de levante llamado Antonio Piñana. A ese abuelo, al que cita constantemente con admiración, le dedicó estremecido la codiciada Lámpara Minera que se otorga cada año en La Unión (1998) al mejor cantaor en el Festival del Cante de las Minas. Curro la guarda, junto a otros importantes premios y recuerdos, en su casa de Cartagena como un símbolo de triunfo en su trayectoria de tan sólo 26 años. Habla como alguien que está a punto de licenciarse en Psicología; no es gitano, ni andaluz y su vocabulario mezcla la amabilidad y el saber estar con su afán didáctico por hacer entender su particular misión en el difícil mundo del arte flamenco. De hecho, hace dos años que imparte clases en el Aula de Flamenco de la Universidad San Pablo C.E.U. en Madrid. |
Eso sí, le gusta mucho
el whisky. Me advierte, antes de entrevistarle en mi casa veraniega del Mar
Menor, que prepare copas y disponga un gran cenicero para charlar antes de ir
juntos a darnos un baño con amigos y familiares que no cesan de alborotar
nuestro encuentro con gracia y picardía. A pesar de todo el revuelo formado
durante la entrevista, Curro me da respuestas serias, contundentes y reflexivas.
Un 'cantaor ilustrado', como yo lo llamo a veces, y creo que no me equivoco.
Opinen ustedes.
JUAN DE DIOS GARCÍA: Curro, nos interesa mucho indagar en la interrelación del flamenco con la literatura. ¿Qué lugar ocupa el romancero popular en el flamenco?
CURRO PIÑANA: Bueno, ha sido el soporte literario del cante jondo durante toda la vida. Es el conjunto de letras anónimas de las cuales se han hecho varias colecciones y ediciones, entre las que destaca la que realizó Antonio Machado Álvarez, alias 'Demófilo', el padre del Antonio Machado que vosotros, los literatos, conocéis. Son las letras que se han cantado a lo largo de toda la historia del cante hasta hoy.
J.D.D.G.: ¿Hay reglas formales en las letras flamencas?
C.P.: Es muy complejo. Las enseño en el C.E.U. de Madrid. Normalmente se tratan tercetos, cuartetas, cuartetos, quintillas, décimas espinelas -con las que se canta la guajira, por ejemplo-, etc. Luego es posible adaptar estrofas más largas, poemas enteros. En esto es en lo que estoy trabajando últimamente.
J.D.D.G.: También está el género de los trovos, ¿no?
C.P.: El trovo tiene sus semejantes en los retentistas cubanos y en otros países sudamericanos donde improvisan coplas. En España se da mucho en la Alpujarra granadina y almeriense, en Murcia, La Unión y Cartagena. El trovo, igual que el toreo, ha sido emparentado al flamenco, pero es algo que no tiene casi nada que ver ni histórica ni culturalmente con él. Conviene dejar claro que el trovo es el hecho de glosar una cuarteta en cuatro quintillas, haciendo comenzar cada una de esas quintillas con cada uno de los versos de esa cuarteta. Eso es el trovo escrito, otra cosa es trovar. Cuando se improvisa se hacen sólo quintillas. Los troveros son pseudoliteratos locales, exceptuando algunos como Marín, Castillo o actualmente Ángel Roca, los cuales han tenido inteligencia para sacar al trovo del ámbito pueblerino. Aún así, el cante de las minas se ha nutrido muchas veces del trovo. Hay uno precioso que dice «Aquel minerico bueno / ¡qué pena que ya no canta! / Que el eco de su taranta / con la explosión de un barreno / se le quebró en la garganta».
J.D.D.G.: ¿Cómo es posible condensar tanta profundidad en tan reducida economía de palabras como ocurre en las letras flamencas?
C.P.: Recuerdo la conferencia que dio Félix Grande en Madrid conmigo el año pasado. Se estaba discutiendo sobre el flamenquismo y el antiflamenquismo de algunos escritores. Decía que en el romancero flamenco se encierra tanto dramatismo, tanto terror, tanta miseria, tanto amor o tanto odio... Hay una letra popular que dice «Dejo la puerta entorná / por si alguna vez te acuerdas / no tengas más que empujar» y otra que dice «Hijito de mala madre / criaíto en malas tripas / revuelto en malos pañales». Y así hay miles de letras que podría cantarte. (Curro se arranca continuamente a cantar dichas letras). Comentó también el uso del diminutivo, tan cursi en la poesía culta y tan bien encajado y permisivo en la letra flamenca. Es una cosa amable lo de 'hijita', 'casita', 'maíta', etc. Y entonces Félix les decía a mis alumnos cuando leía alguna de estas letras flamencas: '¡Venga, toma, Aleixandre, Valle-Inclán, a ver si hacéis vosotros algo parecido a esto!' (Risas). Lo decía con mucho humor...
J.D.D.G.: ¿Y dónde están los límites entre el
cante trágico y el cante festero?
C.P.: Por la forma de cantarlas. Unas bulerías pueden ser de lo más triste, siendo como son palos flamencos supuestamente alegres. Una bulería que se canta mucho en Jerez dice «Porque quise divertirme / yo entré a una casa mala / me presentaron una dama / y frío como el mármol me quedé / cuando vi que era mi hermana». ¿No me digas que eso no es un cante trágico?
J.D.D.G.: Te une una gran amistad a Félix Grande, por lo que me cuentas.
C.P.: Sí, él y yo somos muy amigos desde hace años. Para mí es uno de los mejores aficionados en el panorama del flamenco. Además siempre ha apoyado a la gente joven, con una sensibilidad arrolladora.
J.D.D.G.: Aparte de Félix Grande, conoces a poetas españoles tan relevantes como Jaime Siles, Francisco Brines y otros.
C.P.: Dedicarse al arte, en cualquiera de sus ramas, te hace conocer inevitablemente a otros artistas. En un recital en Valencia vino a verme Paco Brines, nos presentaron y nos amaneció charlando. Me prometió escribir algún poema para mi cante. Ya veremos si se atreve (Risas).
J.D.D.G.: Rancapino hizo hace tiempo unas declaraciones en las que afirmaba que para cantar buen flamenco había que ser analfabeto.
C.P.: Bueno, esa declaración es digna de un analfabeto que canta muy bien.
J.D.D.G.: Pero para interpretar en flamenco un gran poema hay que vocalizar bien ese poema.
C.P.: ¡Claro! Yo insisto muchísimo en que los cantaores hemos de vocalizar correctamente cuando actuamos. Es una de las muchas razones por las que alguna gente se siente ajena al flamenco, ¡porque el público no entiende las palabras que cantan! ¡No se vocaliza bien, y así algunos cantaores lo único que consiguen es tergiversar el contenido de esa letra! Para arrancar bien los versos del papel y llevarlos al cante hay que vocalizarlos bien. No por decir 'ozú' o 'mi arma' en medio de una letra vas a ser más flamenco. Farina, Lebrijano, Matrona, Morente, Marchena, y muchos otros consiguen vocalizar bien sin dejar de ser grandes del flamenco. No digo de ser vallisoletano, sólo de expresarse con claridad.
J.D.D.G.: Aún así, alguien te ha tachado de cantaor muy literario, que rechaza a veces lo popular por centrarte en poemas modernos y con autoría.
C.P.: Hombre, soy una persona con inquietudes, popular y culta, las dos. Quien diga lo contrario, miente.
J.D.D.G.: ¿Quieres decir que esa magia flamenca la puedes sentir con un pasaje de una gran película, contemplando un hermoso cuadro, etc?
C.P.: Algo así. Me emociona hasta físicamente, me revuelve el interior del cuerpo. De hecho, creo que por esa razón, modestamente, me alejo bastante de los tópicos del cantaor andaluz que sólo se inspira en su paisaje de Triana o en la bella bahía de Cádiz. A mí me inspiran las cosas que me rodean, claro, pero incluyo en ellas cosas como el cine, la pintura, los libros, etc.
J.D.D.G.: ¿Qué poetas te interesan más?
C.P.: Ahora me alimento de Claudio Rodríguez, Martí,
Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío o el mismo Borges.
Conocí de Borges su poemario Para las seis cuerdas, en el que
hay una serie de milongas que no tienen nada que ver con la milonga flamenca;
son pequeñas historias de 5 o 6 estrofas de 4 versos y una rima consonante,
algo que, casualmente, se corresponde a la perfección con la estructura
típica del cante flamenco. Una de ellas dice: «Manuel Flores va
a morir / eso es moneda corriente. / Morir es una costumbre / que sabe tener
la gente». ¿Cómo un argentino como Borges puede decir algo
tan flamenco, una cultura a la que él no estaba nada acostumbrado? Pues
mira, porque en los arrabales del antiguo Buenos Aires se cocía la misma
mala vida de cuchilleros que en la lejana Andalucía del siglo XIX. Creo
que él se asombraría de ver que un poema suyo pensado para un
tango ha sido interpretado por un flamenco. ¡Es el desgarro de la letra
lo que quiero cantar para que sea más auténtica!
J.D.D.G.: ¿Necesitas algo así como completar ese poema con
el cante?
C.P.: Sí. ¡Fíjate! El pintor Ángel Haro me contó que observando en una sala neoyorquina un mural naranja se emocionó hasta el llanto, pero sentía que sus manos podrían expresar el contenido de ese mural naranja de manera distinta, más viva. Yo sentí lo mismo con palabras de Borges.
J.D.D.G.: Di tres discos que hayan roto la estética literaria del flamenco.
C.P.: Diría tres de Morente, Cruz y luna -sobre poemas de San Juan de la Cruz-, Negra, si tú supieras -con poemas de Nicolás Guillén- y por supuesto su obra maestra Omega -sobre García Lorca-. Luego, claro, hay muchos otros cantaores que han hecho cosas interesantes, como El Sordera con poemas de Unamuno.
J.D.D.G.: Es evidente que Enrique Morente te apasiona.
C.P.: Bueno, me apasiona Morente por encima de discos que sé
que no ha hecho correctamente. Se ha equivocado en cosas, pero ha hecho otras
que son magníficas, como Omega. Con Camarón y Paco de
Lucía pasa lo mismo. Son ellos los verdaderos padres del flamenco actual.
J.D.D.G.: Porque lo han hecho crecer, ¿no?
C.P.: Claro. José Mª Párraga, el pintor,
decía que el flamenco es como los árboles, necesariamente libre
y dando constantemente hojas y frutos nuevos, aunque, eso sí, teniendo
su raíz bien agarrada. ¡Es una música de raíz, tiene
sus formas, sus palos, su compás, sus letras, su sentido y sus características
propias! Si yo ahora tengo 26 años y estoy intentando innovar dentro
del flamenco no puedo olvidarme de que lo que hago siga sonando flamenco por
encima de todo.
J.D.D.G.: Has tratado también con otro grandísimo pintor,
Ramón Gaya.
C.P.: Bueno, él admira mi arte y yo el suyo. Se celebró su cumpleaños en el museo que lleva su nombre. Fui invitado a cantar y me elogió mucho. Es todo un halago viniendo de un artista anciano con mucha fama de soberbio como Gaya.
J.D.D.G.: Dime otras debilidades musicales fuera del flamenco.
C.P.: Uff, ¡hay tantas! No sé... te podría decir... los fados de Amalia Rodrigues, Miles Davis, las cantantes Ella Fitzgerald y Betty Carter, Serrat,... ¡muchas más!
J.D.D.G.: El cubano Silvio Rodríguez te interesa especialmente.
C.P.: "Te conozco" es un tema maravilloso en el que Silvio entremezcla su tradicional estilo de cantautor con una atmósfera clásica de cuerda. Tiene versos estremecedores: «El lago parece mar / el viento sirve de abrigo / todo se vuelve a inventar / si lo comparto contigo». Escucho esto y me siento espiritualmente violado y fecundado. Esos versos me gustaría interpretarlos en clave flamenca.
J.D.D.G.: ¿Se podría cantar flamenco en inglés?
C.P.: Sé que mi respuesta puede parecer que he perdido la cabeza para muchos compañeros del gremio, pero... ¿por qué no? Es posible. Otra cosa es que la calidad de ese producto artístico pueda llegar algún día a igualarse a un cante en su idioma original, el español. No podría estar muy lejos ese día. ¡Yo he escuchado ya cantar flamenco en francés y en árabe a Lole y Manuel. ¿Por qué no escoger, si cuaja debidamente, el idioma inglés para algún tema flamenco?
J.D.D.G.: Además, tú tienes mucha experiencia en esto a raíz de tu primer disco De lo humano y de lo divino (Rtve), adaptando poemas de un autor sufí al esquema del flamenco. Cuéntanos, Curro.
C.P.: Es un poco modificar la música de flamenco al servivio de la literatura para que la estética natural de ese poema no se quiebre. Ibn al'Arabí nació en el antiguo reino de Murcia, en el siglo XII. Para el mundo árabe es tan importante como para nosotros puede ser Cervantes. Su obra filosófica, poética y mística es gigantesca. Me interesó un poemario suyo, Tarjuman, que significa 'El intérprete de los deseos'. Sus versos tienen un carácter abierto de horizontes mentales y religiosos atípicos en su época, los mismos que el persa Omar Khayyám, al que también me gustaría algún día adaptar al flamenco. Contamos con una colección de poemas traducidos por Vicente Cantarino de la editorial mexicana Porrúa. Escogimos los palos flamencos más adecuados como la farruca, la petenera -en la que experimenté por primera vez con el cello, que bajo mi punto de vista es el instrumento que más se parece a la voz humana-, la siguiriya, taranta, malagueña, granaína, tientos, soleá y alboreá. Yo tenía un doble reto; por un lado, intentar que esos poemas sonaran lo más flamenco posible sin perder ese aroma místico original que tienen y, por otro lado, demostrar quién era y qué tenía que decir verdaderamente Curro Piñana, un joven que se moría por innovar en el flamenco, tanto musical como literariamente. Creo que lo he conseguido porque hasta ahora no cesan de felicitarme e invitarme a recitales gracias a ese primer disco. Morente me dijo que qué petenera más personal tenía en este disco, que mi farruca le encantaba y que por tarantas soy muy peligroso (Risas).
J.D.D.G.: Grabaste este primer disco, ganaste la Lámpara Minera, colaboraste en Cal-libiri (Big Bang), disco de tu hermano Carlos Piñana, actuaste en festivales importantes como La Mar de Músicas, Pirineos Sur... La lista de éxitos ha sido interminable, y todo gracias a Ibn al'Arabí. (Risas) Te solicitaron en países como Jordania, EEUU, Irlanda, Suiza, Francia, Portugal, Alemania, Marruecos, etc.
C.P.: En el Lady Margaret Hall de Oxford fue impresionante, la gente lo venera de una manera extraordinaria. Pudimos repartir entre el público traducciones al inglés y ¡tras el concierto hubo algunos que se pasaban los discos por el corazón, me daban besos en la boca...! En fin, yo estaba alucinado con esa reacción. Creo que los estudiosos arabistas tienen una predisposición especial para la mística. Es como una especie de sociedad sobre Ibn al'Arabí cuya sensibilidad está más a flor de piel que la de la mayoría de la gente. Desde luego, fuera de España el flamenco se valora muchísimo, y no me refiero a los vestidos con lunares, ni a las macetas y las rejas con geranios, ni al tópico del folclore sevillano, no, me refiero al auténtico flamenco. A veces creemos que los extranjeros son medio tontos. Muchos de ellos valoran y distinguen el buen flamenco y el malo como un español cualquiera... En Amman, la capital de Jordania, actué en el Teatro Real. Allí me dio la locura de cantar por tonás lo que en el disco había cantado por siguiriyas. Lo hice al ver tanto entusiasmo entre el público árabe deseando escuchar en flamenco versos de su poeta preferido. El teatro estaba abarrotado, pero noté ruidos raros entre la gente mientras cantaba. Cuando terminé la toná aquello estalló en aplausos. Luego supe que esos ruidos raros del público musulmán eran lo que en España se traduce como '¡olé!'.
J.D.D.G.: Eso demuestra el entendimiento del flamenco sin límites.
C.P.: Siempre he dicho que el flamenco es la poesía animal, un arte de sensaciones y de emociones, y para saber de flamenco no necesitas saber sus formas y estructuras, si esto es una soleá de Cádiz o una malageña de El Mellizo, o una taranta de El Guerra. Una persona entiende de flamenco en tanto y en cuanto esa música te pellizca, te enciende, te duele, te muerde al escucharla. Igual que considero que para vibrar ante un cuadro de Van Gogh o de Velázquez no necesito entender de pintura, sólo necesito ponerme enfrente y que esos cuadros me den dentelladas en el estómago y el corazón.
J.D.D.G.: Sin embargo, hay algunos aficionados muy tercos.
C.P.: Estos aficionados a los que sólo les emociona una siguiriya de Camarón o una taranta de Marchena los veo limitados. Yo he llorado en casa escuchando dos voces extremadamente diferentes, la "Vidalita" de Marchena y el "Romance del amargo" de Camarón. Me considero en ese sentido un melómano privilegiado; y como yo, evidentemente, hay millones de personas. Entre Camarón y Marchena están todas las voces. Como el poeta que necesita releer de vez en cuando a sus escritores favoritos yo me encierro en casa tres meses seguidos a escuchar grabaciones que escuché hace años. Necesito volver a escucharlas para refrescarme y oír cómo cantaba la Niña de los Peines por bamberas, cómo mi abuelo Antonio Piñana cantaba por fandangos mineros, cómo El Guerra cantaba una taranta a principios del siglo XX. Necesito esa base porque es de la que parto para luego poder evolucionar.
J.D.D.G.: Dime un libro sobre flamenco fundamental para nuestros lectores.
C.P.: Sin duda Memoria del flamenco de Félix
Grande, un libro que se escribió en los años setenta y ha tenido
múltiples ediciones hasta ahora. De biografías de cantaores te
diré que la mejor que he leído es Vida de Antonio Chacón
del escritor José Blas Vega. Aún así, en el mundo de la
flamencografía (Curro prefiere este término al de flamencología)
se ha vivido mucho de los mitos. Por ejemplo, se cuenta que Antonio Chacón
se rasgó la camisa y le tiró monedas de oro a Manuel Torre en
un duelo. También está el chauvinismo andaluz, en mi opinión
negativo para la condición artística del flamenco.
J.D.D.G.: Piensa en un disco de flamenco que tirarías a la hoguera.
C.P.: (Tras un minuto y medio callado) Ninguno si se trata de auténtico flamenco. Es más, ojalá pudiera guardar el mayor número posible en casa. Al menos eso intento, ¡me estoy haciendo una discoteca que ni te imaginas! (Risas).
J.D.D.G.: ¿Un cantaor sobrevalorado?
C.P.: (También reflexiona) Jacinto Almadén es un cantaor del que muchos críticos hablan estupendamente y yo nunca le he observado tanto talento.
J.D.D.G.: ¿Te gustaría haber sido algún músico aparte de ser Curro Piñana?
C.P.: Sí, me gustaría haber sido Bob Dylan.
J.D.D.G.: ¿Qué estás haciendo últimamente?
C.P.: Tengo conciertos en España, en Estonia, sigo impartiendo clases en Madrid, colaboro con los jazzistas Jorge Pardo y Carles Benavent en el disco de mi hermano Carlos, Palo Santo (Big Bang) y hay varias ideas para un nuevo disco mío. Es un proyecto de cante flamenco con poetas hispanoamericanos. Ya veremos lo que sale (Risas).
J.D.D.G.: ¿Si hubieras nacido en otra familia serías cantaor de flamenco?
C.P.: Puede ser que sí y puede ser que no... ¡Uff!, este tema es para mesas redondas, debates interminables y más cosas que ahora no tenemos tiempo de... Además, ¡hace mucho calor, Juanito!... ¿Nos tomamos otro whisky y vamos a bañarnos?...
J.D.D.G.: Bueno, ¿por qué no?