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LUIS MUÑOZ
(Granada, España, 1966) |
Es director de la prestigiosa revista
Hélices. Hablar con él es un verdadero placer.
Le queremos agradecer el hecho de descubrirnos las delicias del Absolut
con tónica. Sus poemas condensan una madurez exquisita. Los tres
textos que os presentamos pertenecen a su último libro publicado,
Correspondencias (Visor), con el que consiguió el premio
Emilio Prados de poesía. Debemos decir que ha sido una de las lecturas
más satisfactorias de este año pasado. Ha sido recogido
recientemente en las antologías Generación del 99
(Nobel) y en Poesía española reciente (Cátedra).
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ESCULTURA LÍQUIDA
Si todo terminara aquí, si todo se cerrara,
de golpe, como un cepo, no lo lamentaría.
Suena una hebilla en la otra hebilla
encima de la colcha.
Luego, los cuerpos de tormenta, el suyo
que es un ciclón de seda, el mío
que es un tronco volcado,
y esa intersección de memoria y olvido,
de afirmación y nada, de posesión y fuga,
de planos sobre planos sobre planos.
SIN TÍTULO
Viene la tarde igual que raspadura
de limón.
Con su tacto grumoso y su perfume
como de amor reciente.
Sólo esto que sabes que es de ahora
puede llegar a ti.
Lo que tiene la tarde,
en su filo amarillo
y en su temblor de fruta,
y aquello que se resta de la tarde.
Lo que incendia los vasos,
la raya estremecida que bordea la casa,
y la comida seca sobre el mantel de anoche,
y esa sustancia amarga,
como de uva negra,
que reclama a la luz un pacto oscuro.
La resta de otras tardes es la tarde.
Lo que ninguna tuvo,
la conjunción de humor y pelo
y sal y encías,
el ángulo de fe en cosas menudas,
la sugestión de ayer, de hace un instante,
tu brújula de afectos, el mapa desdoblado.
Miras la tarde y miras para adentro.
Un cráter sumergido en un agua viscosa.
En la reacción de cada cuerpo en ella,
de cada objeto mínimo empapado en su jugo,
está el mundo exterior.
Ésa es la tarde
o eso es lo que importa de la tarde.
Más allá del ahora y sus esclusas,
todo es un barro.
Un barro figurado
o revivido,
compuesto, descompuesto.
HOMOSEXUALIDAD
(Primera versión)
Solitude, récif, étoile
(Stéphane Mallarmé)
Primero es sólo eso:
igual que el habitante de una isla
que descubre una orilla alrededor,
una orilla tramada como en dientes de arena,
una nada concreta,
como es siempre la nada,
un sueño recortado, la vuelta de las olas
en el mismo lugar y al tiempo cada día,
así, igual que eso,
una ternura de agua alrededor
y una franja de hielo alrededor,
la zozobra nocturna, ese sueño en relieve
que arrastra hasta la cama, que te lanza la luz
de donde no la esperas,
así, igual que eso,
como puntos unidos, todo es isla.
Soledad, arrecife, estrella.
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JOSÉ
LUIS LÓPEZ BRETONES
(Almería, España, 1966)
El primero de estos poemas, 'Después
que algo ha sucedido', pertenece a su último libro publicado, El
lugar de un extraño, accésit del Premio Adonais (Madrid,
Rialp, 1999); el segundo, 'La palabra forma un dique' es inédito
en libro.
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DESPUÉS QUE ALGO HA SUCEDIDO
Después que algo ha sucedido, tiembla
la maraña oscura de los actos anteriores:
aquello que nos era más seguro cobra otra tonalidad,
otra manera, y vemos llegar las cosas nuevamente
-como una ola inevitable y desplazada-
hasta el momento exacto en que algo ha sucedido.
"Todo viene de atrás y aquí confluye" -nos
decimos
luego.
Pero el golpe del agua y de la espuma
parece siempre repentino, otorga solidez
a ese instante que, en otras circunstancias,
hubiera sido nada: polvo y aire.
Un momento se somete a otro momento, y el último,
sin que sepamos bien por qué,
puede llegar a ser terrible.
Así caen las horas sobre una esfera confiada.
Así damos un paso indiferente
y vemos que el camino, de pronto, ha terminado.
LA PALABRA FORMA UN DIQUE
También vive el fracaso en las palabras
como vive en el oro absurdo
de nuestro corazón.
Pues hablamos
y ante el límite mismo de lo dicho
se estrella la marea oscura del silencio
hecho, a su vez, de opacos y densos materiales:
el miedo, la impericia, la posibilidad,
el lado interno.
Lo contrario de hablar no es el sosiego,
sino aquello que no se dice,
que no se acaba nunca de decir.
Cuántas cosas suceden al otro lado de ese
muro
que levantan las pálidas, las frágiles palabras.
Cuántas cosas acechan y presionan
-como un río lodoso y desbordado-
contra las terrazas imprudentes del discurso.
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ARIADNA GARCÍA
(Madrid, España, 1977)
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Tuvimos la oportunidad de
conocer a esta joven poetisa madrileña gracias a los amigos
de la Asociación Cultural Voces del Chamamé de Oviedo.
Obtuvo el Premio Hiperión de poesía del 2001, es licenciada
en Filología Hispánica por la Universidad Complutense
de Madrid, de cuyo departamento de Literatura Española fue
becaria el curso 1999-2000. Colabora con la revista ilustrada de
creación Los cuadernos del matemático. Forma
parte del programa Arte Joven de la Caja de Ahorros del Mediterráneo.
Tiene dos libros publicados:
Construyéndome en ti (Madrid, Libertarias, 1997) y
Napalm. Cortometraje poético (Madrid, Hiperión,
2001). Actualmente vive en la Residencia de Estudiantes con una
beca del Ayuntamiento de Madrid en el área de creadores y
artistas.
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Ofrecemos primeramente un
soneto inédito escrito en 2001 y el poema 'Imán',
extraído de su libro Napalm. Cortometraje poético.
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Congela la mirada que mantienes
de niño atemporal en la distancia
aquel amor primero de la infancia
en el cuerpo de adulto que ahora tienes.
Por lo que yo te ofrezco (ten aguante)
contra el hielo que enfría la placenta
donde morosamente se sustenta
el recuerdo, un anticongelante.
Si un holograma habita tu memoria:
abandona las brasas de su nombre
por cualquier solitario cenicero.
Detén el avanzar de aquella noria
de una lengua a otra lengua, porque el hombre
no puede ser sociable si es sincero.
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IMÁN
No serán suficientes las caricias para
decir "te quiero",
pero mi mano aprieta el corazón
tendido como un puente hacia tu boca.
No caben más guirnaldas en mis venas,
ni más miel en tus pechos.
El más breve latido de tu carne
es un astro que tira de mis ardientes músculos
hacia su mar de brasas o carbones.
Ya en órbita,
doy forma a tu sonrisa con mis labios.
La tarde lentamente va llegando
allí donde termina el tobogán,
mientras cuento uno a uno
los gajos de ternura que me llevo a la boca.
La hostilidad del mundo,
las hélices de plomo
que cortaban el vuelo
a todos nuestros globos y cometas,
vive fuera del cuarto.
En el cuarto,
nuestro amor siembra puertos
donde las naves tienen corazones atados a los puños,
y los mapas revelan
la duda de las norias,
y las brújulas huelen
el resplandor del humo,
y los sueños desbordan los bolsillos
cada vez que se zarpa.
Monedas de sudor
acarician tus senos
y van dejando un rastro
de pisadas de estrellas.
No me duele la vida
cuando veo en tus ojos de gorrión mojado por la lluvia
lo risueño del niño
que espera sonriente como un ancla
su regalo.
No me escuecen las alas
cuando tus labios vienen a salvarme
del incendio en que vivo,
y la pasión nos toma la cintura,
y el ritmo de la sangre golpea los tabiques
y deshace la cama.
Nuestro amor empapela las paredes del cuarto
y vivimos felices entre algodón y fresas.
En la calle es distinto.
La gente nos recibe con una calurosa bienvenida
a base de volcanes,
y el odio es un revólver
que apunta nuestras manos cuando van enlazadas,
que apunta nuestros labios si nos damos un beso.
Pero somos más fuertes,
y nuestro corazón bombea en las ventanas
sin miedo a los cristales.
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ANDRÉS
NEUMAN
(Buenos Aires, Argentina, 1977)
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Cursa estudios de Filología
Hispánica en la Universidad de Granada. En 1994 obtuvo el
premio Los nuevos de Alfaguara. Publicó, entre otros, el
libro de cuentos Pertenecí (Granada, 1997) y el libro
de poemas Simulacros (Cuadernos del vigía, 1998).
Su novela Bariloche (Anagrama) quedó finalista en
1999 del Premio de Novela Herralde.
Su última publicación
es El que espera (Anagrama), un ingenioso y disparatado libro
de microcuentos. Ha colaborado activamente en las revistas Extramuros
y Letra clara.
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GLOBO TERRÁQUEO
Lo traías con ojos que esconden la sorpresa.
La caja era sencilla y no dejaba indicios.
Sonriente, anunciaste: será para tu cuarto,
que acompañe tus días y viaje con tus sueños...
Toda mi gratitud se encaminó al futuro,
yo no te dije nada y tú lo comprendiste.
Era redondo y liso, su piel era el dibujo
de cuanto antiguos hombres pudieron navegar.
Hoy acaricio el globo -el aro de madera,
que abraza cada giro, el oro de su eje-
y sé que es el momento de darte al fin las gracias:
me has regalado el mundo, me lo diste una noche
con su brillo cambiante y su gesto inclinado.
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SALVADORA DRÔME
(Montélimar, Francia, 1963)
Volvió con su familia a
Andalucía. Aprendió en Málaga su acento azul. Se
licenció en Filología Francesa por la Universidad de Granada.
Hace tres años llegó a Córdoba, que ella describe
como «la ciudad del tiempo, donde por fin los días tienen
ritmo de tinta».
Ha trabajado, entre
otras cosas, impartiendo clases para adultos y realizando traducciones
esporádicas, «pero yo sólo he querido ser dos cosas
en mi vida: libre y escritora».
En 1991 inició
su libro Poesía sociable, y lo terminó en 1995: «es
un libro de amor abierto sobre el mundo, una reflexión sobre la
miseria y la pobreza, y un baile de pronombres. Porque ¿acaso no
es cierto que sólo sabe quien se da y se cambia?». Con este
libro fue ganadora del II Certamen de Poesía María del Villar.
De él extraemos estas composiciones.
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AU PETIT BOURGEOIS
Roja.
Es íntima sangre
con sabor a granadas.
Por mi sexo abajo
los insumisos lápices.
Y absurdas, las bengalas,
quieren prenderte fuego.
PARALELOS
Pretenden abrigarme brutalmente
los que se consumen en la verticalidad de los semáforos.
Me besan en la boca
con las manos extendidas de la angustia.
Me acaricio sola buscándome las lluvias.
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BOLERO DE SUMISIÓN
No sé.
Te hablaré de lo que te gusta
en el café de tus ojos,
cuando mido tu presencia
para que nada se mueva,
mientras huyen los coches
por bosques de chirimoyas.
BALCÓN I
Muchas veces me pregunto
cómo será la cabeza de una persona
sin otra cabeza dentro,
cómo vivirá los días la gente
que no lleva nada a sus espaldas,
cómo se verá el mar y los peñones
sin rejas en el objetivo.
Veo las palomas,
los grupos de palomas
que se conocen y admiten
y juegan entre ellas publicándose.
Por primera vez soy tan prosaica
aún estando en el balcón,
siempre en el balcón,
esta vez azul de piscina
y blanco como una locura
que tiene que despedirse.
Sólo quise ser escritora.
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NELSON
CASTILLO
(Pinar del Río, Cuba, 1966)
Fue miembro del taller literario
Sindo Garay. Consiguió el premio FAR de poesía (1996) y
el premio José Álvarez Baragaño (1998). Obtuvo asimismo
una mención en el premio Buzón de la Poesía (Habana,
2000) y otra mención especial del premio Noside Caribe. Poemas
suyos han sido publicados en la revista Escucha del Centro de
Estudios Hispánicos. Estos poemas pertenecen a su libro inédito
Habitantes de un tiempo que termina.
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LA LUZ DE UN PINTOR
A Arturo Regueiro
Y se fue con la sátira en sus palabras
que atrapan al vendedor de libros,
la pintura trunca,
el murmullo como paréntesis en el silencio.
No descubre el mito de la muerte
que se lleva al mejor de los vivos
y deja los satánicos que me enferman.
Los días me sorprenden cuando escribo palabras indiscretas
que remueven el lodo de los que viven de apellidos
y caen por falta de luz.
El pintor ve que tomo altura,
un pájaro de gloria en el recuerdo.
REGRESA FEDERICO
La ciudad vuela con el tiempo
y el tiempo espera por Federico,
sus huellas en papeles dispersos
testigos de sus pasos en busca de la muerte.
La Habana de mil novecientos treinta es un reloj,
las manos del poeta escudriñan
un acorde anónimo en el piano
y todos aplauden el sonido lujurioso.
Federico está de vuelta en su Habana
de mil novecientos noventa y ocho,
viene a despedir el siglo
con su mirada de burbuja en las aguas de mi Isla
mientras yo sigo encadenado a su recuerdo.
HABITANTES DE UN TIEMPO QUE TERMINA
La caja desciende. El hombre
se marcha.
Una mujer en la ventana vigila su destino.
Yo escribo para saldar la deuda.
Dios escucha la oración
de la mujer en la ventana.
Un niño abre sus ojos
que giran como un pájaro
en su último vuelo
y nadie interrumpe el desorden que somos:
habitantes de un tiempo que termina.
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JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ
(Murcia, España, 1977)
Licenciado en Filología
Hispánica por la Universidad de Murcia, cursa en estos momentos
el Doctorado bajo la dirección del profesor César Oliva.
Mantiene un proyecto de adaptación dramática para un musical
de la pieza El mago de Oz. Sus intentos de dirección teatral
dieron su fruto cuando fue premiado en el Murcia Joven 2001 por dirigir
la obra de David Mamet Glengarry Glen Ross. Escribe crítica
cinematográfica en el periódico Voces de nuestra tierra
y la revista universitaria Manhattan y ha escrito el guión
y dirigido el cortometraje Pecados, cuyo rodaje acaba de finalizar.
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EL VIAJE
Cuando la tierra ya no quiera aceptarme,
traeré mis utensilios de traductor de sueños
y sólo entonces te buscaré
porque,
si es verdad que nada importaría ya,
prefiero haberte reconocido de una vez por todas.
FRICCIONES
Frente a la ventana el mundo se recorta
en su afán de pañuelo tembloroso,
fugaz,
y yo me quedo sin motivos por los que compartir
alguna lágrima.
Duelen las últimas piedras
que quiso desenterrar
tu saliva,
y está tan lejos aquella playa
en la que jugábamos
a entristecernos.
Y ahora te llamo
porque no queda nada que perder.
Puede que sea una
ilusión
lo que me obliga a tenerte acorralada
entre tantos órganos.
Puede que sea ficción
cuando miro a mi alrededor
y estos gusanos son lo único que consigo abrazar.
RIDÍCULO
En la noche toda de cristales mojados
busco tu boca
como el norte de los deseos que se burlan de mí
detrás de todos estos espejos.
PASATIEMPO
Es tu tiempo el que hace mortales a mis versos.
Es el mío el que se empeña en entristecer
las palabras
que, día a día,
procuro que te abrumen.
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CARLOS
PARDO
(Madrid, España, 1975)
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Estudió en Granada
y vive en Madrid. Alterna su trabajo de pinchadiscos en bares capitalinos
con labores menos lucrativas relacionadas con la literatura.
En 1995 fue finalista del
X Premio Hiperión de Poesía con El invernadero
(Hiperión, 1995). En 2001 obtuvo el III Premio de Poesía
Emilio Prados con Desvelo sin paisaje, que publicará
(o publicó, si lo leéis en el futuro) Pre-Textos en
2002.
Ha participado en las antologías
10 menos 30 (Pre-Textos, 1997) de Luis Antonio de Villena
y Yo es otro (DVD, 2001) de Josep Maria Rodríguez.
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DISPERSO
Nuestras parábolas perdieron pelo.
No se sueña dos veces
un mismo sueño.
Las neuronas engordan
cansadas de esperar un nuevo Atila.
Cualquier camino implica equivocarse.
Reivindico el error.
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RAFAEL ESPEJO
(Palma del Río, Córdoba, España, 1975)
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A los diecisiete años
se traslada a Granada para iniciar unos estudios universitarios
que alterna con otras "ocupaciones" en otras ciudades
españolas. Se licencia en 1999. En la actualidad trabaja
como barman en un pub de la costa de Almería. Y medita.
Antologado previamente en diversos
y pequeños proyectos, su primera obra en solitario ve la
luz después de que en 1995 sea finalista del Premio García
Lorca de poesía con El círculo vicioso (Universidad
de Granada, 1996). A partir de ahí comienza a colaborar en
distintas revistas literarias. En el 98, Álvaro Salvador
lo incluye en la nómina de Nuevas voces de la literatura
en Granada (Junta de Andalucía / La General, 1998), y
poco después publica en la colección de Miguel Ángel
Arcas Con (Cuadernos del vigía, 1999).
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Ya en 2000 es antologado por Jesús
Munárriz en Un siglo de sonetos en español
(Hiperión) y queda finalista del Premio Internacional de
Poesía Emilio Prados con Espejismos, libro del que
deriva ese otro que, esta vez sí, se hace con el XVI Premio
de poesía Hiperión un año más tarde;
a saber: El vino de los amantes (Hiperión, 2001).
Desde entonces es integrante del circuito andaluz de las letras.
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BODEGÓN
Sobre una mesa de madera pobre
y en cuenco de terrazo,
unos trozos de pan y tres naranjas
acompañan al vaso ensombrecido
de vino rojo.
La pintura del lienzo está rugosa
como la idea:
naturaleza muerta,
las estrías del tiempo,
la luz fosilizada.
No hay nada en él de humanidad.
La mano que indagaba en las esencias
sólo plasmó lo estéril.
(Ni polvo quedará de aquellos dedos...)
Pero debajo,
tras una de las grietas del color,
nace el milagro de la primavera:
una colonia de hongos
reivindica, orgullosa,
la regeneración de la materia
en el arte insensible,
mortal como la carne
y acaso tan hermoso.
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