NÉSTOR VENTAJA
(Buenos Aires, Argentina, 1958)

Estudió Filosofía y Letras. Es codirector de la hoja literaria El versófilo y conductor de los ciclos de poesía y canciones Palabra al descubierto y Trovas bizarras. Después de varios libros inéditos ha decidido publicar Islario Sudeste, geografías superpuestas con recurrencia en Buenos Aires (Ediciones del Docke, Buenos Aires, 2001).

 


LOS REALITY SHOWS: CULTURA DE LA EXCLUSIÓN

Los reality shows, como la sociedad actual, se basan en un impiadoso sistema de exclusión. Su auge no puede separse de la instalación, a nivel global, de un omnipresente mercado, capaz de dictar las reglas, aún, las de la cultura. Los nuevos métodos de producción utilizan cada vez menos mano de obra, la tecnología punta está destinada día a día, año tras año, más acotadamente al consumo de los sectores de mayor poder adquisitivo.

Junto con la caída del Muro de Berlín, el sueño del pleno empleo terminó. ¿La imagen que tenemos de nosotros mismos como sociedad, acaso es la misma? A nivel televisivo los sorteos, los premios, convocar a la gente para que exponga sus historias comodamente instalada con un mediador de por medio, cumplieron su etapa; aunque subsistan como formas remanentes, su rol ha dejado de ser central. Con la desaparición del Estado Benefactor ya no hay nada que repartir; las miserias humanas en primer plano ya no sirven para provocar los sentimientos que ahora, debemos sentir. Una sociedad en microescala, mediante el encierro y el acoso permanente de una cámara que parece apoderarse hasta de los más mínimos signos vitales, reproduce 24 horas al día, sobre títeres de efímera fama y fortuna, la presión ejercida sobre la población en general. ¿Una imitación de la precursora The Truman Show, con protagonistas cómplices jugando un juego inocente? Hay mucho más. Estos aburridísimos espectáculos hacen transcurrir las horas con interminables tomas de gente durmiendo o mirándose de reojo sin nada que decirse; espejan vidas inútiles, sin sentido, en las que sólo importa sobrevivir a costa de eliminar a iguales. Recomendación para adictos: acuéstense a la misma hora que ellos, no trabajen, no estudien, manténgase concentrados en cada mínimo gesto de sus criaturas. Vigilen, vigilen, castigen. Justamente la clave de estas realidades teleabusivas es hacer participar al público de modo pueda ejercer por una vez y sobre la ficción una práctica desde el poder cotidiana. Es el votá para que se vaya tal. El sueño ahora es ser parte de los que señalan y no de los señalados, ahora, sin ningún fantasma amenazando sus "valores", rotos los lazos de solidaridad, ahora se trata de instaurar un sistema, ya no de premios, sino de castigos, donde los que pagan (3,50 el minuto) tienen todos los derechos. Con el incentivo del reconocimiento (los protagonistas son elegidos de modo que representen a distintos sectores, para que te puedas indentificar, hacen transcurrir las horas con interminables tomas de gente durmiendo o mirándose de reojo sin nada que decirse.) y el cambio de rol (podés hechar impunenmente a cualquiera, sin dar explicaciones, porque sí), los medios, imponen esta actualizada herramienta de control social, nacida en los países centrales.

La edición de imagen en los resúmenes diarios es otra forma de manejar la opinión pública. Muestran lo peor, sólo de aquellos que ellos desean, los que de algún modo los molestan, para que después la gente "vote" a quienes la producción prefiere. Son los noticieros de los reality. Cualquier parecido con la realidad...
Las tandas publicitarias, en consonancia, se mimetizan también con esta propuesta, la imitan edulcoradamente; pero un título en el diario, pocos días atrás marcó con claridad la tendencia, el sentido de estos shows. Quién se va, quién se queda, decía el titular refiriéndose al cabeza a cabeza de los dos punteros del campeonato. Señores: Uno sale campeón, el otro sub. Sólo en esta imagen del mundo que pretenden imponer uno de los dos debería irse. Las "biblias", los manuales de los demiurgos de estos espacios, pautan cada detalle de su desarrollo, aún cuando los participantes deberían o no tener sexo, lo que pueden hablar entre ellos y los límites de la interacción dentro del grupo (prohibido hacer alianzas, prohibido organizarse, prohibido ser solidario). No es difícil imaginar algo semejante a nivel global. ¿Convertir estos shows en las estrellas máximas de la pantalla es una decisión basada sólo en "inocuas" razones comerciales? ¿Todo es para vender unos litros más de lo que sea? Esta evidente manipulación está destinada a instaurar una cultura donde la marginación es justa y necesaria, y algunas personas por sus características físicas, manera de ser o pensar, preferencias sexuales o extracción de clase, deben ser apartadas, dejadas fuera, "desaparecidas". Retomando una tradición trágica en Argentina los actuales desaparecidos son los excluídos sociales y el consenso necesario se busca a través de la introducción de estos paradigmas en el imaginario social. Cuando no se logra, hay represión. Sirve lo que sirve al mercado. Todos, somos sus sirvientes. Ya no es suficiente que aceptemos en silencio, ahora, nos tiene que gustar. Las fallas, los trazos gruesos del sistema, están, mientras tanto, a la vista de todos.

 


 


FRANCISCO JAVIER DÍEZ DE REVENGA
(Murcia, España, 1946)

 

Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Murcia. Es integrante de la Real Academia Alfonso X el Sabio de Murcia y de la Real Academia de la Historia. Fue Premio Ramón Sijé de Ensayo (1979), Premio Anthropos de Ensayo (1989) y finalista del Premio Nacional de Literatura (1989). Ha dado cursos, conferencias y participado en proyectos de investigación en universidades de Caen, París, Pau, Toulouse, Perpignan, Dublín, Pavía, Milán, Bérgamo, Florencia, Amsterdam, Évora, Viena, Würtzburg, Dresde, Trier, Londres, Nottingham, Sheffield, Edimburgo, El Cairo, Nueva York, Kentucky, Nashville, Los Angeles, Harvard, Virginia, Filadelfia, Puerto Rico, Rosario, Cuyo, Santiago de Chile, Ottawa, Carleton, Montréal, Toronto, York, etc. Ha editado a diversos escritores clásicos (Alfonso X, Lope de Vega) y contemporáneos (Galdós, Rubén Darío, Azorín, Miró, Salinas, Guillén, Gerardo Diego, Emilio Prados, Miguel Hernández, Buero Vallejo y García Nieto) y es autor, entre otros, de los libros Panorama crítico de la generación del 27 (1987), Poesía de senectud (1988), Jorge Guillén: el poeta y nuestro mundo (1993), La poesía de Vicente Aleixandre: testimonio y conciencia (1999) y La poesía de vanguardia (2001).




MEDIODÍA EN LA OTRA ORILLA

Voy a hablar de un libro publicado en la colección "Aula de poesía" de la Universidad de Murcia, el libro de Angel Manuel Gómez Espada (Murcia, 1972) titulado Mediodía en la otra orilla. Digámoslo desde el principio: este libro de Ángel Manuel destaca por su originalidad tanto en la formulación de los poemas como en la expresión de los contenidos. Trasciende de la lectura de estos versos un análisis del mundo y de la vida que convence por su autenticidad, intriga por su no pequeño tono de escepticismo, estimula por su buen grado de satisfacción y compromete cuando el poeta se compromete con algunos aspectos de nuestro mundo que no son del agrado suyo ni de sus lectores ni de nadie.

Un paisaje, una luz, una muchacha, la lectura de un libro famoso, un verso de un autor cercano recordado entre los vivires cotidianos, un sano sentido del humor y una muy excitante manera de ver la vida, constituyen elementos que hacen de este libro de poemas un conjunto muy atractivo. Quizá a esa atracción contribuye la sabia ordenación de los materiales y la estructura bien cohesionada del poemario, dividido cuidadosamente en varias estancias superiores que contienen las pequeñas estructuras de unos poemas ligeros de forma pero hondos en su contenido, muy cercanos muchos de ellos a la poesía gnómica y sentenciosa, que nos recuerdan, aunque a una distancia prudencial, proverbios y cantares de otro gran escéptico de la poesía contemporánea.

La estructura más nutrida de todo el libro se extiende bajo el título sarcásticamente deformado del original cernudiano-rosillano "Maneras de estar muerto", y esas maneras, numeradas con ordinales, son hasta diecinueve formas de sobrevivir por encima de la sordidez cotidiana, alimentado por los libros y por el imposible y no logrado amor, engrandecido por los recuerdos que no merecen el olvido y rescatando del tiempo aquellas experiencias que, con buen humor, mejor tino y moderado sentido de las cosas, merecen ser rescatadas e inmortalizadas en el poema. La décima manera de sobrevivir revitaliza el manido mito clásico mientras que las restantes "Maneras de no estar muerto" se engolfan en consideraciones sobre la vida que invitan a pensar y a sonreír.

Mediodía en la otra orilla

La parte más comprometida del libro, gracias a la cual todo lo señalado en la primera y en las restantes adquiere un tono de autenticidad y de verdad que implica al lector, es la titulada "Manual para el perfecto herido de guerra", en la que las guerras de nuestros días, las modernas guerras de fin de siglo, que hemos conocido casi en directo en nuestros telediarios, con sus generales y con los financieros que las producen, no impiden que un ángulo de humanidad, obtenido de fotografías de la vida cotidiana, vividas desde dentro, logren la verdad de unos momentos llenos de emotividad y presididos por un cierto escepticismo que hace creíble no sólo estos poemas sino el libro todo.

Por eso cuando el lector llega a partes más condicionadas por las lecturas de poemas de amigos y de admirados, como son las tituladas "Para no olvidarme" y "Que veinte años no es nada", el clima conseguido en los anteriores poemas hace que sintamos de nuevo un trasfondo de verdad, que hace a estos poemas textos muy llenos de gran interés. La lectura de las aventuras de Ulises, desnudadas de grandeza con ese título procedente del tango famoso, se conforman más que como una meditación culturalista de Homero o de Joyce, como un nuevo análisis nutrido de dudas sobre la inconsistencia de nuestro mundo. La parte última, que acude a unas irónicas palabras de Cortázar, "Se puede vivir sin pensar", es la más descarnada y la más descarada de todo el poemario. Formalizada de manera diferente (los versos se justifican con el centrador de la computadora) se recogen poemas que parten de una anécdota cotidiana que muestra, en casi todos los casos, las miserias de nuestra civilización y nuestro mundo.

En la poética desenfadada y nada barbuda que va al frente de este libro, el autor muestra con claridad que es consciente de que sus poemas se alejan de lo que habitualmente suele escribirse o publicarse hoy en poesía. Él lo sabe y lo cultiva. Y con éxito, qué duda cabe. La eficacia de una expresión sincera y directa, la desnudez de un léxico irónico y comprometido, contribuyen a la calidad de los poemas que en este libro aparecen. Pero más aún confirman su indudable originalidad.

 


 

Leo Zelada LEO ZELADA
(Lima, Perú, 1970)

Estudió Filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Miembro fundador del Grupo Neón. Ha publicado el libro de poesía Delirium Tremens, edición completa, Lima-Perú (1998), y el poemario Diario de un Ciber-punk en la Editorial Moctezuma, D.F. México, 2001. Su ensayo Nueva cultura política fue publicado en Perú en 1999. Poemas suyos se encuentran en las revistas españolas The Barcelona Review, Los Lobos de Omaña, Mundo Poesía, El Viejo Faro, EOM, entre otras y en La Resonance (Francia), Café Berlín (Alemania), Ciber-ayllu (U.S.A.), El Ateje (U.S.A.), Cuadernos de la Aldea (Argentina) y México Volitivo (México). Dirige el Taller de Creación Literaria Carpe Diem. Actualmente es colaborador en la secciòn cultural del diario El Peruano. Recientemente, le ha sido concedido el primer premio del I Concurso de Poesía Orpheu, Brasil, 2001.

 


EL OTRO VALLEJO

Escribir sobre César Vallejo es hacer referencia a uno de los más importantes poetas del siglo XX, así como al gran renovador de la lengua española en Latinoamérica. No obstante, a pesar de lo compleja y diversa que es su obra literaria, el estudio de sus textos ha caído en ciertos estereotipos que tratan de representarlo sólo como el poeta del sufrimiento y el dolor, y para otros del compromiso y la solidaridad.

César Vallejo

César Abraham Vallejo Mendoza nació en Santiago de Chuco el 16 de marzo de 1892 y falleció en París el 15 de abril de 1938. Aunque la primera vocación de César fue la de estudiar medicina, luego acabaría definiendo su vocación por la palabra.

En este breve artículo quisiera ver algunos aspectos centrales de su obra primera, es decir, la de experimentación de las nuevas posibilidades de las estructuras y la decontruccion del lenguaje que se dio en su segundo poemario titulado Trilce, publicado en 1922, y la segunda, el uso de la ironia como soporte esencial de su poesía.

En 1919 César Vallejo publicaría su primer poemario, Los heraldos negros, con clara pero original influencia modernista. Este libro rápidamente logró la sui generis aceptación unánime tanto de la crítica como del público lector, haciendo de César el más prometedor vate de su generación. Pero la búsqueda de nuevas formas de comunicación en Trilce a través de un retorcimiento en la sintaxis, un ordenamiento del lenguaje apararentemente hermético e inclasificable en los que el idioma tradicional parece destruirse a cada párrafo inoxerablemente, hicieron que este libro cumbre de la vanguardia latinoamericana y glogal, sólo comparable al nivel de destrucción y origen del lenguaje hallado en Finnegan's wake de James Joyce, fuera inicialmente rechazado. Incluso hoy, con toda la parafernalia construida alrededor de la teoría post-estructuralista, no se considera correctamente interpretado. Bastarán, sólo para corroborar esta afirmación de la falta de acierto en el tratamiento y estudio de su propuesta estética, unas palabras del propio César Vallejo procedentes de una entrevista que le hiciera el critico y poeta español Juan Larrea, las cuales cito a continuación: «Quiero alcanzar la expresión pura, que hoy más que nunca las encuentro en los sustantivos y los verbos»:


VII

Mañana ese otro día, alguna
vez hallaría para el hifalto poder,
entrada eternal
mañana algun día
sería la tienda chapada
con un par de pericardios, pareja
de carnívoros en celo.
Bien puede afincar todo eso.
Pero un mañana sin mañana
entre los aros que enviudemos,
margen de espejo habrá
donde transpasare mi propia frente
hasta perder el eco
y quedar con el frente hacia la espalda.

(de Trilce)


Habría que decir que la experimentación en Vallejo no fue un acto de búsquedas de símbolos, ni de revelación de signos, sino un despertar en el océano de la imagen y la palabra, universo donde habita intangible e indecifrable la poiesis.

Aclarado lo anterior, paso al segundo punto, que es el uso de la ironía como un soporte central de su estética. Viendo Vallejo la inaccesibilidad del origen último de la poesía, que todo conocimiento es único e instranferible, a diferencia del sentido agresivo y mordaz, del sarcasmo y el humor socarrón que busca la risa fácil en la burla del otro, Vallejo encontró en la ironía desprovista de ostentación y mofa la fórmula para ir eñseñándonos, cual moderno y paternal Dante, las nuevas rutas de la creación literaria. Esa actitud de no tomarse demasiado en serio las cosas a pesar de lo importante que eran, esa postura de auto-ironía de su ser atormentado, hacían de César Vallejo un creador que podía desdoblar sus angustias en una segunda persona neutra aparentemente, pero que era muletilla técnica para expresar un humor tierno, entrañablamente humano. Como se lee en el verso final de su poema "En suma no poseo para expresar mi vida", cito: «César Vallejo, te odio con ternura»:

 

EN SUMA, NO POSEO PARA EXPRESAR MI VIDA...

En suma, no poseo para expresar mi vida, sino mi
muerte.
Y, después de todo, al cabo de la escalonada naturaleza
y del gorrion del bloque, me duermo, mano a mano con mi
sombra.
Y, al descender del acto venerable y del otro gemido,
me reposo pensando en la marcha impertérrita del tiempo.
¿Por qué la cuerda, entonces si el aire es tan sencillo?
¿Para qué la cadena, si existe el hierro por si solo?
César Vallejo, el acento con que amas, el verbo con que escribes, el vientecillo con que oyes, sólo saben de ti por tu garganta.
César Vallejo, póstrate por eso, con indistinto orgullo, con
tálamo de ornamentales áspides y hexagonales.
Restitúyete al corpóreo panal, a la beldad; aroma los florecidos corchos, cierra ambas grutas al sañudo antropoide; repara, en fin, tu antipático venado; tanta pena.
¡Que no hay cosa más densa que el odio con voz pasiva, ni más mísera ubre que el amor!
¡que ya no puedo andar, sino en dos arpas!
¡que ya no me conoces, sino porque te sigo instrumental, prolijamente!
¡que ya no doy gusanos, sino breves!
¡que ya te implico tanto, que medio que te afilas!
¡que ya llevo unas tímidas legumbres y otras bravas!
Pues el efecto que quiébrase de noche en mis bronquios, lo
trajeron de día ocultos deanes y si amanezco pálido, es por mi obra; y si anochezco rojo, por mi obrero. Ello explica igualmente estos cansancios míos y estos despojos, mis famosos
tíos. Ello explica en fin esta lágrima que brindo por la dicha de los hombres.
César Vallejo, parece
mentira que así tarden tus parientes,
sabiendo que ando cautivo,
sabiendo que yaces libre.
¡Vistosa y perra suerte!
¡César Vallejo, te odio con ternura!

(de Trilce)

Esa ironía es un eje central en su obra y, a su vez, sirve como el elemento lúdico que atraviesa la mayoría de sus textos.

El otro Vallejo, el audaz innovador de poeía, el del humor sutil y entrañable, el de un poeta, un hombre que amó la vida, es la que he pretendido apenas bosquejar. A partir de esa sabia y milenaria dialéctica en la que el sufrimiento y la felicidad son expresión de un mismo rostro, por ello acabaré diciendo parafraseando de nuevo al maestro: «¡salud y sufre, ciberbauta lector!».