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GONZALO HERNÁNDEZ SANJORGE
(Montevideo, Uruguay, 1968)
Esta obra de teatro es absolutamente inédita y
sin estrenar.
LA NIEVE ES UN LUGAR
DRAMATIS
PERSONAE:
El Trapecista
La Equilibrista
El Soldado
El Comandante
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ÚNICO ACTO
(Todo transcurre en una
cabaña en la nieve. Hay una puerta que da al exterior y otras
dos puertas a los costados de la habitación. Hay una ventana
que da hacia fuera, una estufa de leña, un sillón, y
una enorme mesa a un costado).
Escena I
(El Trapecista y la Equilibrista asoman sus caras
al vidrio de la ventana intentando ver si hay alguien dentro. Golpean
el vidrio, llamando. Es evidente que tienen mucho frío. Entran.
Tienen unos abrigos que parecen improvisados).
TRAPECISTA: (Entrando.) Por fin, un lugar
para guarecernos. ¡Entra de una vez, mujer!
EQUILIBRISTA: Es que estoy endurecida.
TRAPECISTA: (Jalándola del brazo y cerrando la puerta.) Vamos,
entra. (A gritos.) ¡¿Hay alguien aquí?!
EQUILIBRISTA: ¿Es que no hay nadie en este sitio? Siempre y cuando
aquí pueda querer habitar alguien.
TRAPECISTA: La estufa está apagada. Tal vez hayan salido.
EQUILIBRISTA: Tal vez hayan muerto.
TRAPECISTA: No seas ave de mal agüero.
EQUILIBRISTA: (Se sienta en el sillón, junto a la estufa.) Si fuera
un ave me iría volando. Aunque a juzgar por mi suerte, seguro sería
un pingüino.
TRAPECISTA: (Comienza a encender la estufa.. Se sienta en el sillón.)
Venga, que ya se te va a pasar el frío.
EQUILIBRISTA: ¿Y la bronca? Mira que te lo dije. Te lo dije...
cabeza hueca.
TRAPECISTA: ¡Termínala de una vez, mujer! (Llamando.) ¡¿Es
que no hay nadie?!
EQUILIBRISTA: Te lo dije, te lo repetí una y otra vez y no me hiciste
caso. No sé para qué tienes orejas si ni siquiera usas lentes.
TRAPECISTA: Sí, está bien, ya te escuché.
EQUILIBRISTA: Lo que me pregunto es por qué no me escuchaste antes.
TRAPECISTA: ¡Es que parecía tan cierto, tan real!
EQUILIBRISTA: (Sarcásticamente.) Sí, sí, muy cierto,
muy real. (Con bronca.) ¡Tan real que parece mentira en la que nos
has metido!
TRAPECISTA: Yo vi algo tan blanco, tan radiante, tan enorme que pensé
que era Dios.
EQUILIBRISTA: No se si me impresiona más el error teológico
o el geográfico.
TRAPECISTA: ¿Y cómo iba a saber que era la nieve si nunca
había visto antes la nieve? ¡Todavía no puedo creer
que exista tanta nieve junta!
EQUILIBRISTA: Podrías haberme creído a mí.
TRAPECISTA: Tú tampoco conocías la nieve.
EQUILIBRISTA: Pero al menos recordaba lo que contaba aquella domadora
de caballos... la belga... la que tenía aquel perrito que parecía
un felpudo...
TRAPECISTA: ¿Eunice?
EQUILIBRISTA: ¡Esa misma! Se pasaba contando historias de la nieve.
TRAPECISTA: Yo pensé que mentía. Bastaba verle la forma
de las manos para darse cuenta que era una persona a la que le gustaba
mentir.
EQUILIBRISTA: Suerte que no eres detective privado, estaríamos
arruinados. Aunque claro... no sé en qué situación
estamos ahora.
TRAPECISTA: Yo sólo pensé que era Dios, por eso vine hasta
acá. ¿Te imaginas, poder conocer a Dios?
EQUILIBRISTA: ¿Y tú qué tienes de especial para que
te ocurra un prodigio así? ¿Es que ahora también
eres un místico?
TRAPECISTA: Soy un trapecista. O te olvidas que siempre quise serlo para
estar más cerca del cielo.
EQUILIBRISTA: Antes de que empieces con la historia de tu niñez
y tu imaginación sobre los ángeles, fíjate si todavía
te queda algo que comer.
TRAPECISTA: Pues en esta bolsa... apenas unas semillas de manzana y un
trozo de pan... muy duro.
EQUILIBRISTA: Aunque más no sea ponlo un momento en el fuego.
TRAPECISTA: (Poniéndolo al fuego.) Supongo que no es mala idea.
EQUILIBRISTA: ¿Quién sabe dónde estarán ahora?
TRAPECISTA: ¿Quiénes?
EQUILIBRISTA: Pues los del circo.
TRAPECISTA: Quién sabe... tal vez nos extrañen.
EQUILIBRISTA: Tal vez no tengan tiempo de extrañar disfrutando
de una vida mejor que esto.
TRAPECISTA: ¡Mujer, que esto no es el resto de nuestras vidas, es
sólo un momento!
EQUILIBRISTA: Pues donde no consigamos comida esto va a ser lo que resta
de nuestras vidas. Y saca ese pan antes que lo perdamos.
TRAPECISTA: (Toma el pan, lo divide y ambos comen.) Seguramente si alguien
vive aquí, ya volverá. Y si no... tal vez así como
llegamos nosotros, llegue alguien más.
EQUILIBRISTA: Si alguien más ha pasado tantos días perdidos
en la nieve... Y no digo la cantidad porque ya perdí la cuenta.
Todos los días parecían el mismo día.
TRAPECISTA: No tienes que recordármelo.
EQUILIBRISTA: Ni siquiera tenemos al enano para que nos cante, con esa
voz de barítono que tenía.
TRAPECISTA: ¡Otra vez el enano! (Burlándose.) ¡Ay,
el enano, el enano!
EQUILIBRISTA: ¿Es que el frío te daña la cabeza?
¿Por qué te pones así?
TRAPECISTA: ¿Es que entre tú y el enano ha pasado algo?
EQUILIBRISTA: Te has puesto celoso.
TRAPECISTA: No estoy celoso, simplemente quiero saberlo, porque lo recuerdas
tanto...
EQUILIBRISTA: No te pongas así.
TRAPECISTA: Es que durante estos días dale que te dale hablar del
enano.
EQUILIBRISTA: Estas celoso, eso es todo. (Con un fraseo infantil.) ¡Estás
celoso, estás celoso!
TRAPECISTA: Pues mira, no estoy celoso. ¿Pero y si así fuera,
qué?
EQUILIBRISTA: Cuando te pones así me dan ganas de besarte. Hasta
se me olvida que estamos aquí por tu culpa. Ven abrázame.
TRAPECISTA: (Abrazándola.) Sigues siendo mejor que el fuego.
EQUILIBRISTA: Me siento muy cansada. ¿Por qué no dormimos
un rato?
TRAPECISTA: Está bien, luego veremos qué es lo que hacemos.
EQUILIBRISTA: Podrías cambiar de religión y así comenzamos
una nueva búsqueda.
TRAPECISTA: Muy graciosa, duérmete ya. (Se duermen.)
Escena II
SOLDADO: (Pasa por delante de la ventana,
como dirigiéndose a la puerta, para entrar a la cabaña.
Se detiene. Observa por el vidrio y ve al Trapecista y a la Equilibrista
dormidos. Pone gesto de ternura. Luego cambia el gesto por uno hosco.
Entra golpeando la puerta, gritando, amenazando al Trapecista y a la Equilibrista
-que se despiertan sobresaltándose- con una escopeta.) ¡Alto
ahí! ¡Son mis prisioneros!
EQUILIBRISTA: (Gritando desesperada.) ¡Mis gallinas! ¡Mis
gallinas!
SOLDADO: Aquí no hay ninguna gallina, señora.
EQUILIBRISTA: ¡¿Cómo que no?! ¡Y bien gordas!
SOLDADO: Repito que aquí no hay gallinas.
EQUILIBRISTA: ¡Quiero mis gallinas y me las va a dar!
TRAPECISTA: Espera, mujer, que estás confundida.
EQUILIBRISTA: Yo de aquí no me voy sin mis gallinas.
SOLDADO: Es una orden: aquí no hay ninguna gallina.
TRAPECISTA: ¿Qué clase de orden es esa?
SOLDADO: No tengo por qué rendirle cuentas al enemigo.
TRAPECISTA: ¡Enemigo!
EQUILIBRISTA: Aquí lo único que cuenta es que faltan mis
gallinas, todas mis gallinas. ¡Pobrecitas mis gallinas!
SOLDADO: ¡Deje de chillar como una gallina!
TRAPECISTA: ¿Podemos salir de este gallinero?
EQUILIBRISTA: Díselo a él. Que me devuelva mis gallinas.
TRAPECISTA: Aquí no hay gallinas, entiéndelo. Has estado
soñando.
EQUILIBRISTA: (Implorando. Lloriqueando.) Dime, por favor, que he soñado
todo menos mis gallinas.
TRAPECISTA: Muy bien, te lo digo: has estado soñando todo, también
tus gallinas.
EQUILIBRISTA: ¡Y yo sin mis gallinas! ¡¿Qué
haré?!
TRAPECISTA: Si tanto te preocupa míralo de esta forma: tus gallinas
son inmortales. Nunca morirán porque nunca han existido.
EQUILIBRISTA: (Yendo hacia el soldado de manera amenazadora.) Así
que usted espantó a mis gallinas.
SOLDADO: (Sigue apuntando con el arma, pero comienza a retroceder ante
el avance de la Equilibrista) Señora, esto es la guerra y en la
guerra está permitido hacerles cualquier cosa a las gallinas.
EQUILIBRISTA: (Comienza a darle puñetazos al soldado que se mete,
con arma y todo, debajo de la mesa.) ¡Salvaje! ¡Maldito aniquilador
de gallinas! ¡Se aprovecha de mis gallinas porque son sólo
un sueño! (El Trapecista se acerca, la agarra, la quiere apartar
de allí y calmar.)
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Señor, le ruego sepa explicarle que
soy un soldado y como soldado eso no se me debe hacer.
TRAPECISTA: Si tú te dejas...
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Me tomaron de sorpresa, traicioneramente.
Soy un defensor de la patria, merezco más respeto.
EQUILIBRISTA: (Pretende ir de nuevo a golpear al Soldado, el Trapecista
la sujeta.) Deja de ladrar porque si llegara a encontrar un almohada de
plumas te asfixiaría para vengar a todas las gallinas que has hecho
desaparecer en tu vida.
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) No me dejaré confundir con lo que
digan y menos con lo que hagan. Ni siquiera con lo que piensen.
TRAPECISTA: Puede abreviar que igual la idea se entendió.
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Entonces comprenderán lo que está
pasando.
TRAPECISTA: Como pasar, está pasando el tiempo.
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Señores... esto es la guerra.
EQUILIBRISTA: (Sorprendida.) ¡¿La qué?!
TRAPECISTA: Creo que ha dicho "la guerra". Perdone, buen hombre,
¿ha dicho usted "la guerra"?
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Así es. Esto es la guerra y ustedes
son mis prisioneros.
TRAPECISTA: (Se agacha para poder mirar de frente al Soldado. Hace un
gesto con el índice de señalar alternativamente una y otra
vez a sí mismo y a la Equilibrista, como diciendo "nosotros")...
¿Sus prisioneros?
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Correcto. Y por favor, no me obliguen a
tomar medidas más agresivas.
TRAPECISTA: ¿Nosotros sus prisioneros?
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Ustedes y todas sus gallinas.
EQUILIBRISTA: ¿No habíamos quedado en que fue un sueño?
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Todos sus sueños quedan confiscados.
Sólo les será permitido tener aquello que no altere la tranquilidad
del campo de prisioneros.
TRAPECISTA: Se me cansan las piernas de estar agachado. ¿Podríamos
conversar frente a frente con mayor naturalidad?
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Permanecerá así hasta que
yo considere que su esfuerzo es suficiente. Para eso es que me he puesto
en esta posición.
TRAPECISTA: (Levantándose.) No lo puedo creer.
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Todas sus creencias son irrelevantes. Lo
único que tienen que saber es que esto es la guerra.
EQUILIBRISTA: ¿Y entre quiénes es la guerra?
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Eso es información clasificada.
EQUILIBRISTA: Sólo dígame el nombre de su país.
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) No estoy autorizado a dar esa información
al enemigo.
TRAPECISTA: ¡No somos sus enemigos!
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) No tienen mi uniforme.
TRAPECISTA: No tenemos ningún uniforme.
EQUILIBRISTA: No somos soldados.
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Entonces son mis enemigos.
EQUILIBRISTA: No supone usted que ese razonamiento puede conducir a errores.
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) No estoy autorizado a dudar de mi palabra.
EQUILIBRISTA: ¡Pero ni siquiera somos gente armada!
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Eso muestra la incapacidad técnica
del enemigo y su falta de escrúpulos al mandar gente sin armas.
¡Y pensar que ustedes están dispuestos a morir por quien
ni siquiera les ayuda a defenderse!
TRAPECISTA: A ver si lo entiende de una vez por todas. No somos soldados,
no estamos armados, no pertenecemos a ningún ejército y
no somos enemigos de nadie.
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Aquí estamos en guerra y ustedes
pertenecen al enemigo.
TRAPECISTA: ¡Se lo repito: no pertenecemos a ningún ejército
y no estamos en guerra!
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Debieron pensar eso antes de entrar en guerra.
EQUILIBRISTA: Quien no está pensando es usted.
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Yo tengo el control de la situación,
no tengo por qué pensar.
TRAPECISTA: ¿Y se puede saber qué hará con nosotros?
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Espero órdenes.
EQUILIBRISTA: Si se va a quedar ahí, esperará que se la
lleven las hormigas.
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) No permito que hable así de los integrantes
del ejército.
EQUILIBRISTA: Haga como le plazca.
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) Señora, no hago lo que me place sino
lo que es mi deber.
EQUILIBRISTA: ¿Y no le da placer hacer su deber?
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) No estoy autorizado a darle información
de mi vida privada al enemigo.
TRAPECISTA: ¿Sabe, al menos, cuánto van a tardar esas órdenes?
SOLDADO: (Debajo de la mesa.) No estoy autorizado a dar esa información.
(Sale de debajo de la mesa.) Permanezcan aquí. Iré a buscar
a un superior. Les advierto que si intentan escapar, los guardias tienen
orden de disparar a matar.
EQUILIBRISTA: No vimos ningún guardia afuera.
SOLDADO: Eso muestra lo eficiente que es nuestro ejército, señora.
Con su permiso. (Sale por una de la puerta de los costados.)
Escena III
(El Comandante no es más
que el Soldado con otra ropa. Hasta que entra el Comandante, el trapecista
y la Equilibrista permanecen callados. Se hacen gestos como si no fuera
creíble lo que está pasando. El Trapecista da vueltas mientras
se pasa la mano por la frente y el cabello).
COMANDANTE: (Entra. Es el Soldado. Lleva
las mismas botas. Se ha puesto otros pantalones y otra casaca con unas
charreteras un poco ridículas. Tiene un bigote falso y peluca.
Lleva un pequeño látigo que hace chasquear cuando puede.)
¡Atención! Ahora yo me encargaré personalmente de
ustedes y habrán querido no pertenecer al enemigo.
TRAPECISTA: Disculpe, pero nosotros...
COMANDANTE: Contesten cuando se les pregunte o permanezcan en silencio.
EQUILIBRISTA: Quizá podría haber sido un buen domador.
TRAPECISTA: Tal vez un poco pequeño.
COMANDANTE: (Se sienta a la mesa. Saca del cajón de la mesa unas
hojas y algo con qué escribir.) ¡Silencio o los mando fusilar
sin interrogarlos!
EQUILIBRISTA: No creo que el tamaño sea problema si tiene elegancia.
TRAPECISTA: ¡Ya estás, otra vez! ¡Ya estás de
nuevo pensando en el enano!
EQUILIBRISTA: Pero no seas tonto, hombre.
TRAPECISTA: Si tanto te gustaba, por qué no te casaste con él.
EQUILIBRISTA: Y tú por qué no te casaste con la hija del
tragasables si tanto te gustaba lucirte delante de ella.
COMANDANTE: ¡Callados! ¡Compórtense como soldados!
TRAPECISTA: ¡No somos soldados!
COMANDANTE: Prefiero un ladrón a un cobarde. No nieguen lo que
son.
TRAPECISTA: Pero lo que...
COMANDANTE: ¡Basta! ¡Basta! ¡Esto es un interrogatorio!
EQUILIBRISTA: Yo no escuché ninguna pregunta.
COMANDANTE: ¡Parece mentira, que gente grande necesite de preguntas
para darse cuenta de que está en un interrogatorio!
EQUILIBRISTA: ¡Vamos, comencemos de una vez!
COMANDANTE: Señora, no me robe las palabras. Por un robo así
puedo mandarla a la corte marcial. Díganme cuál es el número
de su regimiento, la cantidad de soldados del regimiento y cuantas armas
y municiones tienen.
TRAPECISTA: ¿No nos va a preguntar nuestros nombres?
COMANDANTE: La guerra no se gana con palabras, señor, la guerra
se gana con números. Así que dígame ¿cuál
es el número de su regimiento, la cantidad de soldados del regimiento
y cuántas armas y municiones tienen?
TRAPECISTA: Vuelvo a repetirle que no somos soldados.
COMANDANTE: Lo hubieran pensado antes de tomar parte en la guerra.
TRAPECISTA: Ni siquiera sabíamos que había una guerra. Nosotros
no estamos en guerra con nadie.
COMANDANTE: ¡No me contradigan! ¡Todos estamos en guerra!
¡El mundo está en guerra! ¡La guerra está en
todas partes! (La Equilibrista busca en el suelo con la mirada, como si
algo se le hubiera caído.) ¿Qué es lo que busca?
EQUILIBRISTA: La guerra. Usted dice que está en todas partes y
nosotros hace días que estamos perdidos en la nieve y no nos hemos
enterado de esa guerra tan famosa.
COMANDANTE: No conseguirán nada con ese comportamiento. Sé
reconocer a un enemigo cuando lo veo. A mí no me van a engañar.
TRAPECISTA: Ni falta que hace, si usted se engaña solo.
COMANDANTE: No estoy autorizado a comentar mi conducta con el enemigo.
EQUILIBRISTA: Parece que aquí nadie está autorizado a nada.
¿Acaso hay alguien autorizado a usar su cerebro?
COMANDANTE: Les advierto que ustedes no están autorizados a cuestionar
ni hacer comentarios sobre las desautorizaciones. Ahora... ¿se
niegan a darme la información que les pedí?
TRAPECISTA: No nos negamos.
COMANDANTE: ¿Y bien... ?
TRAPECISTA: No podemos hacerlo.
COMANDANTE: Les recuerdo que un prisionero está autorizado a salvar
su vida. Así que les conviene hablar.
TRAPECISTA: No es un problema de autorización.
COMANDANTE: ¿Y entonces...?
TRAPECISTA: Es que no somos soldados, no estamos involucrados en ninguna
maldita guerra.
EQUILIBRISTA: Trabajábamos en un circo.
COMANDANTE: (Anota.) Regimiento: circo. ¿Qué clase de regimiento
es ese?
EQUILIBRISTA: No es ningún regimiento.
COMANDANTE: Comiencen a detallar qué es un circo para que pueda
informarle a mis superiores.
TRAPECISTA: ¡Un circo! ¡Un circo! ¿Cómo no va
a saber lo que es un circo? ¿Nunca fue a uno?
COMANDANTE: Estamos en guerra. No nos está permitido recordar cosas
como esas.
TRAPECISTA: Un circo. La gente va a divertirse. Hay payasos, domadores
de leones, enanos, equilibristas, magos y hasta una banda de música.
COMANDANTE: ¿Tienen banda de música?
EQUILIBRISTA: Y la nuestra era de las mejores.
COMANDANTE: Eso muestra que integraban un regimiento militar.
TRAPECISTA: Pero no, hombre, no. Yo era trapecista.
COMANDANTE: (Anota.) Trapecista. ¿Y cuál era su función?
TRAPECISTA: Hacía lo que hace todo trapecista. Me subía
a mi columpio y realizaba magníficas pruebas en el aire.
COMANDANTE: (Anota.) Aviador.
TRAPECISTA: No, no soy aviador. Soy trapecista. Tra-pe-cis-ta.
COMANDANTE: ¿Y usted a qué se dedicaba?
EQUILIBRISTA: Yo era equilibrista.
COMANDANTE: (Anota.) Equilibrista. ¿Y qué hacía?
EQUILIBRISTA: Diversas cosas. Por ejemplo, podía sostener hasta
cuatro palillos sosteniendo a su vez una decena de platos y copas en cada
uno.
COMANDANTE: (Anota.) Cocina.
EQUILIBRISTA: ¿Usted no entiende o no quiere entender?
COMANDANTE: ¿Qué vestimenta usan?
TRAPECISTA: Cada uno tenía su ropa que usaba para las funciones.
COMANDANTE: ¿Usaban uniformes para esas "funciones"?
TRAPECISTA: Por supuesto que sí, no podíamos presentarnos
de cualquier manera.
COMANDANTE: Ustedes usaban uniformes. Nuestros enemigos usaban uniformes.
El uniforme de nuestros enemigos es diferente al nuestro. El que ustedes
usaban seguramente era diferente al nuestro. Por lo tanto, es claro que
el uniforme que ustedes llevaban era el uniforme del enemigo. Ustedes
pertenecen al ejército enemigo.
TRAPECISTA: Pero no sólo los ejércitos usan uniformes.
COMANDANTE: Estamos en guerra. Aquí sólo hay ejércitos
y sólo hay amigos o enemigos.
TRAPECISTA: ¿Y porque usted está en guerra es que nosotros
somos enemigos? ¡Entiendo!
COMANDANTE: (Anota.) Admiten ser del enemigo.
TRAPECISTA: Nosotros no hemos admitido nada.
COMANDANTE: El que calla otorga.
EQUILIBRISTA: Pero si estamos hace rato dale que te dale, habla que te
habla.
COMANDANTE: No se necesita dejar de hablar para callarse.
EQUILIBRISTA: Ni se necesita no tener cerebro para ser un perfecto idiota.
COMANDANTE: ¡Un desacato más y los mandaré a realizar
trabajos forzados hasta que mueran de cansancio!
EQUILIBRISTA: Por qué no nos permite contarle cómo es que
llegamos hasta aquí.
COMANDANTE: (Anota.) Detalles de la misión que llevaban a cabo
al ser descubiertos tomando por asalto nuestro cuartel.
TRAPECISTA: Nosotros no tomamos por asalto nada, solamente queríamos
un lugar para no morirnos de frío. Estabamos perdidos.
EQUILIBRISTA: Yo le voy a explicar. Este tonto, porque no se le puede
dar otro nombre luego del lío en que nos ha metido...
COMANDANTE: Limítese a los hechos, yo haré las interpretaciones.
EQUILIBRISTA: Un día él estaba ensayando la rutina desde
su trapecio y, como la carpa aún estaba a medio colocar vio a lo
lejos un brillo blanco y bajó gritando "¡Lo he visto!
¡Lo he visto!"
TRAPECISTA: Realmente creí haberlo visto. Hubiera jurado que lo
había visto.
COMANDANTE: ¿Haber visto qué?
TRAPECISTA: A Dios.
COMANDANTE: ¿A Dios? ¿Usted creyó ver a Dios a lo
lejos?
EQUILIBRISTA: Lo mismo que yo le pregunté. Lamentablemente fui
un poco menos escéptica que usted. Tal vez porque lo amo y el amor
es ciego y como él dijo que había visto algo, dejé
que me llevara.
COMANDANTE: ¿Así que usted no vio a Dios?
EQUILIBRISTA: No, pero le creí a él, lo cual fue igualmente
torpe. Y así comenzamos una larga marcha hacia aquel brillo inmenso
e intensamente blanco.
COMANDANTE: ¿Y qué pasó?
TRAPECISTA: Que ese brillo inmenso e intensamente blanco no era Dios,
era nieve. Simplemente nieve. Pero claro, yo nunca había visto
nieve. Y después de mucho andar llegamos hasta acá con la
esperanza de buscar un poco de abrigo y alimento.
COMANDANTE: ¿Eso es todo?
TRAPECISTA: ¿Acaso le parece poco?
COMANDANTE: (Gritando.) ¡¿Ustedes me quieren tomar el pelo
o qué?! ¡¿Creen que yo puedo escribir ese cuento ridículo?!
¡Mis superiores se reirían de mí! ¡Me expulsarían
del ejército! ¡Hasta podrían acusarme de complicidad
con el enemigo! ¡Claro, eso es lo que querían! ¡Pues
no lo van a lograr!
TRAPECISTA: Pero es la verdad. Y mire que no es fácil admitir haber
cometido tamaña equivocación.
COMANDANTE: (Tomando la hoja.) Señores, hemos terminado. Se han
negado a cooperar. Ahora deberán pagar las consecuencias.
EQUILIBRISTA: Por favor, entienda...
COMANDANTE: Claro que entiendo. Han pretendido burlarme. Ahora sabrán
lo que significa para el enemigo tenerme de enemigo. (Se va por la puerta
por la que había entrado.)
Escena IV
TRAPECISTA: ¿No has notado nada
extraño en ese comandante? Algo no me huele bien.
EQUILIBRISTA: Te recuerdo que hace varios días que no nos bañamos.
TRAPECISTA: No me refiero a eso. Detesto cuando te pones tan literal,
mujer. No tomes las cosas al pie de la letra.
EQUILIBRISTA: Imposible, las letras no tienen pies.
TRAPECISTA: A eso me refiero. Ahora lo que tenemos que pensar es qué
hacer.
EQUILIBRISTA: Creo que el comandante se fue muy ofuscado. Temo que nos
apliquen algún castigo físico. No podría soportarlo.
TRAPECISTA: Es necesario tomar medidas, pronto.
EQUILIBRISTA: ¿Estamos en peligro y tú quieres ponerte a
jugar a los sastres? Lo que tenemos que hacer es evitar un desastre.
TRAPECISTA: Me temo que estamos perdidos.
EQUILIBRISTA: Hace semanas que estamos perdidos y no creo que sea necesario
explicar por culpa de quién.
TRAPECISTA: No empieces de nuevo con eso. ¿Hasta cuándo
vas a estar con esa cantinela? Me equivoqué, sí. No soy
perfecto. No puedes soportar tener a tu lado alguien que no sea perfecto,
¡allá tú! Creía que estaba haciendo lo correcto.
Las cosas no siempre salen como uno lo planea.
EQUILIBRISTA: Pero a veces las cosas resultan como resultan porque no
se planean.
TRAPECISTA: Yo había planeado el viaje, sólo que a partir
de una confusión.
EQUILIBRISTA: Sí, la de confundir a Dios con la nieve. Un detalle,
como quien diría.
TRAPECISTA: Es fácil decirlo ahora, cuando uno sabe el final de
la historia. Pero bien que tú también estabas entusiasmada
con ver a Dios.
EQUILIBRISTA: Bueno, tú eras el que andabas en los trapecios. Pensé
que conocías más del cielo. A fin de cuentas estabas mucho
más cerca.
TRAPECISTA: Entonces tú también te equivocaste. No rehuyo
mi responsabilidad, pero asume tú la tuya.
EQUILIBRISTA: Sí, yo también me dejé llevar por la
tentación de creer que eras místico. Y haberlo creído
es una muestra de mi amor por ti.
TRAPECISTA: ¿Y el recriminarme tanto mi error?
EQUILIBRISTA: Muestra aún más mi afecto: quiero que aprendas
algo de todo esto.
TRAPECISTA: He aprendido que no debo decirle nada a nadie antes de tiempo.
EQUILIBRISTA: Preferiría que hubieras aprendido cómo salir
de este embrollo. ¡Menudo problema éste de la guerra!
TRAPECISTA: Ya que somos dos, podríamos aprender juntos. (Por la
puerta que salió el Soldado, se lo ve aparecer de nuevo. No entra
a la habitación. Se queda espiando la conversación. Ni el
Trapecista ni la Equilibrista se percatan de su presencia.) Lo que tenemos
que saber es cómo hacer para escapar.
EQUILIBRISTA: No va a ser fácil. Al parecer hay soldados vigilando.
Tal vez tengamos que esperar a la noche.
TRAPECISTA: ¿Has visto algún soldado mientras andábamos
por ahí?
EQUILIBRISTA: Ni uno.
TRAPECISTA: Ni yo.
EQUILIBRISTA: Tal vez se logren camuflar muy bien
TRAPECISTA: ¿Y si no hubiera ninguno?
EQUILIBRISTA: Es la guerra, tiene que haber soldados. Por lo pronto ya
hemos visto dos.
TRAPECISTA: ¿No has notado algo extraño en ellos?
EQUILIBRISTA: Cierto que parecen un poco fastidiosos, pero estamos en
guerra y la guerra es un fastidio.
TRAPECISTA: Creo que son demasiado parecidos, como si fueran la misma
persona. (El soldado lleva las manos a la escopeta, como por si acaso.)
EQUILIBRISTA: Debe hacer mucho que están juntos, tal vez son un
grupo muy unido. La guerra puede llevar a que se mimeticen entre ellos.
TRAPECISTA: ¡Qué guerra ni qué guerra! Nunca supe
que se estuviera en guerra. Todo esto me resulta muy extraño.
Escena V
SOLDADO: (Entra. Lleva los pantalones
del Comandante.) ¡Prisioneros! El Comandante ha resuelto que no
podemos tenerlos aquí.
TRAPECISTA: ¿El Comandante?
SOLDADO: No entiendo vuestra extrañeza.
TRAPECISTA: Que usted lleva los pantalones del Comandante.
SOLDADO: Según cuál sea nuestra misión llevamos diferentes
uniformes en diferentes horas del día.
TRAPECISTA: Raro que tenga autorización para explicar este tipo
de cosas.
SOLDADO: Pero no estoy autorizado a hablar más sobre el asunto.
TRAPECISTA: Entiendo.
SOLDADO: Lo único que tienen que entender es que van a ser trasladados
a una prisión de máxima seguridad para prisioneros del ejército
enemigo.
EQUILIBRISTA: ¡No pueden hacernos eso! ¡Somos civiles!
SOLDADO: Los vendrán a buscar en unos días.
EQUILIBRISTA: ¡Pero es imposible! ¡¿No puede entender
que somos civiles?!
SOLDADO: Han sido encontrados culpables de espionaje.
TRAPECISTA: ¿Espionaje? ¿Y qué se supone que espiábamos,
la nieve?
EQUILIBRISTA: ¡Es ridículo! ¡No nos puede estar pasando
esto!
SOLDADO: No será gimoteando que encubrirán su delito.
EQUILIBRISTA: ¿Cuál delito? ¿El error místico?
TRAPECISTA: Tal vez sea por el error geográfico.
SOLDADO: Lo que es un error es creer que podrán confundirnos.
TRAPECISTA: Grábese bien en la cabeza que nosotros escaparemos
de aquí como sea.
SOLDADO: No podrán. Y si lo intentan será peor para ustedes.
EQUILIBRISTA: Difícilmente sea peor que estar entre dementes en
medio de una guerra que uno no está peleando.
TRAPECISTA: Nos iremos. Abriremos esa puerta y nos iremos a nuestra casa.
SOLDADO: ¡Silencio!
TRAPECISTA: No me importa si tengo o no tengo autorización para
hablar. Estoy harto y le advierto que...
SOLDADO: ¡Silencio! ¡Al suelo! (Los empuja para que se tiren
al suelo. El Soldado se queda agachado.)
EQUILIBRISTA: ¿Qué pasa?
SOLDADO: (Haciendo señas para que se callen.) Tshhh!
EQUILIBRISTA: ¿Se puede saber qué ocurre?
SOLDADO: ¿No escuchan nada? (No se escucha nada.)
EQUILIBRISTA: Nada.
TRAPECISTA: Para ser más claros, nada de nada.
SOLDADO: Es que no tienen habituado el oído a la guerra.
TRAPECISTA: ¿Y qué debiéramos escuchar?
SOLDADO: Disparos.
EQUILIBRISTA: ¡¿Disparos?! Preferiría que saliéramos
disparados de aquí.
TRAPECISTA: No escucho nada y comienzo a sentirme ridículo tirado
en el suelo sin motivo.
SOLDADO: ¡Silencio! Ustedes no podrían sobrevivir ni dos
horas allí fuera si intentan escapar. ¡Manténganse
así hasta que se los ordene! (Se va por donde había entrado.
Unos instantes después comienzan a sentirse los sonidos de los
disparos.)
TRAPECISTA: ¿Será entonces verdad que hay guerra?
EQUILIBRISTA: ¡¿Pero es que vamos a perder el pellejo y tú
aún no te has enterado por qué?!
COMANDANTE: (Sólo se escucha su voz.) ¡Soldado, pronto! ¡Lleve
estas órdenes al teniente! El enemigo nos ataca.
SOLDADO: (Sólo se escucha la voz.) Mi comandante ¿Qué
hago con los prisioneros?
COMANDANTE: (Sólo se escucha la voz.) Si dan problemas, degüéllelos.
No gaste balas en ellos.
SOLDADO: (Entra. Anda agachado para quedar debajo de la ventana. Se detiene
ante el Trapecista y la Equilibrista.) Si intentan escapar o ayudar al
enemigo, serán asesinados de inmediato. (Sale por la puerta que
da hacia fuera.)
Escena VI
EQUILIBRISTA: ¿Tú crees
que nos maten?
TRAPECISTA: Como puedes ver no soy muy bueno creyendo cosas. Ya ves...
EQUILIBRISTA: Me impresionaste cuando te escuché tan seguro, tan
decidido a escapar.
TRAPECISTA: Lo hice para impresionarlo.
EQUILIBRISTA: Es un soldado, no creo que se deje impresionar fácilmente.
TRAPECISTA: Tenía que intentarlo.
EQUILIBRISTA: En el fondo y a pesar de todo, eres lo más cercano
a un héroe que conozco. (Lo abraza y lo besa.)
TRAPECISTA: En demasiados problemas te ha metido tu héroe. Sólo
hemos sabido vivir en el circo. Fuera de allí siempre nos hemos
sentido como animales en cautiverio.
EQUILIBRISTA: Pero me has dado algo muy especial. No todos caen en medio
de la guerra y están a punto de ser pasados a cuchillo.
TRAPECISTA: No todos los días se es prisionero de guerra.
EQUILIBRISTA: Ya no sé si sobreviviríamos allí fuera.
TRAPECISTA: Ni siquiera tenemos una brújula. No sabríamos
ni en qué dirección comenzar a andar.
EQUILIBRISTA: Y aunque llegáramos a algún lugar ¿qué
haríamos? Tú lo has dicho: sólo hemos sabido vivir
en el circo.
TRAPECISTA: Y nuestro circo ya no existe. Ni tenemos fuerzas suficientes
para volver a empezar.
EQUILIBRISTA: Aquel maldito incendio nos destruyó a todos.
TRAPECISTA: El fuego y el hielo, ya hemos probado todo.
EQUILIBRISTA: Me pregunto si ya no es hora de que dejemos de andar, andar
y andar.
TRAPECISTA: Pero sería absurdo sobrevivir a un incendio para venir
a morir, por equivocación, en una guerra. Suena demasiado absurdo
para aceptarlo.
EQUILIBRISTA: Siempre se sobrevive para morir en algún momento.
TRAPECISTA: Puede que esté un tanto cansado de existir, "cansancio
metafísico" como decía el Hombre-bala. Pero todavía
me quedan ganas de continuar.
EQUILIBRISTA: Morir, ibamos a morir igual... y mientras sea contigo...
(Se vuelven a abrazar.)
TRAPECISTA: Tal vez el enemigo nos libere.
EQUILIBRISTA: Por lo menos están gastando bastantes municiones.
A juzgar por lo que se escucha...
TRAPECISTA: Pero hay algo raro en esa balacera.
EQUILIBRISTA: Para ti siempre el mundo tiene una cosa rara, el mundo mismo
es una cosa rara.
TRAPECISTA: En serio, mujer, hablo en serio. Es como si esos mismos disparos
ya los hubiéramos escuchado antes.
EQUILIBRISTA: Tal vez es que nos estamos acostumbrando a la guerra. (Los
disparos cesan.)
TRAPECISTA: Escucha... los disparos han cesado.
EQUILIBRISTA: ¿Quién habrá vencido?
TRAPECISTA: Seguro que nosotros no.
EQUILIBRISTA: ¿Y nosotros estamos con el soldado o con el enemigo?
TRAPECISTA: Nosotros estamos con nosotros.
EQUILIBRISTA: Debí suponerlo, así no ganaremos nunca.
TRAPECISTA: Iré a hablar con el Comandante.
EQUILIBRISTA: ¿Para qué? ¿Qué le dirás?
No servirá de nada. Es una locura.
TRAPECISTA: Es que aquí todos están locos.
EQUILIBRISTA: Así planteado, tal vez de resultado.
TRAPECISTA: Total, perdido por perdido...
EQUILIBRISTA: No deja de parecerme una locura.
TRAPECISTA: Entonces, yo estoy loco.
EQUILIBRISTA: Planteado así, ya no se ve tan bien.
TRAPECISTA: Iré y será ahora. (Se levanta.)
EQUILIBRISTA: (Levantándose y tratando de sujetarlo de un brazo.)
Espera, espera, por favor. (El Trapecista logra escapar y se dirige hacia
la habitación donde había entrado el Comandante.) ¡Qué
le dirás! ¡Espérame! (Va tras él y entra en
la misma habitación. Pausa.)
TRAPECISTA: (Sólo se escucha la voz.) Pero... ¡¿qué
es esto?!
EQUILIBRISTA: (Sólo se escucha la voz.) Pues parece que nuestro
comandante se camufla para que el enemigo no lo reconozca.
TRAPECISTA: (Sólo se escucha la voz.) Ni el enemigo ni nosotros.
EQUILIBRISTA: (Sólo se escucha la voz.) ¿Y cómo me
queda a mí?
TRAPECISTA: (Sólo se escucha la voz.) ¡Mujer, no juegues!
¡Vamos, quítate ese bigote!
EQUILIBRISTA: (Sólo se escucha la voz.) Pues déjame jugar,
bastante ha jugado ese mequetrefe con nosotros.
TRAPECISTA: (Sólo se escucha la voz.) ¡Mira, aquí
está la ropa!
EQUILIBRISTA: (Sólo se escucha la voz.) Había escuchado
que en la guerra todo vale, pero esto no lo entiendo. No tiene ni pies
ni cabeza.
TRAPECISTA: (Sólo se escucha la voz.) No sé si los tiene,
pero te aseguro que ese mentiroso no los tendrá cuando yo lo agarre.
¡¿Qué se ha creído?! Nadie nos mantendrá
prisioneros con mentiras. Y quiero una explicación.
EQUILIBRISTA: (Sólo se escucha la voz.) Y mejor que sea realmente
buena.
TRAPECISTA: (Sólo se escucha la voz.) ¿Crees tú que
está loco o que es imbécil?
EQUILIBRISTA: (Sólo se escucha la voz.) Me da lo mismo. Yo también
quiero golpearlo por tomarnos el pelo de esa manera.
TRAPECISTA: (Sólo se escucha la voz.) ¡Bingo! ¡Mira
lo que encontré!
EQUILIBRISTA: (Sólo se escucha la voz.) ¿Y qué crees
que tiene eso?
TRAPECISTA: (Sólo se escucha su voz.) Si mi corazonada no me falla...
demos vuelta a esta cinta y ahora.... (Se escucha la balacera un instante
y después se corta.) ¡¿Entiendes?! Esta es la balacera
que escuchamos. (Se vuelve a escuchar la balacera un instante y se corta.)
EQUILIBRISTA: (Sólo se escucha su voz.) No lo puedo creer.
TRAPECISTA: (Sólo se escucha su voz.) No necesitas creerlo, ya
lo sabes. Todo ha sido una farsa.
EQUILIBRISTA: (Sólo se escucha su voz.) Y ese idiota va a tener
que explicarnos por qué ha montado toda esta patraña.
(Entran el Trapecista y la Equilibrista. El Trapecista trae un casco y
ella trae puesto el bigote del Comandante y se ha puesto por encima, ridículamente,
la peluca que llevaba el Comandante.)
TRAPECISTA: Esto no quedará así. ¡Te lo puedo asegurar!
EQUILIBRISTA: (Viendo por la ventana.) ¡Allí viene! ¡Allí
viene!
TRAPECISTA: ¡Quítate eso, vamos! ¡Rápido! ¡Démosle
una sorpresa! (Se sienta en el sillón y coloca el casco debajo.
La Equilibrista coloca debajo del almohadón el bigote y la peluca
y se sienta.)
Escena VII
SOLDADO: (Entra. Trae en la mano una bolsa
de tela.) ¡Señores! Debo comunicarles que la batalla ha concluido.
Hemos derrotado al enemigo.
TRAPECISTA: ¿Sííí? Pues me alegra escucharlo.
Realmente hemos tenido miedo de morir. ¿No es verdad?
EQUILIBRISTA: ¡Ya lo creo! No podíamos dejar de pensar que
ha debido ser una batalla sangrienta, a juzgar por los disparos que escuchamos.
SOLDADO: Ha corrido tanta sangre que la ferocidad del enemigo hace aún
más grande nuestra victoria. Nuestro ejército ha demostrado
una vez más su valentía.
EQUILIBRISTA: Nos pareció que el otro ejército se había
aproximado demasiado.
TRAPECISTA: Por momentos parecía que lo escuchábamos aquí
dentro.
SOLDADO: El enemigo consiguió avanzar al tomarnos de sorpresa,
pero de nada le ha servido. La victoria final ha sido nuestra.
EQUILIBRISTA: ¿Y qué va a pasar ahora con nosotros?
TRAPECISTA: Queremos irnos, estamos acá por un error.
EQUILIBRISTA: No tenemos nada que ver con la guerra. Desearíamos
regresar.
SOLDADO: ¡Silencio! Esa decisión la tomará el Comandante
a su debido tiempo.
TRAPECISTA: ¡Ah, sí, el Comandante!
SOLDADO: Por supuesto, es la forma en que se resuelven esas cosas.
TRAPECISTA: Y seguramente usted no sabe nada acerca de qué decisión
habrá de tomar.
SOLDADO: No estoy autorizado a hacer ese tipo de comentarios.
EQUILIBRISTA: Seguramente tampoco puede decirnos lo que trae en esa bolsa
que trae con usted.
TRAPECISTA: (Irónicamente.) Mujer, seguro que si lo hace pone en
peligro la seguridad militar y tal vez esa información esté
calificada como secreto de Estado.
SOLDADO: Se equivoca. No tengo por qué ocultar las hazañas
de nuestra victoria. Aquí traigo la cabeza del General enemigo.
TRAPECISTA: Ah, la cabeza del General enemigo...
EQUILIBRISTA: ¡Nunca he visto la cabeza de un General enemigo!...
TRAPECISTA: Ni siquiera hemos visto un General enemigo todo entero.
EQUILIBRISTA: Muéstreme la cabeza. Quiero verla... Quiero saber
cómo se ve un trofeo de guerra tan valioso.
SOLDADO: Señora, no estoy autorizado a hacerlo. Además la
aterraría.
EQUILIBRISTA: Por favor, se lo pido. Supongo que la cabeza de un General
se ve tan viril como un uniforme.
SOLDADO: Señora, no insista o me veré obligado a tomar otra
actitud más severa.
EQUILIBRISTA: Es sólo mirarla... No creo que mis ojos la deterioren.
SOLDADO: ¡Basta! Mis órdenes son llevarla al Comandante.
TRAPECISTA: ¡Ah, el Comandante! Supongo que entonces no hay ningún
problema, ¿no es cierto?
EQUILIBRISTA: Claro que no. (Saca la peluca y el bigote y se los coloca
rápidamente. Con voz gruesa, imitando graciosamente la voz varonil.)
¡Ordeno que le muestre la cabeza a la señora Equilibrista!
SOLDADO: (Toma su arma, apunta de forma amenazadora.) ¡¿Qué...
qué es esto?!
TRAPECISTA: ¿Es que no reconoce a su Comandante? Al menos espero
que no haya olvidado también la sangrienta batalla. (Saca de su
pantalón la cinta y la arroja al suelo, a los pies del Soldado.)
SOLDADO: ¡¿Qué es todo esto?! ¡¿Qué
es lo que están tramando?!
EQUILIBRISTA: (Con voz gruesa, imitando graciosamente la voz varonil.)
No estoy autorizado a comentar eso, Soldado.
TRAPECISTA: (Avanza hacia el Soldado, que retrocede sin dejar de apuntar
con el arma.) ¡Basta de patrañas, mequetrefe! ¡Esas
explicaciones debería darlas usted!
SOLDADO: (Nervioso.) ¡Exijo más respeto!
TRAPECISTA: (Avanza hacia el Soldado, que retrocede.) Pues será
cuando tú lo des, ¿o nos tomas por tontos? (El Soldado retiene
su retroceso al chocar la espalda contra una pared. El Trapecista le manotea
el arma y se la saca.) ¡Dame esto para acá! (Hace el gesto
de pegarle una cachetada de revés.)
SOLDADO: (Encogiéndose.) No, no, no... (Se esconde debajo de la
mesa.)
TRAPECISTA: (Intenta atraparlo, pero la mesa es lo suficientemente grande
como para que cuando el Trapecista intente agarrarlo de un lado el Soldado
se escape yendo al otro lado.) Ven aquí, marrano.
TRAPECISTA: Ven para aquí que te quiero demostrar lo que es que
te den batalla.
EQUILIBRISTA: (Con voz gruesa, imitando graciosamente la voz varonil.)
¡Soldado! Si lo desea llamaremos refuerzos.
TRAPECISTA: Ven para aquí, te digo, que tengo algo que quiero aclarar
contigo.
EQUILIBRISTA: (Con voz gruesa, imitando graciosamente la voz varonil.)
Soldado, esa no es la muestra del valor y el coraje que debe tener siempre
nuestro ejército.
TRAPECISTA: Sal de allí, maldito mentiroso.
EQUILIBRISTA: (Tirando la peluca y el bigote.) Me cansé de toda
esta payasada. Venga, terminemos con esto. Déjalo en paz, ya no
vale la pena.
TRAPECISTA: ¿Qué lo deje en paz? ¡En la paz del cementerio
lo voy a dejar! ¡Maldito idiota! (Lo logra atrapar y lo saca de
debajo de la mesa Lo tiene agarrado de la ropa.. El Soldado llora.) ¡Y
encima lloras! ¡¿Se puede saber que te pasa ahora?!
SOLDADO: (Lloriqueando.) Yo sólo quería tener compañía...
TRAPECISTA: Pues no te entiendo, así que habla claro.
EQUILIBRISTA: (Se interpone entre el Trapecista y el Soldado, haciendo
que el trapecista lo suelte.) Déjalo quieto, ya. Que hable de una
vez. Ten un poco de calma, hombre.
TRAPECISTA: ¡Calma! ¡¿me pides calma?!
EQUILIBRISTA: ¡Sí, hombre, sí, calma! (Empujando al
Soldado que cae sentado en el sillón.) Siéntate ahí
y explica esto, que ya empieza a ser aburrido.
SOLDADO: (Lloriqueando.) Me mandaron hace años aquí, a este
puesto de vigilancia. Me dijeron que seríamos varios, que mandarían
a otros y nunca mandaron a nadie. Me dejaron sólo. Sólo
yo y la nieve. El equipo de comunicaciones funciona a veces... y una vez
por mes hay un avión que me arroja una caja con comida.
TRAPECISTA: ¿Y por qué has inventado todo este desvarío
de la guerra y de que somos prisioneros?
SOLDADO: (Calmándose lentamente.) Ustedes querían irse.
Yo no me quería quedar sólo de nuevo. Pensé: "ellos
están perdidos, yo estoy olvidado, tal vez pueda hacer que se queden".
No podía dejarlos ir, seguramente no tendría otra oportunidad
de estar rodeado de gente. Yo tampoco tengo familia. Este lugar es todo
lo que tengo.
EQUILIBRISTA: ¿Qué es entonces lo que hay en esa bolsa?
SOLDADO: Un conejo. Pensaba prepararles una comida algo mejor que eso
que me manda el ejército.
TRAPECISTA: (Gritando.) ¡Pues nada, ¿me entiendes?! ¡Nos
iremos de aquí y juro que nos dejarás ir o te daré
una golpiza!
SOLDADO: (Triste, resignado.) Está bien, no puedo detenerlos. Pueden
irse cuando quieran.
TRAPECISTA: (Gritando.) ¡Ya verás que lo haremos, sí
señor! ¡A mí nadie me toma el pelo!
EQUILIBRISTA: ¡Basta, deja de gritar! ¡¿A dónde
iremos?! ¿Te olvidas que del circo ya no queda nada, que no tenemos
casa ni familia?
TRAPECISTA: Pero...
EQUILIBRISTA: O es que vagaremos por la nieve hasta morirnos de frío
o de hambre?
TRAPECISTA: (Sentándose en el sillón, junto al Soldado.)
Es que yo... Me dejé llevar por mi bronca.
EQUILIBRISTA: Nosotros tampoco tenemos nada. Ni familia ni amigos. Tal
vez estamos más perdidos que él. Por el momento creo que
lo mejor sería quedarnos por aquí.
SOLDADO: ¡Eso! ¡Quédense conmigo, si mi compañía
no les gusta pueden irse! ¡Ahora les prepararé conejo. ¿Qué
les parece? Para celebrar que se ha obtenido la paz.
EQUILIBRISTA: Muéstrame dónde está la cocina que
te daré una mano. Sé una manera deliciosa de prepararlo.
SOLDADO: (Dirigiéndose junto a la Equilibrista hacia la puerta
que aún no se había usado.) Después de todo
la nieve es un muy buen lugar...
EQUILIBRISTA: (Sonriendo.) Sí, la nieve es un buen lugar.
(El Soldado y la Equilibrista salen por la puerta que aún nos
se había usado.)
TRAPECISTA: (Suspirando.) Oh, sí, la nieve es un lugar.
(Se levanta y va hacia la puerta por donde salieron la Equilibrista
y el Soldado.)
TELÓN
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