LORENZO OLIVÁN
(Castro Urdiales, Cantabria, España, 1968)

Entrevista: Ángel Manuel Gómez Espada

Lorenzo Oliván


     Fue el elegido en la edición del 2000 para adjudicarse con su poemario Puntos de fuga (Visor) el importantísimo premio Loewe. No dejen de leer sus libros de aforismos líricos, entre ellos El mundo hecho pedazos (Pre-Textos).

Su atención para con nosotros ha ido mucho más allá de la cortesía, lo que agradecemos desde este escaparate.

La entrevista se realizó a través de internet.

 

ÁNGEL M. GÓMEZ ESPADA: Como bien dices en una de tus poéticas, se ha definido a Gómez de la Serna como "psicólogo de las cosas". ¿Tus aforismos intentan recrear ese lenguaje preñado de imágenes poderosas y prodigiosas de las greguerías o, por el contrario, son el fruto de fuertes y ahondados psicoanálisis que les haces a tus poemas?

LORENZO OLIVÁN: En mis libros de "fragmentos" o de "instantáneas", por llamarlos de una forma neutra, empezaron dominando las imágenes y, desde el último, El mundo hecho pedazos, ha habido una mayor presencia de lo reflexivo, una mayor dosis de pensamiento, como si pretendiese erigir un perfil ético a base de fugaces fogonazos, a menudo contradictorios. Creo que desplegar el ejercicio de lo metafórico en las cosas, introducirlas en una especie de infinita espiral que las hace ser ellas y otras a la vez, me ha llevado a verme a mí mismo en mi radical otredad, como si fuese un extraño personaje al que nunca acabaré de conocer por completo. En mis imágenes se repiten ciertas obsesiones que luego ratifican los aforismos, así que me gusta ver en esos libros un espejo, sí, hecho trizas en el que de algún modo me reflejo sin poder reconocerme.

A.M.G.E.: En el aforismo juegas y apuestas fuertemente por la ironía, mientras que percibimos que en tu poesía se refleja más tu esfuerzo por explicar las cosas del mundo sencillamente. ¿Eres consciente de esto al escribir?

L.O.: Sí es verdad que en mis aforismos hay una veta ácida, corrosiva, irónica que aún no se ha manifestado en mis poemas. Quizás la brevedad invita a la provocación, a sacar un poco el mundo de quicio, a meterle un palo en su rueda para que salte por los aires. El aforismo abre más la puerta al golpe de efecto, a los dobles sentidos, a las paradojas, a decir lo contrario de lo que uno piensa. El poema busca otro tipo de verdad que no necesita de esos subterfugios. Detesto la poesía simplemente ingeniosa o brillante. El ingenio, bien visto en un aforismo, puede anular o atenuar la verdad de la poesía, así que intento que en mis versos no se cuelen esas impurezas, que en las distancias cortas soporto, como un poco de picante en una comida.

A.M.G.E.: ¿Sigues creyendo que la poesía es "un lenguaje de la fatalidad"? De ser así el camino a elegir ha de ser necesariamente la elegía.

L.O.: Cuando hablo de "lenguaje de la fatalidad" me refiero a un lenguaje que nos revela lados en sombra del mundo y de nosotros mismos con palabras traspasadas de una honda palpitación del espíritu. Estoy convencido de que lo esencial del poema -el ritmo, una idea de arranque, una de cierre, una imagen...- tiene más que ver con la intuición sonámbula que con la razón despierta, y esa intuición sonámbula se impone con un vago componente de clarividencia, sin saber muy bien por qué.

A.M.G.E.: En Generación del 99, la última antología de García Martín, en la que estás incluido, aparece también Vicente Gallego. Ambos sois los dos últimos ganadores del prestigioso Loewe. Además, se hallan Benjamín Prado, Andrés Neuman, Aurora Luque, Luis Muñoz... Estamos de acuerdo en que sois todos excelentes poetas, pero ¿crees que hay concomitancias entre vosotros, entre los de tu generación?

L.O.: No sé. Lo que se palpa en el aire es que ahora se mira la poesía más desprejuiciadamente. Hace unos años la atmósfera se veía enrarecida. La sensatez y el sentido común parecían ser la panacea a los excesos novísimos, pero no se puede combatir un exceso con otro, pues cualquier poética llevada a sus extremos se convierte en un esperpento de sí misma. Por suerte creo que hoy en día nadie se atrevería a decir que lo irracional y lo oscuro son un defecto y lo lógico y claro una virtud. Es mejor no establecer esas reducciones si no queremos perdernos la mitad de toda la rica tradición poética. Yo puedo decir, sin incurrir en contradicción, que de Juan Ramón Jiménez admiro su desnudez, sus iluminadoras sombras; de las vanguardias y el ventisiete, su pasión por el matiz y lo visual; de la generación del 50, su hondo poder reflexivo, que indaga en el yo con verdad y belleza.

A.M.G.E.: ¿Qué piensas de las tres últimas generaciones que te preceden? ¿Con cuál te identificas más?

L.O.: Me gusta mucho la del 50 por lo que acabo de aclarar. Que coincidan en una misma generación voces tan complejas en su diversidad como las de Brines, Claudio Rodríguez, Angel González, Valente, Caballero Bonald, César Simón o Gil de Biedma es todo un lujo. Sus obras resuenan auténticas, como el fruto de una necesidad de expresión, y todos ellos han sido maestros en perspectivas importantes de lo poético: en el terreno de lo elegíaco, en el de la ebriedad pura, en el de la fuerza lírica de lo cotidiano, en el fulgor de lo real, etc. De los novísimos y posnovísimos me gusta la vuelta a cierto impresionismo visual que percibo en cierto Gimferrer; el lirismo coloquial de Víctor Botas o Miguel d`Ors; el romanticismo del bueno, nada retórico, de Antonio Colinas; el culturalismo, hecho vida, de José María Álvarez; el simbolismo desnudo de Eloy Sánchez Rosillo o de Andrés Trapiello. De la siguiente hornada me quedo, sobre todo, con la honda reflexión del último Marzal o Vicente Gallego, y con los vislumbres metafísicos de Álvaro Valverde o Antonio Cabrera. Entre los poetas últimos, hay autores como Aurora Luque, Álvaro García, Luis Muñoz, Lorenzo Plana, Eduardo García, Javier Rodríguez Marcos, José Luis Piquero, Pelayo Fueyo o Andrés Neuman, que me interesan muy especialmente.

A.M.G.E.: Y hablando de premios, ¿qué significó la concesión del Loewe? Quitando la parte económica, obviamente.

L.O.: Ha significado ampliar un poco el estrecho círculo de cuatro amigos lectores. Me ha dado un poco más de confianza en lo que hago, en un momento en que no andaba precisamente pletórico de moral. Y me ha hecho conocer a gente estupenda. Ni más ni menos.

A.M.G.E.: ¿Crees que ha superado el Hiperión entre los jóvenes al Adonais como premio revelación y como marco de lo nuevo que surge en España?

L.O.: No creo que haya ningún premio que canalice lo nuevo ni que sea marco de nada y si lo hay debería ponerse bajo sospecha.

A.M.G.E.: ¿Te arrepientes de alguna poética que hayas hecho?

L.O.: Me arrepiento de casi todas, porque uno no puede evitar pensar que en ellas no ha logrado expresar la honda esencia de lo poético, que por su propia naturaleza -hablaba antes de esa "honda pulsión"- es inexpresable.

A.M.G.E.: ¿Nausicäa, Calipso o Penélope?

L.O.: ¿Y por qué no Circe haciendo de nosotros puro instinto? Y ya puestos, ¿por qué no morir trar oír el canto de las Sirenas?

A.M.G.E.: Y, por último: ¿Está, como comenta Aurora Luque, el lenguaje en enfermedad mortal, o simplemente hay un cierto letargo por parte de la mayoría?

L.O.: Yo creo que libros como Para lo que no existe, En la estación perpetua, Fragmentos de un libro futuro, Correspondencias o Metales pesados, por citar títulos bien recientes, hablan, al contrario, de una muy buena salud en la poesía española actual. Pasa como en la novela, que se nos vende como gran poesía libros más bien mediocres. En eso sí estoy de acuerdo, pero percibo un clima cada vez más adecuado para que se dé en él una poesía ambiciosa, de profundo calado, con empaque, sin retóricas vacuas, rica en sus influencias, compleja, sin orejeras, en fin, cojonuda, ya lo veréis.

Los poemas de Lorenzo Oliván que aquí publicamos no están aún recogidos en forma de libro.


RAÍZ

Puede que tu raíz, igual pero distinta
que la raíz de un árbol, sólo sea
tu respirar profundo, sostenido
sobre sí mismo.
Puede que tu crezcas
del arte como un tronco se alza de la tierra.

Tan etérea raíz -savia de viento-
te erige en tu equilibrio fragilísimo
y hace que aspires
a lo mas elevado inútilmente,
sin poder apoyarte
en nada que no sea
el aire, sólo el aire.

 

CORRIENTE ABAJO

Siéntele el pulso oscuro a lo que escribes.
Son puentes las palabras. Por debajo
pasa, secreto, un clamoroso río.

Asómate. ¿Te ves en la corriente?
¿Cuándo ha sido mas vivo tu reflejo,
si no es en esa eterna sucesión
de impetuosas aguas que te llevan?
¿Acaso en el papel de alguna foto
en la que amarilleas siempre inmóvil?
¿Sobre la plana, y casi metafísica,
superficie de algún espejo helado?
¿En los ojos de quien, al contemplarte,
deja ver tras tu ser a un ser que mira?

Sigue, si puedes, el profundo rastro
del verso que te sume allá en su ritmo.
La escritura es un cauce que no ves,
que, al discurrir, te piensa como eres
por detrás de tu propio pensamiento.



JAVIER CERCAS
(Ibahernando, Cáceres, España, 1962)

Entrevista: José Cantabella

Javier Cercas  

 

Si la gran sorpresa narrativa del año 2000 fue Antonio Orejudo y su Ventajas de viajar en tren, este año que aún nos quema en el recuerdo, el 2001, le ha tocado el turno a Soldados de Salamina, de este autor extremeño afincado en Barcelona. Es una novela altamente recomendable. Aprovechando su visita por Murcia, donde vino a contarnos unos cuentos y a explicarnos su incredulidad ante la buena acogida de esta novela, nuestro vecino en las labores literarias, José Cantabella, responsable del programa de radio La torre de papel le hizo la entrevista que aquí reproducimos.

Cercas ha publicado, entre otras obras, la colección de relatos El móvil (1987) y la de crónicas Relatos reales (2000), así como la novela El inquilino (1989) y El vientre de la ballena (1997).


 

JOSÉ CANTABELLA: Me gustaría que nos hablara brevemente de su relación personal con el cuento.

JAVIER CERCAS: Yo escribí un libro hace muchos años que se titula El móvil; fue mi primera obra y me parece que contiene aciertos pero que debería ser reescrita porque entonces yo era muy joven y estaba muy preocupado por demostrar que sabía escribir, cuando lo que hay que hacer es escribir bien, nada más, ¿verdad? Es un libro que está aquejado de algunos errores lamentables. Después he escrito otro tipo de cuentos. Mi penúltimo libro se titula Relatos reales, los cuales no son exactamente cuentos, sino una especie de cuentos mixtos donde caben la narración, el ensayo, la reflexión, un poco de todo. Relatos reales es un libro que a mí me ha enseñado mucho; estuvo en principio escrito para el periódico y, bueno, es una obra de la cual me siento muy orgulloso.

J. CANTABELLA: ¿Podríamos saber quiénes han sido los cuentistas españoles y extranjeros que más le han interesado?

J. CERCAS: Pues, hombre, es difícil... muchos, ¿no? Siempre que me hacen estas preguntas recurro a un hecho que para mí y para todos los lectores de mi generación fue muy importante: el descubrimiento de los escritorres hispanoamericanos. En la adolescencia, sobre todo, porque nos enseñaron que en castellano se podían hacer unas cosas que ni siquiera sospechábamos que se podían hacer. Pienso en cuentistas más que en novelistas. Borges, obviamente, para mí sigue siendo un escritor de obligada referencia, como también lo son Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, Macedonio Fernández, y, en fin, mucha gente. ¡Y eran cuentistas! Claro, en Hispanoamérica tuvo mucha dispersión el cuento. Pero hay otros que me han influenciado también y que yo aprecio mucho: narradores italianos, alemanes, ingleses, etc.

J. CANTABELLA: Deseo que dediquemos unas pocas palabras a Soldados de Salamina, considerada como una de las mejores novelas de los últimos tiempos escritas en castellano. ¿Cómo está concebida esta novela desde el punto de vista del escritor?

J. CERCAS: Bueno, ¿concebida?, yo diría que la novela simplemente nace de una obsesión. Me contaron una historia y a partir de esa historia empecé a tirar del hilo. Desde el punto de vista del escritor quizá está concebida como un thriller, como una investigación de unos hechos históricos. Es un thriller un poco peculiar porque lo que aquí se busca no es un asesino sino un hombre que no mata, que no asesina. Llegó a ser realmente una investigación obsesiva para mí.

J. CANTABELLA: ¿Ha logrado descubrir ya la diferencia entre un gran escritor y un buen escritor?

J. CERCAS: Pues... tampoco es tan difícil. Un gran escritor es un gran escritor, y poco más hay que decir. ¡William Shakespeare es un gran escritor!

J. CANTABELLA: Eso lo recuerda a través de su novela en varias ocasiones.

J. CERCAS: Claro. Y respecto a mí, me gustaría ser... un escritor decente (Risas). Con eso me daría por satisfecho.

J. CANTABELLA: ¿Cómo se escribe un relato real que se parezca a una ficción como la de Soldados de Salamina?

J. CERCAS: Bueno, es que Soldados de Salamina no es exactamente un relato real, sino una novela. Lo que ocurre es que se trata de una novela que participa de diversos géneros. Por un lado contiene elementos del Periodismo y de la Historia, y en ese aspecto se acerca mucho a un relato de carácter real; pero en otra medida participa también del ensayo y de otras ramas de la escritura. Viéndolo así, estamos ante una novela peculiar, un tanto multiforme y heterogénea... ¡pero esencialmente es una novela!

Soldados de Salamina