Incómoda
o es el dolor en la espalda
o es el agujero en el alma
o es la flor en la azalea.
Si me cortan la ciudad en pedazos
¿adónde iré a parar con mis huesos y mi
alma?
si no me dejan siquiera un friso
un conventillo un bar
si de todo hacen polvo de estrellas
shopping olvido.
De todas las cosas que se fueron
quedó una tetera blanca.
La próxima vez
¿en qué mesa?
¿será la pieza nº 24 en el remate?
¿alguien la olerá buscándome?
Las casas navegan y nosotros perdemos pie
boyamos.
El amanecer nos despierta amontonados.
Bailotea el pavor en los ojos.
Flotan puertas mechones en la almohada.
Es alta la mar y quieta.
Si viniera esa tormenta de una vez:
hundirse será más bello
y todo volverá a ser bello sin nosotros.
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ROBERTO LÓPEZ BELLOSO(Maldonado, Uruguay, 1969)Periodista. Su libro poemas encontrados en una guía michelin (y otros paisajes) obtuvo en 2000 el Premio de la Intendencia de Montevideo. En 2002 le fue concedida una mención en el Premio Casa de las Américas por su libro poemas encontrados en un año cualquiera. Su primera obra editada es poemas encontrados en una sala vacía. De dicho libro seleccionamos estos tres poemas. |
sólo el estruendo
el metal de las orugas
los gritos de la carne destrozada
por lo demás todo es silencio
no hay nieve
en malaposka
en pomerania
en ninguna de las siete riberas que ya han sido rebasadas
no hay nieve
es noviembre todavía
también será noviembre
a la hora de la última defensa acribillada
las huellas se confundirán congeladas en su fuego
caballos blancos
cargando contra tanques
**********
es tu vértigo lo que arrastra y no el torrente
de una ciudad que apenas rodea con altas chimeneas
tu privado jardín
alisas el reflejo arrugado de un pájaro
un niño ciego camina en una habitación vacía
balanceas
insegura
en el balcón enrejado tus abismos
-muerdes una plegaria-
es tu vértigo y casi no sabes
sostener la copa
y la mirada
**********
tu primer amigo se llamará bei-dao
te sentarás con él en ese banco doble de madera apenas barnizada
te dejará escribir tu nombre con la punta del compás
pero no dirá
los secretos de la escuela de la bruma
-al menos no lo hará muy fácilmente-
te haré dormir esta noche cerca de uno de sus libros
dejaré que te avergüences o lo avergüences
y mañana
cuando amanezca
limpiaré los rastros de la sangre
y la ceniza
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JOSÉ CABANILLAS NÚÑEZ(Lima, Perú, 1964) Es periodista y autor del libro de poemas inédito Paisaje Disperso, del cual publicamos estos dos textos. |
Ahora que me hallo desnudo
frente al mar.
Los amantes hacen el amor
como yo el poema.
Clavo en mi lengua las palabras imposibles,
las cenizas que contemplo
en la boca del océano.
El cielo es una figura triste como una sábana,
el mar una hoja de papel en blanco.
Pongo en el cielo mis manos.
Camino por esta calle desconocida.
Mi desnudez es imperceptible.
A los ojos del amor
soy una sombra asediada por luces de neón.
Y el blanco semen goteando en los tejados
como la lluvia.
Las palabras caen sobre
las hojas secas en el otoño.
Pájaros heridos en sus alas.
Abatidos por el sueño, los objetos
se confunden en mis ojos
y soy un cuerpo frágil para el tiempo.
Un instante frente al mar indetenible me seduce.
Mis dedos perforan las paredes,
mi cuerpo el cielo
y esta playa extranjera donde habito.
Casi como poner el dedo en un ventilador.
Yo, señor de las moscas y dueño de un cuerpo momentáneo.
A pesar de lo que inefablemente me rodea
mis ojos no alcanzan a ver la imagen exterior,
la tierna cadencia de un niño huérfano de sus aromas verbales,
pero sé que estoy muriendo secretamente como ustedes,
caigo en el lodo de una soledad confusa que acompaña mis palabras.
La historia se reduce a contemplar desde lo alto
la caída de un pájaro.
No hay códigos, números, cuadros, estadísticas que puedan elaborar,
cuantificar
esta soledad vacía, sin vida.
Pero sé que alguien está muriendo ahora no muy lejos de mí.
Nuestra historia no es más que un deseo mutilado,
como un barco que se sitúa exactamente
en la viva apariencia de un deseo,
no esta soledad en tinieblas que sostiene mi cuerpo.
Y mi cuerpo rueda por unas calles aparentemente limpias de toda
oscuridad.
Mis manos pugnan por salir del naufragio cósmico sonoro
y mis ojos se inundan de imágenes oscuras,
de un gozo supremo parecido al olvido,
metafísico, socrático, existencial.
Pero este querer amar el olvido no es más que una palabra precisa
cuando descienden en número de mil las mil necesidades posibles.
¿Y qué decir de este aire que infla mis pulmones?
De esta metáfora se valen los poetas para construir la utopía de Aldous Huxley.
Ciencia de Dios es el deseo de vivir dos veces
y la voluntad de amar un verso de Dylan Thomas.
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ISABEL ALAMAR (Valencia, España, 1970) Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia, especializada en Literatura Española y en Lengua y Literatura Valenciana. Es autora de diversos poemarios como Un mundo para ti (1993), Galería de sentimientos (1995) u Hombres y Máquinas (1999), también de un libro en prosa titulado Relatos a la carta (1999). Algunos de sus poemas han aparecido en publicaciones como Etcétera, Hojas Literarias, Aguamarina, Alas de mosca, Ventana abierta y en algunas revistas digitales. Su obra Con rabia y erotismo (que incluye el poema 'Barrio marginal') va a ser publicada próximamente como libro electrónico por la editorial digital Bronte. |
Son las ocho de la mañana
cuando abro la puerta del ascensor
y me encuentro un preservativo
tirado en el suelo.
Salgo a la calle y me cruzo
con dos putas cansadas
de ser jodidas en la noche.
Me detengo en la parada del bus
junto a dos yonquis que discuten
entre trago de cerveza y calada.
Procuro apartar mi vista hacia otro lado
y la poso en la acera de enfrente donde
un abuelo que pasa arranca y escupe
en medio de la calle.
Buenos días, barrio marginal.
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MANUEL VILAS(Barbastro, Huesca, España, 1962)Es autor de los libros en verso El rumor de las llamas (Zaragoza, Olifante, 1990), El mal gobierno (Madrid, Libertarias, 1993), Las arenas de Libia (Madrid, Huerga y Fierro, 1998) y de los libros en prosa Los años felices (Zaragoza, Mira, 1996) y La región intermedia (Zaragoza, Prames, 1999). Este poema ha sido extraído del libro El Cielo (Barcelona, DVD, 2000). |
Entraba la luz de la tarde, posándose en las pequeñas botellas
del minibar de la habitación de mi hotel, una luz de montaña
-estábamos en el hotel más caro de los Alpes-, que traía el frío
de finales de agosto. Desde la terraza, ponte un jersey si sales
a la terraza, se podía ver esos pinos enormes, religiosos, fragmentos
de la carne de un dios inocente, ¿por qué no quieres ver a nadie,
cabrón antisocial, te pasas los días aquí metido, bebiendo
y mirando los pinos?, me preguntaste, y yo te lo dije bien claro,
estoy jodidamente muerto, soy sólo un cadáver que viaja
por el mundo, un cabrón de vacaciones eternas, un asaltador
de minibares de hoteles de lujo, un consumidor de minibotellas,
y sólo me importa esta luz, esta luz que ilumina la habitación
porque esta luz es lo más misterioso que he visto nunca,
parece como si en ella cupiese la vida que he vivido
y la que no podré vivir, todo mezclado, claro fantasma.
Tu falda y tus bragas negras estaban en la silla, y tú sentada en el suelo
bebiendo un gintonic, si no me gustases tanto, dijiste, ven aquí,
volvamos a la cama, y empecé a comerme tus brazos,
tus manos, tus uñas bien cortadas, y la luz seguía entrando
y resplandecía en las etiquetas de las pequeñas botellas
del minibar. Eres un guarro, hijodeputa, no me lo hagas así,
eres un guarro, seguías diciendo, pero la luz no se marchaba nunca.
Y ella que hablaba de su vida y de sus ilusiones,
y su ropa interior esparcida por la habitación,
decentemente esparcida, y quejándose
de que, en vez de salir por ahí, nos quedásemos jodiendo
toda la noche, y luego, colmada, diciéndome eso
de eres un guarro, hijodeputa, te he dicho que no me lo vuelvas
a hacer así, toda la noche llamándome, repitiendo lo mismo.
Me quedé dormido un rato, me levanté de la cama, desnudo,
fui al minibar, cogí el último botellín y me lo bebí de un trago,
fui al lavabo y dejé correr el agua hasta que salió fría
y luego bebí, y mojé mi boca y mi lengua mucho tiempo,
tú seguías durmiendo, aún tenía líquidos tuyos por todo mi cuerpo,
saliva tuya y aguas de tu sexo y de tu boca, escociéndome,
y la luz ya se había ido, trayendo una paciente oscuridad.
LORENZO
PLANA (España)
En su libro Ancla este creador encontró una voz propia. En Extraño se hace notar, en palabras de otro gran escritor, Lorenzo Oliván, que Plana «ha vivido más y ha ganado en madurez». En definitiva, hablamos del futuro de la literatura española en forma de verso.
El poema ‘Infancia y mujer’ pertenece al libro La historia de Silly Boy. El poema ‘Huckleberry Finn’ pertenece al libro Ancla. El poema ‘Lolita’ pertenece al libro Extraño.
Desde el tren en marcha veo las casas,
troceadas por los árboles
como niños que transitan
más que una, muchas infancias.
He visto por un instante
a una mujer acariciar sus piernas
y el tren ha interrumpido mi vida.
Un día me escapé de nuestro piso,
me estuvieron buscando mil ventanas.
Sé que ha pasado el tiempo:
llegarán a decirme que nadie inventó el mar.
Y qué importa, si tienes
un instante después de cada instante
y hay mil ventanas rotas,
un universo desproporcionado,
un mar sin inventar.
Tu padre era probablemente idiota,Para Felipe, Carlos y Vicente
a tenor de su rostro,
a tenor de la ropa,
a tenor del oscuro bigote para putas
de cinco mil y plástico mojado
de semen solitario.
Era tu padre el hombre de llaveros
y corbatas y anillos y cadenas.
Tu padre ya no estaba
en nuestro paro (que se cura en bares
de barrio sepia, en camas celulíticas,
en coches de segunda mano).
Qué corbata de seda,
qué mirada de macho.
Quiso Dios que estuvieras junto a mí
en el compartimento veintidós.
Tu padre asimilaba seriedad,
acaso porque un tren es lugar concurrido
y el orgullo ya viene de familia
desnutrida.
La noche iba a ser larga,
ancha es Castilla, ahí va el Ebro.
Tu padre se enfrascó
en un sueño de idiota, pues lo era.
Súbitamente sonreíste,
y como nunca había descubierto,
una mínima boca de armonía
me dio paz y deseo,
y no eras justamente una Lolita:
acaso no pasabas de los nueve.
Y allí, grande y bendito,
sencillamente yo soñé
que cogías mi mano, larga y quieta,
anhelante y formal,
a tu alcance.
Porque la sociedad es magma errátil
ajeno a los afectos y violencias,
tan sólo atravesado por un cable
de aguda convención inalterada.
Maldita sea.
Entrañable Lolita.
Tal vez me comprendiste
desde el menudo juego de tus ojos,
cuando me levanté.
Pues yo te parecí
un Señor elegante y muy simpático,
algún año más joven que tu padre.
Entrañable Lolita
de seis o siete años.
Tal vez me comprendiste.
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TONJE KELLER(Londres, Inglaterra, 1972) Pasó en Londres su infancia y adolescencia. Tras recorrer gran parte de Europa, se hizo arquitecta en París y vive desde 1998 en un pequeño pueblo de Málaga, donde comparte el tiempo entre su profesión técnica y su interés por la literatura. Desde 1999 ha colaborado con diversas revistas culturales de Málaga, Murcia y Madrid. Su voz es ya casi imprescindible en muchas conferencias y tertulias que sobre la nueva poesía tienen lugar con el cambio de siglo. |
Sus primeros poemarios en inglés muestran versatilidad temática. Si bien todavía se resiste a escribir en nuestro idioma, colabora activamente en sus traducciones. Ha publicado Victorian London (1996), De la langue la plus belle (1996) y Scenes of disaster (1998), traducidas al español en un solo tomo como Amor y desastre (Málaga, Ampuries, 1999).
Esta selección que ofrecemos pertenece al libro Jamás volveré a ti, integrado por poemas que permanecen inéditos en libro. José Manuel Gallardo Parga los ha traducido siguiendo las indicaciones de la autora.
Nací después de que el hombre conquistara la Luna,
después de que las drogas descubriesen su nefasto poder.
Crecí cuando ya se había asimilado el absurdo como expresión del alma,
cuando las miradas no eran ya suficiente para expresar las cosas.
Recorrí caminos ya trazados, senderos abiertos por pisadas anteriores,
montañas misteriosas de folletos de viaje.
Viajé a países lejanos cuya lengua aprendieron en la guerra mis mayores.
Creí tocar mi alma, pero la química lo explica todo.
Ando por lugares, por costumbres, por inercias de otros tiempos,
y me pregunto por qué -si nada hay nuevo en este mundo-
me siento tan abandonada por caminos que ya todos conocen.
Ya no me quedan sueños,
pero cada uno de estos instantes es tan nuevo para mí…
Miro el poema,
y está acabado aquí,
sobre la mesa.
Salgo a contemplar el día,
a contemplar la madurez del día,
el trabajo terminado,
la casa en calma,
el poema ya sobre la mesa.
Me echo a descansar,
cierro los ojos
y ya no tengo nombre.
Tengo una duda:
si te hablan las flores,
si las escuchas.
En pocos versos:
la nada es el poema
de la memoria.
Así el poema:
sentimientos ajenos,
lejanas guerras.
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ESTEBAN MOORE(Buenos Aires, Argentina, 1952) Ha traducido a Seamus Heaney, e.e. cummings, Wallace Stevens, Auden, Carver, Bukowsky, Craig Czury, Heather Thomas, Ide Hintze, Ginsberg, Jack Collom y Ferlinghetti. Como creador ha publicado La noche en llamas (1982), Providencia terrenal (1983), con bogey en casablanca (1987), Tiempos que van (1994), Instantáneas de fin de siglo (1999) y Partes Mínimas y otros poemas (1999). |
De este último libro seleccionamos estos textos líricos prosificados. Según el ensayista Jorge Andrés Paita, al leer a Esteban Moore «acuden a la memoria Thoreau, Merton, la poesía del zen, San Francisco de Asís, todos los que han mantenido con la naturaleza una relación entrañable y han intuido que lo cósmico bien entendido empieza por casa».
una brisa nocturna - atraviesa los campos roturadosAquí en el silencio, oigo
(Eugenio Guasta)
agita las hojas del eucalipto - el crecido follaje de los
cañaverales - roza sonora - las grandes ruedas de un
tractor detenido
ese canto rodado - que se desplaza lento en el repetidoThe pebble is a perfect creature
(Zbignew Herbert)
ciclo de las aguas - podrá exponer en la palma de una
mano - el mudo resplandor de su apariencia - al tacto
inseguro de tus dedos - una estructura única
la onda de aire cálido - que flota el cielo del pequeñoLike a thunderbolt he falls
(Lord Tennyson)
valle - sostiene al halcón en magnífico planeo de alas
abiertas - y de él - el ojo atento - que mide la distancia
que separa la presa elegida de sus garras - ojo certero
que dirige preciso - los relámpagos del instinto
los dedos pulgar e índice - levemente combados en labor deBienes de la tierra
(Francisco de Quevedo)
pinzas - presionan el contorno irregular - de esa piedrita que
has recogido a la orilla del río - la colocan bajo la luz de una
lámpara eléctrica - que alumbra de su figura - la suavidad de
los bordes - el tallado paciente de las aguas
Cursa estudios de Filología Hispánica en la UNED. Estos poemas pertenecen a su primer libro Palabras sin recoger (2001).

9
Se fue. Ella por la ventana.
Se ató en las caderas
mis agujereadas sábanas
y doblando las esquinas
quedó una despedida lánguida.
A Bob Dylan
El enterrador con su pala
sobre los hombros quemados
aparta tu pelo para
sentarse en tus ojos.
Te pesan tanto las plumas
que no podrías volar
aunque la lluvia
engullera la carga de tu ajuar.
Bagaje de una flauta
que te empujaba a bailar
encima de la madrugada,
y que sabes que ya no sonará.
Porque una vez entró en la pagoda
de tus sábanas orientales
el encantador que con sus azules moscas
te distrajo para robarte.
Y tus narcóticas sonrisas
han quedado expuestas,
y todas tus ropas vendidas
delante de andrajosos profetas
que te ofrecían la pócima
del olvido en sus labios
contaminados de sorna,
que tan pronto te probaron te abandonaron
No llores de pie en los anillos
de los besos, que te venderá
el ahogado del Tajo un río
para que vuelvas a soñar.
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MIGUEL SÁNCHEZ ROBLES(Caravaca de la Cruz, España, 1957) Ha sido galardonado con premios como el Miguel Hernández, Esquío, Ciudad de Irún, Ciudad de Zaragoza, Rafael Morales, etc. Entre su obra poética publicada destacan La perra diecinueve y La voz en los espejos. En 1999 le concedieron el Premio Barcarola por El tiempo y la sustancia (Barcarola, 2000), libro del que seleccionamos cuatro poemas. |
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Cuando todo se calla muere un ángel o alguien se ha suicidado por nosotros.
**********
Muchas veces la certidumbre de vivir me asombra y luego una pasión y luego nada. |
**********
Yo también estoy harto
de lo que nunca tuve
ni tendré.
Brilla lo que se quema.
El adobe se comba.
Los palomares se derrumban solos.
**********
Estar.
Estar es este lento
desguace inadvertido,
este hábito de ruina
de los últimos mitos,
este sueño tan largo
de piedras y semanas
mientras arde la vida
y el silencio es un síntoma
que escarba.
![]() |
FERNANDO CANIZA(Buenos Aires, Argentina, 1970) Es periodista del diario La Nación. Posee un libro inédito, Germen del abismo, del cual hemos seleccionado este poema fragmentado numéricamente. |
TORNASOLES1 Cruel, cruel, cruel, los dientes muerden épocas memorables ventanas, luces, espíritus otoñales. 2 El loco permanece en su gran secreto lleno de vida y de muerte. 3 Es seguro que el extremo fatiga al satisfecho y no al sediento. 4 Los puentes viejos abandonados. 5 Los barcos a la deriva en alta mar. 6 La lluvia es intensa y bella aunque aglomera grises cascadas. Madejas. Sueños sin mástiles. 7 Las manos frías asustan a los locos. 8 En la calle la basura es pública y los crímenes ensucian las casas de mármol con su monstruoso secreto. 9 Ojos duros. 10 Flores rojas para una muchacha desnuda. 11 Aquí los cuadros son mercado, espanto de naturaleza muerta. 12 Enredarse con la abulia colectiva disfrazada de encuesta-vedette con muecas de momia. 13 Tesoros guardados en catedrales para ser admirados y no tocados -por locos y pobres-. 14 El borracho. 15 La ciudad empuja al vagabundo fuera de sus fronteras. El loco cobija su ser bajo su manta deshilachada. 16 Si el alma lo abandonase moriría con la herida de un cantaor. 17 Calle angosta. Credulidad sin fundamento salpicada por los autos al pasar sobre un charco. 18 Los niños juegan sin temores y los gusanos oscurecen el techo. 19 ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! Nosotros, vosotros, ellos, gritamos todos con las gargantas irritadas festejando el impacto de las olas contra la escollera. 20 El túnel luminoso lleno de aventureros. Una falacia. 21 Cadenas que atan al loco y lo arrastran. Crueles asesinos sueltos esparcen su ponzoña repugnante. El loco no llora ni ríe. Canta su poema a deshora, con la certeza que fluye de su corazón cristalino. 22 Agua de estanque invitada al baile de máscaras. Noche. Temblores. 23 Espacio. Nombres sin cuerpos Nos llevan hacia un recuerdo en la cornisa Espectros aparecidos en oraciones. 24 Había una vez un gato muerto sobre un piano de teclas amputadas ¡Basta de magia primitiva! 25 Navidad. Navidad. Todo el año Navidad. El vaho perfumado se asoma intacto detrás de parapetos de turrones y pan dulce. 26 Humor negro en situaciones negras. 27 ¡Atrás la risa infame de los fantoches! 28 Los versos ebrios en un mundo salvaje. Cruel. Cruel, es el recuerdo del loco. 29 Las flores arden en el pecho y sus alrededores. 30 El amor perdido. |
AMADA
G. PUENTES (Cartagena, España, 1956)
Pedagoga y psicóloga. Es autora del libro de poemas Viento de Levante (Nausicaä, 2001), del cual extraemos estos cinco textos.
No tengo la queja de tu piel en mis labios
ni de los besos que me pertenecen.
Ahora se acerca la sombra temprano
a robar este cansado olor a hueco viejo,
el sabor del alba. Extensión y deriva.
Y hoy sé que sólo mi carne me sucede.
Cuánta virulencia trae este atardecer del norte.
Llueve y no puedo beber.
Cómo será esta noche Damasco.
Cuántos amantes reunirán los cafetines
cubiertos de seda con los brazos
abandonados entre la piel vestida
sólo de perfume.
Las margaritas blancas cercan las bocas
humedecidas en aromas errantes
con la luz de las estrellas,
junto a la estela de un navío.
Naufrago por tener tantos rumbos.
Te esperaba tras la ventana.
Llegas complaciente y, audaz,
conduces el brillo en penumbra.
Tu aire cuenta todo el ayer.
Paseo.
Descalza.
Desnuda.
Desierta.
Destapada.
Hoy la vida sopla levante.
He aprendido a callar
tanto se esconde en los bolsillos.
A oír serenamente la música de metralla.
A bañarme en el mismo mar
durante el invariable verano.
A vivir los días como copas exactas.
A mover ligeramente las manos
y tocar la nada.
He olvidado el llanto.
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EDUARDO CHIRINOS(Lima, Perú, 1960) Es autor de Cuadernos de Horacio Morell, Crónicas de un ocioso, Archivo de huellas digitales, El libro de los encuentros, Rituales del conocimiento y del sueño, Canciones del Herrero del Arco, Recuerda, Cuerpo..., El Equilibrista de Bayard Street, Abecedario del agua y la selección Naufragio de los días (1978 - 1998). Su obra ensayística comprende El techo de la ballena, La morada del silencio y un libro de crónicas literarias titulado Epístola a los transeúntes. Actualmente reside en Missoula (Montana). |
Estos tres poemas pertenecen a un libro titulado Escrito en Missoula, que saldrá publicado próximamente por la editorial Pre-textos.
El día entra en la casa
como un perro mojado de rocío
(Jorge Teillier)
Si todo fuera silvestre y las aves gorjearan sin molestar y la vecina no arrojara sus puchos al jardín. Y si la noche fuera un fulgor ebrio donde escucho el silencio de Dios. Si desatara la lengua de Dios y pudiera pronunciar esa palabra que tiembla cuando te veo aparecer tal vez no vuelvas. Y vendrían otras noches como un perro mojado de rocío a desbaratarlo todo. |
OKAPI HERIDO DE MUERTE
Desde hace años me persigue ese título "Okapi herido de muerte". Debo haberlo leído de niño. Hojeando las páginas de un álbum, o las figuras de un libro de animales. Guardo conmigo la escena. El zarpazo felino un fondo de acacias y el terror de la víctima tratando de huir, inútilmente. Raro animal el okapi. Indeciso entre cebra y jirafa. Temeroso y nocturno, en peligro de extinción. Cuando fui a verlo al zoo de Berlín se acercó desde la página remota y me dijo en secreto: "Aún estoy herido de muerte".
|
LA CASA DEL CUERPO
1/ CicatricesLo que queremos decir y no podemos lo cubrimos con un manto azul y transparente. Cicatrices donde el silencio dice su verdad y pudre poco a poco nuestra lengua. Las cicatrices han crecido conmigo. Desde hace años habitan mi cuerpo flores discretas y mudas que a nadie le pude ofrecer. A veces las contemplo con ternura las pellizco pero no me responden. A veces las miro con horror y pienso que alguien quiso corregirme y no pudo. Y me dejó en silencio bajo un manto azul y transparente.
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2/ OídosMis oídos son mi fuerza. Sin ellos escucharía absolutamente todo: el zumbido de las moscas, el crujido de la arena las notas del timbal. Ellos escuchan por mí. Transforman la palabra en otros universos, la basura en ritmo los murmullos en frases locas que me hacen reír y reír. Ellos me protegen. La maldad del mundo se estrella en su burbuja se deshace a mis pies y le digo: "Yo te conozco, ven cuando quieras". Y la escucho con los oídos bien abiertos.
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MARGALIT MATITIAHU(Tel Aviv, Israel) |
Tras el Holocausto sus padres procedentes de Salónica (Grecia) y descendientes de judeoespañoles de León se establecieron en Tel Aviv, llevando con ellos el ladino o sefardí, que Matitiahu aprendió de niña. Comenzó a escribir en hebreo, en 1988 dio visiblemente el paso hacia la escritura en la lengua originaria de sus padres con Curtijo Quemado, un desgarrador testimonio de la destrucción nazi. Desde entonces, los libros en ladino se han sucedido en obras como Los visajes, Alegrica, Cartas, Simientes de amor, Matriz de luz y Las escaleras de media noche.
Se ha convertido en una apasionada investigadora y difusora del sefardí, participando en programas de radio en ladino durante más de 25 años, en congresos y encuentros de todo el mundo. En 1997 fue recibida y homenajeada por el Ayuntamiento de León, de donde habían sido expulsados sus ascendientes, inaugurándose un monolito en su memoria que lleva estos versos de Margalit: "Entonses, muestros nombres / se van a grabar en los caminos de secreto / y van a abrir las puertas de union". Margalit Matitiahu vive actualmente en Kiriat Ono (Israel).
Los dias volan sobre pontes
llevados por el aire.
El camino se alonja hasta el lugar
onde los sinios hacen sinios.
Un momento se va
el otro se entrega...
La rutina fragua muros
atados a cuedras con eñudos blandos...
Se van desatando en el tiempo
que nace preguntando...
Un momento se va
el otro ya entregado...
El dia nace de la tiniebla,
espunta dientro un selencio ilusionado,
en los muvimientos de una visión coriendo
un spectácolo sin sinificacion va cayendo
entre las flamas de la luz,
quemándose,
como una noche vasía,
como un esfueño piedrido,
como una pasión ferida.
Hay de saber caminar,
manobrar entre los mobles
de la camareta...
No destobrar la endependencia de los objectos,
dar pasos siguros,
no romper...
Verso la tadre,
saber estar a tu lado
en la estrechura de la nochada
entre las solombras...
Oh, Rosaly,
la mujer
con la cara que transpara
el frescor de la mañana
y la tristeza de la noche.
Oh, Rosaly,
con el corte de su pelo,
con sus vestidos largos,
onde se penetra la soledad de su querpo.
Oh, Rosaly,
la mujer
que crece de sus palabras
al espuntar el día
y la arevatan al escurecer.
Estonses devienen sus cejas
dos cuchillos en combate.
Oh, Rosaly,
la mujer
que planta la luna en el aroma de los campos
onde busca un amor piedrido.
Oh, Rosaly,
la mujer
que es un árbole,
y sus raíces de poesía
hundidos en la locura,
en el selencio de sus ramos.
EMILIO
BATISTA
(Madrid, España)
A este madrileño inquieto que nació allá por los mediados de los setenta nos lo encontramos una noche extraña de lluvia en Oviedo. No era extraña por la lluvia, sino por el grupo en el que íbamos. Nos habían invitado los amigos de la Asociación Voces del Chamamé. Desde entonces, Emilio compone y sigue en su inquietud. Últimamente anda por Finlandia, sacando preciosas fotos nevadas de Helsinki.
Los niños robados son un efecto secundario de mis galletas. Lavarse la cara y llevar camisa, como los niños educados que hemos sido. |
**********
Los niños robados sólo suenan con el vagón vacío. Los dedos se te manchan de cola de arrancarles la cara y los tirones les dejan arrugas profundas en las que está escrita la miseria. Otros niños lloran asustados de los payasos. |
**********
|
Los niños robados llevan sucia la cara. Tienen azadas y picos y martillos en sus manitas pequeñas. Son niños solamente por contraste de luz. |
**********
Los niños robados tienen sangre muerta debajo de las cejas. Las vagonetas del carbón seccionan falanges como papel quemado.
Yo me froto los ojos, ellos se frotan los ojos: no creer en otra cosa más allá del cuerpo blando de mi almohada más allá de la mugre oscura de la mina. |
AURORA
SAURA(Cartagena, España, 1949)
Pasa su infancia en Alicante, pero se licencia en Murcia, en la especialidad de Filología Románica. De sus tres libros publicados hasta la fecha -Las Horas (1986), De qué árbol (1991) y Retratos de interior (1998)- sobresale éste último por su intimismo y su calidad. Es una poetisa que enamora en todas las formas posibles en que la poesía puede hacerlo. En el interior de la sencillez concentra ella su búsqueda. Los dos poemas que aquí presentamos son más o menos inéditos, puesto que como la propia Saura nos confiesa, está reescribiendo toda su obra anterior.
La eternidad sólo
podría ser ese instante
en el que -dicen-
el aire está tan quieto
que el agua se olvida de helarse.
Pero, ¿quién querría esa
inmovilidad sin aristas
para siempre?
¿Cómo habitar la ausencia
de los gestos,
sentirse vivo
en la parálisis del viento?
"Triunfará del olvido tu hermosura"
Tú no te morirías.
La muerte no vendría a tocar tus ojos puros
y estarías a salvo
en mis palabras.
Este día es de fiesta
y de abandonos:
se aparta cada cual a su orilla
y nuestras horas
ya van tomando un aire
de mansitud y olvido.
Aún quisiera hoy que volvieras los ojos
por desear de nuevo
-como antes tantas veces-
que la muerte no tocara ese gesto
sino con el fervor
con que te miro.