Noche de agosto en Cartagena. El ordenador encendido mientras suenan los grandes clásicos del Coloquio. Fumados, fumando, escribimos este tardío número seis y grabamos canciones para nuestras musas, que, sin querer, esta noche también han venido a visitarnos. Brindamos con cerveza y whisky. A nuestra manera somos felices y estamos orgullosos de este número, que ahora tú, lector inolvidable, estimado y amigo, tienes ante tus narices. El verano se va apagando. Eso es bueno, nos decimos. Hemos llegado tarde, como suele venir siendo la norma, pero no nos importa. Los perros nunca, que se sepa, han tenido prisa por llegar a ninguna parte. Suenan los Rolling Stones, los tahúres del rock, quizá el mejor invento del siglo pasado. Nadie nos convencerá de lo contrario, aunque Bill Gates, ese capullo, nos muestre estadísticas. Esta noche brindaremos por nuestras musas, que lo están pasando mal últimamente. A veces a ellas tampoco les sonríe la suerte. A ellas dedicamos este número y con una gran sonrisa les decimos: «seguid adelante; sin vosotras, no somos nadie». La literatura, por lo tanto, se acaba.
ÁNGEL MANUEL GÓMEZ ESPADA |
![]() |
BERGANZA.- Cipión, hermano, óyote hablar y sé
que te hablo y no puedo creerlo, por parecerme que
el hablar nosotros pasa de los términos de naturaleza.
(MIGUEL DE CERVANTES)