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MARIO MELÉNDEZ (Linares, Chile, 1971) |
Estudió Periodismo en la Universidad La República de Santiago. Entre sus libros destacan Autocultura y Juicio (con prólogo del Premio Nacional de Literatura, Roque Esteban Scarpa), Apuntes para una leyenda y Vuelo Subterráneo. Sus poemas han sido incluidos en diversas revistas de literatura hispanoamericana y en antologías nacionales y extranjeras. Ha sido invitado a numerosos encuentros literarios, entre los que destacan el Encuentro de Escritores Latinoamericanos (Santiago de Chile) y el Encuentro Internacional de Amnistía y Solidaridad con el Pueblo (Roma). Además, dirige, durante dos años, un taller literario en la cárcel de Talca que dio origen al libro Los Rostros del Olvido (dos volúmenes) donde se reúne el trabajo poético de los internos. Actualmente es Presidente de la SECH, en la región del Maule.
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Serás abeja más pronto de lo que crees, sólo deja que los pájaros se aburran de sus alas y que un día mis caricias se conviertan en miel. |
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El domador entró desnudo a la jaula. La trapecista entró desnuda a la jaula. El león había muerto pero la jaula rugía como en sus mejores tiempos. |
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En el lecho vacío de Dios todas las putas son vírgenes por última vez. |
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(Lucena, España, 1969) |
Enseña Lengua Castellana y Literatura en el instituto ‘Clara Campoamor’ de su ciudad natal. Dirige las colecciones de poesía 4 Estaciones y Anfisbena y la colección de historia Falcata -junto a Alfonso Sánchez-. Es autor de los poemarios Yo maté al cisne (Lucena, 1994), Poemas adúlteros (Fernán Núñez, 1995), Todo lo que sé de ti y otras mentiras (Córdoba, 1999), Isla desierta (Sevilla, 2001), Versos (Lérida, 2002) e Incultura clásica (Montilla, 2002). Este poema pertenece al último libro citado.
ELLA
ES LA MALA O CÓMO EL POBRE IFIS SE AHORCA DESPRECIADO POR LA
NOBLE ANAJÁRETE, QUE SUFRE LA DURA METAMORFOSIS DE CARNE A PIEDRA |
El museo de Salamita guarda un desamor y su castigo. Es la estatua de Anajárete, es Anajárete por dentro rechazando a Ifis, unas guirnaldas funestas -regadas con agonía oceánica- matando un cuello varonil, el arte condenado a ser mujer, la mujer de alma dura condenada a ser arte. Y sobrevolando tanta misoginia la estética manchada por la moral, el fraude masculino de los días creativos. |
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(Albuñán, Granada, España, 1977) |
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, en la actualidad es profesor de Lengua y Literatura españolas en Enseñanza Secundaria.
Aunque escribe desde muy joven, hace pocos años que ha iniciado una nueva etapa en la poesía. En el último año, ha resultado ganador del “IX Certamen Literario de Benagalbón”, otorgado en colaboración con la Fundación Cultural Generación del 27 de Málaga. Además ha recibido varias menciones de honor en Argentina y Cuba, entre las que destaca la del Premio Internacional de Poesía “Videncia” 2003. Actualmente prepara dos poemarios: A pesar de todo y Seis personajes en fuga, al que pertenece el poema seleccionado.
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Despereza, chiquilla, tus andares, recoge las ofrendas sencillas de lo oscuro, los acentos secretos de la copla, las almendras dulcísimas del beso, una jarra de vino en la taberna. Apresúrate, niña, acomoda tu trenza, acompaña de ritmo cada risa, los dedos, las caderas, la discreta labor de las enaguas. Alegra esa cintura... Quién tuviera veinte años y ese culo vigoroso, las teticas despiertas. A ver ese meneo... Más sosiego, ... así, definitivo, con más fuerza, el gesto definido, altivo el seno. Anda, vive, mozuela, abandona la perra mansedumbre, conserva el cuerpo alerta y asalta cada labio con un labio, mientras dure la noche, mientras puedas. Porque yo ya no soy yo la misma que solía... Se contentan las carnes con el tacto de los ojos, que la edad envenena aquellos fueguecillos lisonjeros. Cuando moza, si vieras, los mancebos se bebían los vientos a mi paso. Y ahora..., quién pudiera remendarse las canas y pellejos, remozar galas viejas y rasgar esta noche en carne viva. Asómate a la reja, la noche se desata, corre, mira, la luna contonea su claridad encinta. Se acercan los gañanes y sus bestias, con los lienzos sudados de sus camisas pardas, la promesa en los muslos, las bocas restallando palabras sin corteza: un cojones bien dicho, voto a tal, juramentos, imprudencias. Porque llega el momento de salir a soltarse las riendas y beberse la noche a borbotones, dibujando puñales con la lengua, concediendo al deseo sus caprichos. Porque llega el momento de la siembra de caricias rotundas, de regar de salivas las quimeras, del abono tranquilo de las manos y obsequiar a las tierras con vendimias de besos y susurros. Que los cuerpos apenas se detengan convirtiendo su lumbre en movimiento, levántate y revienta las entrañas del goce a dentelladas. Que los labios retornen, que se beban los tragos diminutos de tus pechos, la flor de piel que muerde entre tus piernas. Disfruta de la noche, delirando, sin aliento siquiera, recibiendo en cueros la mañana. Disfruta de la noche, Melibea. |
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(Cartagena, España, 1974) |
Licenciado en Historia por la Universidad de Murcia. Ha participado en revistas y fancines como Oh, Poetry!, La Casa Subterránea, etc. Actualmente trabaja en televisión, tendiendo a la escritura audiovisual; posee un par de cortometrajes en su haber, titulados Imaginaria y Suicídate. Ahora se encuentra en la preparación del guión de un largometraje, del que se sabe poco todavía.
Aunque pensábamos que la originalidad era una palabra inexistente en el lenguaje de la creación literaria, el estilo poético de este autor inédito en libro es innovador. Detrás del artificio lingüístico, que es lo primero que nos impacta, hay un hilillo de pensamiento que se alarga cada vez más, haciendo que queramos volver a leerlo e intentar penetrar en la verdad escondida de sus versos.
Hallé el cadáver de un bebé de hada. Estaba en un pétalo y una ráfaga lo arrojó al suelo. Era tierno, casi transparente, sus órganos y sus alas aún sin estrenar. Lo pisé al pasar. No me di cuenta. Y a otra cosa. |
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Te quiero invitar a una fiesta que se hace en mi azotea cuando llega la primavera. Ya te invité otros años pero esta va a hacer historia. Viene Penny, Julius, Héctor, Anita, Sussi y Joanma, sólo faltas tú. Hablaremos de poesía, lisenin’ techno, tomaremos hongos y hay un número especial: un invitado sorpresa ha prometido un suicidio orquestado, saltará tocando la trompeta al vacío. ¿Jevy, no? Te aviso con tiempo para que no te pierdas el concepto fiesta hecho realidad. |
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(DF, México, 1976) |
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Psicólogo y escritor. Editor del fanzine Los Avengers y Jaramillo A go go, colaborador de la revista Generación. Tiene publicados algunos de sus poemas en medios como las revistas electrónicas Art & Comic, Fuga, Literatura Virtual, Poesía + Letras, Perspectiva, México Volitivo, Covirno Books, Divague, Poesía Salvaje, Baquiana, Resonancias.
Amante reconocido del histrionismo de Lawrence Ferlinghetti, se ha convertido en un original rapsoda radiofónico o acompañado por músicos en directo.
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Me enamoré, ella tenía tatuajes en los brazos, su cabello negro y largo me recordaba a la última mujer que me había corrido de casa; saliendo del metro, me cruzaba la calle, solo me conformaba con verla; nunca me atreví a preguntar cuánto cobraba. De repente desapareció, caminé varias cuadras y no la encontré, entré al putero más espantoso del centro, y nadie con tatuajes; una tarde, desesperado y cansado de buscar, vi un gran tumulto frente a mi casa, una ambulancia, fotógrafos, camilleros; me acerqué y era ella, “mi puta” tirada en el piso, llena de sangre, con las piernas destrozadas. Hubiese pagado lo que fuese, y no por fornicar, sino por rozar con mis dedos el contorno de esos tatuajes. |
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(La Coruña, España, 1969) |
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Ha publicado el libro de poemas Todos los puertos (Nausícaä, 2001) y ha participado en la antología narrativa Cuentos que se llevó el cartero (Fuentetaja, 1998), así como en las revistas Leer, Poesía Toda, Escribir y Publicar, La Galera, Dorna, el diario La Voz de Galicia y en programas radiofónicos como La ventana de Juan José Millás de Cadena Ser.
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Uno habita una casa y está solo. Se han ido lentamente los sonidos como aves de otras latitudes que alzan el vuelo y sin previo aviso se llevan el sabor a verano, el desorden de tu risa, los verbos que otros ofrecen a nuestros labios. Han vuelto las hojas a enredarse en el viento, a arrastrase con pereza sobre Septiembre y llenan de nombres la distancia. Uno habita una casa y está solo. En una habitación vacía ordena el aire y pierde la precisión del lenguaje desangrándose, como el mar, en olas para nadie. |
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(Río de Janeiro, Brasil, 1958) |
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Se formó en Filosofía por la Universidad Federal de Río de Janeiro, donde actualmente imparte Teoría y Crítica de la Comunicación y la Cultura.
Como ensayista ha publicado obras como Do Simbólico ao Virtual: A Representação do Espaço em Panofsky e Francastel (1990) y A vertigem da maneira: pintura e Pósvanguarda na Década de 80 (2002).
Como poeta ha publicado libros como Arcangelo (1991), Speculum (1993), Belveder (1994), A Dor da Linguagem (1996), À Maneira Negra (1997).
| RETRATO DE REGINA EN UN QUIMONO NEGRO |
A Steve Hawley |
Poco a ver o a decir de aquellos senos de Alechinsky: las cosas del mundo la arcilla caliente del día. Poco a ver o a decir de aquel mentón de Rodchenko: un yo-te-amo de delirio reencontrado (un poco la lengua y la nuca por completo). Alrededor de aquellas patas de Tanguy sólo cabeza, tronco y miembros. |
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(Linares, España, 1968) |
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Este poeta nativo de Jaén es sevillano de adopción. Cuenta con una nutrida producción, especialmente en los últimos siete años, y tiene dos títulos publicados. También ha colaborado con poemas y algunos artículos de carácter filológico en varias revistas literarias, además de en diferentes medios digitales.
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Life
is short. Play hard. |
El número es largo, la vida breve. Los dígitos quedan como un veredicto que se acuña al alma. Corre, salta, estírate; eres una ameba en un megaloscopio que contemplan, extáticos, los doctores de la ignavia. La centésima es un desgarro de tardes interminables; la milésima, ipso facto, te convierte en zarpa de ti mismo. Y nunca lo suficientemente lejos, fuerte, alto o mucho; Sísifo nunca acaba de escalar la cima. Los infiernos son un roquedal de promesas, de mirones plutos y famélicos: “¡Mirad, mirad, el rey baja!”. |
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ANTONIO REDONDO ANDÚJAR (Zaragoza, España, 1966) |
Ha colaborado en diversas revistas literarias. Hasta la fecha ha publicado Fantasmagorías entre poemas de amor que no deben ser encontrados (Zaragoza, 1991), Tríptico doloroso y otros relatos (Zaragoza, 1993), Nicodemo (Barcelona, 1996), Fragmentos de una oda (Valladolid, 1998), Sin historia (León, 1999), Paráfrasis de “La idea” -una lectura de Frans Masereel- (Irún, 1999) y Fábulas humanas (Madrid, 2001).
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Me he disfrazado de pierrot y tengo miedo a la muerte. Digo: Sé que te has ido y permaneces, pero tras las cerezas de tus ojos miras lo que no ves, por eso miras. Todo temblor se aleja, la crisis de lo afín, la dejadez de un cuerpo se nutre de un coágulo. Pereza. El resplandor de un sol agonizante llena de luz la alcoba. La marquesina oculta lo oblicuo de un desnudo. Sí, tengo miedo a la muerte, el miedo que da la serenidad de la existencia. Tras la puerta se escucha, como si fuera voz, la sierpe sigilosa, la rapidez del viento. Levanto la mirilla: todavía no hay nadie. Se plasma en el cristal el exterior. Senos proporcionados a mis manos: no huyáis de mis caricias -el barranco infantil lleno de barcos-. Otra vez te has mirado en el espejo: tu mirada ha alargado tu figura, te ha crecido el misterio. Yo no afirmo, no niego, no interrogo. Pero caigo, de nuevo, en el pozo y girando veo mi nuevo atuendo de pierrot. Levanto la mirilla: todavía no hay nadie. |
MIGUEL ÁNGEL ONTANAYA (Ciudad Real, España, 1960) |
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Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid. Es profesor de Lengua y literatura, latín e historia. Director y adaptador de teatro, especializado en obras de Calderón de la Barca. Ha realizado ponencias públicas sobre asuntos de diversa índole (femenina, lingüística, didáctica, comunicativa, teatral) y talleres.
Como poeta ha sido publicado en revistas electrónicas como Ariadna, Imaginante, Margen Cero, Realidad Literal, Almiar, Luke, etc.
Estos dos poemas son inéditos.
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Dentro la imagen pervive y se hace mar. Dentro reviven palabras, signos mutuos. Dentro, manantial, jardín, monte unitivo. Dentro, centro del ser. |
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Amiga, quiero que mi pecho se queme en los dos soles de tus senos. |
SANTIAGO MONTOBBIO (Barcelona, España, 1966) |
Licenciado en Derecho y en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Profesor de Teoría de la Literatura y Crítica Literaria de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Publicó por primera vez como escritor en la Revista de Occidente, en mayo de 1988. Su libro Hospital de inocentes mereció el reconocimiento de ilustres autores como Juan Carlos Onetti, Ernesto Sábato, Camilo José Cela, Antonio Gala, Carmen Martín Gaite, Carme Riera y Pablo García Baena. Ha publicado también Ética confirmada y Tierras (Francia, 1996). Sus obras en prosa se han editado con frecuencia en El Norte de Castilla (Valladolid) por decisión de Miguel Delibes. Ha sido traducido a varios idiomas. Es corresponsal en Barcelona de la revista Europe Plurilingue, que publican las Éditions Université Paris 8 (París). Este poema pertenece al libro Hospital de inocentes.
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No es bueno apretar el alma, por ver si sale tinta. El papel sigue siendo el asesino -el asesino de ti- y quizá es mejor que la sombra y que sus dagas por antiguas voces descalzas vayan. Por antiguas voces, muy lejos del número y sus cárceles, entre tinieblas olvidadas. Pero también pienso que con todo esto tal vez puedas hacer algún día un cuadernillo; que con todo esto -rojos, nieblas y niños que se dicen adiós por las esquinas- quizá sí puedas reunir unos ilegibles pedazos de diario para con paciencia zurcirlos, tarde adentro, hasta que torpemente formen un libro hecho de frío. Y quizá sobre sus grises tapas de lluvia puedas tú poner también mi nombre antiguo y, justo debajo, las sabidas fechas de mi nacimiento y muerte. Y entonces mi nombre pequeño allí, mi nombre -pobre- que no sé ya si da pena o si da risa así grabado en unas tapas ante las que puedas abrazar las evaporadas siluetas de unos tristes fantasmas sentimentales que no soy pero que los viejos papeles tercamente dicen que sí fui. |