JOSÉ GÓMEZ ORENES

(Murcia, España, 1977)

 

SONG OF THE MAGICIAN

Con tu hermoso cabello y tus dieciséis años
me besaste mientras yo permanecía tumbado.
Si nunca vuelvo a verte dormiré para siempre,
para matar todo mi solitario amor.


(Tim Buckley, Song slowly song)

 

 

 

Tim Buckley: "Happy sad"Descubrí a Tim Buckley no hace mucho tiempo, uno o dos años y medio, si no recuerdo mal. Mi novia hacía un viaje por Europa y yo aproveché para pedirle que volviera con algo sobre él. Su nombre era conocidísimo para mí, no así su obra. No conocía ni siquiera una canción suya ni había oído jamás su voz. Sin embargo, había leído ya mucho para interesarme por este personaje. Siempre aparecía asociado a nombres como Nick Drake, Leonard Cohen, Bob Dylan o Neil Young y era citado continuamente como una referencia ineludible para la mayoría de músicos que me interesaban. De modo que, así las cosas, el conseguir algo suyo era cuestión de tiempo. Y así fue, en efecto: mi novia regresó de su viaje acompañada de un compacto. Dijo que lo había comprado en Amsterdam y que el vendedor no se había extrañado cuando pidió Happy Sad de Tim Buckley en la tienda. La espera se cerraba.

Como sucede en muchas ocasiones, escuchar por primera vez a alguien de quien sabes tantas cosas pero desconoces lo esencial supone un primer contacto emocionante. Pones el disco y eliges la canción, ‘Dream letter’, y entonces lo ves claro. Una introducción brillante, de una tristeza infinita... y de repente una poderosa voz inunda la habitación. Se dirige a ti sin vacilación y crece de pronto para luego retornar reposada sin perder su emotividad.

Tensión y libertadEs una pieza dedicada a su hijo, el malogrado Jeff Buckley, en forma de carta. La canción es asimétrica, no tiene estribillo ni forma clásica. Recuerda a la tensión y la libertad del Van Morrison de Astral Weeks, pero tiene esa voz pura, catártica, religiosa, desnuda, impropia de un cantante de rock al uso. Entonces miras la portada: un bello rostro muestra una pena muy grande. Mira hacia abajo, esquiva nuestra mirada. Su cara ocupa todo el espacio. Unos rasgos fuertes y hermosos, su voluminoso pelo rizado. Has escuchado a Tim Buckley.

Estamos ante un artista enorme, de esos para quien de verdad su vida era la música. La amaba y vivía a través de ella. Y es uno de los nombres más citados y respetados en esto de la ‘modernidad’ musical. De hecho, ahora que anda tan en boga el término, se puede considerar parte de su legado como ‘post-rock’, pues su música siempre guardaba un equilibrio entre lo culto y lo popular, decantándose, en ocasiones, por lo uno o por lo otro.

Tim Buckley nace en 1947 y, a menudo, se habla de él como músico fracasado y extravagante. En efecto, sus cualidades eran inmensas, lo tenía todo para la música: voz, belleza, actitud, composiciones, talento, energía... pero acabó entregando discos mediocres (comparados con los anteriores y nunca valorados por sí mismos) como Look at the fool (1974), en un intento de sonar comercial y alcanzar el éxito a cualquier precio. Acabó como tantos otros, cansado de la vida y decepcionado ante sus placeres: el sexo, la droga, el amor, los ritmos, las melodías... no bastaban. Había madurado muy deprisa. ¿Qué más da? Si no puedes aspirar a todo, me quedo sin nada. El suicidio. Sobredosis de heroína de baja calidad. Sus dos últimos años son pura decadencia que ya se venía gestando desde antes.

Un tímido jovenHabía debutado en 1966 con un álbum maravilloso y mágico, como toda su mejor obra. Desde la portada, un tímido joven, casi adolescente aún (tenía 19 años) se apoya en una pared con una chaqueta al hombro. Estamos ante un disco excelente que ya contiene todas las claves de su música posterior. Y además ofrece algunos de sus clásicos. Sorprende ante todo su madurez, su energía, el sonido preciosista y sensual, enérgico y evocador de su banda. Y, cómo no, esa voz que ya suena especial. Es, sin duda, uno de los debuts más destacados de los 60. Las dos primeras canciones, ‘I can’t see you’ y la balada orquestada ‘Wings’, ya son definitorias de un estilo propio y estremecen como la primera vez que las escuchas.

Después vendrá, sólo al año siguiente, Goodbye and Hello (1967) y, otro más tarde, Happy Sad (1968), dos de sus obras capitales y el porqué de que Tim Buckley ocupe el lugar que ocupa en la historia de la música popular. Y en 1971 su disco más enigmático y poliédrico, Starsailor, que contiene su canción más estremecedora y por la que es más reconocido, la inmortal ‘Song to the Siren’, versionada hasta la saciedad.  

De 1970 es Lorca, álbum dedicado al poeta granadino y Blue Afternoon, una colección de baladas estremecedoras y narcóticas. En 1972 cambia de rumbo y entra de lleno en los dominios del rock más tradicional. Su voz suena ahora más sucia y lujuriosa en canciones inmensas como ‘Sweet surrender’ donde recuerda a Marvin Gaye. La exprime hasta el límite al servicio de excelentes composiciones, algo que no ocurrirá en sus últimos discos.

Hasta aquí nuestro repaso por su obra, no tan breve si tenemos en cuenta su muerte prematura.

Tim Buckley envejeció velozmente. Con 21 años estaba ya dando lo mejor de sí. Es necesario que la historia del rock guarde unEnvejeció velozmente destacado capítulo para su legado. Canciones como ‘Morning Glory’, ‘Love from Room 109’, ‘Phantasmagoria in two’, ‘Moulin Rouge’ o ‘Song slowly song’ son especiales, quizás de las mejores compuestas en las décadas de los 60 y 70. Su música tiene un componente vital indescifrable. Puede sonar a muchas cosas a la vez, pero siempre conserva su identidad. Sus influencias son heterogéneas: The Byrds, otros marginados como Fred Neil o Tim Hardin; pero también Van Morrison, Hank Williams, Laura Nyro, Johnny Cash, el rock y el folk primitivo, su gusto por los instrumentos extraños y las canciones tradicionales asiáticas (de hecho, trabajó en el Departamento de Etnomusicología de la Universidad de California), el soul, el jazz de Miles Davis, Thelonius Monk o Charles Mingus. A propósito de este género comentó una vez: «Me gusta Miles Davis y otros como él porque su música sale de la comunicación entre los hombres que la tocan. Nunca olvidaré cuando vi a Roland Kirk equivocarse en una nota, y en décimas de segundo supo incorporarla al sonido general haciendo que fuese parte de él».

Tim Buckley: "Lorca"En estos tiempos asépticos y precocinados en lo musical, reivindicar una obra tiene tantos sentidos como queramos. Escuchad a un músico titánico, de esos que emocionan con sólo cambiar de acorde. Su legado se revaloriza con el tiempo y es descubierto cada día por buscadores inquietos. Su culto no cesa y va en continuo aumento: reediciones, libros, publicaciones de conciertos, homenajes suntuosos, etc. Hoy en día es una figura capital que no necesita de más intermediarios para enganchar a cada escucha. Y un mito comparable a, por ejemplo, Scott Walker, Gram Parsons o Arthur Lee. Estemos a la altura.    

 


 

MERCROMINA

 

     Entrevista: Pedro Gascón

Mercromina: poesía cotidiana     

     Los que han podido observar a esta banda en directo saben que encima del escenario se produce un despliegue simultáneo de elementos fundamentales para la música de guitarras pop: distorsión, imagen y una manera muy particular de entender la poesía en la vida diaria. Añadamos otros elementos para terminar el decorado de MERCROMINA: surrealismo de colores, afición al cómic, humor (a veces) y chaquetas de pana. Su actuación en el Festival Independiente de Benicassim 2002 dejó muy buen sabor de boca entre sus seguidores. Estuvieron a la altura de las circunstancias presentando su disco Bingo, que puede definirse con una sola palabra: honestidad.

     Como bien saben nuestros fieles lectores, el albaceteño Pedro Gascón, además de poeta, es músico, compositor y letrista de la banda Swann, la cual, casualmente, realiza sus ensayos en el mismo lugar donde lo hace uno de los principales grupos de la escena independiente nacional. No resultó difícil que nuestro colaborador manchego intercambiase algunas palabras con uno de sus componentes, Joaquín Pascual. Un placer, sin duda.

        

     JOAQUÍN PASCUAL: Bueno, Pedro, pues tú dirás. Pregunta mientras coloco estas cosas (Refiriéndose a los instrumentos). 

PEDRO GASCÓN: Entro así, directamente, ¿no? Vale, de acuerdo: ¿cómo crees que se acogen vuestros discos en general? 

     J.P: Depende de muchas cosas, pero, vamos, la crítica especializada está muy a favor de nuestros discos. Carlos Cuevas y yo concedemos entrevistas en todos los lugares a los que vamos y los críticos que nos conocen desde los tiempos de Surfin’ Bichos nos tienen en muy buena consideración. Respecto a la gente, creo yo que siempre tenemos buena acogida. Aún así, somos conscientes de que Mercromina no es un grupo de grandes ventas; estamos en nuestras 4000 copias seguras más o menos por cada disco que publicamos.

Mercromina: "Hulahop"

     P.G.: He leído varias críticas y reseñas tanto de discos de Chucho (78, Tejido de felicidad, Diarios de Petróleo) como de los de Mercromina (Acrobacia, Hulahop, Canciones de andar por casa, Bingo) los cuales van más o menos paralelos en el tiempo de su publicación. Me sorprendió encontrarme con esta frase: “Banda formada hace años tras la disolución de los añorados Surfin’ Bichos”. ¿Qué supuso para ti el paso por Surfin’ Bichos y qué piensas de la influencia o del gusto por aquéllos en generaciones posteriores? 

     J.P.: Creo que esas generaciones posteriores que tú dices deberían de haber nacido antes y hubiéramos vendido más y habríamos sacado más pasta. Yo tampoco me acuerdo mucho de los Surfin’ Bichos. No tengo una añoranza por ellos, ¿sabes? Me lo pasé muy bien pero no miro demasiadas veces hacia ese pasado de los Surfin’. Supongo que aprendimos bastante a tocar, a componer y a conocer lo que es la música como parte de tu vida. Hasta entonces era una especie de entretenimiento, pero a partir de ahí empezó a ser una obsesión para todos. Aprendimos de repente a desarrollar lo que cada uno teníamos y no habíamos sacado hasta entonces. Es lo que digo siempre, es mi idea de aquella etapa, y no la he modificado en absoluto.

Mercromina: "Canciones de andar por casa"     P.G.: Sinceramente, Joaquín, ¿crees que se reeditará alguna vez el descatalogado primer álbum de Surfin’ Bichos?, ¿qué ocurre con esos continuos rumores de volveros a juntar para hacer una especie de homenaje-concierto?

     J.P.: Eso creo que no lo vamos a hacer. Hubo una idea de juntarnos para realizar algunos conciertos con motivo de la reedición del primer disco, pero ni nos apetecía a todos ni disponíamos de tiempo para ello. Nuestras vidas ya se han vuelto un poco complicadas como para ensayarte ahora todas las canciones de los Surfin’ y volver a coger la intensidad de ensayos y del personal que había entonces. Supondría más bien muchos quebraderos de cabeza que otra cosa. Además, tampoco es el momento, porque si fuéramos a ganar dinero lo entendería, pero es que ni éso. Si fuera como esos grupos que lo hacen con vistas comerciales... pero en nuestro caso no se trata ni de una oportunidad con vistas comerciales ni con vistas a un rollo nostálgico. Tampoco ha pasado tanto tiempo y, ahora mismo, la verdad es que estamos todos en activo.   

     P.G.: Te menciono algunos grupos y das tu opinión sobre ellos, ¿de acuerdo? ¿Qué te parecen Sexy Sadie?

     J.P.: Buenos amigos. Creo que han evolucionado mucho desde el principio hasta hoy. Siempre han tenido buenas canciones y ahora viven su mejor etapa.

     P.G.: ¿Señor Chinarro?

     J.P.: No lo oigo mucho. Sus letras son demasiado largas. Cuando llevo la mitad leídas no puedo aguantarlo más. Aún así, creo que es un personaje gracioso que tiene rollo para cierta gente, pero no es una banda a la que le tenga especial afecto.

     P.G.: ¿El Niño Gusano?

Mercromina en el Festival Internacional de Benicassim 2002     J.P.: Sí, era una banda que me gustaba bastante. Tampoco seguí todos sus discos, pero sabían hacer buenos éxitos que enganchaban en seguida y aprovechaban muy bien esa forma de surrealismo. En cierto modo, eran únicos en su género. Era un buen grupo.

     P.G.: ¿Chucho?

     J.P.: Chucho me gustan. Me sorprenden todos sus discos, unos más que otros, sinceramente, pero todos ellos me parecen excelentes. Antes de hacerlos ya sé que van a serlo.

     P.G.: ¿Diabologum?

     J.P.: Pues... es que a mí la música tormentosa últimamente no me va mucho. Me gusta, pero prefiero un estilo de música con espíritu denso, que tenga algo más de alegría. Por ejemplo, me fascina The Divine Comedy, Pulp, etc... Diabologum me parece una banda de mirarse demasiado el ombligo, ¿no?

     P.G.: ¿Corcobado?

     J.P.: Pues... lo mismo, desgraciadamente. Corcobado estaba bien cuando tenía grupos (Mar otra vez, Demonios tus ojos, etc), pero en solitario... Creo que tiene una obsesión por estar siempre a la vanguardia de todo y creo que no lo necesita. Es un artista que ha demostrado su valía y no tiene por qué estar ahí forzando la máquina.

     P.G.: ¿Los Planetas?

     J.P.: Grandes amigos. Tienen puntos en contacto con los Surfin’ Bichos en cuanto a nivel generacional, aunque sean un poco más jóvenes. Ciertamente, los consideramos como mundos paralelos a Mercromina.

     P.G.: ¿En qué te basas a la hora de componer? ¿Hablas en las letras de acontecimientos cotidianos que rozan lo surreal o son hechos y objetos que forman parte del particular Universo-Mercromina?

El comando Mercromina en acción     J.P.: ¡¡Ese Universo-Mercromina no sé si existe!! Antes creía que sí, pero últimamente no estoy seguro. De la vida cotidiana se habla unas veces más y otras menos. Unas veces escribes letras de situaciones más cercanas y otras las inventas. Hay gente que piensa que cuando escribes letras de situaciones no tan cercanas estás mintiendo, y no es así. Las letras son maneras de componer a nivel un poco plástico, escribiendo visualmente. Me esfuerzo mucho no tanto por la intención de la frase como por la buena construcción de ésta, que sea sugerente. Por ello utilizo a veces cosas más internas, más viscerales, más rápidas, y otras veces uso el lenguaje como recurso.

     En cuanto al surrealismo, no quiero que nadie me “lobotomice”, pero me gusta esa palabra y me agrada la sensación que puede crear, por ejemplo, el hecho de pensar en una “lobotomía” como recurso para ser más feliz. Se trata de una imagen que tú rellenas con palabras.  

     P.G.: ¿Por qué razón en muchas de las letras de Mercromina aparece el agua, ya sea como tal o a modo de lluvia, mar...? Incluso tenéis un e.p. titulado Líquidos, ¿no es así?

Los surrealistas Mercromina     J.P.: Sí, en general, asoman en ellas abundantes referencias al mar como lugar tranquilo y relajado, cómodo para vivir. Es un poco como dirección de huida. También hay bastantes referencias al espacio, a sitios abiertos, aunque, claro, el argumento espacial está más presente en la música que en las letras.

     P.G.: Muy bien, Joaquín. Ya no te molesto más. Cada uno a su local de ensayo y a trabajar. ¡Hasta la hora del recreo!