JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

 

      Entrevista: Juan de Dios García

José María Álvarez    

    El ensayista José Andújar Almansa y los poetas Ramón Crespo y José Luis López Bretones, excelentes anfitriones literarios de Almería, invitaron al poeta cartagenero José María Álvarez a recitar unos versos que el público escuchó con la boca abierta. Allí, en el centro de la ciudad presidida por la Alcazaba, nos fuimos con la grabadora a olfatear algo del carisma que despide este escritor. A través de su obra se ha creado cierta fama de persona elitista, con alguna actitud de desprecio popular al estilo de engreídos hidalgos. Unos minutos con él hacen pedazos ese mal prejuicio propio del poder mitificador del arte.

    Acababa de llegar de Dublín, de repartir sabiduría y sensaciones por la tierra de Joyce. No es fácil encontrarse con este viajero incansable y menos aún detenerlo para hacerle una entrevista. Creemos que aún no ha llegado a divisar su Ítaca particular. Tiene poco más de sesenta años y aún quedan muchas impresiones que recoger por el camino que exploró su admirado Cavafis.

 

   -Usted ha dicho en alguna ocasión que su ciudad favorita es Estambul. ¿Sigue sintiéndolo o pensándolo de la misma manera?

   Sí. Vamos a ver. Yo tengo muchas más, pero tengo tres que son las ciudades de mi vida. Las dos fundamentales en las que estoy de manera constante son Venecia y París. En cuanto llego a Cartagena y pasan veinte días, ya estoy echándolas de menos. En París vivo muchísimo. Venecia es una ciudad donde me siento absolutamente feliz, paseando solo, viendo un cuadro... París es una ciudad muy viva en donde encuentro todo lo que busco, es mi casa, tengo las librerías que quiero, mi mundo, mis amigos, los restaurantes que me gustan... Estambul es otra historia, es como el que tiene una querida muy puta y de vez en cuando la ve y tal. Por ejemplo, yo no viviría en Estambul. Me gusta ir a Estambul, estar unos días y luego salir de ella. 

   -¿Qué ciudad española ha sido la última que le ha provocado un arrebato de escritura o una inspiración a destacar? 

  Últimamente ninguna.

   -Usted, que es un gran anfitrión literario (Ardentísima) y está al tanto de las últimas corrientes poéticas a nivel mundial, dígame: ¿qué país o qué lengua cree que actualmente está escribiendo los versos más lúcidos, los más destacados, más hermosos?

   En eso no tengo duda. Aunque acabo de estar un mes en Japón, si quitamos el extremo oriente -porque la barrera de la lengua exige la traducción y ahí sí se pierde todo- y nos quedamos con occidente, es decir, América de Norte a Sur y Europa, en donde se está haciendo la mejor poesía ahora mismo es en España. Si tú coges todas las generaciones desde unos, por ejemplo, setenta años y bajas generación por generación hasta los más jóvenes, en todas encuentras algún poeta que realmente es ‘bueno’ como mínimo. Eso no pasa en ningún sitio. En Italia la poesía está liquidada. En Alemania abolida. En Francia es un desastre. En los países escandinavos no hay nada. Los rusos sí están escribiendo poesía, pero me pasa igual que con los orientales, que los leo traducidos. En Rusia sí hay un gran amor hacia la poesía, igual que en los húngaros, en los checos... Pero de occidente para acá es un desastre.  

   -Dada su naturaleza pornográfica, ¿de quién se siente usted más heredero: del Ars Amandi de Ovidio o de la Filosofía del tocador del Marqués de Sade y otros franceses eróticos del XVIII y el XIX?

   Del XVIII francés.

   -¿Sigue manteniendo que no va a escribir más poesía o se refiere sólo a que no va a publicarla?

   Claro que voy a escribir. De hecho estoy escribiendo. Rompiendo y escribiendo. A lo que me refería es que Museo de cera está acabado. Han sido treinta y nueve años y ese libro ya está cerrado. Ahora lo que escriba será otro libro distinto y no se meterá en él.

   -¿Piensa, como Carlos Fuentes, que las mujeres brasileñas, como producto del mestizaje entre la comunidad africana, la indígena y la colonial, son las mujeres con las características físicas más sensuales de la Tierra?

   No, las brasileñas no. Yo estado allí, en Brasil, y conozco bien aquello. Lo que sí es cierto es que las mujeres más guapas y con más morbo y más encanto son aquellas en las que ha habido mezclas. Por eso, por ejemplo, las de Murcia y Cartagena son muy guapas, por el mestizaje histórico que ha habido en dichas ciudades. Ahora, en donde hay más mujeres guapas, de eso que miras cien y noventa y cinco son hermosas, es en Rusia, Yugoslavia y esas zonas. Por los ojos, la mirada.

   -Usted fue amigo de Borges al final de sus años. Él dejó escrito que había cometido el mayor de los pecados que puede cometer un hombre: “No ser feliz”. Creo que usted guarda una vivencia contraria sobre ese tema. ¿Puede recordárnosla?

   Borges se encontraba ya en sus últimos días. Hablando sobre otro tema, muy poco antes de irse del apartamento donde él se alojaba, me dijo estas últimas palabras con un tono que me acongojó “Álvarez, soy muy feliz”. Yo creo que se refería, entre otras cosas, a la felicidad que le había traído María.

    -Con Ardentísima creo que ha realizado un sueño literario. Si hubiese tenido la oportunidad de ser el mismo anfitrión en el siglo XIX, por ejemplo, o en otros siglos, ¿a qué poetas le hubiese gustado invitar?

   ¡Ah, bueno! ¡Buff! ¡Vaya pregunta! Por ejemplo, a todos los franceses, y a los ingleses y a...

    -¿A Rimbaud le hubiese invitado?

    ¡Hombre, claro! Y a Baudelaire, y a Verlaine y a todos estos, claro. ¡Qué bien estaría!

    -El rock and roll y su mitología no ha entrado mucho en sus alabanzas poéticas. Más bien caben en su obra la mitología de otros géneros musicales: el jazz, la ópera,... ¿Por qué?

    Algo de la música rock me ha gustado. Tengo discos en casa. Lo que pasa es que si hay una jerarquía, como la hay en la literatura -no es igual Dante que otros-, el rock está más bajo que otros estilos. Ahora, el jazz a mí sí me gusta; es la única música que me interesa del siglo XX. Lo que llaman música clásica en el siglo XX no me interesa absolutamente nada.

    -¿Ni Stravinsky siquiera?

    Stravinsky, a veces, y Béla Bartok como mucho, pero lo único que me interesa es el jazz. Y, bueno, el jazz también hasta cierto punto. Me gusta mucho el jazz de los primitivos, de los viejos, que se tocaba en los prostíbulos, que se tocaba en Chicago y en toda aquella zona. Y hasta Lester Young. Y Billie Holiday. Fíjate, ahora estoy contentísimo, porque gracias a ese aparato, a esta cosa moderna del internet, mi mujer ha logrado conectar con un montón de páginas en donde están todas las letras de Billie Holliday. Las he impreso y voy a ver si hago una traducción y veo si Visor o alguna editorial quiere sacar algo con esas letras espléndidas.   

Con José María Álvarez en Almería