un
vacío de casi un año, el espíritu perruno de Cervantes regresa. Sé que mucha
gente sigue nuestras páginas coloquiales y estaba ya harta de esperar. No
tenemos justificación alguna por nuestra inconstancia y ausencia. Mil perdones
para todos nuestros incondicionales. Para los que nos decubren ahora, un saludo
quijotesco.
Nos ha llevado varias noches
de mucho bostezo y café ultimar los detalles para subir a la Red estos nuevos
contenidos que ahora tú comenzarás a leer. Es invierno en Cartagena,
pero apenas se nota. Aunque pueda chocar, algunos valientes adolescentes campean
en manga corta con un monopatín bajo el brazo, desafiando a los viejos que
no se atreven a estar mucho tiempo sentados en los bancos de las plazas.
Quiero
deciros que vamos a iniciar esta nueva etapa con más ganas aún de tirar piedras
a los gatitos que esconden leones y de abofetear a Doña Ignorancia, por muy mal
visto que esté últimamente. ¿Educación, cultura, tradición, memoria, sabiduría,
costumbre? ¿Quién tiene agallas para darle nombre a ese cóctel?
En una noche de borrachera,
un amigo, o el espejo al volver a casa, o quién sé yo, me gritó iluminado: «La
culpa de todo, Juan de Dios, la tienen los diccionarios de sinónimos». Llegó a
asustarme tanta lucidez. Qué finura lingüística a través de una botella de vino
malo, casi agrio.
Nuestro
barco ha atracado en ocho ocasiones. Esta vez hemos recogido cargamento en
verso desde Gabón, Nicaragua, Argentina, Chile, Perú, Francia, Cuba y México. Y
por tierra hemos estrechado la mano a creadores de Badajoz, Valencia, Murcia,
Madrid, Cádiz, Cáceres, Almería...
El verano pasado Gilberto Gil, ese gran músico que dispara con sonrisas, abandonó unos días su despacho ministerial para dar un recital en Galicia. Entre un tema y otro aprovechaba su condición de actual político e iba intercalando breves discursos sobre la manera de entender las fronteras bajo su prisma socialista. Advirtió al público: «Veo que algunos hombres aquí tienen creencias nacionalistas. Yo os digo que en esta vida hay que luchar por tener una mente internacionalista». Cargó de énfasis esa última palabra. ¡Bravo por Gilberto Gil! Algún día, quién sabe, en Brasil dejarán de ser brasileños.
Este número ocho está dedicado a la gente que todavía llora.
Gracias.
JUAN DE DIOS GARCÍA
BERGANZA.- Cipión, hermano, óyote hablar y sé que te hablo, y no puedo creerlo, por parecerme que el hablar nosotros pasa de los términos de naturaleza.
(Miguel de Cervantes)