Si el día que concebimos este curioso parto nos hubieran dicho que, cumpliendo con nuestro número nueve, íbamos a contar con tantos colaboradores de talla internacional y tantos amigos que nos apoyan y nos animan desde tan diferentes latitudes, nos habríamos muerto de risa, desacreditando a quien lo hubiera dicho, por supuesto.
Mucho
hemos navegado desde entonces. Ha traído la primavera, también
de forma inesperada, a un nuevo cachorro, éste muy especial, diríamos
incluso que lo hemos hecho nuestro desde su
primer
día, y a él, a Darío, le dedicamos este número.
Con Darío han llegado otras muchas cosas que huelga comentar aquí.
Ha llegado hasta un nuevo Pontífice, Benedicto XVI, lo que nos ha demostrado
que, a pesar de llevarles unos cuantos años de adelanto sobre lo que
se ha llamado pensamiento occidental, que debe de ser el acabóse de los
pensamientos que hoy pululan por el mundo, todos terminamos cayendo de alguna
manera en el fanatismo religioso. "Habemus Papam", ha sido una de
las frases más repetidas en las últimas semanas. Nosotros nos
enorgullecemos de decir: "habemus canem". Y que todo el cariño
y esmero que hemos depositado en este número para llevaros a casa una
primavera nueva os sirva para volver a este hogar digital de vez en cuando.
Recordad que es nuestro alimento vuestra savia y que, sin vosotros, poco pintamos,
por no decir nada.
Y si todo marcha como queremos, ha de llegar el décimo ejemplar de este Coloquio en este centenario, el cuarto, para despistados, tan cervantino como quijotesco, pues no hay que dudar que mucho más tenía el autor magistral de quijotesco que su personaje de cervantino. Quizá lo más relevante de todo eso es la coincidencia en el espíritu de los dos -Alonso y Miguel, Cervantes y Quijano- en cuanto a su amor por una España que sabían perdida, que era como decir, por una forma de entender el mundo que se estaba muriendo.
ÁNGEL MANUEL GÓMEZ ESPADA
CIPIÓN.- Y con esto pongamos fin a esta plática, que la luz que entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día, y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio de la habla, será la mía, para contarte mi vida.
(MIGUEL DE CERVANTES, Coloquio de los perros)