Entrevista: Juan de Dios García
(Buenos Aires, Argentina, 1948)
Ya me sonaba su cara
de haberle visto en programas culturales de la televisión, presentando
su libro En el bosque del espejo. «Otro hijo bastardo de Borges»,
pensé la primera vez, envenenado de prejuicios. Más tarde leí
opiniones suyas en las páginas del diario El País y me
fue gustando su mitomanía incurable, diferente, que declara sin problema
alguno en libros de éxito mundial como Una historia de la lectura.
En España tuvo mucha relevancia Leyendo imágenes. Una
historia privada del arte. Ya habréis observado el distanciamiento
y la exclusividad que impone el artículo indeterminado ‘una’
en los títulos de su obra ensayística.
Vino a Almería a dar una conferencia titulada 'Cómo Pinocho aprendió a leer'. Hizo una disección magistral del libro de Collodi, subrayándonos y comentándonos aquellos párrafos olvidados por la factoría Disney en su versión de cine animado. El concurso de oyentes salió prendado de este argentino de tuétano escéptico. No tardé en acercarme a él y anunciarme admirador de su sapiencia. Si le miras a los ojos, puedes quemarte en su llama azul. Parece que lleva dentro libros ardiendo.
-Buenas noches, represento a la revista
digital El Coloquio de los Perros.
-¿El Coloquiador?
-No,
El Coloquio de los Perros.
-¿Ah, sí? Ummmm... Un título interesante, sobre todo aquí, en Al-Andalus.
-¿Su
pasión lectora le costó de niño ser el empollón
de la clase?
-Son pocos los lectores que no han sido tildados
de empollones en su infancia.
-¿Los libros no sirven para alimentar un estómago con hambre?
-Los libros pueden ser un arma mortal cuando no se los usa, cuando no se los lee.
-Recuerdo que José Donoso, poco antes de morir, quiso que le leyeran algunos versos de Altazor de Vicente Huidobro. Fue su última voluntad como lector. Póngase en la misma situación. Sé que es difícil. ¿Qué le gustaría leer antes de morir?
-Bueno, claro. Depende de quién soy en aquel momento. Pero he dicho, por ejemplo, que me gustaría leer la última página de El desierto de los tártaros de Buzzatti.
-¿Le
molesta o le agrada que le puedan llegar a considerar el Harold Bloom en español?
¿Argentino, español? Hay mucho cosmopolitismo desde sus orígenes,
¿no?
-Bueno, yo nací en Argentina. Y vivimos en Israel, en Medio Oriente, porque mi padre era embajador… Que me comparen... Bueno, eso está en la imaginación de cada lector, ¿no? Es decir... A veces es válido, a veces no lo es, ¿no?
-¿Pero, en todo caso, le resultaría incómoda esa comparación?
-Bueno, sí, no sé, este... Decir que Shakespeare es el Jardiel Poncela de los ingleses no sé si tiene mucho mérito, pero bueno. (Risas)
-¿Podría recordar a nuestros lectores las palabras que ha dedicado a Nabokov y Kafka en su conferencia?
-Nabokov cuenta una anécdota muy conmovedora cuando tenía su curso de literatura y enseñaba a sus alumnos La metamorfosis de Kafka. Terminaba el curso diciéndoles que el insecto en el que se transforma Gregor -esto lo sabía Nabokov por su pasión entomológica- era un escarabajo que bajo la caparazón tenía alas; y entonces le dice a sus alumnos que si Gregor hubiese sabido que tenía alas bajo la caparazón hubiese podido escaparse. Y agrega esto: «Hay muchas Juanas y hay muchos Juanes en este mundo que viven sin saber que tienen alas bajo la caparazón».
-Esta
tarde ha mencionado repetidas veces a dos novelistas asociados injustamente
sólo con el mundo infantil, Lewis Carroll y Carlo Collodi. ¿Qué
diferencia encuentra entre ellos?
-Lewis Carroll, jugando con el idioma inglés en Alicia en el País de las Maravillas está jugando con un idioma establecido desde hace muchos siglos, mientras que Collodi, con el italiano en Pinocho, está usando un idioma que recién se está estableciendo como tal.
-Ahora vive en Canadá, pero ha estado viviendo en Tahití, Francia, Inglaterra e Italia. ¿Algo que rebatir sobre, por ejemplo, Umberto Eco, un italiano tan insigne como en Inglaterra lo es Lewis Carroll?
-Umberto Eco dijo que los límites de la interpretación coinciden finalmente con los límites del sentido común, pero seguro que Humpty Dumpty, el personaje de Carroll, podría rebatir inmediatamente el argumento de Eco.
-Y para terminar una pregunta así, un poco al aire. ¿Cree que la sombra de Borges es demasiado alargada?
-Con las sombras creo que no se puede elegir la dimensión, pero lo cierto es que Borges está siempre presente, por supuesto. Yo creo que no se puede escribir en español y no se puede leer de la misma manera después de Borges.

Entrevista: Ángel Manuel Gómez Espada
(Valencia, España, 1961)
Antes
de hacerse hueco en el panorama poético nacional, se licenció
en algo que nos parece lo bastante anodino como para no darle excesiva importancia.
De él se han dicho muchas cosas, como que fue el resucitador de César
Simón y un digno sucesor de Francisco Brines. Imaginamos que él
también sonreirá ante semejante afirmación, pero mucho
se ha escuchado.
En su primer libro, El último de la
fiesta (1987) sentó las bases de lo que sería su poética,
lo que le ha llevado a ser tildado de poeta de la experiencia. Desde entonces
ha seguido publicando buenos poemas y mejores libros: La vida de frontera,
Los países nocturnos, Metales pesados y Fuera de
mí. Con los dos últimos ha conseguido el Premio Nacional
de la Crítica y el Loewe. Casi nada.
Recientemente, la editorial Tusquets ha recopilado
toda su poesía en el volumen El corazón perplejo.
-Vamos
de centenarios: ¿qué puede aportarle a un poeta de finales del
siglo XX y comienzos del XXI El Quijote?
-Lo que a cualquier lector: una fuente de placer, de entretenimiento, de sabiduría. El Quijote es uno de los pocos libros que tienen la virtud de cambiar las vidas -creo- de muchos de quienes los leen.
-Recientemente ha aparecido usted en un artículo de un suplemento cultural de tirada nacional. En él se hablaba de «poesía de la democracia». ¿Qué le ha parecido esta nueva definición, puesto que en dicho artículo hablan diferentes poéticas y generaciones?
-Casi
todos los titulares -más que las definiciones- son parciales, escasos...
superficiales. No hay que alterarse por ello, ni perder los estribos. Se trata
de una manera de llamar la atención del lector. Nada más.
-¿Y no se podría estar insinuando con eso de la poesía de la democracia que durante la época del régimen franquista hubo peor calidad poética que actualmente?
-No creo que fuera esa la intención del periodista y poeta que firma el reportaje ni de ninguno de los que se fotografiaron allí. En cualquier caso, no es esa mi opinión.
-De los Novísimos se dijo que estaban influidos por los mass-media, lo que era totalmente novedoso para los gustos de la época en España. ¿Hoy podríamos seguir tomando a los mass-media como todo un referente poético en las generaciones posteriores?
-Los referentes no son generacionales, sino de cada autor en concreto, dentro de cada poema. La seducción por la novedad cotidiana es lo más antiguo que existe en el mundo, bajo cualquiera de sus disfraces -la electricidad, el maquinismo, los mass-media-. Los referentes de los poetas más jóvenes son muy distintos, según de quién hablemos.
-¿Qué
queda del joven Marzal, autor de, para nosotros, una impresionante opera prima,
El ultimo de la fiesta, y una mejor continuacion, La vida de frontera?
-De aquel Marzal quedan los libros, que no son, ni eran, otro Marzal más que el que aparecía allí por escrito. La identidad es un fenómeno cambiante, misterioso y al que nos acercamos siempre con vislumbres, sin saber demasiado.
-En su primer libro, premonitoriamente, se despide de, digamos, una aptitud de poeta en ‘In memoriam C.M.’, poema que también parece ser un homenaje a su admirado Gil de Biedma. ¿Ese poema fue sólo un divertimento o quería decirnos algo más?
-No hay divertimento inocente. La frivolidad es un asunto muy serio, toda una elección moral. Y también toda una lección. Por lo demás, no soy partidario de explicar los poemas propios. Para sacar conclusiones ya están los lectores.
-¿Cómo se consigue a edad tan temprana cosechar premios tan válidos y representativos como el Loewe o el Nacional de poesía? ¿Eso no le otorga a uno una madurez exagerada?
-Los premios son un accidente biográfico que depara el azar, como todos los accidentes, y no conceden nada de carácter moral que no se poseyera por anticipado. Por lo que respecta a la madurez, sigo sin saber a mis 43 qué entiende la gente por ella, y si es una virtud, o sólo un inconveniente cronológico.
-¿Y
esos premios demuestran una evolución en su forma de concebir la poesía
o usted busca constantemente un diálogo con la poesía al margen
de dichas presiones?
-Nunca me he sentido presionado por nada ni por nadie a la hora de escribir. Al contrario, la literatura, para mí, ha sido siempre una forma de modesta liberación, y la he entendido desde mi niñez como una manera de hacer lo que me diese la gana.
-¿Nos podría decir qué se va a encontrar de novedoso el lector habitual de Carlos Marzal en su ultimo poemario publicado, Fuera de mí?
-Un espíritu celebratorio, por encima de los pesares y calamidades que nos depara lo real.
-¿Usted, que ha participado en tantos encuentros de poesía internacionales, cómo ve a los poetas nacionales dentro del panorama europeo o iberoamericano? ¿También piensa que estamos en una buena línea?
-No
conozco ninguna poesía -ni siquiera la española reciente- en profundidad.
Soy un lector desordenado y caprichoso. Ahora bien, lo que conozco me hace pensar
que la poesía en español del XX es extraordinaria, dentro de un
extraordinario siglo de literatura universal. Allí donde miremos hay
autores que pueden significar toda la literatura, en tradiciones muy distintas.
-Aprovechando la pregunta anterior, hagamos un poco de localismo: ¿qué le han aportado, durante los años en los que ha sido invitado, los encuentros de ARDENTÍSIMA coordinados por el maravilloso anfitrión que siempre será para sus amigos José María Álvarez?
-ARDENTÍSIMA es para mí un mito privado de imposible repetición. Una fiesta de la poesía, a lo largo de los años, que nos ha permitido ver crecer, madurar, envejecer a un grupo de poetas de aquí y de allí. La irrepetible labor de José María Álvarez, uno de los poetas vivos que más admiro, sólo se podrá apreciar con la distancia, pero ha sido ejemplar.