FERNANDO TRUEBA


Fernando Trueba

 

     Entrevista: Antonio Lafarque

 

LA JOIE DE VIVRE

     No sé si el título elegido para esta entrevista es adecuado al propósito o al contenido de la misma, pero estoy convencido de que, al menos, sirve para hacer un primer plano de FT (caramba, las mismas iniciales que las de su venerado François Truffaut): una persona enamorada de la vida y de sus numerosas actividades profesionales. Y lo pongo en francés porque define una faceta importante de su personalidad: apego a la cultura francesa. De hecho, se ha declarado afrancesado y en 1996 fue nombrado Caballero de las Artes y las Letras de Francia, él que tan poco aprecio dispensa a los premios.
     Decía que enamorado y, por tanto, apasionado. Ahí está el Diccionario de Cine (1997) para demostrarlo. La pasión es el móvil que le ha inducido a rodar películas de ficción y documentales, ejercer la crítica cinematográfica, conducir un programa radiofónico, fundar y dirigir una revista de cine, crear un par de productoras musicales, participar en una editorial de y sobre cine, dirigir teatro, presidir la Academia del Cine Español, escribir guiones, realizar y producir programas televisivos. También es empresario hostelero. Todo ello, repito, con pasión y compromiso. El compromiso de renovarse en cada proyecto para no dirigir siempre la misma película, escribir el mismo libro o guión, producir el mismo disco. Es como una forma de improvisación continua. Quizá de aquí emane su amor al jazz o, viceversa, su amor al jazz es el origen del afán por improvisar, de cambiar de registro en cada nuevo proyecto manteniéndose fiel a un principio: entretener.


La nostalgia

Opera prima     -Preparando esta entrevista he desempolvado mis viejos números de Casablanca, la revista que dirigió desde el número 1 (enero de 1981) hasta el 27 (abril de 1983) aunque después siguió formando parte del consejo de redacción. ¿Qué recuerda de aquellos años de crítico? ¿Pensaba dirigir por aquel entonces?

     -Casablanca fue un proyecto anterior a Opera prima, pero no se pudo realizar hasta después. O sea que yo ya era director. El éxito de la película animó a algunas personas a invertir en aquel proyecto. Y aunque yo ya había dejado la crítica, justo al empezar a preparar mi primera película, me apeteció poner en pie el viejo sueño de hacer una revista de cine, con la gente que a mi más me gustaba escribiendo de cine entonces: Cabrera Infante, José Luis Guarner, Manolo Marinero, Carlos Boyero, Miguel Marías, Fernando Savater, Juan Cueto, Nacho Fernández Bourgon… Yo siempre pensé dirigir. Lo de hacer crítica era que te pagaran por ir al cine y dar tu opinión. Pero siempre lo vi como algo temporal. Aunque me encanta hablar, escribir, polemizar, etc… sobre cine. Hace unos años publiqué un Diccionario de Cine que era una puesta al día de mis ideas sobre el cine.

El cine

     -Que la historia es una sarta de acontecimientos relatados de modo interesado es de sobras conocido. Así lo evidencia, por ejemplo, el hecho de que los agnósticos desconociéramos la existencia de dios, hasta el 27 de marzo de 2002 fecha de su fallecimiento. ¿Qué se le vino a la cabeza cuando se enteró de la noticia?

Belle Epoque     -Mira, me paso el día aclarando que yo no dije que Wilder fuera Dios. Pero si yo no creo en Dios. Dije que creía en Wilder. Creo en personas, en sus obras. Punto. Soy materialista. Cuando supe la noticia, no me extrañó. Tenía 96 años, y llevaba tiempo enfermo. La última vez que estuve en Los Angeles antes de su muerte, no pude verle porque estaba ya en el hospital y no reconocía a la gente. Me invadió una gran tristeza. Pensé: “Ya no le veré más”. ¿Para qué coño voy a ir ahora a Los Angeles? Y me acordé de nuestro último encuentro, en su casa. Ya no andaba. Todos mis encuentros con él son recuerdos para mí maravillosos, pero ese último fue especial. Creo que se despidió de mí. Fue algo muy tierno, pero fue bonito. Son cosas difíciles de explicar.

     -Billy Wilder y Woody Allen están en nuestros particulares Olimpos. ¿Se imagina una película dirigida por Allen con guión de Wilder o viceversa?

     -¿Para qué imaginar cosas que no van a suceder? Cada uno tiene su estilo. Woody es un gran admirador de Wilder. Especialmente de Double Indemnity. Y Wilder apreciaba mucho a Woody Allen, aunque le cabreaba cuando “se ponía a imitar a Bergman”. A mí, en cambio, me parecen muy buenas Septiembre y Otra mujer. Creo que Wilder se refería sobre todo a Interiores, que fue la primera película dramática de Allen y que nos dejó a todos descolocados.

     -He leído que de joven admiraba a Picasso. Ha rodado documentales sobre Chillida y Úrculo. ¿Utiliza conscientemente referencias artísticas en la concepción visual de sus películas?

     -Admiro aún hoy igual a Picasso, si no aún más. No suelo usar referencias concretas, pero creo que en el sentido visual de cada uno, en su sentido de la composición, acaba notándose su cultura pictórica, si es que la tiene. Hay directores con un sentido muy plástico del cine. Bresso, que fue pintor, y que rechazaba el sentido pictórico del encuadre, era el mejor en ese sentido.

     -Lo que se ha dado en llamar cine europeo no deja de ser una entelequia o, en el mejor de los casos, una transposición de determinadas industrias (Francia, Alemania, Italia) al resto de Europa Occidental. ¿Cree de verdad en la existencia de la Europa cinematográfica más allá de ser contrapeso comercial de la industria de los USA? El embrujo de Shanghai

     -El cine europeo no es en absoluto una entelequia, es un cine rico, variado, diverso. Lo que es una entelequia es el cine americano. En los 80, la industria americana cayó en manos de grupos económicos que han destruido la cinematografía más rica y dinámica del planeta y que la han dejado reducida a una sucursal de “Toys R Us”. En una fábrica de videojuegos. Si exceptuamos a Woody Allen, Paynes, los Andersons, Wes y Paul Thomas, y un puñado de independientes, el cine americano es la mierda más grande de la tierra. No importa cuán bien fabricado está. Es una total gilipollez. No sé porqué los medios de comuniación les hacen tanta publicidad gratuita. Se pasan el día hablando de Spiderman y Scooby Doo. ¿Es que se han vuelto gilipollas ellos también? Muy probablemente. El cine mejor se hace hoy día en Irán, Argentina, México, Brasil, Suecia, yo que sé… pero no en EEUU. En qué otro sitio sino en Europa, se hacen películas como Mifune, Abril, Soldados de Salamina, Tocando el viento, Latcho Drom, Fucking Amal, Nacional 7, Como una imagen, Il Postino, etc…

     -Imagino que si un amigo le pide consejo sobre qué película regalar a una persona querida le propondría El pequeño salvaje, El apartamento o Todos dicen I love you, por ejemplo. Ahora bien, ¿qué película aconsejaría regalar a un enemigo, a un enemigo de los de toda la vida? (Por favor, no se corte y si es necesario cite alguna del cine español).

     -Las dos primeras, sí. La tercera nunca se me pasaría por la cabeza. Películas que detesto, a ver… Citaré sólo títulos “ilustres”, pues las obvias, ya se conocen: Pulp Fiction, Gangs de Nueva York, Dancing in the Dark, Hanna Bi, El piano, Lost in translation, y un buen puñado de españolas que no pienso citar.

La niña de tus ojos     -Ha defendido a ultranza y con argumentos originales la existencia de subvenciones para el cine. ¿Los criterios actuales para otorgar las ayudas son apropiados para los fines perseguidos?

     -Amigo, todas las industrias están subvencionadas de un modo u otro. Para eso está el estado. Pero sólo se habla de las subvenciones al cine. Todo está subvencionado. Empezando por los periódicos y siguiendo por los bancos, la agricultura, la construcción, o la aviación. No digamos los políticos. Y, sobre todo, sus amigos. La Cope está subvencionada por el Vaticano, ¿no? Y practica un tipo de terrosrismo mediático. Estoy hasta los huevos de que se nos moleste con esto. Los criterios me parece un tema muy técnico para tratarlo en una entrevista, pero recomendaría a nuestros legisladores que se fijaran en el modelo de financiación del fondo del cine en Francia, un 13% sobre las entradas, y en el sistema de desgravación por inversión en el cine vigente en el Reino Unido.

     -«Al cine uno va a enamorarse» es una frase suya. Perfecta, creíble y muy recomendable, pero ¿de quién o quiénes nos podemos enamorar en el cine actual? ¿A quién podemos hacer el amor? Con la aplastante escasez de buenas películas ¿no nos estaremos volviendo unos onanistas cinematográficos?

     -Mis últimos amores cinematográficos han sido Michelle Pfeiffer, Zhang Ziyi, Emmanuelle Béart, Penélope Cruz, Ariadna Gil, Aida Folk, Irene Jacob, Francesca Neri, Lena Olin, Eva Green, Tori Wells, y si sigo pensando, se me ocurren una docena más de nombres.

El documental

El milagro de Candeal     -El cine documental, una de sus pasiones, almacena talentos lamentablemente desconocidos para la mayoría. Su salida comercial es complicada porque no vamos al cine a “documentarnos”. ¿Considera que la televisión podría ser el medio de difusión adecuado para el documental?

     -La televisión es una mierda tan grande, que el cine les está haciendo el trabajo. Capturing the Friedmans es de lo mejor del cine americano reciente. Balseros y Un instante en la vida ajena de lo mejor del español. Si la gente prefiere ir al cine a ver sandeces no es mi culpa. Es una de las consecuencias del embrutecimiento progresivo de la ciudadanía, en el que la televisión tiene una gran parte de la responsabilidad. No hay que hacer televisión basándose en la audiencia. Como no se puede escribir novelas o componer música pensando en lo que se va a vender. Toda la historia del arte, no existiría si se hubiese aplicado ese criterio.

     -Fahrenheit 9/11 fue una bofetada en pleno rostro, un plano de detalle de la canalla belicista. El milagro de Candeal, por las referencias que tengo, es una invitación al entendimiento, una panorámica sobre la esperanza. ¿Ha llegado a pensar en el documental como medio de crear solidaridades o, al menos, estados de ánimo duraderos?

     -O sea que no la has visto. Entonces, ¿para qué coño me entrevistas? Si vas a verla encontrarás mi respuesta a esa pregunta. Con hechos, no con palabras. Creo que el arte debe reflejar los peligros que nos acechan y también soñar un mundo mejor.

La música

Blanco y negro     -Su pasión por el jazz, con o sin raíces latinas, quedó atinada y elegantemente reflejada en Calle 54 y Blanco y Negro. ¿Para cuándo una película o documental sobre flamenco?

     -No tengo cultura flamenca. Soy un gran ignorante en ese campo.

     -Me interesa mucho la reivindicación que hace del mundo latino por medio de la música o los documentales. Es una forma honesta de ir contra la deshonesta uniformidad cultural y de practicar un ejercicio que se ha olvidado: volver la cabeza a ver qué nos hemos dejado o nos han dejado en el camino. Es una forma de decir que no todo lo que se hace es impostura, no todo es Bisbal, Enrique Iglesias o Shakira. ¿Podemos afirmar de un no nacionalista como usted que ese territorio sí es su patria?

     -Por supuesto. ¿Qué tiene que ver el nacionalismo? La comunidad iberoamericana es una idea internacionalista. Y además, debe incluir siempre a Portugal y Brasil. Deberíamos ser capaces de hacer de este área lingüística un solo país. En términos cinematográficos. Y culturales.


La novela negraTwo much

     -Two Much tuvo un guión adaptado de una obra de Donald E. Westlake. A Westlake lo han llevado al cine directores poco asociables entre sí: Yates, Boorman, Godard ¿Es Westlake un novelista de su preferencia? ¿Le gusta ese tipo de novela negra salpicado de humor que practican el mismo Westlake, Lawrence Block y, a veces, Elmore Leonard?

     -Westlake es inteligentísimo y tiene un gran sentido del humor. Aunque escribe demasiado deprisa. No sigo la novela negra actual. En una época de mi vida, leía mucho ese género, pero lo tengo descuidado desde hace muchos años…

     -La admiración que profesa al género negro y a determinados novelistas (Goodis, Highsmith, Chandler, Irish, Giovanni) ¿no le animan a rodar una película de este género? ¿Adaptaría alguna obra en especial?

     -Siempre estoy buscando historias de este tipo, pero me cuesta trabajo encontrar una que yo me imagine dirigiendo. Hace unos años, me obsesioné con una novela americana, pero no me gustaba el tercer acto, y no conseguí encontrar una forma de cambiarlo, así que lo abandoné.

Los libros

El año de las luces     -Siempre hemos cojeado en España en la edición de libros de cine. De unos años acá, la cojera no es tan llamativa porque se publican textos fundamentales. A ello ha contribuido Plot, una empresa en la que su participación fue decisiva. ¿Qué criterios editoriales siguen en la actualidad?

     -Bueno, la editorial ha estado algunos años muy dejada de la mano de dios. Como nunca dio dinero, nadie ha podido dedicarse a ella en exclusiva. Y algunos hermanos míos se han ocupado de ella, pero tenían que seguir con sus trabajos para poder vivir. Tal vez si hubiésemos editado las memorias de Rociíto o algún libro de autoayuda tipo Cómo dejar de ser gilipollas por el simple método de apagar la tele habríamos tenido más audiencia.

     -Su Diccionario de Cine es un libro que a muchos cinéfilos nos hubiera gustado escribir. Además de divertido es valiente porque admirar públicamente a Hitchcock, Cary Grant, Ford, Grupo salvaje o Hawks es facilón pero no lo es mostrar tirria -bendito ejercicio de liberación- hacia Tarkovski, Disney, Marlon Brando, Ciudadano Kane o Godard. Desde el año de publicación hasta hoy ¿qué personas u obras se han ganado a pulso estar en la lista de detestados?

     -Tarantino. Es el mayor imbécil del cine moderno.

     -Algo más acerca del Diccionario. Echo en falta la voz “cinéfilo”, de tantas connotaciones pseudointelectuales para unos y tanto sano placer para otros. Incluso en el texto creo recordar que aparece sólo un vez ¿No le gusta y la dejó fuera por ello?

     -La palabra cinéfilo, que podría ser tan hermosa, ha sido usurparda tanto por los babosos que huelen a orines y chorizo malo como por los talibanes integristas. Cuando uno los ve se te quita el amor al cine. Menos mal que ellos no son el cine.

… and the end

     -¿Aceptaría una invitación para acudir a Cine de barrio?

     -¿Y no se podría hacer bien incluso ese programa? ¿Es necesario hacer todo del peor modo posible para lograr la puta audiencia de los cojones?