Pasado y futuro
del infrarrealismo
Juan Villoro
Yo
creo que el infrarrealismo ni siquiera llegó a ser censurado. Fue
ninguneado totalmente [...] La sociedad mexicana tuvo durante todo el
siglo XX una estructura muy piramidal en donde buena parte de la cultura
se hacía por canales oficiales. La mayoría de nuestros escritores
nacionales trabajaban en un cargo público, fuera este de mayor
o de menor nivel. José Gorostiza, por ejemplo, fue Viceministro
de Relaciones Exteriores, Octavio Paz trabajó 28 años en
el servicio exterior, José Vasconcelos fue ministro de Cultura,
Martín Luis Guzmán fue presidente de la Comisión
de texto gratuito, Salvador Novo fue director del Departamento de Teatro,
Daniel Cossío Villegas fue fundador del Colegio de México,
Sergio Pitol tuvo muchos cargos en la diplomacia, José Luis Martínez
dirigió el Fondo de Cultura Económica… Es decir, hubo
una innumerable cantidad de escritores que participaron en cargos públicos
directamente relacionados con la política. El beneficio fue que
tuvimos instituciones mucho más sólidas y abiertas que el
resto de países de América Latina y la desventaja fue también
que hubo una cultura mucho más oficiosa que permitió menos
la disidencia [...] Si tú observas la historia de las vanguardias,
en México ha habido muy pocas vanguardias radicales salvo, acaso,
el estridentismo, que fue exitosa en términos relativos, pero fíjate
que terminó llevando a muchos de sus componentes a diversos cargos
públicos. En México no hubo movimientos, por tanto, como
en otros países de la América Latina, como los nadaístas,
el techo de la ballena o La Mandrágora, que eran personas que se
postulaban fuera de la sociedad y desde allí realizaban su literatura
[...] En México siempre han pasado el prestigio y la publicación
por canales más o menos oficiales. Si uno piensa, es inaudito en
términos de la audacia de la propuesta y de la generosidad
de la recepción que El llano en llamas se publique en
la editorial del estado, el Fondo de Cultura Económica. Es un libro
de una gran novedad técnica tipo William Faulkner no visto en la
literatura mexicana hasta entonces y viene de parte de un escritor desconocido
que desea publicar su primer libro —objetivo que logra sin problemas—
y se publica ni más ni menos en la editorial fundamental del estado.
Esto es muy raro. Los escritores vanguardistas publicaban en los medios
del estado. Así, esto trajo consigo el beneficio de que fuera posible
el caso de Rulfo y el maleficio de que ciertas vanguardias más
radicales fueran declaradas asociales antes de poder existir, como fue
el caso de los infrarrealistas [...] Los infrarrealistas —y yo traté
mucho a Mario Santiago, menos a Roberto Bolaño, algo a Héctor
Apolinar, algo a Mario Raúl— hasta la fecha fueron vistos
como vagabundos delincuenciales. Pagaron demasiado caro su apuesta [...]
Eso sí, lo que está todavía por verse es la calidad
literaria del grupo. A mí me tocó llevar el manuscrito del
primer libro de Mario Santiago al Fondo de Cultura Económica que
se va a publicar en España, lo cual es otra de las paradojas mexicanas,
y me he encontrado con cierta resistencia. Sin embargo, yo creo que va
a revelar a un poeta muy interesante y que no se encuentra dentro de los
cánones mexicanos, pues se encuentra más cercano a los poetas
beatniks o a los nadaístas colombianos que a nuestros propios poetas
[...] Al mismo tiempo, diría que la estatura de las voces de los
poetas infrarrealistas es difícil de calibrar. Ellos mismos tienen
una actitud curiosa. Roberto Bolaño, que tenía hasta cierto
punto un temple autoritario respecto a la historiografía del infrarrealismo,
consideraba que el movimiento estaba hecho por él y por Mario Santiago
y murió el día que ellos decidieron que muriera. Es decir,
de acuerdo con la teoría de Bolaño, el infrarrealismo sirvió
para alimentar como tema su obra narrativa y mitologizar ese mundo con
Los detectives salvajes, que es una respuesta literaria soberbia
a este hecho hasta tal punto de conseguir que una época que quizás
no fuera tan valiosa trascendiera y engrandeciera gracias a este entramado
que le confiere el novelista [...] Si te fijas, incluso la idea fundamental
del detective salvaje es la idea del poeta sin obra. La idea del que investiga
la realidad por métodos ilegales y que hace de su vida una obra
de arte. La estética del detective salvaje se encuentra en la forma
en que vive. No en lo que escribe ni en lo que genera y, en este sentido,
los visceral-realistas serían más poetas de la vida que
poetas de la obra. Y ahí nos estaría diciendo Roberto Bolaño
lo siguiente: lo importante del infrarrealismo no fue el infrarrealismo
sino la forma en que vivió, que me permite a mí muchos años
después mitologizarlo desde la narrativa. Así, digamos,
es una apropiación crítica. Ahora, qué tan cierto
es esto y qué tan importante fue la obra de los infrarrealistas,
es algo que está todavía por conocerse.
| Fragmento
extraído de la entrevista a Juan Villoro titulada ‘La
ironía de la soledad’, realizada por Alejandro Hermosilla
Sánchez en el número 22 (Otoño 2008) de El
Coloquio de los Perros. |
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