EDUARDO GUZMÁN CHÁVEZ
Alejandro Hermosilla Sánchez
—AHS: ¿Y cuántos años tenías tú por aquel entonces? —EGC: 18. —AHS: ¿Y los conociste en San Luis de Potosí o en México? —EGC: Aquí. Yo soy nacido en el DF. —AHS: ¿Y cómo fue que los conociste? —EGC: A través de mi hermano, que fue quien labró toda esta vía amistosa con toda la banda. —AHS: ¿Y quién es tu hermano para aquellos que no lo conozcan? —EGC: Mi hermano es, por así decir, la inteligencia del grupo y se llama Mario Raúl Guzmán. —AHS: Pero él no llega a aparecer en Los detectives salvajes, ¿verdad? —EGC: Sí. Él no conoció a Bolaño. Nosotros conocimos a los infrarrealistas entre 1980 y 1982 y él ya había partido a Barcelona. Primero fue mi hermano quien cayó en sus redes y, más tarde, yo, que los conocí ya en 1983. —AHS: ¿Y qué fue lo que te atrapó? —EGC: Una manera diferente de pensar, de zapatear la vida, de respirar. De enfrentarse a la realidad. Una manera muy sugestiva de devorar la vida, teñida de romanticismo y cruda rebeldía que era, sumamente, comprensible para muchos outsiders o personas descontentas con el estado de cosas político y social en México. —AHS: ¿Y piensas que el infrarrealismo ha influenciado de alguna manera en la literatura mexicana, que le ha quitado un poco el tedio o apenas eso? —EGC:
Sí. Pero apenas se está comenzando a valorar lo que hizo
Mario Santiago. Él ha sido sistemáticamente ninguneado.
Y esto ha ocurrido no como algo azaroso o casual, sino que ha habido toda
una política destinada a omitirlo. Una voluntad de abrir la puerta
y sacarlo del ruedo de la literatura en la que él era un titán.
De todas maneras, falta ya poco para que pueda ser conocida la grandeza
de su obra. En estos momentos, se prepara una antología seleccionada
por mi hermano en la que a la vez que le realiza un homenaje rompe con
el mito. No se queda nada más que en alabanzas. Se puede acceder
al hombre y al poeta con toda su grandeza y sus defectos [...] En el futuro,
el infrarrealismo más que reconocido va a ser aprovechado comercialmente.
Bolaño muere, Mario Santiago muere y los cuervos vienen a ver qué
pueden aprovechar de sus cadáveres. Me da miedo y siento que no
se estudie al infrarrealismo con seriedad y que sea vilipendiado por aquellos
mismos que lo ignoraron para llenarse los bolsillos [...] En este sentido,
te diría que el infrarrealismo está convaleciente. Si has
podido observar el acto de hoy en que recitábamos acompañados
de un rapero, yo te diría que el rapero me gustó más
que nosotros. Su actuación sí que me parecía poesía
infrarrealista [...] Él estaba dentro de un marco poético
y escénico de rebeldía, de ritmo y energía. Todo
esto es infrarrealismo. Cuando iba a leer mis poemas, me daban ganas de
estirar la voz y darles a mis poemas una tonada cantada. Sé que
puede ser diferente y podría convertir mis poemas en lo que no
son, pero este era mi deseo. De todas maneras, los que se quedaron allí
tras la actuación del rapero, iban a oír estos poemas, iban
a empaparse del ritmo. Podían ser 20 o 50 pero por ellos merecía
la pena. Yo quería y tal vez lo intente en el futuro, hacer una
tonada cantada. Porque esta tonada quisiera que revelara y se fundiera
tanto con los ritmos raps como con las tonadas ancestrales, los cantos
poéticos de nuestro pasado. De hecho, lo que más intento
en mi poesía es que el canto no sea exterior a nuestra vida cotidiana.
Deseo que se funda en nuestro ser cotidiano, en nuestro pensamiento, en
nuestra palabra, sueños y actos. Esta es mi lucha. Nuestra lucha.
Que lo sintamos, lo cantemos. Que lo que escribamos y lo que seamos, lo
cantemos dentro de un círculo mítico y ancestral ritual.
Se trata de que el canto, la poesía, no sea exterior a nuestra
vida cotidiana sino que esté fundida en nuestro pensamiento, en
nuestra vida, en nuestros actos. Debemos desvestirnos de nuestra —AHS: Pues háblame de tus poemas, aunque no los hayas publicado. —EGC: Surgen de esta corriente cósmica que es el infrarrealismo y que va más allá del infrarrealismo que me nutrió, surgen de una experiencia de desgarramiento. Porque los poetas infrarrealistas nunca fueron poetas nihilistas ni de la debacle, fueron poetas de la intemperie que expresaron sus sentimientos con un rigor incontestable. Mi poesía se nutre de allí pero, en los últimos años, se alimenta de muchas fuentes y voces que me han ayudado a ampliar el término infrarrealista, agrandarlo y hacérmelo ver y sentir como ahora mismo lo entiendo. —AHS: ¿Como por ejemplo? —EGC: La poesía indígena mexicana es fundamental. Los indígenas actuales. Aquellos que bailan, que rezan, que siembran. Esta filosofía que une vida y poesía como un todo y se abre las carnes a la realidad, se desgarra por dentro y muestra sus entrañas sin pudor. Esa poesía es infrarreal también. Eso es auténtico infrarrealismo. Porque la poesía no puede estar divorciada de la vida. La poesía tiene que ser parte de uno mismo, de un intento por trascender tu ser y ser parte de un canto. No puede ser un adorno. Tiene que enraizar en la trascendencia de tu ser, tiene que ser un intento de trascender y ser. Ser parte de un canto inmemorial. No puede enclaustrarse en la torre de marfil sino en una trascendencia que nace en el momento en que el hombre se planta en la tierra con los pies en el suelo. —AHS: ¿Y alguien más? —EGC: José Revueltas. Orlando Guillén. Todas las lecturas que me han marcado de un modo u otro como, por ejemplo, Ulises Criollo de José Vasconcelos. —AHS: ¿Y cómo ves la literatura mexicana actualmente? ¿Cómo la percibes? —EGC:
Hay gente muy valiosa fuera de los circuitos que están creando
una literatura real, profunda e incluso te diría tremendista. Hay
una corriente poética que está viendo de otra manera la
vida y que intenta integrarse con el sentido de vida indígena.
Ya no se trata de chinga tu madre, como sucedía hace treinta años,
sino que se está originando una obra auténticamente creativa
y que protesta enraizándose en un círculo ancestral pero
se encuentra fuera de los circuitos. Sin embargo, realmente, los circuitos
oficiales son bien aburridos. Siempre los mismos nombres y siempre la
misma pomposidad, la misma necesidad de versificar estérilmente,
de realizar una poesía erudita, estéril y que no dice nada
acerca de la realidad ni del mundo que vivimos. Que no ayuda a conocernos
mejor ni a vivir más [...] En fin, —AHS: Pasando ahora a ti, Peguero, ¿tú concuerdas con lo que dice Eduardo Guzmán sobre el infrarrealismo? —JOSÉ PEGUERO: Me parece respetable e interesante su postura, pero no la comparto. Si quieres que te sea sincero, te contestaría que, para mí, el infrarrealismo se va a morir cuando se muera el último infrarrealista. No hay otra [...] En algún momento de su vida, Bolaño también mantuvo lo mismo, pero lo cierto es que aunque Roberto fue afín al infrarrealismo, no era un personaje idóneo ni para declarar su nacimiento ni su muerte [...] Además, se sigue incorporando gente y lo que hace falta para unirse a nuestro grupo no es más que venir aquí, juntarse y empezar a actuar, a escribir. No hay más reglas. Es un modo de vivir [...] Fíjate. Roberto se fue en el 77 de México y en ese año se incorporaron al infrarrealismo por lo menos diez poetas más. No todo tiene que ver con Roberto. A Roberto se le sentía como parte del movimiento y ahí está su obra pero no era, ni de lejos, el escritor definitivo o que llevase la voz cantante en el grupo. —AHS: Pero, ¿te gusta Los detectives salvajes? —JP: Sí. Es una buena novela. Te diría que es una manera literaria de ver esta realidad, todo este trasfondo y mundo literario pero, de todas maneras, el detalle, la verdad de este mundo está aquí, delante tuya. No cabe duda de que Roberto es un gran, gran escritor, aun siendo muy idealista y estando muy literaturizada esta realidad que puedes observar en el libro. Hay una historia en el libro de Herralde en el que cuenta que Bolaño se fue yendo de aquí porque había robado un supermercado. Esto no es así, pero era la manera en que él lo veía y lo contaba perfecto, lo contaba muy bien. Lo que él hace en Los detectives salvajes es una idealización de esta realidad y este mundo, pero faltan todos los detalles reales que vivimos. Su declaración de vida y muerte del infrarrealismo, por ejemplo, no dejaba de ser una copia de lo que hiciera André Breton. Breton desapareció y todo el mundo lo citaba, lo copiaba y lo volvía a citar y a Bolaño le gustaba mucho ese juego, esa figura, pero no dejaba de ser un juego. Un juego romántico idealizado y el que se lo tome en serio, debería estar una semana en prisión, es un tonto incapaz de reconocer cómo se origina un movimiento. Los movimientos son continuos y no son algo nuevo y que no haya existido nunca. Nosotros nos reconocemos en los estridentistas, en los beatniks, en los surrealistas. Yo no puedo hablar de las corrientes europeas, pero sí te digo que acá en México venimos todos de movimientos como Hora Zero, El techo de la ballena, los nadaístas... [...] Las vanguardias de las que habla Roberto son ellas. Esa es nuestra mayor apuesta. Esto es lo bueno de estos movimientos. Que se pueden incorporar de las más diversas culturas e ideas. Con uno que aparezca cada tanto, no se muere el infrarrealismo. —AHS: Y en este momento, tú te encuentras realizando un documental sobre la vida de los infrarrealistas, ¿no? ¿Cómo lo estás enfocando? —JP: Es algo muy difícil de explicar. La manera en cómo nos juntamos, cómo se discute. Esto es algo que alguien que está fuera del grupo no puede captar. Parece magia y, en realidad, es magia. Sin embargo, alguien que se junta con los infras pasajeramente lo más que puede obtener es un anecdotario superficial de los mismos. Esto mismo que tú haces ahora. Y eso no es el infrarrealismo. —AHS: ¿Y qué sería para ti?
—AHS: ¿Y tú, Óscar, estás de acuerdo? —ÓSCAR ALTAMIRANO: Yo opinaría un poco distinto a él aunque, realmente, sí que creo que nos vincula un sentimiento de amor y confraternidad. En realidad, se ha hablado mucho de que el infrarrealismo es una lucha contra el poder establecido en México, pero no creo que la mayor apuesta sea esa actitud ante el poder. —JP: Sí. Exactamente. —OA: Esto es una estrategia en el camino, un medio de lucha. Porque la mayor apuesta es poética y tiene que ver con el contenido, con lo que decimos y cómo lo hacemos. Esto marca una diferencia con la poesía que se escribe en México en los 60, 70 en los suplementos. Es este contenido lo que viene a desencadenar una cerrazón en los medios [...] Yo supongo que si nos hubieran seguido los medios y se nos hubieran abierto, esto hubiera estado muy bien. Pero nos cerraron. Estaban sucediendo cosas que, aunque no se repitieran, los iba a ridiculizar, los iba a poner en evidencia. Por todo esto, la negación fue sistemática por parte de ellos, del poder. Orlando Guillén, por ejemplo, poeta mayor de una generación anterior, cuenta que hace cinco años trabajaba en La Jornada y ahí sobrevivía con este poco dinero que le pagaban y Carlos Monsiváis ordenó que lo corrieran de ahí. Y, sin embargo, Monsiváis es supuestamente un iconoclasta. Son tipos como él los que dan la cara de la supuesta iconoclastia amaestrada mexicana. Son ellos los que publican en los espacios públicos y, por tanto, quienes manejan el poder. —JP: De hecho, Monsiváis tiene una plaza de investigador y ni va a la misma aunque cobra un gran sueldo por ello. En fin, nosotros estorbábamos dentro de los presupuestos culturales del Estado de México. Y creo que esto sucede aquí como sucede en todas partes [...] Por ejemplo, en España estoy seguro de que sucede lo mismo aunque ni siquiera se lo hayan cuestionado. Seguro que hay una gran parte de escritores que son los consentidos por la cultura oficial y que cobran grandes sueldos sin dejar paso o incluso vedando a autores que no comparten sus ideas éticas, estéticas o políticas [...] Hay otra manera de mantener ese estado de cosas. Por ejemplo, Jorge Pimentel trató de levantar el movimiento Hora Zero en España en los años setenta y lo consiguió. Había gente que estaba muy descontento con el estado de cosas cultural en tu país. Sin embargo, los demás compañeros suyos del Perú no le dieron permiso y tuvo que volverse, supuestamente, fracasado [...] Roberto mismo intentó levantar el movimiento infrarrealista en Europa, pero perdió. Montó su primera revista, que era muy buena, y no pudo hacerla fructificar. —AHS: Fijaos. Creo que hay un matiz que es importante. En España todos los movimientos vanguardistas ya nacen a partir de la concepción del concepto de muerte. Sabemos o pensamos que la vanguardia está muerta y no tiene sentido ningún tipo de lucha frontal o directa. En este sentido, las luchas son más indirectas, más tangenciales y, precisamente, lo que llamó mucho la atención fue la visceralidad del infrarrealismo, lo en serio que se tomaba a sí mismo y su presencia salvaje sobre la realidad. Esto sorprende y gusta mucho en una Europa volcada sobre su propio cinismo, en mi opinión, y su dificultad para desenvolverse equilibradamente dando salida a opciones libérrimamente creativas. Precisamente, el infrarrealismo en Europa podría considerarse como algo ridículo, pero visto como un movimiento venido de México sonaba muy atractivo. —JP: Es una cuestión que tiene que ver con la manera en que el estado y el poder ejercen el control sobre los intelectuales. Una forma que en México es mucho más visceral pero que, seguramente, en Europa es mucho más sutil [...] Nuestra propuesta sigue siendo vigente. Nuestra estética es la revolución y nuestra ética es la vida y esto sigue vigente. Todos tenemos una historia muy peculiar, muy particular. Por eso te digo que esto va a continuar.
—JP: Es un espejismo bien cabrón el que sufren ustedes por aquellos pagos. La manera en que el hombre se aísla en una sociedad confortable. Creo que hay que vivir en lugares más fuertes, más rudos. Eduardo Guzmán, por ejemplo, vive en el desierto. —OA: En fin, todo lo que te dije, todo lo que te he dicho y todo lo que se especula, no son más que conjeturas intelectualistas. Cada quién tira el agua para su molino. Todo este tipo de opiniones que se vierten sobre nuestro movimiento, muchas veces, son meras especulaciones y se encuentran vertidas por mucha gente —según lo que he leído— que se encuentran al margen del mismo, aunque sí que se atreve a dar una visión y un punto de vista de nosotros. Esto es intelectualismo vacío porque, en realidad, no saben absolutamente nada. Por ejemplo, alguien dijo con manifiesta sorpresa que no encuentra nada semejante en todos nosotros y que cómo es posible que nos llamemos movimiento pues no tenemos nada en común. Y bueno, nosotros nunca nos hemos ponderado como una escuelita con determinadas formas. No. Esta no es una característica nuestra, precisamente. En realidad, lo que nos ha unido es azaroso, casi mágico y es una actitud y una forma de ver la vida, de escribir. Todos tenemos historias muy distintas y no nos consideramos como algo único. Desde luego, no somos una escuelita de poesía ni nada por el estilo. En realidad, hasta me da pereza de ocuparnos en contraindicarnos o en contradecir. Que digan lo que quieran. No pasa nada. No vamos a cambiar. No vamos a dejar de ser. —AHS: ¿Y tú, Óscar, cuándo ingresaste en el movimiento? —OA: Mi hermano Edgar Altamirano llegó bastante antes que yo. Él fue uno de los primeros poetas infrarrealistas. Yo llegué un poco después. A principios de los 80. —AHS: Y te sentiste inmediatamente bien recibido, ¿no? —OA: En realidad, lo que nos une por encima de la poesía es la amistad. Todos somos muy amigos y contactamos por unas circunstancias muy especiales. —AHS: ¿Y a ti te gustó la novela de Bolaño? —OA: Sí. Me gustó mucho, aunque yo no llegué a conocerlo. Fui uno de los que cuando entré al movimiento, no pude conocerlo porque él ya se había ido a Barcelona [...] Pero siguiendo con lo que te quería apuntar, te diría que cada uno de nosotros tiene sus propias circunstancias de vida. Y fíjate que por estas circunstancias, yo tuve la fortuna —y esta es la forma en que podría decirlo— de militar en una organización guerrillera en México en los años 70. Más o menos por la época en que Lucio Cabañas estaba eclosionando. Sobre esto, quiero escribir mi nueva obra. —AHS: Sí. Ramón Méndez Estrada habla muy bien de este libro. —OA: Realmente, he estado con un interés natural por escribir sobre esa etapa. —AHS: ¿Y cómo llegaste a ella? —OA: Realmente, es muy difícil de contar en tan corto espacio de tiempo, pues es una etapa muy intensa de mi vida, pero lo que sí te puedo decir es que mi actitud poética y guerrillera es la misma. Va mucho más allá de la irreverencia y la crítica. La actitud en otro ámbito de la vida, es la lucha, el enfrentamiento contra la opresión. —JP: Sí. Recuerdas un personaje como Fonollosa, al que le dedicó Albert Plá sus poemas. Pues son personajes que están al margen, sin posibilidad de encontrar algún puesto o posición en el medio literario. Debe haber un montón. Hay un montón, pero no están cohesionados. No han encontrado como grupo la manera de encontrarse. Y nosotros ahí estamos. Nos sentimos afines a ellos. —AHS: Y siguiendo contigo, Óscar, creo que llegaste a vivir en la cárcel, ¿no es cierto? —OA: Sí. Yo viví tres años en la selva y tres años en la cárcel.
—OA: No. Ya la habían clausurado. Si no, sí hubiera ido. Fue en un lugar peor que ese. En el campo militar número 1, donde estuve tres meses y me calificaron como desaparecido. Y bueno, fue gracias al movimiento y apoyo de mucha gente por lo que pudimos salir de allí. —JP: Mira. Si quieres comprender mejor el infrarrealismo, te contaré una anécdota. Hay un periodista alemán que me encanta que se llama Günter Wallraff y escribió un libro llamado Cabeza de turco. En él cuenta cómo se decidió a disfrazarse de turco y vivir en Alemania. Cuenta cosas extraordinarias y muestra con claridad la sociedad en que se vive. Es el espejo negro que le cuesta mucho trabajo a la gente aceptar en otras sociedades. Sin embargo, nosotros mismos podemos hacer esa experiencia aquí. La sufrimos y la vivimos todo el tiempo. Es nuestra condición. —AHS: Ponme ejemplos sobre esto. —JP: La disposición de no participar gratuitamente en acciones donde el poder esté por medio tanto en el medio cultural como político. Nosotros cuestionamos la realidad que vivimos tanto en el ámbito cultural, político o periodístico. Ramón, Óscar, etc, se han salido de los márgenes propuestos de la sociedad no sólo por sus ideas sino también por los límites en donde viven. Por ejemplo, puedes ver a Eduardo viviendo en el desierto y realizando una lucha encabronada o a Edgar incrustado dentro de la marginalidad en Chilpancingo o a Ramón en Michoacán. Y, claro, están los otros, como Piel Divina, que se encuentra en París y que aunque no haya escrito prácticamente nada es una persona fundamental para comprender el infrarrealismo. O, por ejemplo, Rubén Medina, que aunque vive en Estados Unidos y es parte de los maestros de élite de allí, de todos modos, sigue, a su manera, con esta lucha y actitud. —OA: Por cierto, volviendo al tema de Europa, te diría que me parece que hay una importante conciencia ecológica en este continente, pero se me hace a la vez que hay mucha deshumanización. Por ejemplo, los viejos inmigrantes rechazan a los nuevos inmigrantes. No sé, para los europeos, preocuparse del mundo es donar a una cuenta del banco un dinero, pero no hay una preocupación por estar enterados de lo que pasa, por realizar una acción efectiva en la vida real, por saber qué le pasa a tu hermano o qué o cómo se sufre en tal lugar. Esa es una diferencia entre lo que sería una sociedad desarrollada y las relativas ventajas que tenemos en sociedades muy deficientes y controladas pero que, a su vez, gracias a esas deficiencias pueden incrustarse por los agujeros que el poder del control nos deja y todo esto ha hecho de alguna manera posible la existencia del infrarrealismo. —AHS: Como una necesidad de dinamitar la realidad. —OA: Sí. Pero fíjate que hasta en eso somos gente muy distinta. Cada uno tiene sus propias ideas y circunstancias. En lo único que creo que coincidimos es en el hecho de que la naturaleza puede o no ser sabia, pero es algo inminente, algo que se impone al ser humano y que está muy por encima de toda la tecnología. Hay una página web que creó y mantiene Edgar Altamirano en donde puedes hacerte una muy buena idea de todo esto. —AHS: ¿Y todos coincidís en que José Revueltas es vuestro autor favorito? —JP: Sin duda. Debes leer Los errores y Los días terrenales. Son formidables. —AHS: Él sería un poco como el padre intocable del infrarrelismo ¿no? —JP: En cierta manera, podría ser. Revueltas es un escritor sensacional. —OA: Sin duda. —EGC: Es que cada una de sus frases, cada uno de sus textos está escrito con sangre, como decía Nietzsche. A lo mejor no va a ser famoso en Europa, pero no importa. —JP: No, nunca, ni lo han traducido. —OA: Octavio Paz lo prologó en una edición en España, pero no ha tenido la importancia que tiene para nosotros, que es una voz imprescindible. —AHS: ¿Y algún otro escritor más? —OA: Efraín Huerta. —JP: Él es la voz moderna de México. Además, te citaría dentro de los periodistas mexicanos a Mario Gil, que es una voz a la que han pirateado mucho y que tiene unos trabajos realmente excepcionales. Para más señas, te diría que fue esposo de Benita Galeana.
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