RAÚL SILVA
Alejandro Hermosilla Sánchez
—RAÚL SILVA: Bueno, ahora mismo, me encargo de la revista Nomedites. En realidad, me he dedicado al periodismo desde hace mucho tiempo. Estudié Filosofía y Letras en la UNAM. He colaborado en revistas y periódicos realizando entrevistas, reseñas, crónicas, etc. Gran parte de mi trabajo está referido al periodismo político, social y cultural. En 2001 recibí el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, con un reportaje sobre Mario Santiago Papasquiaro, que se llamó En el zaguán de las nubes, como un poema célebre de Mario Santiago. Ese fue el germen del número especial de Nomedites, el 8, dedicado al infrarrealismo [...] Viví en California desde el 86 hasta el 94, trabajando de todo: haciendo periodismo de radio, limpiando casas, como jardinero, proyectando películas en un cine chino, de obrero [...] Cuando regresé a México me dediqué a seguir haciendo reportajes de radio, cada vez más culturales y siempre buscando una expresión literaria. Las posibilidades de la literatura son demasiado amplias y pueden abarcar muchos más territorios que aquellos de los que, habitualmente, se ocupa [...] Por ejemplo, a mí me parece que hacer una versión en radio de un cuento es un lugar común que no le agrega expresión o intensidad al hecho de la lectura. Un cuento tiene su lugar en la lectura, cuando fue escrito para ser leído. A mí me atrae mucho la idea de escribir expresamente para la radio. Escribir al instante, de ser posible, valiéndose de las posibilidades que te da el sonido. Me interesa mucho construir historias para este medio. De hecho, siempre he procurado que los reportajes que hago sean pequeños cuentos, poemas, novelas. —AHS: ¿Llegaste a conocer a Mario Santiago? —RS: Sí. Lo conocí en 1982, en la Ciudad de México, a través de Ricardo Castillo, uno de los poetas esenciales de la literatura contemporánea de México. Nunca fuimos amigos, pero sí nos vimos varias veces entre 1982 y 1997. —AHS: Y antes de comenzar con el infrarrealismo, ¿me puedes decir cuáles son los libros que más te marcaron? —RS: Por no sé qué deformación, siempre me ha interesado mucho la literatura hispanoamericana. Uno de los primeros libros que leí fue Cien años de soledad. García Márquez me atraía. También Cortázar, Vargas Llosa, Virgilio Piñera o Reinaldo Arenas. Pienso que Cabrera Infante es uno de los más agudos escritores de nuestra literatura y tiene una capacidad insólita para usar el lenguaje y construir con él una auténtica fiesta sonora intensa. Me atraía mucho la realidad que describían todos estos autores. Luego, conocer a Kafka y a Henry Miller fue percibir las posibilidades del absurdo y la deshinibición [...] Es curioso pero mi atracción por estos autores no ha degenerado en un amor o un conocimiento intenso de los autores clásicos. Fíjate que en García Márquez puedes observar muchas cosas de Sófocles y, sin embargo, yo he buceado muy poco en esa literatura [...] Lo poco que he decidido conocer de Cervantes o Quevedo también me ha ofrecido una visión muy profunda de lo que se puede conseguir gracias a la creación literaria. Quevedo me parece un hombre de todas las épocas. Cuando uno descubre sus obras satíricas y lo observa avasallando a sus enemigos se queda fascinado porque en una sola de sus palabras se condensa toda una literatura. Me encantan autores como Quevedo y recuerdo que fue leyendo El buscón que comprendí que la literatura era todo aquello que nos pasaba y no esa especie de rito oficial en el que tantas veces se ha convertido el hecho literario [...] Cuando escucho a gente hablando de la literatura y de sus obras con términos como el ser y la conciencia objetual de esta prosa y todos estos términos, realmente, no me siento nada bien. Por ello, yo siempre intento escribir de literatura de manera lúdica, intento que mis escritos sean como las conversaciones que tienes con un amigo. No niego que el lenguaje crítico tenga su valor pero, realmente, está restringido a un campo, a su propio campo —en muchos casos, el universitario— como lo está el lenguaje médico. —RS: No me imaginaba que era lo que ahora sé que es, pero esto es una especie de deformación que suele suceder con todos aquellos seres que se rebasan a sí mismos. Me llamaba mucho la atención su capacidad de ira, de estar ensayando constantemente con él mismo. Pero la ira de Mario no era desproporcionada sino que respondía a una reacción natural ante un mundo donde la degradación se ha convertido en insana costumbre. Lo veía como un ser extremo en eterna confrontación con la realidad y consigo mismo. Lo veo igual ahora en la distancia. Únicamente que ahora conozco lo que era capaz de hacer ese ser y que básicamente se condensa en su poesía. Mario era difícil. Como esos maestros orientales que te exigen para poder entrar en su círculo una serie de pruebas y te llevan a extremos. Seres realmente difíciles de tratar pero a los que una vez has demostrado que puedes llegar más allá del combate, te ofrecen grandes satisfacciones. Mario poseía una faceta muy virulenta y otra de gran nobleza. Vivía en un mundo suyo, totalmente propio, que no se parecía al mundo de nadie. No tenía problemas en llamarte a las 3 de la tarde o las 3 de la madrugada. No lo guiaba el reloj, el tiempo, sino el instinto de comunicarse [...] La última vez que lo vi fue en el Palacio de Bellas Artes. Creo que fue en el 96 o el 97. Fue la vez que los zapatistas hicieron una caravana a la ciudad de México. Yo me encontraba con un poeta formidable y poco conocido, Jaime Reyes, que también había venido a apoyar la marcha y, de repente, apareció Mario. Fue el encuentro de dos magos y, como tales, muy pronto comenzaron a hilvanar conjuros y adivinaciones. Jaime preguntó «¿Cómo estás?», y Mario le respondió «Aquí, pisando la misma tierra que tú» y se puso a hablar de una poeta que se había perdido en el norte de México. Una historia que aparece en Los detectives salvajes. Ulises Lima y Arturo Belano van al norte de México a buscar a Cesárea Tinajero [...] Un año antes me había encontrado a Mario en el Zócalo. Me ofreció su libro, Aullido de cisne. Yo no tenía suficiente dinero, apenas 70 pesos, pero él me dijo que con esto era suficiente. —AHS: ¿Qué te pareció? —RS: Una pequeña muestra de su gran capacidad poética. Aullido de cisne es una caverna profunda que huele a milenios. A principios del próximo año, el Fondo de Cultura Económica va a publicar una muestra de su obra. El libro se publicará primero en España, lo cual no deja de tener su sesgo irónico. Pero, bueno, también fue desde España, a través de Los detectives salvajes, como empezó a circular en el mundo la leyenda de Mario Santiago, a través de su alter ego Ulises Lima. —AHS: Bueno —independientemente de la censura que se hizo y se sigue haciendo sobre el infrarrealismo— lo cierto es que en España todo lo relacionado con Bolaño, ahora mismo, está en ebullición total. —RS: Sí. Fíjate que en USA acaban de publicar Los detectives salvajes y se ha convertido en una especie de boom. Ha recibido todo tipo de elogios. Hay un analista norteamericano que dice que cada cierto tiempo en su país por cuestiones de marketing lanzan al autor, al que todos deben leer. Normalmente, es un autor norteamericano, pero está vez voltearon al sur, quizá porque Bolaño recibió el aprecio de autoras como Susan Sontag. —AHS: Y siguiendo con el infrarrealismo, háblame un poco más de él. —AHS: ¿Cómo montaste el número? —RS: El origen fue el reportaje de 2001. En principio, íbamos a hacer un número integro dedicado a Mario Santiago que, de todas maneras, no está del todo descartado, pues tenemos mucho material que da para hacer un número especial. Reunir el material y seleccionarlo, mantener contacto con los autores, rastrear publicaciones y demás lo hicimos Rebeca López (quien fue compañera de Mario Santiago) y yo. La construcción del interactivo la hizo Edgar Hoy y la edición de las portadas, el cuadernillo y el centro del disco compacto fue creación de Israel Miranda. Trabajar con Rebeca López fue una manera de viajar livianos. Los riesgos potenciales se fueron disolviendo. Ella tiene una gran cercanía con la mayoría de los poetas infrarrealistas y fue como una especie de imán que los atrajo a todos para colaborar con nosotros. En general, hubo una actitud muy desprendida para ofrecer el material que compone el número y concedernos los testimonios. Todos se dieron cuenta de la dimensión del proyecto. Por cierto, el número infrarrealista también contiene una sección dedicada al movimiento Hora Zero, de Perú. Este movimiento surgió en 1970 y tiene muchos puntos de contacto con los infrarrealistas. De hecho, existió una comunicación directa de Mario Santiago con uno de los grandes poetas horazerianos, Juan Ramírez Ruíz que, ahora, si quieres, te puedo matizar. —AHS: Sí, pero antes de nada, me interesa saber la opinión que tienes sobre el movimiento. ¿Has escrito algo sobre el mismo o piensas hacerlo? —RS:
En alguna ocasión he publicado algo sobre el infrarrealismo. Por
ejemplo, en España, en la revista Zona de Obras, salió
un artículo mío dedicado al movimiento. Yo te diría
que creo que el infrarrealismo ha estado antes incluso que el propio hecho
infra. Realmente, me gustaría hacer una crónica del infrarrealismo
a partir de todos los materiales y entrevistas que he ido recogiendo que,
en realidad, sólo serían un punto de partida. Lo esencial
de ellos está en su poesía. La mayor parte se ha publicado
en pequeñas editoriales, pero no hay suficiente material para hacerse
una idea completa del mismo. Yo creo que hay todavía muchas historias
que conocer. Hay muchos puntos oscuros en el mito infra y me gustaría
dar mi propia visión. Creo también que en los infras hay
mucho de mito y otra parte —AHS: Háblame ahora, si quieres, de los poetas que te parecen esenciales y que están todavía vivos. —RS: Me gusta mucho y me seduce la escritura poética de Edgar Altamirano. Edgar me parece que tiene también una buena dosis de visiones poéticas que reflejan de una manera muy inocente, en ocasiones, y en otras diabólicas, ciertas partes de la realidad. Lo de Edgar es como un caudal. Su obra es tan caudalosa como original. Realmente, puedes extraer varios libros de poemas muy buenos de toda su obra. Ha escrito diez y podría decir que tres de ellos son formidables, lo cual, si te fijas, es mucho. Me recuerda mucho a Roberto Arlt, que podía carecer de habilidades para ordenar su prosa, pero poseía una enorme capacidad de invención y sensibilidad. Un corrector de estilo siempre está a la mano. Todo lo contrario que un creador de sentimientos [...] Me gusta mucho también Ramón Méndez. Tiene la intensidad y la sensibilidad infra suficiente para expresar toda una realidad. Creo que es uno de los poetas importantes del infrarrealismo [...] Otro de ellos es Pedro Damián. No es del primer grupo, pero me parece que tiene una categoría y una solidez estética absolutamente infra, tal y como si estuviera desde el principio en el grupo. La verdad es que la historia del infrarrrealismo está llena de anécdotas, testamentos, fundaciones y clausuras. Hace poco, cuando presentamos Nomedites en Oaxaca, en un acto poético Pedro Damián dijo: «Bueno, muchacho, ya estuvo suave con este jueguito. No podemos ser los ancianos que se digan infras. Ni los jóvenes. Esto se acabó. Hay que matar al infrarrealismo de una vez». —AHS: Háblame un poco del material en el que basarías, si finalmente la emprendes, tu crónica infrarreal. —RS: Hay mucho. Mira, por ejemplo, a dos cuadras del café en el que estamos [Nos encontramos en Cuernavaca] vive Victoria Soto, que fue una mujer que conoció a Bolaño en los 70 y a la que le pasaba sus escritos y con la que tenía una relación muy afectuosa. Imagina todas las anécdotas que posee de él [...] Bolaño llegó a México a finales del 69, lo que es, realmente, decisivo dado la importancia del movimiento estudiantil de aquella época. Más tarde, en el 73 se fue a Chile ilusionado por el cambio socialista por Allende, pero luego llegó Pinochet y volvió aquí. Soto me contaba cosas de aquella época cuando Bolaño estuvo en Chile. Decía que era muy escatológico. Que hablaba sin ningún pudor de sus pedos. Me contaba todo tipo de historias. Hay realmente todo un mundo nutrido de personajes alrededor de Bolaño y, no digamos, de los diferentes poetas infrarreales. Es muy difícil empezar a hacer este libro. Porque cuando crees que has llegado a un sitio, compruebas que, de repente, aparece otro dato o personaje y que debes volver al punto de partida. Es muy peligroso pensar que tienes totalmente cercado el terreno del infrarrealismo porque no es así. Cuando más crees que lo tienes atrapado, de repente, el agujero se vuelve mayor, pero esto es lo que, a la vez, lo hace tan sugerente e interesante. El no poder cerrar todos los flecos. Como si se realizara una crónica de lo imprevisto. —AHS: Y, retomando el tema de Hora Zero, ¿qué me podrías decir de los contactos del infrarrealismo con otros movimientos de vanguardia en Hispanoamérica? —RS:
Es curioso, porque se produjo una situación bien peculiar. Había
distintos grupos que, en realidad, operaban dentro de coordenadas poéticas,
políticas y sociales de vanguardia muy afines y que vivían
en distintos países y no se conocían. Es verdaderamente
bonito relatar cómo se contactaron los infras y los poetas peruanos
integrantes de Hora Zero. Les enviaron cartas y ten en cuenta que, en
aquella época, sin mails e internet y sin apenas difusión,
estas cartas eran auténticas botellas al mar, pero sí, contactaron.
Allí hablaban de sus inquietudes y, desde luego, del asombro de
que en dos sitios diferentes se integrasen con tanta exactitud dos estéticas
que no se conocían. Como te dije, los integrantes de estos grupos
no se veían solamente como movimientos poéticos sino que
también había una conexión político-social
respecto a un movimiento que se estaba dando en toda Hispanoamérica
al mismo tiempo. Por ejemplo, Cuauhtémoc Méndez, el hermano
de Ramón, fue activista poético y en un momento, abandonó
la literatura, para dedicarse al activismo político. Sucede que
en el 74, independientemente de estar en países distintos, había
una conciencia y una realidad social muy diferente [...] Hay una anécdota
muy curiosa porque en París Mario Santiago se encontró al
director de Hora Zero, Juan Ramírez Ruiz, como por azar y, de hecho,
hasta lanzaron una proclama poética, política y social a
la que el que, por aquel entonces, era el intendente de la ciudad parisina
y, más tarde, presidente del país francés, François
Miterrand, intentó prohibir. A veces, uno puede detectar muchas
de estas historias y anécdotas en Los detectives salvajes,
pero, si te digo la verdad, finalmente, me he dedicado a disfrutar el
libro y olvidarme de —AHS: Seguro que sabes anécdotas sobre la literaturización de muchos infras en la obra de Bolaño. Cuéntame alguna. —RS: Sí, por ejemplo, Carmen Ollé, la ex esposa de Enrique Verástegui, me comentó que le había enojado mucho la versión que Bolaño hacía de su marido en la novela. Al parecer, hay una parte de la obra en que Bolaño se refiere a una especie de poeta loco al que su esposa abandonó y Ollé se indignó, se lo recriminó a Bolaño y éste le dijo: «Ay, Carmen, si ni yo releo mis libros. ¿Qué quieres que te diga?». La verdad es que yo creo que ambos tienen razón: tanto el novelista como los seres de carne y hueso en los que él se basó para escribir la novela. Ellos también tienen razón, pero estas objeciones terminan y comienzan en ellos mismos, no puede ser lo suyo una expresión literaria. Es lógico. Tienen una implicación personal con el autor al que pueden reclamarle a viva voz por qué hizo con ellos lo que hizo en sus libros, pero esto no significa que puedan inmiscuirse en la obra, porque la literatura va por otro camino y no tiene la culpa de lo que haya sucedido antes o después en la realidad. Lo que hizo Bolaño fue convocar a sus fantasmas y creo que, desde luego, tiene derecho a hacer lo que quiera con sus fantasmas. Aunque, claro, los fantasmas tienen también derecho a hablar. Por esto, me parece muy pobre que críticos literarios como Heriberto Yépez intenten rastrear en Los detectives salvajes una realidad que es campo fértil para ser investigada. Los infras allí están, sus publicaciones allí están. La novela es un mundo propio que puede provocar la curiosidad, pero de ninguna manera es una biografía del infrarrealismo [...] También me da risa cuando se dice que la obra de Bolaño está muy mediatizada por el marketing. Todo hoy en día, de una manera u otra, está tocado por el marketing y no creo que Bolaño sea culpable de todo lo que se ha generado a partir de sus libros y su muerte. Bolaño únicamente es responsable de lo que expresa su obra. Lo esencial no es el marketing sino la creación. —AHS: ¿Y te gusta Bolaño? —RS: Me parece que es un escritor que sabe adoptar distintos registros con gran maestría hasta el punto de llegar a conseguir adaptarse a distintas maneras de hacer literatura sin que la calidad se rebaje en ningún momento. Es capaz de ser satírico como en La literatura nazi en América hasta de escribir cuentos realmente conseguidos como los de Llamadas telefónicas o Putas asesinas y poemas realmente notables. —AHS: ¿Y 2666? —RS: Me cuesta mucho leerla. Me parece lo menos inspirado de él pero, desde luego, lo digo con cierta reserva. Me parece que es una novela para escritores, a diferencia de Los detectives salvajes. De todas maneras, una de sus partes, la de las mujeres asesinadas de Juárez, está tomada de la realidad. Bolaño saqueó la realidad y esto te da una idea de por qué me resultan estériles las manifestaciones de enojo con Bolaño por realizar sus particulares lecturas literarias de la realidad porque, por la misma razón, las asociaciones de derechos humanos o de defensa de las mujeres podrían actuar con este libro, lo que resultaría, realmente, ridículo. —AHS: ¿Tuviste comunicación con él? —RS: Una vez le escribí un mensaje por internet y le pedí permiso para publicar un fragmento de uno de sus poemas en una página que teníamos en La Jornada–Morelos. Como él era muy viceral, muy real-visceral y, realmente, imprevisible, me respondió «Estimado Silva. Ningún poema merece ser recortado. Los poemas son obras indivisibles». Yo quería publicarlo así porque no teníamos espacio suficiente para publicarlo todo. Aunque tenía cierta razón, me pareció una actitud muy quisquillosa y le contesté algo así como «Estimado Roberto, creo que es preferible que sigamos conociéndonos a través de tus novelas». —RS: Sí. Mira. Sin ir más lejos, el otro día vi en Youtube una entrevista con Carmen Boullosa. Ella estuvo cerca de ellos a pesar de su extracción social. Lo cierto es que a pesar de la crudeza del infra, nada más lejano que pensar que sus componentes eran vagabundos. La mayoría de ellos venía de familias de clase media pero, por ejemplo, en el caso de Mario Santiago sus vivencias se fueron haciendo más extremas. Al final de su vida, vivía y era de la calle. Pues bien, en esta entrevista, le preguntan a Carmen por los infras y dice con mucha soltura que como ellos intentaban boicotear sus fiestas así como los recitales de Paz y otros poetas, ella los concebía como muy maleducados y que, como revancha, ellos boicotearon toda oportunidad de que publicaran en donde ellos publicaban. En fin, ¡qué buena educación la de estos poetas exquisitos!
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