EDUARDO GUZMÁN
CHÁVEZ
(México, 1963)
una serpiente nerviosa vertebral.
un órgano tribal del enunciado oración humanidad. allí
se generan, como en el hígado, los glóbulos rojos de conciencia
que bombeará el corazón de la tierra hacia todos sus órganos
civilizatorios sin importar si truhán o enarbolados en la materialidad
del egoísmo. el simbolismo del ritual es la flor. sombrero como
corola, plumas de guajolote como pétalos, cabeza como pistilo sensual
y reproductor de la conciencia de la vida, trajes de manta firmados con
el verso libre de la naturaleza del poder águila real, naturaleza
venado, colibrís, palomas, corazones, grecas con el símbolo
del tejido universal del todo enlazado por obra y gracia de una sola dios,
y, por último, los pasos de la peregrinación: cada pisada
de la caminata como sílaba oración verso libre. como palabra
de poesía pura que invoca agradeciendo el favor de los antepasados
bien presentes en la larga lista de dones recibidos gracias a los cuales
se mantiene la vida. que nos preguntan cuál es la crencia de los huicholitos, que para qué nos sirve a nosotros tecnologizados varios kilómetros adentro de nuestros antiguos bosques. ya que dejaron entreabiertas algunas rendijas y entramos entrometidos por la sed por el vacío o por la soberbia ingenuidad, pues entramos y vimos al tolteca, al teotihuacano, al nahua. el códice antiguo desdoblándose en tercera dimensional a colores y con cábula mezclada de bilingüe huichol español mexicano. guardaron el secreto hasta nuestros días pero no en el banco blindado, ni debajo de la almohada o en la caverna. su secreto como símbolo de vida (siguiendo la nece(si)dad teórica de la maestría de mi carnal javier) es una semilla que es a la vez la madre, los huesos, la sangre, el espíritu de un pacto de economía con la naturaleza para sobrevivir y cantar la gracia felicidad por habitar el legado de los antepasados. la semilla es el maíz, la calabaza el frijol, el amaranto. germinadas y creciendo como plantas se convierten en el bordado huipil con que se engalana la madre naturaleza yurianaka quien devuelve multiplicados los frutos, los pasaportes para peregrinar en el presente eterno las rutas antiguas del río de la luz. campesinos, sembradores, recolectores y cazadores. Vistos desde la separatividad astringente de la ciencia ellos son un tesoro antropológico susceptible de entenderse estudiarse para publicar los closops que nuestra audacia nos permita captar. Desde ese punto de vista apúrenle amigos buscadores de misterios porque la práctica del poder establecido apunta a la desaparición de esa cosmovisión tan rica y necesaria en estos tiempos. Otros creemos que son ellos semilla antigua. son el maíz que se salvó con el código genético de los pueblos prehispánicos, son el venado de libertad que habitó sierras y barrancas por muchos siglos inexpugnables para el interés del progreso, son la armonía de una canción primigenia en una lengua rasposa que nunca olvidó el origen ni la condición de hijo, nieto, tataranieto que tiene la humanidad en el mandala, mantra perfectamente diseñado de la vida que nunca se acaba. Es nuestra elección escuchar su canto, entender el mensaje de su peregrinación y vivir a espaldas de esa oración urgente como si le hablaran a la naturaleza de otro mundo, como si el llanto de los abuelos por el sufrimiento de la madre suya que es yurianaka, que es nuestra guadalupe que es el planeta gaia, que es la mujer jícara recipiente de la bendición del cielo, como si ese llanto se estuviera refiriendo a otra mujer ajena en la constelación imaginativa de estos primitivos, otro mundo metafórico, pero no, se refieren en sus oraciones a nuestro mismo planeta a sus océanos revueltos, sus corrientes paralizadas del golfo sus deshielos, calentamientos globales, catástrofes. es nuestra elección ser tan sólo observador folklórico o aprender a sembrar asesorados por estos mesoamericanos herederos. aprender a sembrar el maíz, a sembrar la conciencia, a vivir el despliegue dentro de nuestras vidas de un mensaje que ilumina nuestra peregrinación al inscribirla en la peregrinación con sentido que se practica desde hace unos 25 mil o treinta mil años sobre el manto de la virgen que llamamos méxico. Hay un acoso sordo al costumbre huichol. Contrasta con el discurso oficial de respeto y con el ansia de fotografiarse otorgando dádivas a ese pueblo de artistas que se visten con libros-códices bordados en punto de cruz sobre las mantas blancas del algodón. la contienda no puede ser políticamente resuelta con la lucha decimonónica de marchas y huelgas de hambre. nos invitan a resistir celebrando, a defender sembrando, a conservar multiplicando, sin negar la cruz de nuestra parroquia original pero pintándola de colores y tejiéndonos en la vía de los antiguos. vivimos en la casa del venado, sembramos en la casa de los antepasados, somos terapeutas empresarios editores artesanos músicos, de matehuala, canarias, catemaco jalapa tolucos lópes sanluis defe, somos hijos, papás y mamás de una corriente de memoria recobrada que vuelve a planear su vuelo sobre las abruptas serranías del corazón. contra nadie, para celebrar, y nomás. pampariusi. |
(Inédito) |
literatura mítica río frío legendaria rumba vena honda/morralla pródiga pero agostadero mordido naturaleza desacomodada por qué puntapié derecho socabado contra la tierra por qué inverosímil creencia atestiguando derrame celebrar o cerebral sin pésame ni tostón de carga por qué encorajinada trajiste de tordos vuelo urbano y saetas obstinadas por qué recobro bronco de pulmón respiraban dos que tres majaderías de terca sobrevivencia bajo la luna henchida creciendo a todo dar por qué memoria curva de mar templo de carne sílaba de sangre garganta de dragón gozne de verbo y flor habrías de venir tumbando convención ritual y pasaporte con la sola reciclada y rechinante consigna de volver una vez más agradecer al viejo río abuelo despertar legendaria rumba vena mítica morralla musical |
(Inédito) |
en un bosque de contrariedades. en el cráter de un carácter inquebrantable derramando música de lava ardiente en un puñado de peñascos en un lugarcito prófugo de indias marías en un manantial de agua maga me vine a lavar las costras las aún heridas las manos la cara los pensamientos —una pandilla, tribu una lata de sardinas de pensamiento guardado desde hace tres o cuatro generaciones perdidas en el atesoramiento de una verdad que se pudrió a las primeras del cambio— me vine a lavar me vine a balar a las faldas a las cinturas del cielo cimarrón en el peñasco del maíz en el aguardiente del sol en la serpiente circulatoria de una mente antigua de un cuerpo nuevecito y cuántas profundidades hacia abajo respiran el rezo que nos sostiene y cuántas lágrimas de cuarzo brillan en el núcleo de tu ojo interior. me vine a lavar con la palabra roja de la vida con el polvo de tu carne con el águila real y las flores bordadas en la manta de mis amigos mayores. |
(Inédito) |