ISRAEL MIRANDA SALAS
(México)

 

Malabarista de limones
Ella dice que, por las noches, los poetas le ayudan
a adelgazar su soledad.
Construye soliloquios evitando, minuciosamente,
conceptos trágicos como Tristeza o Desazón
o Sobrepeso. Pero es octubre
y el desconsuelo se le desprende de los árboles.

Por las tardes, en sus ojos, llueve.
Frecuentemente amanece anegada.
Me sumerjo en un balde de latón
                  que guardo bajo su cama.

Ella no lo sabe, ayer la vi frente a un aparador.
Sus ojitos de roedor
lamentaban llegar (otra vez) tarde
a las ofertas de fin de temporada.
Yo siempre estoy llegando tarde a todo,
                  así que (casi) la comprendo.

Poco después nos encontramos en un café del centro.
Le regalé un disco de la Dave envuelto
en papel periódico. Ella me regaló a Henry James.

                   (El tiempo se detiene. Afuera, la Gran Ciudad, oscurece)

Ella no lo sabe, en casa guardo una maleta
repleta de palabras que no le he dicho.
Una en particular
se me enreda (a menudo) en la punta de la lengua.
                           Le arrojo un par de promesas,
suele utilizarlas como separadores en libros que nunca lee.
Jugamos con la comida, mastica ruidosamente
mientras fracaso como malabarista de limones.
                           Caen al piso y sonreímos.

 

 

Publicado en la página web www.infrarrealismo.com