MARA LARROSA
(México, 1955)
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Para Mario Santiago |
Hemos estado llamándonos
entre todos con ruido de bocas abiertísimas,
creyendo que cada uno era de afuera a adentro 10000 hombres creyendo que nos podían entrar más diezmiles y estábamos solos y mudos en la polvareda y creíamos. Yo admirablemente tímida, miércola semanal buscandositio, muslos, tajadas de hombres, has de cuenta como circuitos de miedo, hombres asomaditos a fracciones de caderas, no a la entera, por el miedo. Yo sirviéndome tejocotes, chorros de esqueleto, nudos mudos de cuerpos callejeros recién nacidos en una edad de Hierro. Vicente, Luis, o Julio que no conozco, y tú que tampoco, son los hombres de ahora que fueron prehistóricos y que siguen siendo productivos. Miserable me incrusté los ojos de Jiobanni Batista y me la pasé en las plazas. Todas las casas tienen las ventanas abiertas aire hambre. Quería saber de donde sale esta tristeza de muchos. Por eso primero salíamos a comprar dulces esperando encontrar otras cosas y por supuesto nunca las hayamos; salíamos a ver la piedra, los codos al sol, lamíamos todo, nos lamían. Era un amor diferente, las cosas importantes han ido cambiando, aún la manera de vivir a los hombres y a las mujeres, ya no desde afuera de los cafés o de los parques, porque ya los hombres están gritando y uno quiere rasparse y relacionarse con ellos y ellas. El olor del cemento y los andamios era nuestro de alguna manera porque Manolo es arquitecto y llegaba manchado de cal en los sacos y manchaba los días y eso era bueno. Ahora me doy cuenta que no puedo amar en esta forma desolada los ladrillos y las varillas porque no soy albañil. Para
amar la vida: pedir ayuda a los cuates Te veo a todo lo largo
de las ventanas abiertas Será bueno luchar
por hacerme una bestia fuerte que sirva. |
Publicado en la
revista Replicante (México, nº 9, Año III,
noviembre 2006 - enero 2007) |