Respiro y sé
que vivo una versión pirata de ideas sembradas en mí,
desde
que masticaba las costras de mis rodillas.
Para qué me enseñaron a buscar al hombre que no existe.
Para qué los autos de pilas y los galanes de fantasía,
siempre relucientes,
sin falta cada 6 de enero,
sólo para
cumplir con el entrenamiento de la vida,
en el juego infantil
de la estúpida competencia entre primitivos.
Da risa pensar en la vida
de fayuca,
en la diplomacia,
en el oportunismo,
en el olvido obligado,
y en la colectiva
amnesia.
La versión pirata
de la vida, terminó con todo,
hasta con mis ganas
de seguir respirando.
Los príncipes no
existen ni entre la fayuca china de contrabando,
y cansada de buscar,
doy cuenta de que
la piratería ha terminado rápido con las vanas ilusiones,
tan rápido,
como ha terminado con las ideas…
Los príncipes resultaron,
en el mejor de los casos, soldaditos de lata,
porque no alcanza
ni para el plomo, y la mayoría de las veces,
sólo son
sapos que revientan de celos, hartos de las mentiras de las otras.
Y así vivimos, amamos, respiramos,
comemos y cagamos mentiras.
Los pollos hormonados,
las vacas locas, la leche sin grasa;
el pan sin harina,
las drogas sin tóxicos,
el amor sin sentimientos,
sin locura, sin obsesión...
TodO Light.
La felicidad condicionada
al silencio ante el engaño,
para que no se acabe,
para que nuestro
amor propio no termine con la comodidad del otro;
con las ilusiones
de la quinceañera, quien sigue creyendo en los
príncipes,
que ya han pagado con oro a las hadas madrinas,
sólo
por el privilegio de poseerla virgen.
Proxenetas con alas y príncipes pederastas...
pero en versión
pirata y light.
Incluso el amor trae pegada
la etiqueta Made in Taiwán.
La sociedad,
la mentira constante,
un juego de rivales…
Todos engañan,
todos tranzan, todos abusan…
La política de
promesas y discursos gastados,
demagogia hecha
canción de moda.
El tiempo de tu muerte
que transcurre junto con los segundos;
receptáculo
de tus sueños frustrados.
El dinero, un pedazo de
papel o de metal,
converso en Dios,
en omnipresencia,
en fundamento de
la existencia.
La sonrisa, un silencio
que nos aleja del fracaso,
de la verdad que
nos agobia.
Una delgada línea
que flota en medio del lago de esta vida seca,
escurrida sobre
tu mueca,
sobre las marcas
de tus años,
sobre un rostro
envilecido de tristeza.
La vocación, una
compra que nos hacen los padres y nos venden toda la vida,
para ser alguien,
para no ser vagos
y putas,
para no dormir en
las calles,
para vivir angustiados
por los créditos y los impuestos,
para pensar en el
día de la gran elección.
En el extremo, el colmo,
pues la tristeza
que me inspira estas líneas, también es mentira,
porque al final,
es sólo parte de utópicas esperanzas,
de lo que consumes,
de lo que compras,
de lo que vomitas.
Hoy, todo es pirata.
Y así, en
medio de la mentira como sistema de vida,
en mi cama, ya no
hay solicitud de empleo…
Supongo que se debe a
que el anuncio de amor
ya no he publicado
sobre mis caderas.
Será que ya a nadie
importa que todo sea mentira,
sólo importa
que sea barato,
que no duela,
de lo contrario
se le desecha por el inodoro,
directo al drenaje.
Total, qué importa
que se atasque la red hidráulica de la ciudad con la nostalgia
de todos nosotros,
que nos secamos,
que nos exprimimos entre odios y resacas de histeria.
Y por todo eso, vivimos inundados de pestilente tristeza,
pues todo resultó
ser una mentira que dura lo que un suspiro.
Hoy el silencio come conmigo,
la luna me abraza el insomnio,
y yo sonrío
ante la soledad que es la única verdad que existe
desde que nacemos
y hasta que los gusanos nos conviertan en
abono, para las
arenas del tiempo, en el reloj de la luna.
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