EMILIO COCO: el traductor incansable

 

Emilio Coco © Luis F. GarcíaEntrevista: José Antonio Santano

 


     Conocí personalmente a Emilio Coco el verano pasado, con motivo de la presentación en Almería de su libro Sonetos del amor tardío (Alhulia, Salobreña, 2006). Con anterioridad, nuestra relación había sido fundamentalmente epistolar. La revista literaria Cuadernos & Caridemo, que dirigí durante los años 2003 y 2004, tuvo la fortuna de contar con la colaboración de Emilio Coco como traductor, en su número 8, de Cinco poetas italianos (Vincenzo Ananìa, Marina Corola, Rodolfo di Biasio, Salvatore Ritrovato y Carlo Alberto Sitta). Desde entonces lo que comenzó siendo una relación puramente literaria, se ha transformado en otra de verdadera amistad. No obstante, en esta entrevista, hallarán al crítico, antólogo, editor, poeta, y al traductor incansable, pero también al ser profundamente humano que lleva dentro.

 


     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Emilio Coco desarrolla una intensa actividad como traductor, editor y poeta. ¿Con cuál de estas facetas se siente más a gusto?

     —EMILIO COCO: Con la de traductor. Yo he dedicado a los demás la práctica totalidad de mi vida literaria. Cuando me preguntan sobre mi quehacer poético, yo contesto, bromeando, que escribo poesía cuando me canso de traducir, lo que pasa muy raramente.

     —ECP: Una cuidada y prestigiosa nómina de poetas españoles han sido traducidos por Emilio Coco al italiano y han visto así publicada su obra en algunas de las colecciones que dirige. ¿Qué le atrae tanto de la poesía española actual?

     —EC: ¿Por qué me atrae tanto la poesía española? Ante todo, porque he estudiado español en la universidad. Conocida es la afirmación de Jorge Luis Borges de que todo autor escribe por nostalgia de "Sonetos del amor tardío" de Emilio Cocoreencarnarse en un pasado que ama. Góngora —decía Borges— escribe por deseo de ser Ovidio, Lucano o Virgilio, igual que éste último a su vez escribe para ser Homero. Parafraseando a Borges, me atrevería a decir que yo traduzco para reencarnarme en los autores o en los textos que amo. El traductor (y me refiero sobre todo a mi experiencia), el que no está condicionado por el mercado editorial, elige lo que le seduce, lo que siente como una parte reencontrada de sí mismo. Yo siempre digo que como poeta me siento más español que italiano.

     —ECP: De esta buena nómina de autores españoles, un tanto por ciento importante corresponde a poetas andaluces. ¿Por qué?

     —EC: Efectivamente empecé con los poetas andaluces. Mi primera importante contribución al conocimiento de la poesía española en Italia fue una selección de seis poetas andaluces publicada en 1984 en Poesia della metamorfosi, una antología de poesía mundial coordinada por el poeta Fabio Doplicher. Los poetas eran Francisco Bejarano, Felipe Benítez Reyes, Julio Herranz, Juan Lamillar, Fernando Ortiz y Javier Salvago. En un breve prólogo decía entonces que la mejor poesía española de todos los tiempos la escribieron siempre los andaluces. Tal vez exageraba un poco para justificar mi elección. El traductor, se sabe, tiene un discreto número de amigos y muchísimos enemigos. Los amigos son los poetas buenos que él traduce, y los enemigos son los poetas malos que, por supuesto, no traduce, y que se vengan no invitándolo a congresos o festivales de poesía. ¿Ahora comprendes por qué mis amigos son sobre todo andaluces?

     —ECP: ¿Hasta cuándo tendríamos que viajar en el tiempo para hallar al poeta Emilio Coco?

     —EC: Los primeros versos de mi vida los escribí cuando tenía nueve años, con ocasión de la muerte de mi padre. Mi madre había muerto un año antes. Esos versos los recogí luego en un poema que se titula ‘Eravamo tre piccoli fratelli’, cuya versión española se puede leer en el libro La memoria del vuelo, publicado por la madrileña editorial Sial en 2002 (…) En realidad, para mí, escribir versos no ha sido nunca una ocupación predominante. Empecé muy tarde, a los cincuenta años, porque quería introducir una nota de distinción en mi biobibliografía. Después de escuchar mis traducciones de los poetas españoles, todo el mundo me decía: «¡Seguro que usted es un poeta!». Y yo me sentía en la obligación de desmentirles, pero añadía en mi defensa: «No es necesario saber escribir versos. Basta con tener la sensiblidad del poeta». Pero me daba cuenta de que tenía que contestar de otra forma: «Sí, ¡yo también soy poeta!». Esta comedura de coco la he sintetizado en los seis versos de un poema que se titula precisamente ‘Poeta, antólogo y traductor’, que dice así:

     «tus versos no valen un pimiento / de esto eres consciente pero te sirven / para la nota del próximo cuaderno / sobre las poetisas iberoamericanas / que podrás comenzar de este modo: / Antólogo, poeta y traductor.

Olfateando a Emilio Coco en Almería © Luis F. García     Un crítico italiano ha escrito que estos versos «escarnecen hasta la autodestrucción benéfica las costumbres de la comunidad literaria». Sin embargo, no era esta mi intención (…) Decía antes que la poesía no se ha apoderado nunca de mí totalmente. La he considerado siempre como algo que podía dar más brillo a mi actividad de crítico y traductor. Pero he de confesar que mi relación con ella ha sido siempre conflictiva e incluso me ha hecho sufrir, porque se me ha entregado con cuentagotas y no me ha regalado nunca un verso estupendo, uno de esos versos que sólo los grandes saben escribir. He hecho de todo para ganarme su confianza, para luego echarle en cara su infidelidad, he intentado violarla, estrangularla y al final le he cerrado la puerta en las narices, pero nada. He seguido amándola con un amor profundo, así como se quiere a un hijo con quien la naturaleza ha sido poco generosa y que te da vergüenza sacar a la calle para evitar la compasión o la satisfacción más íntima de los amigos frente a tus desgracias.

     —ECP: ¿Por qué esa pasión por la poesía española, aunque sabemos que también se ha preocupado por el teatro como lo prueba la publicación en tres volúmenes de Teatro spagnolo contemporáneo?

     —EC: Estaba loco por la poesía de Federico García Lorca cuando tenía veinte años y me sabía de memoria su ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’. Luego vinieron Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, Guillén, Aleixandre, Cernuda, Salinas y Alberti. El encuentro con los poetas más recientes lo tuve gracias a la amistad de José Luis García Martín, que me enviaba, allá por los años 80, desde Avilés su mítica revista Jugar con fuego y que con el regalo de su antología Las voces y los ecos publicada precisamente en 1980 en las ediciones Júgar, me permitió acercarme al panorama poético español de aquellos años. Mantuve con José Luis un carteo muy frecuente, luego nuestra amistad se fue aflojando y hoy casi no nos escribimos (…) Llevo casi 30 años traduciendo poesía española. Mis primeras traducciones de poesía española se remontan a los años 80. Mi primera antología de poesía española salió en 1985. Se titulaba Cinco pesetas de estrellas e incluía a 14 poetas. Algunos de ellos que por aquel entonces eran casi desconocidos producirían, a lo largo de los años, una obra de gran envergadura, como Luis Antonio de Villena, Guillermo Carnero, Luis Alberto de Cuenca, Clara Janés o Ana Rossetti (…) Las vicisitudes de la vida me llevaron a enseñar lengua y literatura francesa, pero mi amor a España y a su literatura continuó a lo largo de los años con creciente intensidad.

Poema "Il mio piumone"     —ECP: ¿Si tuviera que hacer un diagnóstico, cuál sería el suyo sobre la poesía española actual?

     —EC: Los poetas españoles contemporáneos están todos en un nivel de altísima calidad expresiva y cada uno de ellos aporta una decisiva contribución a la renovación de la palabra poética.

     —ECP: ¿Y de la poesía italiana, cuál es el presente y futuro?

     —EC: Como traductor y como crítico, conozco bastante bien la realidad poética de mi país, porque traduzco también del italiano al español. He publicado en España seis antologías de poesía italiana contemporánea, una de ellas en colaboración con la poetisa cordobesa Juana Castro. Es un trabajo ímprobo, porque es raro que se conozcan bien dos lenguas. A veces el que se alaba de saber bien la una y la otra, termina por cojear en ambas. Sea como fuere, traducir a una lengua que no es la tuya propia, es muy gratificante si la operación final resulta de buen nivel (…) Volviendo a tu pregunta, la poesía italiana actual posee, a mi parecer, una singular vitalidad y orientación dentro de Europa. Alterna coherentemente varias vías de expresión, que han renovado lingüísticamente el género: la estética realista, de sentido ético y capacidad crítica; la escritura artística lacónica y altamente lírica, fragmentaria y subjetiva; las experiencias neovanguardistas del grupo 63 y de los “Novissimi”. Me atrevería a afirmar que, por su riqueza y calidad expresiva, la poesia italiana está, en este momento, entre las mejores, quizás la mejor, de Europa.

     —ECP: Sonetos del amor tardío, publicado en la editorial española Alhulia, en su colección Palabras Mayores de Poesía y traducido por los también poetas Carlos Pujol y Juana Castro, es su último libro. ¿Cómo ha sido recibido por la crítica y los lectores?

     —EC: No sé decirte cómo ha sido recibido por la crítica porque las reseñas que yo conozco sobre mi libro non son muchas, se pueden contar con los dedos de una mano. Muy elogiosa es la crítica de Jaime Siles que salió en ABC Cultural, donde concluye que a partir de este libro hay que empezar a verme como lo que sobre todo soy: un poeta interesantísimo, temática y lingüísticamente innovador. Pero yo me veo siempre como un “poeta menor” y considero mi poesía como un paréntesis, un breve descanso en mi trabajo de traductor.

 

 

 

 

 

 

 

MARIO CUENCA SANDOVAL : de hundidos y salvados

 


De hundidos y salvados © Mario Cuenca SandovalEntrevista: Ventura Camacho

 


     Mario Cuenca Sandoval (Sabadell, 1975) es una persona sencilla. Habla con sencillez de su obra y de sí mismo y no le he visto uniforme de poeta en el armario. Vive en la frontera entre las contradicciones que se derivan del conflicto entre la voluntad de hacer carrera literaria y los aspectos que detesta del mundillo literario.

 


     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: ¿Cuáles son, en su opinión, los riesgos colaterales de querer formar parte de este mundillo?

     —MARIO CUENCA SANDOVAL: Los elogios inmerecidos, la vanidad, la posibilidad de distraerse del propio camino. Hay que escuchar a los que entienden, sin duda. Pero los cantos de sirena son demasiados y, además, no están armonizados entre sí, no son un coro. ¿Confías en tu propio proyecto poético? Eso debería bastarte.

     —ECP: ¿Cuál es en su caso el punto de inflexión donde su persona pasa de la concepción de la poesía como algo relegado a la estricta intimidad a la decisión de probar suerte en el mundo literario y correr el riesgo de que le lean a uno?

     —MCS: No hubo ningún punto de inflexión, ningún tránsito, sólo un momento en que consideré que tenía algo digno de publicar, por lo menos algo sincero y coherente. Creo que mi única virtud ha sido no tener prisa. Nunca me interesó ser un “poeta joven”, ya me entiende.

     —ECP: Como poeta se ha dado a conocer a partir de ganar varios premios literarios, concretamente el Premio Surcos de Poesía (2004) y el V Premio Vicente Núñez (2005). ¿Cuál cree que es el papel de los premios literarios en la actualidad y qué valoración hace de ellos?

     —MCS: Son necesarios. Constituyen una vía de acceso a la publicación para los desconocidos. También es cierto que (en el supuesto de que sean limpios) es preciso que se dé una extraña alineación de planetas para que un libro resulte premiado. Puedes tener un buen libro y no sintonizar en absoluto con la poética de los miembros del jurado. Por eso, nadie debería poner su autoestima en los premios. Yo, al menos, no pienso hacerlo.

Ventura Camacho con "El libro de los hundidos" en la mano © Mario Cuenca Sandoval     —ECP: Los escritores noveles han encontrado en internet una tierra acogedora donde exponer su trabajo sin complejos. Como en todos los campos, la literatura en internet tiene sus defensores y sus detractores. ¿Cómo se posiciona al respecto?

     —MCS: No se me ocurren razones para alistarme al bando de los detractores. Por el contrario, se me ocurren decenas de aspectos en los que internet ha enriquecido la experiencia creadora, la experiencia lectora y la propia edición.

     —ECP: ¿Se atrevería a hacer un diagnóstico de la realidad poética nacional? ¿Y alguna profecía?

     —MCS: No más allá de cuatro generalidades. Creo que estamos en crisis, en el sentido de “puesta en cuestión”. Creo que estamos en tránsito. Se ha abierto también un proceso de apertura a otras tradiciones poéticas frecuentemente ignoradas aquí. Desgraciadamente, esa apertura aparece en muchos poetas jóvenes vinculada al desprecio por la propia tradición. Lo cual es también un error. Una tradición poética cerrada sobre sí es tan estéril como el papanatismo. Y no doy nombres.

     —ECP: ¿En qué medida afecta a su formación como escritor el haber pertenecido al grupo poético Nochedumbre de Priego de Córdoba?

     —MCS: Nochedumbre fue mi adolescencia literaria. Como todo adolescente, yo era ingenuo, conflictivo y sujeto de filias y fobias excesivas. El adolescente se cobija en su pandilla, y Nochedumbre fue la mía. Buenos tiempos. Qué más puedo decir.

     —ECP: Mario Cuenca Sandoval es profesor de filosofía en un instituto de secundaria. ¿Qué relación tiene su poesía con la filosofía?

     —MCS: Si por filosofía se entiende un discurso sesudo, hermético, elaborado en un lenguaje inaccesible a los no-iniciados, mi poesía tiene poco que ver con eso. Por el contrario, tiene mucho que ver con Spinoza, Schopenhauer y, por supuesto, Nietzsche, y prefiere a todos los que tienen algo importante que decir sobre el dolor y el deseo. Desea, como Spinoza, poner las pasiones sobre una mesa iluminada, contemplarlas. Por lo demás, el imperativo de claridad y comunicación que me guía a la hora de impartir clases rige también en el discurso poético, siempre que esto no desemboque en una vulgarización o simplificación de las cosas. ¿Puede lograrse esto, ser claro y ser riguroso?

     —ECP: Háblenos de sus lecturas, de aquel escritor al que en alguna ocasión maldijo por escribir brillantemente lo que usted hubiese deseado escribir, de sus influencias, de sus referentes.

"Todos los miedos"     —MCS: ¿Disponemos de espacio? Envidio de una forma insana a Juarroz, a Gelman, a Lawrence Ferlinghetti, a Pedro Salinas, a Kavafis, a Rilke, a la Pizarnik, a César Vallejo, a Virgilio, a Shakespeare, a Melville, a Claudio Magris, a Nabokov, a Safranski, a Sloterdijk, qué se yo... Y sobre todo envidio a John Lennon. A los Beatles. Soy un beatlemaniaco-depresivo.

 


TODOS LOS MIEDOS (Renacimiento)

 


     —ECP: Todos los miedos es su primer libro publicado a raíz de ganar el Premio Surcos de Poesía 2004. En la solapa se define el libro como «una exploración de nuestros temores y del modo en que éstos transforman nuestra percepción y nuestro obrar en el mundo». ¿Cuál es la motivación para hilvanar un poemario a través del miedo?

     —MCS: El miedo es un principio explicativo. Muchas de nuestras conductas mezquinas son producto de miedos inconfesados, inconfesables. Es más que eso: un principio ontológico. La realidad y el miedo forman un binomio peligroso. Un animal acorralado tiende a preparar un ataque. Y nosotros somos, en parte, como animales acorralados.

     —ECP: ¿Cree que vivimos en la sociedad del miedo? ¿Ese miedo nos hace menos libres?

     —MCS: Secuestra la lucidez, y con eso nos hace menos libres, en efecto. Goebbels sabía que el miedo era una herramienta política. El problema es que el miedo es rentable (José Carlos Rosales tituló así un libro suyo: Miedo rentable). ¿Existe otra forma de domesticación superior al miedo? Y empleo aquí la palabra “domesticación” en su sentido literal: nos recluye en casa, nos aparta de la plaza pública (es lo que en la filosofía helenística se llamó “oikeización”).

     —ECP: Me llama la atención la presencia del mundo de la infancia en varios de los poemas de libro. Usted escribe: «Todo lo que uno sabe lo supo ya de niño». ¿Es usted un nostálgico de la infancia, un ser humano decepcionado o es simplemente un juego literario?

     —MCS: No, no idolatro la infancia. Lepoldo María Panero aseguraba que «en la infancia se vive, después se sobrevive». No estoy de acuerdo. Si se piensa bien, la infancia es un periodo lleno de sobresaltos y frustraciones. Más que un ejercicio de nostalgia, mi interés por ella responde a un interés arqueológico (en el sentido de Foucault). A mí no deja de sorprenderme reconocer, cada día, la raíz de un rasgo de mi personalidad en el pasado. Mientras más nítida se dibuja la prehistoria de lo que somos, pensamos y sentimos, más seguro estoy de que «todo lo que uno sabe lo supo ya de niño».

¿Una nueva poesía social? © Mario Cuenca Sandoval     —ECP: En ‘Vida de sentido único’ define la sociedad como «rutina perfecta», «itinerario pulcro», «monogamia del alma». ¿Ha perdido la fe en el hombre y en su obra? ¿Es la poesía para usted una voz a la que confiarle sus penas?

     —MCS: En absoluto. Confío en que tenemos posibilidades como especie, pero todo el mundo tiene “horas bajas” ¿no? Lo que me extraña es que hayamos asumido, así, sin más, esta extraña forma de vida, esta pleitesía a la productividad, a la rutina, a la mecanización de la vida, que es una especie de “monogamia del alma”, no sé si me explico.

     —ECP: En ‘Miedo a estar llegando tarde’ dice «Escribir es llegar tarde (y a otra parte)» y nos habla de la brevedad de la existencia, de la esencia turbia de las cosas y del núcleo germinal de la existencia. No me queda claro cuál es ese núcleo…

     —MCS: Esa condena a la impuntualidad. Escribir es en parte implementar la vida, pero también es renunciar al ahora. Ese núcleo puede ser el ahora. Decía Magris que escribir es transformar la vida en vejez.

 


EL LIBRO DE LOS HUNDIDOS (Visor)

 


     —ECP: De nuevo recurrimos a la solapa del libro para situarnos antes de leer: «Las variantes del dolor y del hundimiento son exploradas con una voluntad de salvación de las víctimas a través de la memoria». De las variantes del miedo en su anterior libro pasamos a las variantes del dolor. ¿Qué nos paraliza más el “miedo” o el “dolor”?

     —MCS: Hay miedos que paralizan y miedos que ponen en alerta todo el sistema nervioso. Me gustaría pensar que el dolor también es una fuente de energía, una motivación. Me gustaría creer, con C. S. Lewis, «que el dolor es el altavoz que Dios emplea para despertar a un mundo de sordos». Pero me temo que el dolor inútil deja al hombre estupefacto, lo paraliza.

"El libro de los hundidos"     —ECP: Esta vez el premio Vicente Núñez le abre las puertas de una editorial de reconocido prestigio y que le asegura una distribución y difusión mayor. ¿Era publicar con una editorial así un pequeño sueño?

     —MCS: Desde luego. La aventura de un libro comienza en tu escritorio, pero, sin una buena distribución, un libro de poesía es un naufragio. Visor tiene un catálogo envidiable, y te aseguro que produce una enorme alegría y al mismo tiempo un enorme pavor que tu nombre aparezca entre el de los grandes. Un sueño, claro. Que levante la mano el poeta novel que no aspire a publicar en una de las editoriales más importantes...

     —ECP: Gracias a este premio, de cierto prestigio nacional, se le dedican algunas críticas y entrevistas de diversa índole en medios escritos y digitales. Todas reflejan el carácter comprometido de este libro y sobre todo abundan en el giro de tuerca que a este desgastado concepto le da su poesía. ¿Es el “compromiso” de verdad su intención, es una “actitud” o es simplemente una manera de existir?

     —MCS: No quiero arrogarme actitudes ni heroísmos. En mi vida cotidiana no hago más por los otros que lo que pueda hacer cualquiera. Tengo un compromiso moral con la educación, eso sí (la educación no es sólo una forma de sustento, o no debe serlo). Pero al margen de esto, y de mi colaboración con algunas organizaciones, no voy de “comprometido” por la vida. El libro de los hundidos es una respuesta sentimental y “filosófica” a un contexto social muy concreto, una necesidad de dar un puñetazo sobre la mesa. Es un impulso, no una pose. Aunque también es cierto que no he terminado de explorar el tema social. En Guerra del fin del sueño, un poemario todavía inédito, intento extraer poesía de situaciones sociales muy concretas, tomadas de la prensa diaria.

     —ECP: El libro de los hundidos es un libro de antihéroes, de derrotados. ¿Qué lecciones nos da la derrota?

     —MCS: A mi juicio, los perdedores son más lúcidos, más interesantes y más bellos, posiblemente porque los “triunfadores” no suelen administrar su triunfo con sabiduría.

     —ECP: ¿Cuál es el proceso de selección, el casting que ha realizado para obtener tan variopinta pléyade de personajes poéticos: la muchacha desconocida, George Foreman, Alí, Houdini, el lanzador de cuchillos, el caza recompensas, etc.

     —MCS: Los “hundidos” del libro tenían que cumplir varias condiciones para conseguir un papel en la obra. La primera es que resultaran dignos de ser salvados, sacados a flote a través de la memoria. Mientras Creación de Mario Cuenca Sandovalescribía estos poemas, especialmente el que abre el libro (‘Tsunami’), me venía una y otra vez a la mente el ángel de la historia de Walter Benjamin. ¿Puede la desgracia anónima de millones de personas ser la última palabra de la historia? Donde no hay justicia, al menos puede haber memoria. Quizá esto me llevó a escribir el poema ‘Chile’.

     —ECP: Parece que el Tsunami que inunda los poemas del libro, permítame la broma, también se haya llevado los signos de puntuación… ¿A qué se debe esta concesión literaria?

     —MCS: A un intento de asegurar la fluidez y la oralidad del texto, nada más. Sin signos de puntación, las palabras quedan como suspendidas en el aire...

 


BOXEO SOBRE HIELO

 


     —ECP: Premio Andalucía Joven de Narrativa 2006. De nuevo un premio y para más señas con su primera novela. Suele decirse que los poetas que no pueden vivir de la poesía escriben novelas para ganarse el pan. En su caso queda libre de sospecha, pero ¿a qué se debe este cambio de registro?

     —MCS: En realidad, la novela se escribió en el mismo periodo que los dos poemarios de los que hemos hablado. Su redacción comenzó hacia 2003. Así que no es un cambio de registro. Trabajo simultáneamente en poesía y narrativa.

     —ECP: Un jurado integrado por el editor Javier Fernández, y por los escritores Eduardo Jordá, Hipólito G. Navarro y Antonio Rivero, ha calificado el original premiado como «todo un hallazgo literario». ¿Son palabras mayores, no?

     —MCS: Y demasiado generosas. Supongo que en la decisión del jurado hay un componente de sorpresa. Y en verdad, Boxeo sobre hielo no es una novela “al uso”. Por eso, a mí también me sorprendió el premio. Un jurado más “conservador” no hubiera compartido esa valoración.

     —ECP: Ya en El libro de los hundidos, como hemos visto, aparecían personajes del mundo del boxeo (Foreman, Alí). Ahora, Mario Cuenca nos sorprende con Boxeo sobre hielo. De nuevo el tema del boxeo. ¿Qué relación tiene con este mundo?

Boxeo © Manuel L. Acosta     —MCS: Con todo respeto: no me interesa el boxeo como deporte ni como realidad social. Me interesa el boxeo como territorio mítico, estético. Me interesa el boxeo en el cine y el boxeo en la literatura. No me propuse plasmar una imagen “realista” del boxeo español; no hubiera sido difícil documentarse al respecto. Pero preferí ese boxeo mítico, etéreo, irreal (sobre hielo) del que se habla en la novela.

     —ECP: Háganos una breve sinopsis de la novela.

     —MCS: Soy la persona menos indicada para ello. Podría decir que es una novela sobre la salvación. Los protagonistas son un boxeador enajenado (Larretxi), una artista enajenada (Margot) y un hijo enajenado (Mikel). El conflicto se desarrolla en una franja de tiempo que abarca desde finales de los sesenta hasta comienzos del actual milenio, arrastrando una enorme diversidad de temas relacionados con la enfermedad mental, la violencia, las drogas, la fragilidad. El título hace alusión a eso: a una violencia que se sustenta sobre un suelo frágil y escurridizo. En el fondo, también es una obra sobre el miedo. «El miedo es un programa de autodestrucción», dice uno de los protagonistas. Así que es una novela sobre la salvación, la locura, la violencia, el miedo. Por eso soy incapaz de elaborar una sinopsis como Dios manda; he perdido la distancia sobre la novela después de tres años y pico sumergido en sus aguas (…) Puedo hablar del aspecto formal. Está construida a golpe de fragmentos desordenados, intercalando materiales narrativos que proceden de la historia, la filosofía, el panfleto, etc. Algunos se precipitarán a afirmar que es una novela postmoderna. Bueno, de acuerdo. Pero si usted asocia postmodernidad a frivolidad, como sucede en muchos casos, Boxeo sobre hielo es otra cosa.

 

 

 

 

 

 

 

ANTONIO GAMONEDA: vivir es fracasar

 


Antonio Gamoneda © Claudio ÁlvarezEntrevista: Julio Monteverde / Juan de Dios García

 


     Don Antonio está cansado de tanta llamada telefónica, de tantas solicitaciones, de tanto viaje obligado, de tanta felicitación comprometida, así que abordamos con la máxima prudencia posible un espacio de su intimidad leonesa para hacerle las preguntas que siempre hemos llevado guardadas en el bolsillo mental de nuestras lecturas. El autor de diamantes como Sublevación inmóvil, Descripción de la mentira, Blues castellano o Libro del frío nos abre las puertas de su escritorio y nos regala un testimonio vivo de poesía española de alto voltaje. Esta luz nunca se apagará.

 

     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Maestro. Es usted quizá el único poeta contemporáneo que hoy por hoy parece merecer el calificativo, porque es probablemente el único del que se puede aprender tanto acerca de lo que hay que hacer como de lo que no hay que hacer. ¿Qué sensaciones le provoca este calificativo?

     —ANTONIO GAMONEDA: Por mucha carga tradicional que lleve, la noción de maestro aplicada a poesía no es siempre perfectamente real. El poeta, por una vía más bien adivinatoria, es el que encuentra en sí mismo las respuestas a las preguntas. En todo caso, sí, desde hace algún tiempo, han empezado a decirme amistosamente maestro. A mí eso lo que me ha proporcionado es la certificación de mi vejez, porque, por otra parte, yo sigo tan lleno de dudas como hace cincuenta años.

     —ECP: El silencio, como se sabe, es parte esencial de su poética. En algún sitio ha dicho usted que necesitó años de silencio para lograr escuchar su propia voz, que se desencadenó así de forma espontánea, y en cierto modo más verdadera. Por tanto, en este sentido, el silencio es el germen de su voz poética, que está dentro de la misma de manera determinante, y la modula. De esta forma, lo que usted parece haber perseguido es establecer una relación vital con el silencio a través de las palabras. Una labor extrema, una apuesta muy elevada. (Pero ¿acaso hay otro camino para la poesía?).

     —AG: Yo pienso que el silencio es una necesidad, incluso técnicamente, como ocurre en la angustia. Es la situación necesaria para entregarse a la existencia y permanecer en él acumulando intenciones existenciales, cargando las pilas, por decirlo de alguna manera... En ese sentido sí, el silencio es quizá una vía necesaria. Está la otra vía, claro, porque usted me pregunta si hay otro camino para la poesía... Cabe "El cuerpo de los símbolos"permanecer en una estilización y una actitud de trabajo constante, pero tengo la sensación de que en este caso la poesía se parecerá más a un ejercicio literario que a una emanación de la propia vida, que es lo que realmente entiendo que es la poesía.

     —ECP: Debido a la espontaneidad de los mecanismos psíquicos que usted acepta en su trabajo poético, o por lo menos que usted no rechaza, se le ha vinculado muchas veces con el surrealismo. Pero usted ha dicho: «Yo soy realista porque los símbolos existen». Más que surrealista, me parece que usted es radicalmente simbolista, lo que por otra parte se encuentra en una misma tradición poética. ¿Se ve a usted mismo como parte integrante de esta tradición que, partiendo del romanticismo alemán, atraviesa el simbolismo para llegar más tarde hasta el surrealismo y de ahí hasta nuestros días?

     —AG: Está usted apuntando bien. Mi punto de partida me viene dado por el simbolismo francés: Rimbaud, Mallarmé, etc. Ahora bien, transitoriamente, también las vanguardias del siglo XX, que no tienen sentido sin el simbolismo, han tenido peso en mi escritura (…) La noción de surrealista, no sé por qué, me es grata (…) Efectivamente, yo creo en la realidad del símbolo, aunque el símbolo venga a simbolizar —valga la redundancia— algo que se desconoce o incluso que se simboliza únicamente a sí mismo. En las formas avanzadas de la tradición de las que usted habla se parte del simbolismo. Creo que hay que estar en el punto en que se hace avanzar la tradición, no en el que se regresa a estados anteriores de esa tradición.

     —ECP: Valéry decía que las obras no se terminan, sino que se abandonan. La reescritura como trabajo poético puede llegar a ser así infinita, desembocando en un palimpsesto inagotable. El proceso de reescritura que usted ha llevado a cabo en los últimos años parece tener que ver directamente con la importancia que usted concede al trabajo de la memoria, a los condicionantes que la memoria extiende sobre nuestros recuerdos, y parece que hay en usted un cuestionamiento constante de esta misma memoria, una desconfianza manifiesta…

     —AG: Bueno, pues, si usted lo dice, tendrá que ser lo que parece. (Risas) Y si lo parece, puede que así ocurra. Pero yo no tengo conciencia de desconfianza en relación con la memoria; no la tengo de una La poesía ha perdido la función social que teníamanera manifiesta, clara. Lo que sí tengo es conciencia de que se produce —y ahora me estoy refiriendo a mi escritura— una modificación psicológico-biográfica. El poeta vive una actualización en concordancia con el nuevo ser humano que yo soy ya, y que no coincide ese afluente con el que fui, por ejemplo, hace cincuenta años (...) Es decir, mi recuerdo es un recuerdo a través de la modulación de mi pensamiento actual y, en ese sentido, mi recuerdo está subjetivamente modificado. La palabra desconfianza roza todo esto, pero no es una desconfianza expresa.

     —ECP: Alejandra Pizarnik concluía que, después de haber leído a los autores españoles, estos no le interesaban porque mayoritariamente desconocían que existe una tragedia en el lenguaje. En mi opinión, y dejando aparte las excepciones, lo que ha pasado históricamente es que los escritores españoles han hecho oídos sordos a esta tragedia, cuya toma de conciencia reclama una exigencia muy elevada al poeta, trabajo que no todo el mundo se muestra dispuesto a realizar. De ahí, a mi juicio, gran parte de la falta de profundidad de la literatura y la poesía española si la comparamos con las de otros países. Una superficialidad que incluso hoy en día se pretende enarbolar como distintivo, pero que mirado desde esta perspectiva representa su fatalidad…

     —AG: Desdichadamente en España estamos viviendo esto. Hay un minirrealismo que entiende la poesía como entretenimiento, un artilugio con el que la gente pasa el tiempo. Esto necesariamente lleva consigo una superficialidad, un entendimiento trivial del hecho poético. Se opta así por un éxito fácil, porque ciertamente se puede hacer una poesía que sirve para entretener a la gente, ¿no? Y hasta es posible que precisamente por su condición fácil esta poesía resulte mayoritaria. Pero para mí lo que ocurre es que el entretenimiento no es un valor sustancialmente poético.

     —ECP: Usted creció en un tiempo en el que los libros y las pistolas se escondían del poder en los mismos lugares. Esos tiempos parecen bastante lejanos, no ya en el tiempo, sino en el espíritu. La bajada de tensión es manifiesta por todas partes y el poder parece no tener ya nada que temer de los poetas. Pero entonces, ¿el lenguaje hoy en día debe seguir siendo comprendido como un campo de batalla social? O dicho de otra forma, ¿es posible entender la poesía como un arma subversiva? ¿Considera que merece la pena este esfuerzo?

"Arden las pérdidas"     —AG: Por su naturaleza el lenguaje poético es subversivo, porque se genera en un pensamiento que no tiene nada que ver con el pensamiento del poder. Estoy hablando lógicamente de una poesía que no es la del entretenimiento, la superficialidad, etc. No creo que la poesía sea subversiva en un sentido temático, es decir, en una comunicación de pensamiento subversivo. No. La poesía es un lenguaje sub-versivo porque es de otra naturaleza, distinta a la del lenguaje del poder. (...) Recuerdo al bueno de Celaya, que decía que la poesía era un arma cargada de futuro. Bueno, pues curiosamente Celaya estaba diciendo algo perfectamente paralelo a una expresión de un fascista, José Antonio Primo de Rivera, que decía que a los pueblos únicamente los han movido los poetas. Esto no es así, pero en su condición minoritaria, el lenguaje poético, precisamente porque cuestiona los significados establecidos por el poder y los sustituye por otros, es de naturaleza subversiva.

     —ECP: Se armó mucho revuelo cuando Zapatero dijo que usted era su poeta preferido, en una polémica a mi juicio bastante grotesca, que destapó los motivos reales de algunos de los conflictos latentes de los poetas españoles y de las luchas por el poder que algunos desarrollan. Por encima de que, como individuo, todo el mundo tiene derecho a sus gustos, ¿cree que se ha perdido el papel del poeta en contra de su sociedad; que el cambalache de premios, congresos y antologías ha desorientado a los poetas en su papel de elemento provocador irreconciliable, ese “anarquista” del que hablaba orgullosamente Mallarmé refiriéndose a sí mismo? ¿Cree que hay alguna esperanza de cambio en este sentido, o en todo caso, considera deseable que se retomara este papel?

     —AG: Bueno, existe una especie de montaje oficializado de la poesía, pero es una farsa que se manifiesta precisamente a través de los incontables premios que se convocan. Los premios no mejoran la poesía por muchos que se otorguen. La poesía es un producto estético ajeno al mercado. Esto ya es bueno. (Risas)

     —ECP: Porque la hace más libre, ¿no?

"Esta luz"     —AG: Efectivamente. La poesía debe librarse de la domesticación que de una manera bárbara le imponen las cajas de ahorro, los ayuntamientos, las entidades, porque todo eso lleva a la poesía a un estado de domesticidad.

     —ECP: Nada recomendable…

     —AG: Claro, eso hace que la poesía caiga aún más en la pobreza. Y la poesía debe ser libre, de una libertad tal y como la entendía Mallarmé.

     —ECP: Parece evidente que el haber vivido en León le ha permitido permanecer al margen de la ‘miseria de los poetas’, o al menos ésta no ha acabado devorándole como a tantos otros…

     —AG: Yo creo que me ha ayudado. No he estado nunca en ningún grupo ni he participado de tendencias ni, por tanto, del mercadillo metropolitano de la poesía. He podido hacer lo que yo quiero.

     —ECP: Todo autor tiene, como lector, obras de cabecera, obras que admira y le han influido en algún momento de su formación. ¿Cuáles serían, en su caso, algunas de esas obras?

     —AG: Es una pregunta que necesitaría una respuesta muy extensa… Te diría que en mi vida leo indefinidamente La Celestina, a Juan de Yepes (San Juan de la Cruz)… Para mí la obra de Kafka es un pozo inagotable… Podría estar horas y horas respondiéndote…

     —ECP: ¿Cuándo lee usted? ¿Tiene algún momento del día dedicado exclusivamente a la lectura y otro a la escritura?

     —AG: Es frecuente que yo escriba algo, pero tampoco es un hábito diario, porque yo soy un falso "Libro del frío"jubilado, a mí me falta tiempo y leo cuando puedo… Más que leer, releo.

     —ECP: ¿Es Blues castellano una bella rareza dentro de su obra, como ha dicho algún crítico?

     —AG: Yo no sé si una bella rareza, sé que es el libro mío que tiene un lenguaje más realista, pero este lenguaje realista está también en función simbólica casi constantemente… ¿Bella rareza…? No sé si es una calificación adecuada. Ahora, una cosa es cierta, y es que es uno de los libros que yo más amo, que yo más tengo conmigo, aunque sea consciente de que formalmente estoy muy lejano de ese libro ya.

     —ECP: ¿Se atrevería a dar algún consejo a los jóvenes escritores?

     —AG: ¡Ah, no! No hay consejos, no hay fórmulas. No hay más que leer a los grandes autores, trabajar, trabajar y fracasar muchas veces para llegar a hacer algo que merezca la pena.

     —ECP: ¿Y la vanidad, qué papel tiene en el juego literario?

     —AG: Yo creo que la vanidad es legítima en cierta medida, con tal de que no se pierda la directriz, porque entonces para satisfacer esa vanidad habría que hacer esa poesía de la que hemos venido hablando antes que no hay que hacer, es decir, habría que hacer una poesía que es aplaudida y celebrada por la mayoría. La vanidad es legítima, pero quizá perjudicial.

     —ECP: Usted ha triunfado en el mundo literario. ¿Qué define más al hombre, sus éxitos o sus fracasos?

     —AG: Yo no tengo conciencia de haber triunfado, sobre todo porque el mundo literario, no voy a decir que no me importe, pero me importa poco. Lo que me interesa es la pasión de la escritura. Triunfar o fracasar es secundario. En cuánto a qué me puede definir más... Claro, si se trata de éxitos o fracasos Maestro Gamoneda © García Pérezdel mundo literario, yo pienso que ni fú ni fá, me trae sin cuidado.

     —ECP: ¿Y si se trata del mundo real? ¿Sirven los fracasos para definirse?

     —AG: Desde luego los fracasos traen más experiencia que los éxitos, más información existencial. El éxito... Ahí está. Si viene, bien, y si no, no tiene mayor importancia. Usted sabe como yo que gran parte de la literatura está hecha desde el sufrimiento. En todo caso, vivir es fracasar. Vamos de la inexistencia a la inexistencia. Parece que hay un espacio, un accidente incomprensible en un intermedio que llamamos vida. Pero ese accidente temporal termina, es decir, fracasa.

     —ECP: Eso es puro Heidegger, ¿no?

     —AG: Jajajaja. Quizá.

 

 

 

 

 

 

 

LUIS GARCÍA MONTERO: cumpleaños total

 


Luis García Montero en la Fnac de Murcia © Zoraida AngostoEntrevista: Juan de Dios García

 

 

     Esta entrevista se llevó a cabo tras el Día de Andalucía, pero Montero no andaba por su tierra, sino realizando una especie de gira levantina. Venía de recitar en Alicante, esa mañana tenía una lectura en un instituto de Cieza y por la tarde presentaba su Poesía (1980-2005) en la Fnac de Murcia, donde tuve el honor de presentarle. Al día siguiente partía hacia Valencia, al encuentro de Carlos Marzal, no sin antes hacer una parada en Oliva para abrazar al maestro Brines. En mitad de esta road-movie mediterránea hablamos de muchas cosas, entre ellas, de su anhelo de desaparecer unos meses para terminar Vista cansada, su futuro poemario, haciéndolo coincidir con la celebración de sus cincuenta años. Será, sin duda, un cumpleaños total.

 

     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Tusquets te propone publicar tu poesía completa a raíz de cumplirse los 25 años de la publicación de tu primer libro…

     —LUIS GARCÍA MONTERO: Para disfrutar de la literatura se deben tener ojos de admiración y descubrir, como dijo Borges, que el arte es un espejo donde uno descubre su propio rostro. Eso se consigue muy bien con la poesía de los demás, pero cuando alguien se atreve a leer su propia poesía —y yo al ordenar los libros fui releyéndome— es muy difícil mantener esa temperatura de admiración, porque cuando me leo me sigo leyendo con ojos de corrector. Yo lo que veo son los fallos: aquí me equivoqué, aquí lo pude hacer de otra manera, esto no sé si está bien resuelto... Pero quien pierde la conciencia crítica está perdido como creador, es un acto de irresponsabilidad.

     —ECP: La responsabilidad como valor fundamental en el proceso de escritura, ¿no?

     —LGM: Cuando yo escribo tengo, sin duda, una meta de trabajo, que es mi lector ideal, que es como mi conciencia crítica que me obliga a ordenar mis sentimientos, mis palabras, a intentar explicarme con el otro. Y cuando leo poesía me busco a mí mismo en las palabras del otro.

     —ECP: ¿Luis, qué queda en ti de las enseñanzas althusserianas del profesor Juan Carlos Rodríguez?

     —LGM: Pues mucho, porque yo me siento heredero de mi tiempo y de mi formación. Después uno evoluciona, la vida no pasa en balde, la experiencia tampoco. Sigo creyendo que la literatura es radicalmente histórica, que no depende de la voluntad de compromiso del autor, sino de la educación que ha recibido, de su ideología, de su punto de vista, de su mirada… En ese sentido a mí me ayudó mucho Juan Carlos.

"Poesía (1980-2005)     —ECP: A formarte intelectualmente.

     —LGM: Y también poéticamente, porque yo empecé a escribir cuando se vivía un ambiente de mucha tensión por las perturbaciones de la dictadura entre una poesía esteticista muy radical y una poesía social, pero panfletaria, que pensaba que hablar de la propia intimidad era muy reaccionario. Y la reflexión de Althusser se unió a las reflexiones de Antonio Machado sobre la otra sentimentalidad, la idea de que los sentimientos son históricos y una nueva poesía tiene que indagar en una nueva sentimentalidad, en otra sentimentalidad (…) Ese tipo de formación marcó un poco los rumbos de mi literatura.

     —ECP: ¿Qué te sugiere ahora mismo la palabra “camarada”?

     —LGM: Me sugiere una historia, una historia digna, la historia de la lucha de unos seres humanos frente a una situación, la historia del intento de hacer un mundo más justo y más digno, que se resuelve en las ilusiones que hay en una canción como por ejemplo ‘La Internacional’, una canción que me emociona (…) Creo que la historia del Partido Comunista de España es muy respetable. La gente cuando habla de España y de lo español es muy rigurosa para muchos temas menos para cuando se habla del PCE, que fue un ejemplo de dignidad durante los años de la guerra civil y en la postguerra.

     —ECP: Háblame de tu relación con el Partido Comunista de España.

     —LGM: Fue una organización donde pudo condensarse toda la lucha antifranquista. Fue capaz de comprender que hacía falta una disciplina, una lucha solitaria, un ponerse al servicio del gobierno republicano de Negrín (…) Yo me acerqué a un partido comunista que reivindicaba la lucha por la libertad. Cualquier tipo de iniciativa antifranquista y reivindicación —ya fuese la de los homosexuales, la de unos profesionales comprometidos, la de cualquier iniciativa cultural, etc— se encarnaba en el PCE y por eso creo en su dignidad histórica (…) Hay gente, es verdad, que en vez de intentar dar respuestas a la realidad que vivimos se sigue encasquillando en luchas de poder, en rencillas, y muchas veces no se está a la altura de los tiempos.

     —ECP: A lo mejor al PCE se le ha juzgado en la historia española por lo que han hecho otros partidos comunistas de otros países.

A través de la literatura puedes ajustar cuentas con la realidad     —LGM: Por supuesto. Sobre todo por lo que fue el socialismo real y el estalinismo. Pero desde hace mucho tiempo el PCE apostó por la democracia, por la libertad (…) Se dejó la vida luchando contra Franco por la República. En ese sentido no creo que hablar del PCE sea hablar del comunismo de Stalin.

     —ECP: ¿Podrías darme una visión resumida, una opinión panorámica de la poesía emergente en España?

     —LGM: Es una poesía rica. Yo siempre digo que a los jóvenes lo que hay que exigirles es rigor en su trabajo y respeto por él, pero a partir de ahí ellos tienen que responder a su tiempo y de acuerdo con sus propias necesidades. A mí me parece muy triste el ejemplo de los poetas maduros que desprecian lo que viene por detrás, que se creen que la poesía acaba con ellos, que les van a quitar algo… Yo viví una época en la literatura donde, por ejemplo, un cascarrabias como Camilo José Cela despreciaba a todos los artistas jóvenes que empezábamos. También hubo novísimos que decretaron el final de la poesía española con ellos (…) Valoro el trabajo de gente joven…

     —ECP: ¿Por ejemplo?

     —LGM: La salud del género se puede demostrar por la buena calidad de nuestros autores, empezando por un autor ya en el inicio de su madurez como es Luis Muñoz hasta los más jóvenes como Carlos Pardo, Juan Carlos Abril, Elena Medel, pasando por gente como Javier Rodríguez Marcos, como Eduardo García… A mí me parece que tienen un mundo propio, variado, lleno de calidad. Tienen que apostar con honradez por su mundo. La poesía española vive buenos tiempos.

     —ECP: ¿Crees que has creado escuela respecto a esas nuevas generaciones?

     —LGM: No lo sé. Creo que, más que escuela en el sentido de que la gente escriba como yo he escrito, he creado escuela en el sentido de que puedo dar un ejemplo de honradez en mi apuesta por la poesía. He escrito lo que yo necesitaba escribir, dedicándole el máximo rigor y la máxima atención posible. Me he tomado muy en serio este género, porque hay mucha gente que no se lo toma en serio. Como no tiene repercusión en el mercado, como no da dinero, pues confunden la actualidad de lo comercial o de lo literario con la grandeza de la creación. Y me parece que la poesía es un género dignísimo. En el prólogo de mi obra completa publicada por Tusquets digo que al leerme como corrector tengo muchas dudas, porque uno siempre se lee a sí mismo pensando que podía haberlo hecho mejor, sin embargo me consuela de esa incertidumbre la seguridad de estar dedicado a un género muy importante de la cultura española y del que me siento muy orgulloso.

"Lecciones de poesía para niños inquietos"     —ECP: Además de demostrarlo en tu poesía, te diré que una de las enseñanzas que a través de tus ensayos —por ejemplo, en Poesía, cuartel de invierno— me deslumbró fue el hecho de que invitabas a ver la poesía como un género de ficción. Una sencilla, pero reveladora vuelta a la épica, que había sido tan abandonada.

     —LGM: Claro, porque yo creo que la ficción es un espacio de conocimiento. Utilizamos la invención humana para intentar conocer mejor la realidad. La imaginación es el ojo de la cerradura por el que espiamos la realidad. Mucha gente piensa que lo espontáneo es lo sincero, pero eso es mentira, porque cuando uno no piensa las cosas dice tonterías. El que dice lo primero que se le ocurre casi siempre suele decir una vulgaridad que han repetido cuarenta, porque simplemente interioriza lo que flota en el ambiente. Para mí la ficción significa el no confundir lo anecdótico con lo creativo y lo artístico, y en ese sentido sí creo que la poesía es un género de ficción como lo es la narrativa o el teatro (…) Yo cada vez estoy menos orgulloso de mi poesía, pero más orgulloso de ser poeta.

     —ECP: ¿Qué me puedes adelantar de tu nuevo libro? Si no recuerdo mal, se iba a titular Vista cansada.

     —LGM: Sí, es así, aunque me llamó un poeta catalán, de Gerona, diciéndome que él había publicado ya un libro titulado Vista cansada, pero creo que no entra en contradicción dos libros escritos en dos lenguas distintas. No pasa nada por que tengan el mismo título (…) A mí ese título me lo puso el oculista, claro, y va a ser una especie de libro de memorias escrito en poemas dedicados a personas importantes de mi vida, a mis ciudades, a cosas y personajes que para mí han sido importantes… Lo titularé Vista cansada por reconocer que uno va teniendo una edad y está cansado de seguir viendo algunas cosas que le parecen perversas y que no se solucionan, y al mismo tiempo es una apuesta por el optimismo y por el futuro, porque cuando uno tiene la vista cansada uno va a la óptica, el oftalmólogo le pone unas gafas y puede seguir viendo el mundo.

     —ECP: ¿Qué echas de menos y de más en la Granada que estás viviendo actualmente?

     —LGM: Mira, uno no tiene más remedio que idealizar la Granada donde se ha formado y donde ha sido joven, y corremos siempre el peligro de convertirnos en unos cascarrabias pensando que el presente está muy mal y nuestro pasado fue mejor. Entonces, quizá soy un poco injusto, pero es que yo viví una Granada muy viva, muy dinámica, que fue la Granada de la Transición. España entera estaba girando, "El sexto día"teníamos que quitarnos la costra del franquismo y apostamos por el vértigo y por la libertad, por la esperanza… Fíjate que en esa época aprendían a cantar y a hacerse su mundo propio gente como Joaquín Sabina, Enrique Morente y Carlos Cano. Era una Granada en la que nos formábamos como escritores gente como Antonio Muñoz Molina, Justo Navarro… Esa Granada quería huir del provincianismo, transformar la realidad, conseguir que escribir en Granada no fuese un ejercicio de localismo, sino medirse con lo máximo de la cultura nacional e internacional del momento (…) Ahora lo que sí noto es que las instituciones, que por un momento acompañaron a esa juventud, se han refugiado en el provincianismo. Por ejemplo, cuando uno ve los carteles que se hacen ahora para anunciar una fiesta y recuerda los que se hacían en los años 80 se nota la medida de los cambios que ha habido… Pero, bueno, hay gente joven que está trabajando y que encontrará huecos artísticos como los encontramos nosotros para seguir profundizando y ellos recordarán cuando sean mayores esos huecos, como yo recuerdo los míos.

     —ECP: ¿Y no crees que ese relevo en Andalucía lo tiene ahora la ciudad de Córdoba?

     —LGM: Pero es algo que conecta con la realidad. En Córdoba ahora mismo se escribe muy buena poesía. Cosmopoética, el festival dirigido por Carlos Pardo, es un buen exponente de la dedicación que Córdoba le ha prestado a la poesía. Y desde luego, en un momento en que coinciden escribiendo poetas de voces distintas como Eduardo García, Pablo García Casado, Elena Medel, Curro Bernier o el mismo Carlos Pardo cuando ha vivido allí, demuestra que es una ciudad muy viva. Quizá sí ha encontrado una compañía de las instituciones en esa juventud como ahora no lo hay en Granada.

     —ECP: ¿Y qué lección nos puede dar hoy en día un poeta?

     —LGM: La lección que dan los poetas me parece que es la de saber quedarse solos cuando se pierde la oportunidad de participar en las ilusiones colectivas. Me identifico con el ‘Soliloquio del farero’ de Luis Cernuda, cuando hablaba desde la soledad y reivindicaba la soledad de su faro, sabiendo que trabaja en esa soledad para que la travesía pública de los barcos no se estrellara en la orilla.

     —ECP: Un trabajo más importante de lo que algunos piensan.

Con Montero en el único bar donde se podía fumar © Zoraida Angosto     —LGM: En una sociedad que busca dogmas e identidades cerradas dedicarse a la poesía es oportuno e importante. Los poetas levantamos la mano para pedir tiempo y para pedir que no haya prisa en las cosas importantes de la vida. Los poetas, por lo menos, piensan tres veces lo que dicen.

     —ECP: Dime autores que admires en ese sentido.

     —LGM: Me fijo en ejemplos como Lorca, Cernuda, Neruda, poetas que han participado de esas ilusiones colectivas sin renunciar a su singularidad poética.

     —ECP: Ejemplos de virtud.

     —LGM: Conforme pasan los años me doy cuenta de que el escritor tiene dos amenazas: la de repetirte si has tenido éxito haciendo algo. La otra es traicionarte por el deseo de innovar, convirtiéndote en un saltimbanqui. Por eso una parte de la virtud poética es aprender a tener paciencia o, como decía Machado, ser como una barca que está esperando tranquilamente a que suba la marea.


     Y no es casual que Montero termine esta entrevista citando al maestro sevillano. Él no lo pudo oír porque estaba ocupado en firmar ejemplares, pero entre el público, después del recital y la charla, alguien dejó caer en una conversación: «hemos visto al Antonio Machado del siglo XXI». Estoy seguro de que Luis se ruborizaría con satisfacción ante ese piropo. Lean el poema inédito que nos adelantó.

 

COLLIOURE

Un rincón en el mundo
detrás de una frontera,
o detrás de los años y los amaneceres
con la esquina doblada
como la página de un libro,
o detrás de las curvas de una guerra.

Se conmueve el camino a la orilla del mar.
Parece un látigo en el aire
de febrero lluvioso.
Cuando baja del coche,
Ángel González duda,
pone sus pies heridos en la historia
y sube muy despacio,
entre muros franceses
y casas repintadas
con el azul de los veranos,
hasta llegar al cementerio.

Lo que nos trae aquí,
no es el sol de la infancia.

Los lugares sagrados nos permiten vivir
una historia de todos en primera persona.
Las flores de la tumba de Machado
imitan el color de una bandera
sagrada por mandato
de mi melancolía.

Aquello que perdimos una vez,
y el frío de las manos, la palabra en el tiempo,
el dolor de las vidas que se cortan
en el cristal de los destinos rotos,
descansa hoy, casi desnudo,
en una tumba de poeta.

¿Cuándo llegamos a Sevilla?,
preguntaba su madre al entrar en Colliure?

Qué difícil la suerte
de los pueblos que viven protegidos
por la misericordia de un poema.
Qué difícil la última
soledad de Machado.

La luna llega al mar,
el mar llega a Sevilla,
nosotros a un recuerdo
y a esta pálida,
desarmada emoción
de compartir una derrota.