CONCHA GARCÍA
Reflexiones de una escéptica
—CONCHA GARCÍA: Que me transmita una emoción, sea de la índole que sea. —ECP: De los suyos, ha dicho que «son la reflexión de una escéptica». Con el paso del tiempo, ¿uno va haciéndose más escéptico dentro de su cosmos poético o más reflexivo? —CG: Dentro del cosmos poético una va exigiendo más porque no puedes repetirte y de alguna manera se acota el campo de posibilidades, debes ser más precisa, lo que exige también cierto grado de reflexión, sin que ello quiera decir que tiempo atrás no fueras reflexiva. Con la edad se pierde espontaneidad y eso es una manera de reprimir. Pero se gana en horizonte, por eso es mejor callarse a veces. —ECP: En una sociedad donde se desdeña tanto a la poesía (más aún a los poetas), ¿por qué los del gremio somos tan exigentes con ella? —CG: El lenguaje constituye el arte más humano y se mantiene próximo al pensamiento que lo inspira y en consecuencia la poesía no se cosifica como objeto utilitario. La sociedad de consumo pienso que tira hacia otro lado; en esta situación también es cierto que, como siempre, hay muchos que escriben poesía, pero muy pocos poetas. —ECP: Si el tríptico que conforma Otra ley, Ya nada es rito y Desdén es de carácter autobiográfico, vemos cómo éste va desapareciendo en los siguientes. ¿Podría decirse que en la evolución de sus poemarios parece darse una concienciación del otro? —CG: La trilogía que mencionas refleja más bien la construcción que una serie de críticos que ido configurado mi obra, como puedes suponer una no se plantea escribir una trilogía biográfica, creo que no soy tan pedante. Y por supuesto que en los poemas existe un lastre autobiográfico sin ser necesariamente autobiográficos. —ECP: Incluso Vázquez Montalbán decía en el prólogo de su Cuántas llaves que había una mujer protagonista en esos versos consciente de ser un personaje. —CG: Estoy de acuerdo. El personaje que habla en algunos poemas míos no soy yo, pero necesita de mi biografía, de la complicidad de mi mirada.
—CG: Me planteé escribir un poema largo y el verso de Clarice Lispector que abre el libro me dio la idea del título, me pareció muy hermoso hacer un paralelismo entre la imagen de una naturaleza en plena efervescencia y un planteamiento poético diferente, donde el sujeto dejase de lado ese derrotismo existencial, quería darle aire a la existencia, dotar de esperanza a la escritura para que no se limitase a enseñar sólo lo feo de la vida. —ECP: ¿Cuántas llaves se necesitan para encontrar la que abre el verdadero poema? ¿Cuántas cerraduras hay que dejar atrás? —CG: Muchas. Fíjate, este mes de agosto estuve en Montevideo y de pronto vi en la acera que alguien había incrustado con cemento una serie de llaves en una loseta de cemento, inmediatamente pensé que esas llaves ahí pegadas simbolizaban la posibilidad de abrir otras puertas, realmente me pareció curioso el hallazgo. Muchas veces andamos confundidos sin saber qué hacer, hacia dónde ir, y el hecho de ser más libres que otros puede ser también una restricción. —ECP: Se ha dicho que sus poemas son ventanas interiores. ¿Hasta dónde está de acuerdo con esta afirmación?
—ECP: También se ha dicho que la suya es una poesía de la cotidianeidad, rasgo éste que se le echaba mucho en cara a los poetas de los noventa y de la experiencia. Parece que los críticos han perdido un poco el norte, o no se han parado a reflexionar que para Leopardi también era cotidiano todo lo que daba de sí la Recanati del siglo XVIII. Si comparáramos estos dos tipos de cotidianeidades, también podríamos afirmar que Concha García es un clásico, ¿no le parece? —CG: La cotidianidad contra lo sagrado. No sé muy bien por qué la crítica tiene que parcelar, diseccionar, agrupar. Todo es cotidiano: el peso del mundo, cuando sientes tanta tristeza e impotencia al ser gobernados mayoritariamente por incompetentes, el reflejo tras la ventana de una tarde que se apaga, estar en la cola de un cine, el milagro del amor, la sagrada existencia, la miseria cotidiana, etc. —ECP: En los últimos años parece que hay una tendencia a dejar de lado la formación de grupos y la proliferación de antologías ha descendido bastante. ¿La poesía española de los últimos treinta años cada vez va siendo más heterogénea? —CG: No conozco muy bien todo lo que escriben los más jóvenes. Ha habido un exceso de antologías y de grupos poéticos y eso ha producido un cansancio. Tengo la sospecha de que la poesía española cada vez es más parecida porque hay una gran dosis de conformismo y una ausencia absoluta de rencor. —ECP: Una poeta como usted tiene que lidiar con una Barcelona postolímpica. ¿La transformación de una ciudad podría convertirse en un elemento poético, en un momento dado?
—ECP: Por último, díganos dos o tres poetas que le gustaría que le acompañaran en una hipotética antología de poesía actual y recomiéndenos ese libro de poesía que ha leído últimamente y ha hecho que vuelva a creer en ella. —CG:
He leído a la poeta brasileña Ana Cristina César
(1952-1983) y vuelvo a creer en la poesía. También al argentino
Juan L. Ortiz (1897-1978) y a la uruguaya Ida Vitale (1923). Por ejemplo,
con ellos quisiera estar y desde luego con algunos más pero que,
por no herir sensibilidades, no nombro. |