VICENTE LUIS
MORA
El ocaso de la normalidad
Mario Cuenca Sandoval
Vicente
Luis Mora (Córdoba, 1970) dirige uno de los blogs de crítica
literaria más concurridos de la red, un foro por el que desfilan
muchos de los representantes de la nueva narrativa española y donde
se ofrece la suculenta posibilidad de criticar al crítico. Como
la valentía se paga cara en este mundo de las letras, y Vicente
no tiene miedo a la práctica de la profanación, ha sido
calificado como “enfant terrible” de la crítica, “radical”,
“insolente” o “deslenguado”.
—VICENTE LUIS MORA: Bien, he aquí la típica pregunta que nunca podría contestarse comenzando con un sí o con un no; ni siquiera con un sí, pero. Por supuesto que hay cosas que huelen a podrido, pero también es cierto que hay críticos interesantes que escriben en suplementos. Y hay suplementos, como Culturas de La Vanguardia, que son de obligado seguimiento; también algunos números de ABCD hay que guardarlos en casa. Si lo que me pide es un diagnóstico general, le diré que la crítica de suplementos, de revistas y académica española, en general, me aburre; pero eso no significa que no haya críticos estupendos y de los que uno aprende con fervor. A lo mejor lo que hay que revisar es el esquema del suplemento, su excesiva dependencia de grupos editoriales, su alineación con líneas ideológicas y mercantiles, y un largo etcétera. —ECP: A su juicio, qué se mueve en la crítica española últimamente. —VLM: Pues más bien poco, la verdad. Tampoco voy a caer en la banalidad de decir que la crítica más interesante se está haciendo en internet; primero, porque es falso (los críticos interesantes de la Red suelen publicar también fuera de ella); segundo, porque es reduccionista; y tercero, porque —como bien apuntó Agustín Fernández Mallo en un encuentro de narradores por el que usted me preguntará luego, creo—, mucho de lo que se llama crítica en internet en realidad es un conjunto de anotaciones impresionistas de lectura, sin análisis de ningún tipo. Notas del tipo: «me ha gustado, porque me recuerda a lo que yo hago», o «no me gusta porque aparece tres veces la palabra caca, o porque está en la línea de tal autor». La crítica es otra cosa. —ECP: En La luz nueva (Berenice, 2007), distingue usted tres grandes áreas en el mapa de la narrativa actual: los narradores tardomodernos, los postmodernos y los (incipientes) narradores pangéicos. ¿Cómo resumiría esta distinción? ¿Avanza Pangea?
—ECP: Con respecto a la narrativa española actual ¿cuál es su estado de ánimo tras el Encuentro de Nuevos Narradores celebrado en Sevilla este año? ¿Optimista? ¿Desilusionado? ¿Expectante? —VLM: Era el mismo que llevaba antes, aunque es cierto que he conocido a muchos autores cuya obra me ha interesado después de oírles hablar de ella. En algunos casos, como el de Milo Krompotic, la lectura posterior ha reafirmado mi buena impresión. Otra de las conclusiones que saqué del encuentro es que hay demasiada gente pendiente del dinero, y muchos escritores con mucha tontería en el cuerpo. La Historia Literaria le quitará los humos y las gasas, a lo bestia.
—ECP: Poesía de la normalidad es una categoría más amplia que poesía de la experiencia, pero algunos vieron en su denuncia de la normalidad poética, cómoda, inmovilista, una crítica directa a lo que ha dado en llamarse poesía de la experiencia. ¿Qué singularidades señalaría usted entre los poetas de esta corriente? —VLM: Buf… La pregunta del millón, pero antes me gustaría precisar algo. Dije en su momento y repito que los términos poesía de la normalidad y poesía de la experiencia son círculos secantes, pero no concéntricos. Hay cosas de fuera que son normalizadas, y cosas de dentro que valían la pena. Siempre he defendido, y seguiré defendiendo, por ejemplo, buena parte de la poesía de Felipe Benítez Reyes, que me parece, con mucho, el maglior fabbro de la poesía de la experiencia: nunca ha pretendido ser originalísimo, a diferencia de otros; nunca ha querido engañar a nadie, dando lecciones de moral ideológica en sus poemas que sus actos podrían desmentir, como muchos otros; nunca se las ha dado de intelectual o metafísico; y se ha dedicado a elaborar con paciencia su obra, que es honesta, seria y trabajada. Tardomoderna, con giros clasicistas y ecos manuelmachadianos o eliotianos, según la época, me parece bien escrita y, sobre todo, de una intensa serenidad elegíaca, si me permite la imagen forzada. De esa obra me interesa mucho, sobre todo, su distanciado y reflexivo tratamiento del tiempo. Que yo nunca vaya a escribir como él —tampoco quiero escribir como Gamoneda o como Gimferrer: yo quiero escribir como Vicente Luis Mora, pero mejor— no me impide valorar lo que hace. En otro orden de cosas, dentro de la poesía de la experiencia, en su momento, estuvieron voces que hoy me parecen fundamentales, como Álvaro García, o Eduardo García, y que supieron salir a tiempo de la atracción por la línea de éxito para buscar su propia voz.
—VLM: Lo siento, pero prefiero no hablar de mi obra, porque me pongo atómico. En su favor sólo puedo decir que se propone cosas de ambición. Evidentemente, luego no las consigue… —ECP: En su poesía (también en su narrativa) incorpora recursos expresivos que proceden de las nuevas tecnologías. ¿Significa esto que es usted optimista con respecto a la relación literatura-tecnología? —VLM: Bueno, no soy optimista, sino realista. No podríamos tener esta conversación si no fuera gracias a esa relación entre la literatura y la técnica. Siempre han estado unidas desde que se abandonó la literatura oral; el cálamo o la imprenta fueron notables avances tecnológicos en su tiempo. Como cada vez hay más técnica se abren, en consonancia, infinitamente, las posibilidades de expresión. Sí, soy optimista. Prefiero un mundo con blogs a otro sin ellos, por ejemplo. Lo mejor que me ha pasado como escritor es mi blog. —ECP: Usted es jurista de formación. ¿Advierte en su poética alguna presencia, patente o latente, del discurso jurídico? —VLM: Por supuesto, y por más que intento laminarla, se resiste y sigue impregnando con su lógica aristotélica mi lado atrabiliario. Mi sombra jungiana es el jurista. Lo que pasa es que me encanta utilizar, como hago en el recién aparecido Circular 07. Las afueras (Berenice), el lenguaje forense o judicial en tonos irónicos o corrosivos.
—VLM: En la ausencia de género, por eso me encanta hacer Circular, donde el género ya no existe, y lo que hay es otra cosa. No me pregunte qué es: trabajen ustedes, los otros críticos, caramba.
—VLM: Bueno, en cuatro años no ha cambiado nada, sólo se han agravado los procesos en marcha que denuncio en los prólogos de Singularidades (2006) y La luz nueva (2007) para poesía y narrativa, respectivamente. La mercantilización y la tentación espectacular son un cáncer para la literatura actual, que algunos o muchos escritores —pude comprobarlo en esa reunión sevillana de la que antes hablaba— están encantados de propagar. —ECP: Creo que el espacio juega un papel fundamental en su narrativa, el espacio como objeto de análisis “fenomenológico”, si se quiere. ¿De dónde procede ese interés? ¿En qué tradición podríamos rastrear ese rasgo? —VLM: Es una especie de paranoia personal que tengo desde niño. Cuando era apenas un crío leí en alguna parte que los mayores lo ven todo más pequeño, al crecer. Al tener noticia del hecho siendo muy niño, la constatación gradual y en vivo de ese proceso de cambio ha sido una de las muchas malformaciones por la lectura que han estructurado mi mente de forma diferente al resto. Y mi cosmovisión de las cosas tiene tanto de cosmos como de visión, es una percepción espacial de los asuntos —y de las personas. No es difícil rastrear tradiciones: San Ambrosio, Mallarmé, la ciencia-ficción, la literatura norteamericana —toda ella una literatura del espacio—, la japonesa —una literatura sobre la falta de espacio—, Perec. Obviamente, estoy muy en sintonía en este sentido con otros compañeros que están abordando, desde muy distintas perspectivas, el tema del espacio como un referente central de su obra: Jorge Carrión, Mercedes Cebrián, Agustín Fernández Mallo. —ECP: ¿Qué prepara en estos momentos Vicente Luis Mora? —VLM:
Las maletas. No es una broma; en lo literario, ultimo un libro de poemas,
voy puliendo Circular 08. Centro, y algún ensayo. |