EDWIN MADRID
Quito me mata

 

Juan de Dios García

 


     Los versos y prosa poética de este pulpo ecuatoriano mueven sus tentáculos de sabiduría y disparan su tinta de deseo por las extensiones de todo Quito. Lleva publicados nueve poemarios, entre los que se cuentan ¡Oh, muerte de pequeños senos de oro! (1987), Celebridad (1990), Caballos e iguanas (1993), Tentación del otro (1995), Tambor sagrado y otros poemas (1996), Puertas abiertas (2000) o Mordiendo el frío (2004). Edwin Madrid (Quito, 1961) es probablemente el poeta ecuatoriano actual más conocido fuera de su país. Es el presente y, seguro, es el futuro.

 


Edwin Madrid: Quito me mata     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Ganaste el premio Casa de América con Mordiendo el frío y acabas de coordinar una antología, La poesía del siglo XX en Ecuador, ambos títulos en la prestigiosa editorial Visor. La mayoría de los poetas hispanoamericanos que comienzan a publicar en editoriales españolas terminan por vivir en España, al menos durante algunos años. ¿Te ha tentado alguna vez esa idea?


     —EDWIN MADRID: Creo que es muy sabido que para muchísimos ecuatorianos la idea de vivir en España es lo primero que se les viene a la cabeza, los escritores no son excepción. España es la puerta grande del libro en español y vivir en España y publicar en España, que son dos cosas diferentes, quiere decir que la literatura de un autor hispanoamericano existe. Pero para mí vivir allá significaría tratar de construir mis sueños como cualquier migrante. Ser poeta no me da ningún tipo de ventaja. Tendría que trabajar en lo que sea para ganarme el pan y luego escribir, porque yo soy como cualquier poeta del mundo: como, luego escribo. No se puede escribir del aire, en el aire o con el aire. La escritura es tan material y complicada que uno, o al menos yo, necesito un tiempo de adaptación para poder escribir. En este sentido vivir en España, no me seduce tanto. Estoy acostumbrado a Quito, lo conozco y puedo sortear sus limitaciones e incomodidades, pero, a pesar de todo, puedo escribir, que es lo más importante.

     —ECP: ¿Cómo definirías la ciudad de Quito, a la que, después de leer tu obra poética, es claro que amas con desmesura?

     —EM: Quito es la ciudad de las nubes y de las montañas, se extiende de norte a sur o al revés entre montañas salvajes a los dos lados. Me gusta su luz brillante y la posibilidad de subir unos metros y contemplar el espectáculo de la cordillera de Los Andes. Está en la mitad: latitud 0º 0” 0’, pero también en la mitad del país, a 45 minutos en avión, del mar o de la selva amazónica. Tiene una tradición histórica y cultural muy rica, es el centro del Ecuador con todos los vicios de cualquier capital latinoamericana. Sin embargo, el espacio de los escritores es tan reducido que se forman bandos para atacar al otro, guerrillas literarias folklóricas necesarias para poner el color local a una muy poco difundida literatura ecuatoriana. Pero Quito es una ciudad preciosa que merece la pena hacer pasear por sus calles a los fantasmas de uno.

"Mordiendo el frío" de Edwin Madrid     —ECP: Imaginemos una ciudad posible, la ciudad perfecta. ¿Cómo sería, según Edwin Madrid?

     —EM: Bueno, si a Quito le ponemos el mar y mantenemos su temperatura de 24 grados todo el año, tendremos la ciudad. Mas sin imaginar tanto esas ciudades perfectas ya existen: Dublín para Joyce, Toledo para Cervantes, Macondo para García Márquez, Nueva York para Paul Auster, Madrid para Javier Marías, Tokio para Murakami; es decir, cada escritor recrea su espacio según la necesidad de su escritura.

     —ECP: El poeta José Luis López Bretones me recomendó tu libro Mordiendo el frío con un argumento que no es habitual en una recomendación poética. Dijo «léelo, te divertirás». ¿Qué lugar ocupa el humor en tu poesía?

     —EM: El humor en mi escritura es definitivo. Creo que comencé a reírme cuando leí a los clásicos ecuatorianos, tan solemnes, tan serios y formales, diciendo sus poemas como verdades absolutas. La literatura ecuatoriana, en general, es muy dramática; eso de que los escritores se rasgan las vestiduras para escribir, eso a mí me parece una gran tontería, creo que uno debe divertirse cuando escribe. Así que yo no me tomo muy en serio lo que escribo, no lo hago pensando en que me recordarán mañana. Me importa nada la trascendencia, yo sólo escribo lo que verdaderamente me seduce, lo que siento; no tengo un proyecto literario. Yo obedezco a una tradición de la poesía hispanoamericana. Entonces, para mí, la poesía ecuatoriana no es más importante que la peruana, argentina o española. Y es de esa riqueza de donde saco la risa, pienso que mis poemas no se quedan en la risa hueca, sino que van más allá a cuestionar al mundo y al lector.

     —ECP: ¿Y el amor?

     —EM: No se puede vivir sin amor ni sin amar. Si nos fijamos bien, las historias que se cuentan, las historias que vemos, vivimos o soñamos, son historias de amor, no importa el drama de la economía o de la política, lo que importa es la fricción de los sentimientos entre hombres y mujeres. A mí me parece que está bien un poco de amor en cada historia. Eso humaniza la mirada sobre la realidad.

"Puertas abiertas" de Edwin Madrid     —ECP: ¿Y el sexo?

     —EM: Me gusta tanto que hasta lo practico.

     —ECP: ¿Y Dios?

     —EM: Está en todas partes y a toda hora.

     —ECP: Con frecuencia el ‘narrador poético’ de Mordiendo el frío burla a sus amigos escritores acostándose con sus esposas o amantes. Aunque te puedas escudar en que se trata de ficción, ¿no te ha causado alguna enemistad este libro?

     —EM: Cuando escribía ese libro pensaba en la hipocresía y el rubor de un medio pacato como el ecuatoriano; pero lo que más emocionaba era crear historias donde las mujeres que aparecieran fueran retratadas con cierta nostalgia y dulzura, tal que cualquiera que se hubiera cruzado conmigo y se viera retratada en ellas no se sintiera ridiculizada o mal tratada, sino todo lo contrario, a gusto con el personaje creado a partir de sus gestos. Pero claro, en un medio como el quiteño mis historias son vistas como las de un exhibicionista, como una retórica del sexo y mis detractores murmuran esas historias en las alcobas y prostíbulos como los pecados que desean ponerlos en práctica.

     —ECP: Sabes que nunca te presentaré a mi esposa, ¿no? Jajaja.

     —EM: Haces bien, uno debe cuidar lo que tiene. No te lo digo por mí, que soy un desastre como seductor y otro tanto como amante. Te lo digo porque la mujer que está conmigo es tan bella como la tuya, y yo tengo que espantar a esas moscas disfrazadas de poeta.

     —ECP: No es difícil tener una erección leyendo novela erótica, pero sí lo es leyendo un libro de poemas. Enhorabuena, Edwin. ¿Qué te parece este elogio?

     —EM: Se la contaré en mi próxima lectura pública para que sepan de qué van los poemas que leeré.

     —ECP: Ahora cambiemos de tercio. Háblame de tu trabajo como antólogo. Cuéntanos brevemente cómo nació la idea de La poesía del siglo XX en Ecuador, cómo fue el proceso de selección, qué ambición tenías con dicha antología y cómo está respondiendo el lector ante ella.

     —EM: La idea de la antología es un proyecto que Visor-Libros tiene con la publicación de las antologías de la poesía hispanoamericana. Ya han aparecido las antologías de Venezuela, Colombia, Chile, y ahora la de Ecuador. Así que Chus Visor me llamó un día y me propuso ese trabajo. Cuando me puse "La poesía del siglo XX en Ecuador" de Edwin Madridmanos a la obra me di cuenta de que se trataba de seleccionar a veinte poetas ecuatorianos del siglo XX que estuvieran a la altura de sus pares en otras latitudes del continente. Entonces, no sólo se trataba de conocer muy bien la poesía ecuatoriana, sino, y sobre todo, de sopesarla en el contexto de la poesía hispanoamericana y decir estos son los poetas ecuatorianos. Eso para mí fue un reto, además porque por primera vez aparecía una antología de esa importancia en España [...] Los comentarios que ha despertado en España no han podido ser mejores porque se ha dicho que después de revisar la antología se da cuenta de que es una poesía que no es menor para nada a ninguna de las poesías del resto de Hispanoamérica, para mí ese comentario es suficiente. Aunque los comentarios de Ecuador todavía no llegan porque la antología aún no circula aquí, y desde luego me darán palo como casi siempre que sale a la luz uno de mis trabajos. Yo, como he anotado, lo recibiré con gusto, a sabiendas que vendrán de los malos poetas que no los incluí, eso me permitirá, hablar una vez más sobre mi visión de la poesía ecuatoriana.

     —ECP: Tu poemario Puertas abiertas se ha traducido al inglés y al árabe. ¿Con qué alegría recibes esta traducción a dos idiomas tan extendidos en el mundo? ¿Qué puertas te abren o te han abierto esas traducciones?

     —EM: Digo que cada libro tiene su propio historial. Puertas abiertas, escrito en mi lengua, primero tuvo su aparición en versión inglesa, en Portland-Estados Unidos; luego tuvo una publicación bilingüe español/inglés y de allí saltó al árabe con su publicación en el Líbano. Este tránsito, sin duda, ha difundido mi poesía en ámbitos más amplios, causándome una sorpresa muy grata, porque cuando se traducía al árabe, el poeta y traductor Yaqoob Almuharraqi me decía que mi libro topa varios puntos de identificación con la cultura árabe, cosas insospechadas para mí. Por ejemplo: puertas abiertas para los árabes significa dar albergue al caminante y agua al sediento. Es decir, tenía el mismo espíritu con el que yo construí ese libro y que lo sientan aquí y allá a través de esas palabras que yo ordené es muy gratificante.

     —ECP: Diriges los Talleres Literarios de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), un trabajo, sin duda, con un componente humano altísimo. ¿Cuál ha sido la experiencia más relevante que has vivido en estos talleres?

     —EM: Bueno, sin ninguna grandilocuencia, creo que la generación más reciente de poetas han salido de mis Talleres. El contacto con los más jóvenes para mí es muy revitalizador y siempre les estoy diciendo que si ellos no cambian la poesía que tienen al frente nadie lo hará. Entonces ver cómo ellos han creado sus propias publicaciones y hacen sus cosas convencidos de la poesía me emociona.

Edición árabe de "Puertas abiertas" de Edwin Madrid     —ECP: ¿Y sorpresas o avatares que hayas tenido como editor? Recordemos al lector que diriges también la Colección de poesía Ediciones de la línea imaginaria.

     —EM: Esto merece un capítulo aparte, porque cuando fui el editor de la Obra Poética Completa español/inglés de Jorge Carrera Andrade, para muchos el mayor poeta ecuatoriano de todos los tiempos, estuve en el ojo de la tormenta y vi y sentí las miserias humanas del mundillo literario ecuatoriano. Pero no te lo cuento yo, sino que te paso una crónica que apareció en un blog (*).

     —ECP: Hace un año se publicó una antología de tu obra poética en México, La búsqueda incesante (Oficio, 2006). ¿Qué te une a este país? ¿Por qué en México y no en Ecuador?

     —EM: Creo que en el texto anterior está expuesto por qué no apareció mi antología en Ecuador, es un medio muy pequeño y son ciertos grupos los que legitiman lo que está bien o no. Yo no tengo grupo y mi poesía tiene mayor circulación afuera que dentro del Ecuador. Además, México es un país maravilloso en el que tengo grandes amigos y en el que me siento muy a gusto cuando lo visito.

     —ECP: En el prólogo a La búsqueda incesante dices «cada vez que escribo utilizo una máscara, y es desde el otro lado quien habla aquí, como si al mismo tiempo fuera yo y también una multitud de un estadio de fútbol». No puedo estar más de acuerdo contigo, pero, ¿crees que vas a poder mantener esta poética cuando llegues a ser un ancianito?

     —EM: ¿Has escuchado genio y figura hasta la sepultura? Bueno, en mi caso, esto creo que es así. Pero tampoco me importa si después cambio de opinión. Como te dije, no tengo un proyecto literario y únicamente escribo sobre lo que me apasiona.

 

     (*)

     Ajuste de cuentas

     El día de ayer pesqué en diario El Comercio de Quito la nota que podrán leer líneas abajo. La pongo aquí porque no es posible recogerla del banco de datos del diario lo he probado hace unos momentos infructuosamente.
     Es una de esas noticias que suelen extraviarse por los días sin apenas concitar la atención de los lectores; sin embargo, cuando logran atraerlo, por lo general no despiertan el respeto o conceden el reconocimiento que un autor de otros lares, por un hecho similar, ganaría en el nuestro o en otro país; no, el lector equinoccial toma esas noticias con pinzas y las pone en tela de duda ¿nunca se sabe sobre la veracidad de las fuentes, nunca se sabe mucho sobre los contextos de donde estas noticias emergen?. A mí esta noticia me sorprendió de buena manera y alegró mi día. Tiene que ver con un poeta de la tierra.
     Hace cosa de un año y medio (por abril de 2004), a Edwin Madrid, el poeta de la notita en marras, le cayeron a palos desde todos los lados ?a través de los principales diarios ecuatorianos?. Resulta que Madrid fue el editor de la edición bilingüe de la obra poética completa de Jorge Carrera Andrade (editada por la CCE), una hermosa edición que fue sacada de circulación tan pronto como se la puso a la venta. Motivo: los textos trasladados al inglés tenían “errores imperdonables” y muchos otros defectos imaginarios. Reí entonces mucho con las aseveraciones que la prensa generosamente irrigó por sus páginas impugnando la versión inglesa propuesta por el traductor (todos desconocían u olvidaban deliberadamente que en literatura sólo podemos disponer de versiones excelentes, buenas, malas, pero nunca de la traducción exacta que todos andaban exigiendo).
     Era de Ripley ver cómo periodistas, profesores, intelectuales, escritores que hasta ese momento desconocían, o conocían apenas, la obra de Carrera Andrade digo en lengua castellana de pronto ponían el grito en el cielo ante la versión inglesa de la obra trabajada por Madrid y Carlos Reyes, el traductor y académico norteamericano que decidió hispanizar sus nombres hace ya muchas décadas (se llamó antes Charles King). Huelga decir que el 95% de los críticos que hicieron entonces sentir su enfado no hablaban inglés ?a descargo de ellos, vale anotarlo, tampoco el editor?. Fue ese un momento bastante oportuno para discutir sobre traducción pero no se lo hizo; como sucede con los temas que de verdad interesan a la realidad ecuatoriana, no se los discute, no se los prueba ante las ideas, se los utiliza para ajustar cuentas.
     Entonces a Madrid le cayeron a palos día tras día. A la criolla, le hicieron carga montón. De escritores con autoridad, con conocimientos de lenguas una mano alcanza para contarlos, no hubo alguno que quisiera opinar al respecto. Supongo que por curarse en salud o, como buenos conocedores del medio, se portaron sencillamente como viejos zorros. Pero una mañana, sin ningún misterio de por medio, en un santiamén se dejó de hablar de Madrid. Motivo: al poeta quiteño le concedieron justo en esos días el Premio Casa de América de España. Un reconocimiento a su trabajo literario otorgado por un jurado internacional que, para mala pata de los impugnadores de Edwin Madrid, estaba fuera de toda sospecha. Lastimosamente no podía inferirse amarre y, para colmo, el libro por el que le concedieron el premio se publicaría en Visor, la editorial de La Poesía por antonomasia, de cuyos libros hemos bebido al menos tres generaciones.
     De la noche a la mañana los impugnadores de Madrid olvidaron que, en buena ciencia, la una cosa no tenía nada que ver con la otra. Que la concesión del premio hecha a Madrid se hacía a su poesía y que por tanto nada tenía que ver con la responsabilidad editorial impugnada. La bronca debió seguir, pero no, las voces callaron como cuando un profesor impaciente se manda un corajazo en un aula llena de jovencitos malcriados. Fue una pena ver cómo entonces se confundió una cosa con otra; ver cómo las letras encarnaban de la manera más transparente esa conversación de sordos, de sordos y cojudos, que constituye la política ecuatoriana en casi todas sus instancias.
     El libro premiado, Mordiendo el frío, con sello editorial Visor (la ilustración de portada es un angelito dorado diminuto sacado de un catálogo de La Escuela Quiteña) fue presentado en Madrid el 13 de octubre de 2004. Su contenido lo comentó luego El País de España, La Jornada de México, Página 12 de Argentina, El Mercurio de Chile. En Ecuador lo comentó únicamente Diario Expreso de Guayaquil. Y que yo sepa, hasta la fecha, ninguna revista de literatura.
     El día de ayer leí la nota que les alcanzo; ella me ha movido a recordar el fatum de los libros de este poeta ecuatoriano. Sabía que Madrid debía ir a Argentina al encuentro de poetas en Neuquén. Sabía que Madrid tiene en Buenos Aires, Santiago, Bogotá, Lima, México DF, los lectores que no tiene en Quito, Guayaquil y Cuenca. Suponía que sus lectores argentinos sabrían valorar el libro publicado por Visor. Pero por lo que la prensa anota, veo que supuse mal. ¡Oh muerte de pequeños senos de oro! ¡Oh destino el de los libros de Madrid!: Puertas abiertas cautiva en inglés y árabe; su poema extenso Celebriedad en Argentina; en Chile y en México, una varia de sus, hasta ahora, ya demasiados libros. En hora buena por la literatura.

 

     Madrid, el eje de los celebriedades

     Santiago Estrella, corresponsal en Argentina


     Que un grupo de poetas decidan llamarse como el título de un libro no es usual, y menos todavía que ocurra con un ecuatoriano. Esta experiencia acaba de vivirla Edwin Madrid, invitado al Segundo Encuentro Confluencia Literaria, en Neuquén, y quien integró a más de 100 poetas de Argentina, Chile, Brasil, España.
     Madrid se llevó la sorpresa de encontrarse con cinco poetas llamados Celebriedades, en honor a un libro que consideran clave en su devenir poético, Celebriedad (1992).
     «Ha sido una verdadera sorpresa ?afirma Madrid? porque se supone que uno debiera estar viejo para recibir este tipo de homenajes».
     Según Raúl Mansilla, líder del grupo y organizador de la cita, luego de haber conocido al quiteño en el Encuentro de Poesía, en Rosario (2002), «nos sentimos consustanciados con la estética de Celebriedad, a tal punto que fundaron una editorial que lleva publicados nueve títulos de la colección de libros Celebrios.
     Se trata de un pequeño homenaje a los vicios. «No solamente desde el lugar de destrucción que suponen los vicios en muchas ocasiones, sino también como un canto a la vida», sostiene Mansillas.
Y la obra de esos poetas patagónicos va de ciudad en ciudad con un espectáculo montado con música y con una selección de poemas de Madrid.
     Una pequeña duda ronda en la cabeza de Edwin Madrid: «Quién sabe si gané lectores o perdí otros, no me he quedado en esa instancia, tampoco me interesa. Es como un pago de cuentas de mi vida de soltero. A partir de eso, comienzo a ver la poesía diametralmente opuesta. El libro que sigue a Celebriedad es Caballos e Iguanas. Celebriedad fue escrito hace 15 años y esa actitud, esa experiencia, ya las viví y ya no las comparto, a pesar de que es entrañable».
     Gozando de los privilegios del año sabático, gracias a haber perdido su trabajo como director de talleres de la Casa de la Cultura, pero feliz por la traducción de su libro Puertas abiertas al árabe en una edición de 10.000 ejemplares en El Líbano, acaba de ser invitado al Festival Mundial de Poesía que se realizará en octubre en Santiago de Chile.
     Mientras se agota el dinero del último premio que recibió, tiene sólo una certeza: «Estas satisfacciones son pocas, pero importantes. No se pagan con dinero, pero te hacen sentir humano, del lado bueno al que apunta la poesía. Eso me puede convertir cada vez en mejor persona que en mejor poeta».


Tomado de Diario El Comercio, de Quito-Ecuador,
de su edición del martes 30 de agosto del 2005

 

Edwin Madrid con amigos © Hanna Silbermayr