(Lorca, España, 1976)
«PASEO FOTOGRÁFICO-LITERARIO POR CARTAGENA»
No es vulgar la búsqueda artística
en nuestro otro mundo; el feo, viejo y marginal retrato que asoma en el reverso
de toda ciudad. Acercarse a él asocia tal cantidad de sutiles vanidades
y esperanzas que es posible aún no hayan sido diseccionadas por psiquiatra
alguno (porque puede que su interés en la materia implicara participar
de su morbosidad). Puede ser que la irreconciliable postura del observador sobre
lo observado, que cree que su retrato lo redimirá de su acomodo, junto
con la paradójica exaltación de lo que no es ni bello ni bueno,
induzcan un sentimiento de culpabilidad en algunos espíritus que quisieron
buscar lo que no deseaban encontrar.
Así, lo que lleva a un grupo de jóvenes
que rondan los treinta años a formar una asociación de cariz artístico,
inspirado en todo, aspirando a todo, derivaría pronto a lo contrario,
a nada. O casi: estas fotografías parten de un proyecto inicial de exploración
de la Cartagena oculta, y se discutió si sus objetivos eran sociales
o puramente estéticos. Esa escisión pareció resolverse
a favor del criterio purista del arte por el arte. Arrastrados por un vendaval
pasional, creímos forjar un lazo en torno a ese primer trabajo. En una
agradable mañana de otoño, mis colegas y yo emprendimos este paseo,
fotografiamos por doquier y esperamos luego el día del reencuentro para
seleccionar, glosar y retocar estas imágenes. No llegó ese día.
Dispersos en obligaciones, en agotamientos amistosos y otras divagaciones, cada
cual prefirió olvidar todo aquello a su modo. Pero quedaron estas instantáneas
de arquitecturas imposibles, que rescaté para ensalzarlas con literatura
y presentarlas en esta selección que aquí cabe.
Quisiera, pues, agradecer a todos los que hicieron
germinar este proyecto: Cristina, Paco, Toni, Juan, Ángel y Ricardo.
Sus miradas fueron la mía; ahora mi mirada será vuestra.
![]() |
«El
mosaico de antiguas casitas presenta un adorable estampado de azulejos,
de luciduras que perdieron a sus antiguos huéspedes. Apreciamos
este muro sin lamentaciones, un vasto parchís. Es imaginable
adosarse contra natura en estos muros heterogéneos, asomarse
a las ciegas ventanas o atravesar los umbrales despojados de cristales
y maderas. La síntesis de unas vidas pretéritas que flotaron
sobre nuestras cabezas y que dejaron como caparazón un ala compartida
de sus salas, cocinas y aseos. Aún es posible verlos reflejados
en sus vulgares estampas, ¿o nos veremos quizá nosotros?» |
![]() |
«Qué
fatigado debe estar el que atraviese la puerta, sin fijarse siquiera
que ésta pueda ser fin de sus recorridos, ornato para futuros
viajeros, aquéllos que bajo el dintel, sumidos en expectante
repugnancia, digan: qué alegre fue quien estrenara esta puerta,
y qué triste el que la cerrara por última vez». |
![]() |
«Arrobamiento
de bolsas, desperdicios cuya nítida presencia embriaga al amante
de la pureza; todo tras las barras corroídas. Esfinge cuyo acertijo
es tan complejo como decirnos a nosotros: ¿por qué querríais
pasar, abandonar vuestro siglo prescindible y revolcaros en los pliegues
de excrementos, dunas de desiertos marginales que acabarán engullendo
cuantos lujos nos visten?» |
![]() |
«Bajo
un escudo pétreo escondió el señor C. parte de
su herencia, la menos querida aun siendo irrecuperable. Pero llegó
allá, supuso que aquellos blasones imitaban perfiles de su sangre
y, arrimado al frontispicio, levantó su vista a través
del pasillo celeste. Y así, aprovechando un vacío de gentes
y objetos ambulantes, gritó con orgullosa fe su apellido. Dicho
esto atravesó la calleja hasta perderse en su propio olvido». |
![]() |
«Me
asomo y no siendo capaz de pasar para apreciar lo que hay al otro lado
pregunto si no habiéndome asomado hubiera apreciado lo que hay
al otro lado si hubiera sido capaz de pasar. (La respuesta hubiera implicado
no hacerme esta pregunta)». |
![]() |
«Amigo
mío, si olvidaras mi cuerpo salvo los ojos y, aplastado en una
recia plancha, tachonaras mi pasada memoria. Si me colgaras como sombrero
una grúa que cargara con complejas estructuras y me dejaras abandonado
a la suerte de aves y grafiteros, es posible que no reconocieras que
lo que aquí ves aún no soy yo». |
CARLOS
PÉREZ SIQUIER
Entrevista: Ángel Manuel Gómez Espada
«SIMPLEMENTE, EL FOTÓGRAFO»
Nace en Almería el 14 de diciembre de
1930. Su formación en la Escuela de Artes y Oficios de la capital poco
le servirá después para su trabajo en el Banco de Santander,
donde se mantiene tres décadas. La actividad de Pérez Siquier
como fotógrafo coincide con la fundación del grupo AFAL en 1956,
que se empeña en ser el promotor y difusor de la fotografía
española fuera de sus fronteras y de mostrar en nuestro país
lo que los jóvenes como Cartier-Bresson hacen en Europa. De esta génesis
sale, con posterioridad, la revista AFAL, con un gran éxito
de crítica y una aceptación que trasciende al mundo de la fotografía.
De ella es redactor jefe. El grupo se disuelve en 1962. Para el Ministerio
de Información y Turismo realiza varios trabajos, con los que consigue
ser reconocido con
diversos
galardones en Italia y Japón. Dirige también Everfoto,
el Anuario de la Fotografía Española.
A finales de los ochenta, Kodak-Salvat lo selecciona
tanto para la Enciclopedia Creativa de la Fotografía como
para figurar en Fotografías Magistrales Internacional. De
igual modo, toma parte en la muestra de fotógrafos creativos españoles
que se celebró en Marsella. Sus fotografías han ocupado salas
en Bélgica, Francia, Alemania o Estados Unidos.
En 2003 recibe el Premio Nacional de Fotografía
y expone en 2006 su obra sobre el barrio de La Chanca en Murcia, dentro de
Fotoencuentros. Dicha obra abarca el periodo de 1957 a 1972, y la Junta de
Andalucía recoge en formato de libro en 2001.
Esta corta conversación -Siquier debía
marchar a Sevilla en seguida, pues no para de recibir homenajes- tuvo lugar
en el CAMA (Centro de Arte Museo de Almería), donde se inauguraba una
exposición sobre Goya. De modo que, protegidos por El sueño
de la razón, canapé va y cerveza viene, el maestro andaluz
nos dispara certezas más rápido que el rayo. ©

-¿Qué tipo de cámara utiliza
habitualmente y por qué?
-Una que tenga un agujero para mirar. Las pantallas sólo me interesan para ver el cine. Todo es cuestión de mirar con sensibilidad e inteligencia.
-¿Es la misma la que le acompaña para los trabajos en color que la que porta para los trabajos en blanco y negro?
-Sólo le cambio la piel de la película: es multidisciplinar.
-¿Qué trabajo le ha resultado el más complicado de abordar y de realizar?
-Contestar preguntas periodísticas.
-¿Se puede representar con un retrato el espíritu de toda una sociedad?
-Depende de si la sociedad es civil, política o militar.
-Si hay algo que nos ha llamado poderosamente la atención de su exposición de Fotoencuentros en Murcia sobre La Chanca es ese contraste tan fuerte que se produce entre el luto de los mayores y la fuerza en el futuro que llevan en las miradas los más pequeños. ¿Ha sido intencionado y provocado dicho contraste?
-Las miradas de aquellos niños eran sinceras, incontaminadas. Ya de mayores desconfío, pues el luto las convierte en escépticas.
-Dejando de lado el objetivo de su cámara, ¿cómo piensa usted que ha evolucionado La Chanca desde la primera fotografía que tomara en 1957?
-Ha
perdido los valores de la humildad para incidir en la sociedad de consumo.
-Cuando la Junta de Andalucía publicó en 2001 por fin su trabajo La Chanca, ¿pensó que todo había acabado o cree que le queda algo por hacer?
-Nada se acaba, todo se transforma, y se puede abordar pero con muy distintos protagonistas.
-¿Para qué sirve un Premio Nacional de Fotografía? ¿Y cómo se lo toma uno cuando se le adjudica?
-Para poder brindar con los amigos, con fino o cava, según dependa de la comunidad donde lo celebres.
-¿Hay algún joven fotógrafo español que le haya sorprendido en los últimos años lo suficiente como para aconsejárnoslo?
-Sólo aconsejo que se deje de teorías, biografías y otras zarandajas. Y que trabajen más sin pensar en futuros resultados. Los frutos caen del árbol al madurar.
-En la época que ustedes empezaron, coincidente con la dictadura franquista, ¿era peligroso afrontar el realismo social? A pesar de todo, ustedes se embarcaron y tuvieron el apoyo de gente como Ramón Masats.
-El
afrontar la realidad social era tan difícil como hoy afrontar el
derecho
personal del fotografiado a su propia imagen. Antes podías alcanzar
la cárcel por un dictador, hoy por un buen abogado acusador.
-Por curiosidad, pues me apasiona su obra, cuéntenos cómo fue su primer encuentro con Cartier-Bresson.
-Sus imágenes siempre me impactaron como las de un maestro irrepetible. Físicamente tuve la oportunidad de conocerlo en Almería, donde lo acosaron impunemente violando la imagen de su persona que él procuraba preservar.
-¿Podrá repetirse en estos días que corren, donde en muchas ocasiones el fotógrafo está al servicio de las grandes publicaciones, supeditadas a ellas, un grupo como el grupo AFAL, que ustedes formaron a finales de los años cincuenta?
-Nosotros
pusimos todo nuestro joven entusiasmo en una labor independiente y altruista.
Hoy la sociedad está contaminada por intereses empresariales y políticos,
y en este caldo de cultivo es muy difícil ser coherente.